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Historia 33023 — capítulo 13
¡Hola! Despues de mucho tiempo estoy dando señales de vida xD! Y es que la escuela, como ya se termina el semestre, me trae demasiado ocupada... trabajos finales, examenes y cosas asi. Las calificaciones me estresan. Creo que en esta epoca los profesores nos explotan el doble de todo el año xD. Desde que subí el anterior empecé este capitulo pero escribía partes por ratos y esta semana me fue imposible entrar a la computadora. Así que esta tarde lo terminé y creo que es el más largo, hasta ahora, en la historia. Espero les guste y lo entiendan.
Sé que muchas personitas, por no decir todas, se molestaron por lo de Carl pero creo que a continuación les compensaré lo sucedido, aunque no lo crean xD. Saludos y nos etsamos leyendo.
XIII: Acepto
Y lo mejor bien puede ser lo peor y lo odioso ser lo deseable.
Ella Wheeler Wilcox.
Rara vez me pongo a pensar en la boda perfecta. Supongo que sería con cientos de invitados, un lujoso lugar de ensueño y un gran vestido de princesa adornando mi cuerpo. El novio, simplemente un apuesto hombre que cumpliera con el rol de príncipe, con su porte elegante y valiente que pareciera que todo lo puede, que intimidara a los demás hombres y dejara sin aliento a las indefensas mujeres que pasaran a su lado. Los sentimientos eran otra cosa. Tenía que haber amor en ambos, o simplemente tolerancia, amistad o cualquier otro sentimiento de mutuo acuerdo, no importaba su origen. Creo que aquellos estereotipos de cuento se han agotado. Una mujer siempre tiene esa vaga ilusión de magia y amor al momento de casarse pero aquí era la realidad. Ahora en pleno siglo XXI los matrimonios no eran solo por amor o conveniencia. Aunque el amor en sí es conveniencia. Te casa con alguien por que lo amas y esperas que él te ame. Había lazos más fuertes que unían a dos seres vagamente iguales o completamente diferentes. Eso lo sabía yo. La realidad es más grande que la fantasía, y eso que la fantasía y la imaginación no tienen límites. El prototipo de hombre perfecto no se rebajaba a su apariencia, dinero ni sentimientos, a veces muchas solo juzgan su buen desempeño en la cama o si sabe deletrear una palabra. Los engaños y las mentiras a veces, solo a veces, comenzaban o iban incluidas en una sola frase: Si, acepto.
Cuando firmé aquel papel en el pequeño salón del hotel me invadieron unos nervios que no me creí capaz de sostener la pluma. Firmé. Cientos de aplausos resonaron por el salón y las palabras de felicitación no se dejaron esperar. Los labios de Carl buscaron los míos y nos hundimos en un beso que duró un poco más de algunos segundos.
Miré a Charlotte con Frederick, faltaba un mes para su boda y podía verse la gran ilusión que mostraban. ¿Carl y yo alguna vez también brillamos de aquella forma? Sentí una mirada hurgar por mi ser y me di cuenta que desde un pequeño pasillo unos flamantes ojos verdes abusaban de su poder. Caminé disimuladamente hasta ellos y solo me eché en brazos de Harry. Me aprisionó con ellos y acarició mi largo cabello que caía sobre mi espalda desnuda por aquel sencillo vestido blanco que lucía mi cuerpo. No era el de una princesa, pero todos decían que si lo era. -No lo puedo creer- fueron sus primeras palabras al separarnos y recorrerme de nuevo con aquellos ojos. Me tomó las manos y sonrió.
-¿Estas segura de esto?-
-Ya lo hice ¿no?-
-No es una respuesta- volví a abrazarlo.
Tenía que hacerle saber que yo quería ese matrimonio pero que no estaba segura de cuanto.
-¿Cómo esta Ginny?- pregunté separándome de él sonriendo un poco.
-Bien, ocupada con las gemelitas-
Harry y Ginny habían tenido a dos lindas gemelas hace unos cuatro meses. Por lo que Harry me contaba se notaba que las pequeñas eran todas unas rebeldes e inquietas así que me extrañó que se encontrara en mi boda, no podía creer que hubiera dejado a Ginny sola con aquellas bebitas. Me miró al momento que me tomaba el brazo. -¿Caminamos?- Miré hacia el salón. Carl se encontraba saludando a sus amigos y parecía buscarme con la mirada, también volví a ver a Charlotte y parecía, al igual que Carl, que me buscaba. Me volví hacia Harry y asentí. Caminamos por el angosto pasillo que llevaba a la playa. La boda, solo por el civil, había sido en el salón de un hotel al pie de la playa. Recogí un poco mi vestido para que no quedara lleno de arena y seguimos caminando.
