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Historia 33023 — capítulo 15
¡Hola! Perdón por no subir capitulo ayer, tuve un pequeño problema con la máquina peroaquí estoy. Espero les guste y si en algunas partes parece forzado es por que lo terminé de prisa. Otra cosa, tenía pensado subir dos capitulos pero no me alcanzó el tiempo, espero que para la proxima semana los tenga listo. Miles de saludos y nos estamos leyendo xD.
pd. Se me dificultó mucho escribirlo, pero espero que los siguientes fluyan por si solos.
XIV: Fly With Me.
Hay relaciones tan raras, insólitas y a veces absurdas que uno no las puede ni pensar, no las puede crear en su mente por que ese sería un motivo para que se hiciesen realidad. A veces preferimos abstenernos de entrar en la imaginación por razones que no entendemos pero es la propia imaginación quien por si sola rebasa la realidad hasta hacerse parte de ella.
Y eso había sucedido.
Los recuerdos se apoderaron de mí a medida que corría de vuelta al salón. La noche con Carl en su jardín pasó por mi cabeza tan nítida y vivaz como si fuera real, él diciéndome que Draco me amaba y yo soltando una carcajada al pensarlo absurdo. Después el recuerdo en el coche con Draco recordando lo anterior se volvió hacia mí como un espejo sin límite que no se cansaba de recordarme el pasado y reflejarme el presente. Derramé algunas lagrimas al pensar por que ahora, por que en este momento mi corazón vulnerable se había doblegado ante las emociones que ese ser me provocaba, por que ahora parecía estallar en jubilo, por que no antes… Sabía las respuestas pero antes de decírmelas choque contra su pecho, sus brazos me abrigaron con una calidez tan sórdida que me creí en vuelta en un nuevo recuerdo.
Subí la vista para mirar a aquel hombre que ahora me abrazaba y quise desviarla en cuanto lo hice pero me fue imposible. Sus labios estrecharon los míos como si jamás lo hubieran hecho y lo único que hice fue alejarlo con una fuerza increíble. Los ojos de Carl me miraron desconcertados, como si tuvieran frente a ellos a una Hermione irreconocible. Los míos derramaron mas lagrimas y presa de la desesperación me aventé de nuevo a ellos y lo abracé con ímpetu ajeno. Carl solo reaccionó para tomarme por la cintura y acariciarme el cabello.
-Tranquila - susurró con una calma inaudita y quise volver a alejarlo de mí. -Tranquila- volvió a repetir como si hubiera notado lo que planeaba hacer. Pero la desesperación de correr, las ganas de gritar recorrían mi cuerpo remplazado la emoción del matrimonio, remplazando la cálida piel de Carl que abrigaba la mía y por instante sentí desfallecer, quería cerrar los ojos, dejarme llevar por aquel envenenado jubilo que mi cuerpo desprendía. Y lo hice.
-Es tan raro- aun entre la estrepitosa música, aun entre los sórdidos latidos de mi corazón logré escuchar una efímera voz, una frase vacía que poco entendía lo que pasaba. La gente caminaba a nuestro alrededor, meseros, jóvenes, señoras maduras criticando aquella escena parecían consumirme con la mirada.
-Talvez se arrepintió-
-
Nadie que esté cuerdo se arrepentiría de haberse casado con tal partido-
-
Quizá llora de emoción-
Me sentí ofuscada por tantas críticas, por tantas opiniones diversas que no podían imaginarse ni por un instante lo que yo realmente sentía, empuñé la camisa de Carl con tal fuerza que solo atinó a acariciarme la espalda -No hagas caso- susurró ahora tocando mi rostro y haciendo que me separara lentamente de él. Su cálido aliento rozó mis labios como un fantasma a la espera de entrar y espantar lo que en se momento sentía. Sus ojos parecían despedir un brillo tan tajante que podía cegarme en un minuto y de pronto su sonrisa iluminó aun más aquel rostro, no se por que, pero por un instante me pareció ver a Ron. Tenía mucho que no lo veía, es más, creía que ya había sido capaz de separar su imagen de la de Carl pero por una fracción de segundo olvidé quien era él.
