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Historia 33023 — capítulo 16
¡Hola! Despues de casi dos semanas vuelvo con el capitulo 15 que tal vez se les haga confuso pero ya se irá aclarando. Estuve muy ocupada por el regreso a clases, ya comenzaron los trabajos en equipo, expocisiones y demás. Pero he logrado sacar el siguiente capitulo y bueno... espero les guste. saludos.
Por cierto, ¿qué les perece mi nueva portada? xD
XV: El Pasado se Hace Presente
Los pasos cortos, el viento estático en mi rostro y mi piel carcelera de emociones me marcaban el exiguo tiempo que corría por entre mis manos. Esos pequeños pasos de vuelta con Carl, de regreso a mi nueva vida donde el pasado no tenía cabida.
Abrí la puerta pensando que Carl no me estaría esperando, pero ahí estaba. De frente a mi, con sus ojos vigilando mi entrada. Me sonrió. Sonreí. Caminó hasta a mí y tomó mis manos. Me quedé paralizada, besó una de ellas y me guió a la sala. Aun en silencio y con mi piel muerta ante su tacto lo seguí. Acarició mi cabello y como todo un ser educado preguntó: -
¿Qué decidiste conservar?-
Yo, perpleja ante su comportamiento no supe que responder. Miré el suelo y una evidente vergüenza relució en mi rostro. -No pensé que estarías justo en la puerta esperándome- volvió a sonreír. -Terminé el trabajo y fue solo casualidad- agregó tomando un libro de encima de la chimenea- ¿Y bien?- titubeé un poco y logré responderle, pero no sabía con exactitud que.
-Draco no venderá la casa, por lo menos no por ahora, creo que es un tema que debe tratarse con más tiempo- Carl asintió un poco y salió de la sala.
Lo seguí con la mirada esperando que penetrara en mis ojos y llegara a descubrir el gran engaño, un engaño consumado por la verdad. Pero fue inútil. Salió sin mirarme, sin mirar atrás y solo lo escuché subir las escaleras.
Su comportamiento era extraño.
Y por fin pude recostarme de lleno en el sofá. Dejándome sentir, recordar, respirar el pasado. Decantando cada una de sus caricias, tatuando esos labios que me torturaban el pensamiento. Casi podía sentir su calor abrigarme y su frío paralizarme como siempre.
Con la diferencia que lo disfrutaba.
Era una cosa anormal, fantasiosa… sin límites.
Y lo que por un momento me pareció ser la cima de la satisfacción se derrumbó sobre mi como la culpa, tajante y filosa, entrando por cada diminuto poro de mi piel helando cada célula y matando cada migaja de alegría que momentos antes me había acorralado. Y entonces vi a Ron en Carl y a Carl en Ron, un juego de confusiones que reforzaron esa incomoda sensación. No podía ser más oportuno; y presa de la desesperación que silenciosa se había albergado en mi mente me levanté, caminé alrededor de la sala, pensando… olvidando. Una de mis manos se fugó por entre mis labios, los acarició. Sintió el nulo sabor que Draco había impregnado en ellos y me estremecí. Mi cuerpo desprendió un choque eléctrico recorriendo mi boca hasta llegar a las plantas de mis pies que amenazaba con explotar en el exterior.
Ahora solo quedaba esperar.
La noche llegó sin aviso. Cuando menos pensé ya se había puesto el sol y yo seguía en la sala. La había recorrido como un animal enjaulado a la espera de algo. Me mire en el gran espejo que adornaba una de las paredes y me examiné. Era yo, eso parecía. Intentaba llegar más al fondo de aquella mísera imagen, pero no pude.
Cerré los ojos.
Tal vez con la esperanza de abrirlos y ahora sí verme en aquel cristal. Los abrí lentamente pero esos faroles azules que resplandecían con mi presencia amortiguaron los míos de una manera fugaz. -¿Irás a dormir?- preguntó Carl tomándome por la cintura y respirando sobre mi cuello. -En un momento- respondí tratando de zafarme de sus brazos. Él se alejó de mí y solo me miró. Me persiguió, me acorraló con sus incisivos ojos como un pequeño espía esperando encontrar lo que fuera. -¿Qué pasó con Draco?- sus palabras me helaron. Me había dado media vuelta para subir a la habitación pero su voz fue como un látigo que me ató impidiéndome el paso. Volvió a repetir la pregunta pero solo me quedé ahí. Sin darle la cara. De pronto sentí que se había levantado, sentí su presencia aun más cerca de mi cuerpo y respirando sobre mi oído volvió a preguntar -¿Por qué no respondes?- inquirió con un tono totalmente distinto, con un timbre que nunca le había escuchado. Por mi frente sentí correr una gota de sudor. Las manos se me pusieron heladas, me tensé. -Iré a dormir- agregué torpemente.