-Deberías quitarte las zapatillas-
-Harry quedémonos aquí-
Me senté en una banca. No estaba dispuesta a seguir caminando y arruinar un poco más mi atuendo. Tenía que regresar al salón y hacer acto de presencia. Después de haber firmado no había cruzado palabra con nadie mas que con Carl.
-Así que Carl Smith- exclamó Harry sentándose a mi lado -Cuando lo conocí no pensé que fuera tu tipo- Lo miré -Estoy bromeando, claro que era tu tipo- la ironía de sus palabras me hirieron.
-Si crees que me case con él solo por que se parece a Ron estás equivocado- le reproché de una manera tosca, Harry bufó y se puso de pie.
- ¡Claro que por eso te casaste con él!, o dime Hermione, ¿A caso tú, la verdadera Hermione, esa que no se consumió por un error hubiera sido capaz de casarse con el espejo de su dolor?-
-¡Cállate!- grité desplomando una bofetada en su rostro, haciendo que sus gafas cayeran a la arena y su cabello se levantara en el aire. No estaba segura de la cantidad coraje que había descargado en aquel acto pero la mejilla de Harry hablaba por si sola. Él solo me miró con sus inquisidores ojos y sin retirarme la vista buscó las gafas y se las volvió a poner.
-Me alegro que seas feliz, pero siempre tomas las decisiones mas estupidas- mustió.
Yo no le había dicho que era feliz, pero si él lo asumía era por que había algo en mi que se me lo decía.
-Harry entiende….- me puse de pie y crucé los brazos dándole la espalda -… Estoy bien, de maravilla. Carl es un hombre ejemplar y te aseguro que se distinguir el presente del pasado. Si no lo hubiera podido hacer jamás hubiera tomado esta decisión- No se si sonaba cuerda o si simplemente eran palabras dichas al azar pero al parecer Harry creyó en ellas y me puso una mano sobre mi hombro.
- Hermione cuando me dijiste que te casabas con Draco quise llevarte lejos, alejarte de él para que no te destruyera… ahora te veo casada prácticamente con Ron…-al oír eso me tensé- pero se que no lo es, aun así sigo teniendo esas ganas de alejarte de todo, por tu bien- Contuve las lagrimas. Harry no había cambiado, su protectora manera de cuidarme era su insignia de ser humano. Recordé cuando le di la noticia de mi boda. Él solo me reprochó mis intensas ganas de casarme y hasta puso en duda si solo era un vago sentimiento de dependencia o el terrible miedo de encontrarme sola. Hace mucho que lo estaba. Sonreí al momento que me giré para mirarlo.
-¿Sabes que es lo que mas me duele?- Harry negó- Que jamás podremos sentarnos los cuatro, tú, Ginny, Carl y yo a comer en la misma mesa-
Harry asintió con una triste sonrisa-Sería demasiado para Ginny, más de lo que es para mi-
Seguimos con nuestra corta charla. Cada vez que tenía la oportunidad y aunque no la tuviera Harry trataba de persuadirme de aquel matrimonio, alegaba que no sabía lo que hacía pero al verme decidida se resignó. Me deseo lo mejor y un poco abatido agregó:
-Espero que esto ahora si sea un matrimonio.-
Y se marchó tan pronto como había llegado. Quedamos de hablarnos después. Un después donde sería capaz de enfrentar a Ginny y tratar de salvaguardar las pocas cenizas de una vieja amistad. Estaba decidido. Al caminar por entre la gente observé a Carl platicando fervientemente con aquel editor, William Dahl, llegué hasta ellos y Carl rápidamente me presentó. El hombre me miró de pies a cabeza he hizo un comentario al parecer en alemán. Carl rió y también habló igual que él. Lo miré extrañada, ¿hablaba alemán? ¿Había mas cosas de Carl Smith que desconocía?