-Ellas no te conocen, esas personas ignoran lo que realmente pasa- traté de sonreír. -Pero dime que no tienen razón, dime que no estás arrepentida de haberte casado conmigo- su voz comenzó a quebrarse, un tono casi exiguo logró marcarse en sus palabras mientras éstas se transformaban en pequeñas dagas que atravesaban mi piel. Pensaba en Draco, en lo que había pasado y lo que sentía. Carl no se merecía esto.
-Eres increíble- agregué tomando sus manos, pero sus ojos parecieron aguarse y algo dentro de mí se quebró. Nunca había visto llorar a Carl pero su rostro de nuevo, me recordó a Ron.
-¿Aquí es donde me dices que no me amas?- derramó una lagrima. Mi boca se tornó seca, sin vida. Las palabras no fluyeron y pensé, ¿Cómo puedo hacerle esto a Ron? ¿Como pude enamorarme de Draco teniéndolo a él? Volvía a confundir la realidad.
-Estoy cansada- Atiné a decir, tenía que descansar, pensar con calma lo que haría, lo que pasaría con Draco eso era lo que más me preocupaba. No estaba segura si realmente habíamos logrado tirar esa barrera que nos impedía ver los verdaderos sentimientos de cada uno, esa nube de humo que parecía hacerse cada vez más densa con cada palabra pero esa noche por mi parte ya no existía, la había derribado como un siniestro huracán dejando solo migajas o tal vez nada de lo que creía sentir, aquel odio que un día me carcomió, aquel asco que un Malfoy me provocaba se había ido y la excitación de volver a tocarlo, de confesarle lo que realmente había crecido con el tiempo me desesperaba.
-Si quieres nos vamos- De nuevo su voz, como un suplicio de tortura entró a mis pensamientos sacándome de ellos. Carl no sonreía, sabía que algo me pasaba, sabía que sea lo que fuera, me perturbaba. Asentí en silencio ante su propuesta y di media vuelta, él no me siguió. Lo miré.
-Tengo que avisar a los músicos y a ciertas personas por nuestra ausencia- Sonreí un poco y volví a caminar. -Es Draco, ¿cierto?- ese nombre me detuvo en seco, me erizo la piel y comprimió mis pulmones a tal grado que creí desfallecer. -Su presencia te incomoda, es normal Hermione- ¿Carl realmente no se daba cuenta de lo que pasaba?, negué con la cabeza dándole a entender que no comprendía nada y seguí caminando rumbo al estacionamiento...Era raro, no había pasado tanto tiempo en mi boda como pensé que pasaría. Pero que más daba, me había casado con Carl, no con los invitados.
Caminé por entre algunos autos y encontré el suyo. Abrí la puerta y subí. La oscuridad de la media noche caía sobre los autos como una densa sombra ocultando los verdaderos defectos de cada cosa en el lugar, incluyéndome. Respiré profundo y cerré los ojos. De pronto un golpe me hizo abrirlos de nuevo, alcancé a mirar por el retrovisor y ahí estaba, Isabella. Había golpeado la puerta de un auto que se encontraba un poco lejos de donde yo estaba. Frente a ella una rara silueta comenzó a tomar forma, era Draco. Parecía venir de la orilla. Isabella se acercó a él y solo desplomó una bofetada en su rostro, él, calmado como siempre, con ese semblante inmutable no se defendió, no habló, por lo menos no con los labios. Ella le gritaba cosas poco coherentes y seguía tranquila, cabizbajo ante los gritos.
Me extrañó la escena, me extrañó que Draco Malfoy se dejara humillar por una mujer.