Al parecer mi boca era mi enemiga más letal.
-El te puso mal, algo te hizo por eso estás así-
No aguante. Lo miré de frente y su rostro casi golpeado por una inmensa ola se desbordó sobre el mío. -No- negué dejando salir algunas lágrimas, pero Carl me tomó por los brazos acercándome a él, respirando sobre mi boca y aprisionándome más contra su cuerpo.
-Hermione, no me hagas esto- y de pronto su voz entrecortada como un viejo suspiro entró por mis oídos haciendo que algo dentro de mí se quebrara y de nuevo la sensación de mil agujas penetrando mi piel se hizo presente. Tragué saliva. Cerré los ojos y mordí mis labios.
Sus palabras tenían algo que me decían que lo sabía ¡Carl lo sabía!
Las ganas de salir corriendo, de ocultarme se hicieron presentes y tan pronto como Carl me soltó atiné a correr de nuevo a la habitación. Me encerré. Lloré. Me aventé contra la cama y hecha un mar de lágrimas apreté la almohada.
Por un instante volví a odiar a Draco.
¡Si tan solo no se hubiera presentado en mi boda! ¡Si nunca más lo hubiera vuelto a ver! Ahora fuera feliz. Había echado a perder una nueva vida. Creo que no me cansaba de ello.
Seguí sumergida en mis lágrimas hasta ya muy tarde y cuando menos pensé me había quedado dormida. No se si Carl llegó a tocar a la puerta, no se si me llamó varias veces, por lo menos mientras estuve despierta no lo hizo. Creo que mis ojos, cansados de ser un fuga constante de agua se abrían de repente entre la madrugada. De pronto alcanzaba a ver una sombra, una efímera silueta que se paseaba por entre las cortinas. Pero creo que mi mente no pudo procesarlo bien.
Volví a dormir.
El sonido de las cortinas hondeándose me hizo abrir los ojos. Reincorporándome a la cama me dí cuenta que Carl no había entrado. Tal vez se había quedado dormido en la sala. Me levanté aun con esa sensación de la noche pasada. Ese remordimiento. Y comencé a armarme de valor para poder enfrentar a Carl, para poder decirle toda la verdad.
Aunque Draco no lo quisiera.
Rápidamente me arreglé. Por el contrario de lo que muchos hubieran pensado parecía estar desesperada por bajar, por hacerle frente al presente y hasta a mi misma. Al salir de la habitación me paralicé, tal vez el miedo o la incertidumbre me hicieron bajar despacio las escaleras. Caminé hacia la sala pero al entrar no estaba nadie. Entonces pensé en el estudio.
Carldebería estar ahí.
A solo unos pasos de llegar y abrir la puerta escuché una voz. A su vez podía escuchar otra hablar con tono molesto. De pronto un golpe me hizo alarmarme, estaba a punto de abrir la puerta cuando me di cuenta que se encontraba entre abierta pero por una fracción de segundo me detuve-¡Déjala en paz!- gritó con furia Carl mientras golpeaba el escritorio, mis ojos se posaron en el otro individuo y me di cuenta que era Draco. Mi corazón se detuvo y por un instante me pareció haber sido yo la que recibía aquel golpe y no el mueble. Draco se encontraba cabizbajo sin decir palabra -Tu me dijiste que la dejarías en paz, ¡Ese era el trato!- mis ojos se abrieron aun más y contuve la respiración, **¿trato?**Carl caminó hacia Draco y sus ojos transformados en un océano de furia parecían ahogar a Draco que seguía sin defenderse.
-Dijiste que yo la haría feliz, pero si te sigues entrometiendo no lo lograré, ¿te sigue importando su bienestar?-
-¡Si!- gritó ahora Draco empuñando sus manos pero a la vez conteniéndose las ganas de llevarlos a algún lado -Jamás me ha dejado de importar-
-¡Entonces déjanos en paz!-
Mi respiración amenazaba con irse. Mis ojos pasaban de Carl a Draco y viceversa. ¿Qué era lo que pasaba?, ¿Acaso…?