- Disculpen pero no me parece una situación graciosa, o ¿acaso necesito hablar alemán para que me entiendan?- me había molestado. Ambos me miraron avergonzados y Carl me abrazó
-Tranquila, no eran nuestra intención ofenderte- miré al hombre editor.
-Solo le decía a su esposo que usted es una belleza- sonreí con reproche. No creía eso.
William Dahl se marchó y Carl y yo nos quedamos ahí.- Pensé que te habías arrepentido y habías huido con alguien más- susurró en mi oído mientras me abrazaba para bailar.
Reí - ¿Me crees capaz de eso?-
-Claro que no-
Seguimos bailando entre las personas. La música había sido un regalo de aquel editor y debo admitir que los músicos eran celestiales, era exquisito escucharlos tocar. Carl sonreía y podía notarse un absurdo brillo de alegría. ¿Absurdo? Creo que estaba siendo demasiado violenta con eso. Yo también tenía que sentirme igual. Sonreí tratando que aquel júbilo de su rostro se contagiara al mío, a mi cuerpo y me embriagara en una sensación de placer como tantas veces en los meses anteriores lo había hecho. En esos meses me sentía ilusionada, con la posibilidad de regenerarme, cumplir mi sueño y creía que tarde o temprano terminaría tan perdidamente enamorada de Carl que cuando menos pensé el día de la boda ya estaba en perta y me di cuenta que mis sentimientos no eran ni mas ni menos grandes a los de antes. Creí, que en el transcurso de las horas para la ceremonia por un acto de magia brotaría en mí una emoción de éxtasis al tener a aquel hombre tan perfecto a mi lado pero no fue así. Había firmado, bailaba con él y todavía no llegaba el clímax de mi alegría. Eso si era absurdo. Pero quedaba una migaja de esperanza para poder sentir aquel perdido amor que estaba segura llegaría en los próximos días para desterrar el gran aprecio y el inmenso cariño que sentía por Carl.
Aunque la esperanza no siempre es buena. Nos puede mantener a la espera de algo, embelesados en una imagen sin que nos percatemos de otras más.
Carl me besó tiernamente cuando la música cesó. Me recargué en su hombro pero en ese justo momento una voz me sacó de aquel principio de dicha que tenía en la noche. -Felicidades Carl- me despegué de él y me volteé para mirar a aquella mujer que felicitaba a mi ahora esposo. Sentí el suelo temblar y una compresión en mis pulmones que si no hubiera sido por las manos de Carl caía sin aire al suelo. Era ella. Isabella. La eterna acompañante de Draco. La chica rubia de ojos verdes que había visto. Pero no era su presencia lo que me hizo sofocarme y desear estar en cualquier otro lugar. Sus ojos de plomo cayeron con todo su peso encima de mí. Ellos fueron los causantes del trémulo suelo que se encontraba debajo de mí. Draco la sujetaba por la cintura mientras ella se desprendía de él para abrazar a Carl en señal de felicitación. Tragué saliva. Carl dio las gracias y al separarse pareció reconocer a Draco, me miró. Mis ojos y lo de Carl mostraban incomodidad, no pudimos articular palabra por que Draco se adelantó a abrazarme. -Predigo el futuro ¿o no?- susurró en mi oído con un tono gracioso. Sus manos se posaron en mi cintura y solo cerré los ojos. El aroma de aquella colonia que siempre usaba impregnó mi vestido y me estremecí. Se separó de mi en un parpadeo y extendió su mano hacia Carl. Nadie hizo un comentario sobre nuestro antiguo matrimonio y tan rápido como habían aparecido Isabella y él se abrazaron para bailar. Creo que Carl notó mi palidez y mis labios resecos y sugirió ir a tomar algo. Nos sentamos para tomar agua y me miró -¿te encuentras bien?-Dije que sí y miré a la nueva pareja que adornaba el salón. -¿Quién es ella?- Carl miró a Isabella y luego posó sus ojos de nuevo en mi con un gesto de reprobación.
¿Era tan malo que la ahora esposa se interesará por la acompañante de su ex esposo? Creo que si.
En lugar de beber agua Carl tomó un largo trago de vino como preparando su garganta para las preguntas que yo en breve desbordaría sobre aquella joven. Me quedé mirándolo y solo me abrazó por detrás. Acarició mi cintura y noté algo extraño.