Isabella se acercó más a él y acarició su mejilla, depositó un beso en ella y una honda de fuego recorrió mi cuerpo. Lo besaba, ella quien lo golpeó, ahora lo besaba, ¿Quién se pensaba que era?. No se que me molesto más, el hecho del beso o que lo hubiera golpeado. Y entones lo sentí. Esa sensación de cálido y frío, esa rara mezcla de emociones se apoderaron de mí.
Draco me miraba fijamente, no se si realmente era a mi a quien veía, pero sus ojos parecía traspasar el espejo del retrovisor y llegar hasta los míos comunicándome que estaba ahí, que me veía, que podía encontrarme aun en los sombras, en la oscuridad. No parpadeé, talvez ni siquiera respiré mi corazón se detuvo mientras mi alma parecía ahogarse en aquel inmenso mar de plata que ahora me bañaba.
-¿Lista?- Su voz la escuché lejana, como un monótono sonido sin gracia que solo a veces captaba mi atención. Sin mirarlo asentí aun viendo a Draco, creo que Carl no se dio cuenta cual era el motivo que me tenía tan al pendiente del retrovisor. Encendió el auto miró hacia atrás y fue cuando desvié mi vista. Arrancó el auto y nos marchamos.
Al llegar a su casa me abrió la puerta, en cuanto puse un pie adentro me quite las zapatillas y cuando menos pensé me tomó por lo cintura y me levantó recostándome en sus brazos y así me subió por las escaleras, haciendo la ya clasica escena de recién casados. Depositó un beso en mi frente y abrió la puerta de su, nuestra, habitación.
Estaba exactamente igual como la primera vez que la visité. Sus paredes color vainilla, las elegantes lámparas y sus finos muebles de cedro me recordaron aquella noche, aquel momento en que me sentí embriagada por una sensación tan exquisita que no solo su boca me brindó. Me recostó en la cama y se tomó unos cuantos segundos para mirarme, sonrío. Recostándose a mi lado besó mi hombro, mi cuello, jugó con mi cabello y labios pero no me sentí atrapada como la primera vez. Sus besos me comenzaron a molestar. La sensación de sus labios contra mi piel me resultaba incomoda, ficticia como si en realidad no estuvieran ahí, pero ¿si no estaba como me molestaba? Creo que el solo hecho de saber lo que no sentía hacia Carl hacía que cada cosa suya me incomodara. Y realmente era una pena. Recostada ahí, sentí sus manos bajar los tirantes de mi vestido mientras su boca absorbía cada sabor de mi insípida piel y no puede más.
-Tengo sueño- agregué entre sus pausadas caricias y casi al instante me recosté sin mirarlo. Pude darme cuenta como exhaló un suspiro, talvez de fastidio y se levantó sin decir nada. Lo miré desde mi lugar y observé como su saco negro cayó al suelo, su camisa blanca le siguió y ante mí quedó su espalda desnuda que se encontraba sudada. Creo que, como pocas veces, él había alcanzado primero el clímax de nuestra ocasión. Sus pantalones negros comenzaron a caer y solo cerré los ojos. No quería mirarlo, no quería sentirme atraída de nuevo, y la idea de amarlo se esfumó esa misma noche.
Sí, se había esfumado mi mayor anhelo y la idea no cambió. Se quedó ahí, estática sin agregarle o quitarle algo. Solo una cosa ocupaba mi mente. Y era hora de poder comprobar lo que sucedía en su mente. Había pasado una semana desde nuestra boda, una semana perdida en el limbo de la desesperación, Inventando excusas para no cumplir con mi papel de esposa. Y es que no podía hacerlo. No podía traicionar lo que sentía. La mañana de ese domingo era como cualquier otra, Carl se encontraba encerrado en su estudio escribiendo una nueva columna para su trabajo. Mientras yo trataba de leer un libro en la sala el timbre sonó. Me levanté a la espera de nada y lentamente abrí la puerta. Fue un largo parpadeo, un largo suspiro. Draco se encontraba de pie, frente ami puerta y solo empuñé la perilla.