-Debemos seguir protegiéndola-
-¡Crees que no lo se Weasley!-
Y entonces vi ese momento como en cámara lenta, los labios de Draco parecían detenerse en aquel apellido, en aquella palabra que me decía tantas cosas, su voz la pronunciaba con el mismo asco, con el mismo odio que siempre le había impregnado. Miré a Carl esperando que se extrañara de aquel apellido, esperando que le preguntara a Draco la razón del por que lo llamaba así pero no reaccionó. Bajó su vista al suelo llevándose una de sus manos a la cabeza mordiendo sus labios y dejando salir algunas lagrimas, ¿Por qué no reaccionaba?. Y quise gritar y entrar y pedir explicaciones de lo que pasaba, de lo que presenciaba. Obligarlos a hablarme con la verdad a ponerle fin a este absurdo juego.
-No me llames así- susurró Carl de una manera casi sórdida, pero Draco pareció no escuchar.
-¡Si ella se ha refugiado en mi es por que tu no haces bien tu trabajo, pero claro, que se podía esperar de una vil comadreja!-
Seguía sumida detrás de la puerta, torturándome con aquellas palabras que parecían no tener principio ni fin. Un leve sollozo de desesperación logró escaparse de mi cuerpo y cuando miré a Carl me di cuenta que sus ojos me miraban, me observaban replicándome mi presencia. Draco seguía despotricando palabras inútiles contra aquel ser mientras yo comenzaba a sumergirme, a anclarme en aquella mirada que me hacia evaporarme. Mis lagrimas quemaban mis mejillas y Carl, inmutable como nunca lo había visto retiró su vista y miró de nuevo a Draco que parecía un moustro insaciable de ira.
-Cállate- mustió despacio, breve, ligero pero fue inútil.
Abrí la puerta con la esperanza que los gritos de Draco saciaran pero pareció no verme y gritó una ultima palabra que no pude escuchar ya que se había encimado con mi voz .
-¿Weasley?- pregunté un tanto taciturna y con el corazón apunto de desbordarse en mil pedazos. Ambos me miraron en silencio, tenían el descaro de sostener mi mirada. Draco bajó su vista pero Carl me dejaba ver en todo su esplendor sus ojos inundados en lágrimas. -¡¿Weasley?!- volví a preguntar a gritos mientras me acercaba a aquel pelirrojo que no dejaba de mirarme, de seguirme, de torturarme con sus inquisidores ojos que hablaban mucho más que los estupidos gritos de Draco. Lancé un grito de coraje al momento que le daba un empujón en su pecho, al tiempo que tomaba su rostro y lo examinaba sin vergüenza, sin simpatía. Y él seguía mirándome. Sus pecas, su piel, y ahora hasta su aliento me marcaban el camino de la verdad. Mis ojos se aguaron más y sin pensarlo me arrojé a su cuerpo y lo abracé y lloré y me lamenté entre sollozos mientras él trataba de separarme, de alejarme de él. Pero me aferré, enterré mis uñas en su espalda profiriendo un grito malicioso. Lastimándolo, hiriéndolo de sobremanera pero de pronto sentí como alguien me alejaba, era Draco. Al darme cuenta de ello me giré y desplomé una bofetada en su rostro, quería reclamarle el engaño, la mentira pero mi boca no era capaz de proferir palabras, solo gritaba sonidos incoherentes que nadie era capaz de entender, solo yo.
Draco me abrazó, me beso el cabello aspirando su aroma pero eso solo logró exaspérame más.
-¡Dime que no! ¡Dime que estoy equivocada!-
Grité al compás de sus manos que intentaban calmarme, acurrucarme sobre su pecho
-¡Yo lo maté!- volví a gritar mientras sentía un ardor crecer en mi pecho y subir hasta mi boca.
Mis palabras se escuchaban en un tono casi inexistente y estaba segura que de un momento a otro ninguno podría escucharme.
-Cálmate- agregó Draco entre dientes sujetando mis brazos, giré mi rostro para comprobar lo que sucedía y ahora por fin Carl desviaba su mirada - Tu no eres Ron, dime que no lo eres-
-Hermione, hay que salir- y por un instante el suelo comenzó a dar vueltas a atraparme en un vibrante mareo que era incapaz de soportar el aire en mis pulmones, los latidos de mi corazón parecían dolorosos golpes, dolorosos gritos muertos que ansiaban salir y atrapar lo que fuera con la condición que no los detuviera. -¡Niégalo!- grité zafándome de Draco, con el rostro empañado de tanto sollozar.
-¡Claro que lo niego, no importa que te diga!- afirmó Carl apuntando a Draco mientras me volví a sujetar y me sacaba del estudio.