-Ella, es Isabella Wright. Heredera de una gran fortuna en el norte de Europa, nos conocimos cuando la entreviste hace unos años y debo admitir que se volvió una amiga más- susurró en mi oído mientras por fracciones de segundos besaba mi mejilla - Jamás tuvimos nada, si te interesa… pero se volvió un gran apoyo cuando le diagnosticaron Alzhéimer a mi madre- cada palabra me sorprendía. Isabella había resultado ser muy allegada a Carl, prácticamente de la familia. ¿Sería solo casualidad que Draco se encontrara con ella? No lo creo. La joven al verme con Carl mostró una indiferencia muy diferente a aquella que expresó en el callejón la noche que la vi. Pero ya no me extrañó. Si Carl decía que era millonaria no me sorprendía su actitud.
Seguía besando mi rostro para pasarse lentamente por mi cuello y de vez en cuando tomaba más sorbos de vino hasta que me comenzó a molestar aquel hedor. Me separé de él y seguí observando a mí alrededor. No sé si era el clima de aquella noche de Junio lo que provocaba en mí un calor insoportable o solo la incontrolable presencia de Draco que, aunque bailaba con Isabella, me seguía con sus ojos. Me miraba de pies a cabeza y de vez en cuando, sin ningún descaro, reía divertido. Comencé a sudar y me fue prácticamente imposible permanecer un minuto más en aquel salón. Se suponía que habíamos escogido un lugar cerrado por sus buenas instalaciones de aire frío pero para mi no hacía efecto. Salí escabulléndome como una ladrona o como una novia fugitiva. Que ironía. Caminé por entre la arena y ahora si fue cuando me quité las zapatillas y me las llevé en mis manos mientras me alejaba un poco de aquel lugar. No sabía lo que sentía. Unas ganas incontrolables de llorar me embargaron y comencé a caminar con más fuerza logrando que mis pies se enterraran entre la arena. Mi rostro bañado de lágrimas me sofocaba. Las lágrimas entraban por mis poros quemando cada célula a su paso. No entendía lo que me pasaba. Tenía al hombre perfecto, una boda de cuento y un apacible futuro a la espera de mi llegada y aun así me privaba de disfrutar cada cosa que me rodeaba. Estaba mal. Caótica. Quería terminar con los errores de mi vida pero había algoque me hacía caer de nuevo en ellos.
Me senté agotada en la arena mientras veía las olas romperse y bañar un poco mis pies cuando una fresca brisa acarició mi rostro y encendió en mi una llama que parecía dormida. Entonces lo vi. Caminaba por la misma dirección que yo, con su ropa blanca y su cabello al aire. Sus ojos brillaban como la fina vajilla pulida de plata que tenía en casa. Se acercó. Quedó de pie frente a mí y solo extendió su mano. Negué. No era hora para dar inicio a un momento más caótico del que ya había en mi mente. Al ver que no cedí ante su petición se sentó a mi lado y de nuevo su fragancia me embriagó.
-Es un buen hombre, Hermione- sus palabras me quebraron. Draco Malfoy decía que Carl Smith era un buen hombre. Eso era digno de grabarse y mandarse a encriptar para que jamás se olvidara. Lo miré. Nos encontrábamos muy juntos y su pantalón comenzó a rozar con mis piernas desnudas.
-¿Qué haces aquí?- aun entre la oscuridad distinguí aquella expresión que me dejo ver la luz de la Luna, aquella expresión que mostró la noche del baile, cuando lo besé, cuando me besó. Me aterré. Eso no podría llevarnos a nada bueno.
-Isabella me dijo que tenía una boda, pero no me dijo que era tuya y de Carl-
Reí.- ¿Me dices que no sabías que Isabella conocía a Carl?-
-Lo ignoraba-
Sentí hervir la sangre. -¿Lo ignorabas? ¡Por favor! Eres Draco Malfoy… tú jamás ignoras nada, no eres capaz de entregarte a las sorpresas de la vida siempre tienes que tener todo perfectamente calculado. Tu no haces nada solo por que te den ganas- Me puse de pie, sentí que él hizo lo mismo y me detuve -¡No me sigas!- grité entre lagrimas, sofocada, tensa… sencillamente su presencia me exasperaba. Sentí su mano tomar mi brazo y acercarme rápidamente a su pecho, pegó mi cuerpo contra el suyo y acarició mi espalda con una sutileza que me estremeció. Yo lloraba. Cerré mis ojos en cuanto sentí su mano en mí y seguía sin abrirlos. Como si el hacerlo marcara mi vida. Su aliento me atrapó. Lo sentía vagar por mi rostro a la par que sus manos inspeccionaban mi cintura, espalda y brazos, por un momento ya no las sentí.