-Tenemos que hablar- su voz sin una gota de sentimiento me hizo prepararme para o que venía.
Estaba segura que él no quería hablar sobre lo sucedido en mi boda y talvez supuso que yo igual, pero si era eso lo que pensaba estaba equivocado.
-¿Dónde hasta estado?, ¿tengo toda la semana tratando de comunicarme?- Y así era, no se cuantas veces le había hablado a Charlotte para saber noticias sobre Draco pero todo era inútil, hasta traté, indirectamente que Carl le preguntara al tal William Dahl si alguna vez había visto o conocido a Draco, cosa que no tuvo frutos.
Al escucharme, Draco solo alzó una ceja y cruzó sus brazos. -Si no me has localizado es por que a mi no me interesaba saber de ti- y de nuevo lo hizo. Me hirió como tantas veces sus palabras lo habían hecho. Sentí mis ojos como se llenaban de lagrimas y amenazaban con dejarlas salir sin ninguna vergüenza, ¿Cómo me decía eso?, ¿Cómo era capaz de ignorar lo que sucedía?.
-Draco Malfoy- Él miró a Carl de pies a cabeza y casi puedo asegurar que un pequeña sonrisa se pudo ver en la comisura de sus labios. Traté de ahogar mis lagrimas para poder ver de frente a Carl, me giré pero el no me observaba, seguía viendo a Draco, como si una silenciosa conversación se estuviera llevando a cabo.
-Vine por que necesito hablar con Hermione sobre la casa, la pienso vender.- Carl asintió y ahora me miró, no estuve segura si aquella mirada era positiva.
-¿Venderla?- pregunté sin más desmán. No obtuve respuesta.
-Entonces entra- Carl lo invitó pasar pero él se negó.
Alegó que solo venía para llevarme a ver las cosas de la casa si es que acaso quería algo. Me negué, pero Carl insistió en que fuera, en que estuviera segura si es que aun quería algo de mi antigua vida. ¡Y valla que lo quería!.
Draco lo invitó para que nos acompañara pero Carl sin más reparo dijo que estaba demasiado ocupado. Salimos en silencio, caminamos aun en silencio pero nuestras miradas no se cruzaban, no tenían esa chispa que alguna vez presentaron. Por lo menos eso creía. Al entrar me topé de frente con las escaleras. Draco caminó por la sala hojeando algunos libros, después se detenía en el mini-bar y olía el vino, aquel añejo olor que a veces impregnaba la casa. Yo lo miraba. No se dirigía a mí. Ni siquiera era capaz de sostener mi mirada. Y entonces ya no pude más. Ya no aguantaba el estar reprimiendo aquel sentimiento, aquella verdad. Respiré hondo y caminé hacia él. Lo iba a tomar por los brazos y obligarme a que me viera pero él, como siempre solía hacer, se anticipó. Se giró y por un instante casi nos damos un buen golpe, fue el quien me sujetó entre sus manos, fue el quien embriagó mi piel dejándola sin vida, inconciente.
Yo, que no estaba preparada para su reacción me quedé paralizada. Sus ojos, que antes no se atrevían a mirarme ahora parecían quererme consumir, quererme absorber como si yo les hiciera falta para poder seguir abiertos. -¿Por qué me haces esto?- tartamudeé con voz nerviosa y de nuevo con esas ganas de llorar que ahora se hacían cada vez más imperiosas al estar frente a él. Su semblante rígido a penas parpadeó. Me soltó y caminó hacia las escaleras, comenzó a subirlas y la sangre me pareció hervir. Me dejaba como siempre lo hacía. -¿Qué pretendes?- Ya mi voz no lo detenía, seguía su camino como en Hogwarts cuando no se rebajaba ni siquiera a hablarme. Lo seguí. Tenía que aclarar lo que sucedía y tratar de ver si había alguna oportunidad entre nosotros.
Pero era inútil.