-Soy débil- agregó con un tono casi exiguo.
-No lo eres- agregué entre sollozos y al sentir que sus manos ya no me recorrían lo abrasé. Me aferré a él como el desahuciado a la vida, como el pobre al dinero, como la amante a su pareja. Trató de quitarme de su lado pero le fue inútil.- Tu empezaste deja que termine- susurré aun entre lagrimas. Era un comportamiento tan irracional, tan colmado de confusiones que resultaba una total ironía sentirme realmente yo, cuando actuaba así. Acaricié su rostro y fue hasta entonces que abrí los ojos. Los suyos se encontraban cristalinos. Parecía que algo dentro de él se rompía y atravesaba cada parte de su interior cada vez que sosteníamos la mirada y nos encontrábamos a esa distancia. Por que el acto de llorar no era sencillo, mucho menos para él. Tragué saliva. En unos segundos su rostro perfectamente pulido de seriedad que presentó en el salón se transformó en el depósito de emociones que hace tiempo no veía.
El tiempo pareció detenerse y las ganas de besarlo se volvieron mas fuertes.
Quería caer a la arena con su cuerpo encima del mío y sentirme ahogada en sus besos como jamás me había sentido. Consumirme en una sola de sus caricias hasta que nada de mi existiera; pero sus ojos lo impedían. Sus pupilas inundadas me gritaban que me alejara que regresara al salón y bailara con mí ahora esposo, que viviera, y fuera feliz. No estoy segura si en verdad fueron sus ojos o su boca. Pero lo alejé de mí de una manera violenta que me hizo más efecto a mí que a él. Al empujarlo caí al suelo entre sollozos. La arena la sentí tan áspera como su mirada, como su piel el día que me aventó contra la mesa, cuando me tumbó de la cama, cuando sus labios me demostraron el odio que lo carcomía por dentro y lo hacía expresarse de maneras inútiles. Mis ojos, aun convertidos en mares, sintieron los granos de arena amarilla hurgar por ellos y aquello me hizo pegar un grito de rabia, un sonido dormido salió de mi boca como si hubiera estado a la espera de algún pretexto para expresarse, para hacerle saber al mundo que estaba harta de todo, hasta de mi. Y él… permaneció de pie. Mirándome hacia abajo como siempre lo había echo. Su semblante volvió a cambiar. Las lágrimas desaparecieron como las olas en la orilla y su semblante rígido de todo poderoso lo embargó. Yo podía verlo tan inmutable como a veces lo recordaba pero sabia que había algo de humano en él, que sus mejillas se podían sonrojar, que sus labios podían besar y su corazón llorar.
-¡Dime algo!- grité a la espera de cientos de insultos, o pero aun, de golpes. Pero su semblante no cambio. Me puse de pie al momento que mis manos tomaban arena -¡Te odio!- grité como una niña de cuatro años, con la diferencia que yo si sabia el significado de esas palabras, y le aventé la arena que mis manos guardaban contra la cara y de nuevo se anticipó cerrando los ojos, entre esa fracción de segundo me tomó por los brazos y trató, creo yo, de sentarme en el suelo pero me puse rígida, hice varios mohines y cerré los ojos.
-¡Jamás entenderás!- gritó con desesperación ahora jalándome hacia el agua, traté de ir en sentido contrario pero era más fuerte. Escuchaba las olas romperse en la orilla y por un momento la sensación de paz que su sonido me pudiera brindar se convirtió en el vals de la muerte, en la banda sonora de una patética película de terror que llegaba a su final, entonces yo sabía que hacer. Si mi fuerza física no era suficiente para detenerlo, la fuerza, el poder, de mis palabras lo haría. Y es que su cuerpo no estaba preparado para lo que iba a escuchar. Sus oídos no habían sido creados para eso. -¡Te amo!- grité tan fuerte como mi corazón me lo permitió.