Vi que entró a mi antigua habitación y se quedó de frente a la cama, mirando las paredes, los muebles. Las fotografías de Ron y Harry estaban en el mismo lugar, parecía que el tiempo no había pasado. Me miró con un expresión de desagrado y la entendí. Parecía que me reclamaba el hecho de haber abandonado todos esos recuerdos, pero lo que él no sabía era que yo noolvidaba nada. Si había dejado las fotos era por que no podía llevármelas todas, Carl me acapararía con cientos de preguntas y ¿Cómo explicarle que aquel pelirrojo era la razón por la cual yo había quedado embelesada con él? No podía. Solo había llevado conmigo unas cuantas imágenes que solía ver de vez en cuando sin la presencia de Carl.
Se sentó en el borde la cama y me miró. Sus ojos parecieron cambiar y sonrió un poco. ¿Qué le pasaba?. -¿Me amas?- pregunté de una forma tan espontánea, tan directa, sin pensar en lo que la respuesta pudiera ocasionar. Draco no respondió. Miró el suelo como avergonzado de lo que sucedía. -Por que yo sí- agregué sin vergüenza, sin miedo que él se burlara con la sola idea. Y es que ya no podía seguir con éste juego.
Él me había orillado a la confusión y era mi trabajo salir de ella.
Me acerqué lentamente y deposité un beso en su cabeza. Su cabello pareció despedir un olor a menta. Bajé mi boca hacia su frente, sus mejillas, su nariz y me detuvo. Tomó mis manos y casi en susurró, con ese tono entrecortado me pidió que parara. Más que pedir, me suplicó que dejara de demostrarle lo que sentía. -Esto es más difícil para mí que para ti- agregó de nuevo sin mirarme. -Ninguna cosa es más difícil que otra- Atrajo mi mano a sus labios y dándole un beso me tomó por la cintura recargándose en mi vientre y aferrandose a mi como sus ojos solían hacerlo. -Deja los juegos- le pedí derramando una lágrima. Me senté a su lado y pude verlo. Su rostro rojizo, sus ojos ahogados en lágrimas y su boca seca le daban el semblante de haber estado llorando durante años.
-Quiero protegerte, y estando conmigo eso será imposible-
Pensé que lo decía por que tenía miedo de herirme con su carácter, pero estaba muy equivocada.
-Entonces, no me protejas- y lo besé aprisioné sus labios permitiéndome sentir su osado sabor. Sus manos cobraron vida y comenzaron a acariciar mis piernas, mi cintura, mis senos. Me recostó suavemente y su boca se dispuso a bajar por mi cuello. Pero lo atraje de nuevo a mi rostro, quería verlo. Quería estar segura que aquello noera una ilusión. Y de pronto la ropa comenzó a caer. Sus perfectos pectorales me hipnotizaron sus vigorosos brazos me atraparon lentamente, me hicieron parte suya.
Era una sensación casi ficticia. Irreal.
Podía dejarme llevar a donde quisiera, en un instante me llevaba a la cima de la excitación y de repente era arrastrada por una fuerte pasión que amenazaba con borrar completamente las caricias de Carl. Amenazaba con fusionarme con aquel viril cuerpo que se postraba sobre mi y nunca dejarme ir. -Por esto soy débil, por ti- susurró en mi oído mordiendo de una manera dolorosa pero raramente exquisita mi lóbulo izquierdo. Aruñé su espalda al sentir un agudo dolor clavarse en mi parte más intima. Y fue cuando me di cuenta, por fin éramos uno. En medio del clímax comenzó a morder mi boca, sometía mi lengua a una rara danza pasional que jamás había sentido y un fuego internó explotó en mi vientre subiendo por mi ser por hasta llegar al suyo. Rescaté mi legua de la suya y la subí por su nariz para depositar un beso en ella.
Y así seguimos, confinados en el olvido.
Una hora pasó rápido por mis ojos. El mundo se había paralizado dejándonos a Draco a mi llevar acabo lo que hace mucho alguna vez pensamos. Carl pareció esfumarse y jamás pensé que pudiera llegar en algún momento y vernos ahí, desnudos en mi cama, en nuestra antigua casa. Aun recostada hacia la derecha envuelta entre lasa sabanas Draco besaba mi hombro izquierdo, acariciaba mi vientre mientras cerraba mis ojos. -Te amo- mi cuerpo se estremeció y me pareció sentir una leve risa por parte de é. No estaba segura si aquella frase era real. O solo un mal pensamiento, una mala jugarreta de mi mente. Mis sentidos se esfumaron y quedé sumida en una alegría estática muy alejada de lo que realmente pené que sentiría si alguna vez escuchaba esas palabras por parte de el. Me abrazó más fuerte y trató que me reincorporara para verlo. -Te amo- volvió a repetir. Y ahora estaba segura que era real. Sus ojos, su boca, hasta su aliento me lo decían.
Dejé salir un largo suspiro y lo abrasé -¡Por fin!- exclamé regocijándome en la inevitable verdad, en aquel momento donde estaba completamente segura que ya no había barreras entre nosotros. Comencé a llenar su rostro de pequeños besos y escuché como soltaba pequeñas risas al momento que me sentaba sobre su estomago. La sabana cayó dejando ver mi parte superior y sonreí -Y ahora, ¿nos casamos?- pregunté divertida pero la sonrisa que se había tatuado en el rostro de Draco se esfumó volviendo a tener aquel raro semblante tajante que solía mostrar -No es tan fácil- agregó mirando hacia la ventana.
-Tienes razón- agregué recostándome sobre su pecho. El poco silencio que guardamos por ese instante resultó ensordecedor, podía escuchar su corazón y el mío latir al mismo ritmo, eso era música para mí. Me reincorporé a su lado. -No quiero nada Draco, por que la casa no la vas a vender- agregué cambiando de tema. Le me miró incrédulo y sonrió.
-No te aproveches de mi, necesito venderla-
-Creo que ya me aproveché- lo miré de manera pícara y me sorprendí de lo atrevida que podía llegar a ser estando con él. Con Carl casi siempre, o siempre era él quien tomaba alguna iniciativa.
Comencé a recordar que fui yo quien dio el primer paso para aquel primer beso con Draco, recordé como fui yo quien le gritó primero que lo amaba el día de mi boda y ahora había sido yo quien insistía en resolver lo que sucedía. Tal vez mi cuerpo de manera inconciente siempre había sabido lo que realmente sentía. -Debes volver con Carl, pronto pensaremos en lo que haremos- -Soy despreciable- agregué mirando mis manos.
-Carl no se merece esto-
-Tal vez no- concluyó Draco levantándose de la cama. -Pero creo que nosotros si- comenzó a vestirse y yo solo me cubrí mas con las sabanas. De pronto lo miré como tomaba su camisa color negro del suelo y me extrañó como había cambiado. De duro e impenetrable a un accesible y hasta calmado hombre.
-Sabes, creo que tengo un gran problema- Me miró. -A la semana de divorciarnos comencé algo con Carl y ahora a la semana de casarme estoy contigo, ¿eso en que me convierte?- Draco parecía responder pero lo interrumpí -En una cualquiera- agregué casi en susurró, él se acercó a mi y abrazándome contra su pecho dijo
-No, solo en una persona que toma decisiones precipitadas, es todo.-
Reí, eso esperaba.
-Ahora tienes que volver con Carl, pronto sabrás de mi- sonreí, esperaba que fuera cierto., confíe en él. Me vestí y salimos juntos. Me sentía como una mujerzuela saliendo de un motel pero que más daba. Al único a quien tenía que rendirle cuantas era a Carl, y eso me espantaba. Draco subió a su auto con una sonrisa en su rostro mientras yo caminaba de regresó a casa. Rogando que la loción de Draco no se hubiera impregnado en mi piel.
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