Un "te odio" era demasiado común, como un "hola" más entre los dos, pero un "te amo" podía interpretarse como una sentencia de muerte.
Tal vez si.
Sus manos me soltaron en cuanto escucharon aquellas palabras. Caí de rodillas contra la arena mientras me sujetaba mis muñecas que me ardían por la intensidad de sus manos. El aire volvió a golpear mi rostro y me di cuenta que solo eso bastaba para que me estremeciera, para que cada partícula de mi cuerpo reconociera aquella sensación y me hiciera hundirme en el gozo del terror. Se volvió hacia mi y sentí sus ojos negarme aquella afirmación.
-No mientas- agregó con una sonrisa insípida. No supe que decir.
Claro que mentía, quería persuadirlo de lo que fuera hacer conmigo en el agua por eso lo había dicho, ¿o no?.
Caminó hacia mí- Si es verdad, repítelo.- limpié algunas lágrimas de mi rostro y me puse de pie, me pegué a su pecho y traté que mi respiración la sintiera tan fuerte como yo la sentía, quería que si me ahogaba él también lo hiciera o por lo menos se diera cuenta. Abrí mi boca dispuesta a despotricar en contra de él pero sus manos tomaron mi cintura, sus ojos brillaron más que la misma luna, más que las estrellas que adornaban aquella noche tan importanteen mi vida.
Y vaya que lo era.
Un terrible frío hurgó por mis huesos y las ganas de llorar aparecieron.
No era posible, no podía ser.
Me llevé una mano a la boca impidiéndome hablar y mis ojos volvieron a ahogarse en mis lagrimas, Draco, ahí con su rostro rígido sin una mueca de sentimiento me miraba. Y mi vida pasó por un segundo frente a mí, por sus ojos, por su piel, hasta por el aliento que despedía la boca cerrada de ese ser. Y no pude más. Jamás se hacen cosas que no quieras hacer, por mas que te digas que no estabas cuerdas, que te influenciaron u obligaron a hacerlo, nada es cierto. Siempre habrá una gota de verdad, de curiosidad, de aceptación en todo lo que haces, por eso lo haces. Sin en verdad no quisieras sencillamente te abstienes o no eres capaz de pensar en ello. Y eso me había pasado. No sé como un momento tan extraño había resultado ser tan revelador.
-¿Qué pasa?- escuché su voz como salida de otro mundo, como un extraño sonido quebrándose en mis oídos. Eso me dio la certeza que su pregunta estaba de más.
-Tú lo sabes- y como si mis palabras fueran lo único que faltaba por escuchar me besó. Sus labios casi no dejaron terminar a mis labios de decir aquello cuando ya me sentía parte de él. Sus manos, algo desesperadas subían y bajaban por los costados de mis cintura. La respiración comenzó a dejarme y su torso aprisionaba mis senos de una manera dolorosa pero raramente exquisita. Sus besos envenenaban cada milímetro de los míos y dejaban en ellos un raro sabor a pasado. Ni todos los adjetivos ni las cientos de palabras que pueden referirse a la sensación que provocaba nuestra acción, alcanzarían para describir nuestro momento, nuestros besos y caricias que se desbordaban por nuestros cuerpos.
Esa era la gran diferencia entre Draco y Carl.
Con Carl todo era real, con significado y se podía explicar con las palabras mas complicadas que pudiera encontrar, pero con Draco todo era fuera de sentido, no había nada que describiera perfectamente su presencia, su ser. Y eso, resultaba más atractivo. Al no encontrar palabras puedes seguir en su búsqueda. Me separé de su cuerpo lamentando la poca distancia que nuestros labios mostraban y por un momento me sentí el ser más detestable del planeta. A unos metros estaba mi boda, estaba mí ahora esposo y yo aquí, besándome con otro. Draco no mencionó nada. Solo lo miré y sonreí. Lo que había visto en sus ojos era el reflejo de los míos, y aunque me aterró y desconcertó fue una carga menos para mi corazón.
Tomé las zapatillas que se encontraban en la arena y corrí de nuevo hacia el salón, al baño para arreglar mi maquillaje, mi vestido y peinado mientras dejaba pasar la noche y terminar de aceptar lo ya aceptado. Y no precisamente mi matrimonio.
Muchas Gracias por leer xD!
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