No, Carl no podía se Ron. Me hubiera dado cuenta. Sus besos, su voz, su piel… todo de él me hubiera llevado al limite de la verdad haciendo que no me entregara sus nuevos besos, sus nuevas palabras, su nuevo ser. Me encontrada pasmada. Sentía que estaba a punto de estallar, de quebrarme en una delgada y fina línea entre la razón y la locura.
Pero su mano acarició mi mejilla, rodeó mi ser con esa calidez que a veces me extrañaba recibir de él y por un breve instante volví a la realidad. -Hermione…- susurró Draco. -Perdóname- su voz parecía ser una melodía exquisita pero con toque insólito que no cualquiera era capaz de percibir.
-Aunque sea por una sola vez en tu vida apiádate de mi y dime que pasa, por que si no lo haces juro que terminaré aun más demente de lo que estoy- mis palabras dichas entre dientes salieron de aquel testarudo rostro que se negaba a doblegarse ante las finas lagrimas que recorrían cada surco de desesperación que por un instante parecían estar grabados en el.
Draco tomó mi mano y depositó un beso en ella. -Es una larga historia- agregó con aquella calma imperceptible que solía mostrar.
Aunque ahora las lagrimas caían con más lentitud y mi cuerpo se encontraba tranquilo no podía evitar diluirme en el pasado, pederme en aquel laberinto que varias veces había explorado. El frío que a veces solía recorrerme me paralizó en aquel recuerdo, en aquel insípido día que había marcado mi vida. Y como si recordar me doliera más que respirar, mi boca volvía a ser una testigo leal.
-Yo lo maté, yo sostuve su cuerpo inerte bañé con su sangre mis manos, impacté su pecho con aquellas palabras… yo… yo escuché su corazón vacío llorar a la par del mío-
Entonces lo vi. Sostuve los ojos de Draco con un despecho que era imposible adivinar si había algún otro sentimiento mezclado en mis pupilas.
-Una vez lo dije, eres Draco Malfoy, nunca haces nada solo por hacerlo. Tú planeas estratégicamente tu gran golpe, tu venganza. ¿Tanto me odiabas para hacerme esto?-
Su cabeza negaba cada una de mis palabras que le caían como pequeños mísiles y explotaban dentro de sus oídos sin dejarlo defenderse. -Tu… - pero antes de seguir inquiriendo contra él, reprochándole lo sucedido, me interrumpió sobresaltándome con solo escuchar su voz.
-Hay muchas cosas que explicar te pido, te suplico que me des la oportunidad. No pienses que te odio, por que sabes muy bien que no es así.-
-Me ocultaste que Ron estaba vivo, me dejaste hundirme en mi culpa, en un delirio que veías día a día crecer y no pudiste ni siquiera decirme una sola palabra. Y lo peor, me orillas a casarme con el, ¡que es lo que piensas?-
-No te orillé a nada, y yo no sabía que Weasley estaba vivo hasta hace poco-
-¿Poco? ¿Qué es para ti poco?-
Aun entre nuestras palabras pude escuchar unos pasos dirigiéndose a nosotros, miré hacia el lugar donde provenían y Carl ahora convertido en Ron ante mis ojos se encontraba recargado en una de las paredes del pasillo. -De Draco nada me extraña, ni siquiera lo que paso ayer, pero de ti… eres Ron Weasley ¿Cómo pudiste hacerme esto? Prestarte para el estúpido juego de un Malfoy- Ron seguía callado -¡responde!-
-No se de que me hablas, no soy el que dices-
Y volví a sentir las manos de Draco aprisionarme mientras su boca se acercaba más a mi oído. Su aliento comenzó a buscar mi boca para ahogarme en una confesión aun más reveladora.
-No te dirá nada, hizo el juramento inquebrantable-
De nuevo el suelo dio vueltas volcando cada uno de mis sentidos dejando intacta la poco razón que me quedaba. Un leve mareo me hizo sujetar el brazo de Draco con tanta fuerza que tuvo que recargarme en su pecho. Sentí el mundo sobre mí. Mis ojos incrédulos ante lo que veían poco a poco comenzaron a procesar la imagen frente a mi. Ron convertido en todo un hombre me había tenido en su cama tantas veces, me había casado con él y me reproché la gran ignorancia que había tenido. Dude por un segundo sobre las palabras de Draco y pensé en preguntarle a aquel pelirrojo que aun cabizbajo sollozaba en silencio, pero no, si era verdad lo que Draco decía Ron no se atrevería a decir ni una sola palabra sobre su pasado.
-Si no lo puede decir, ¿Cómo lo sabes?-
-Antes de contarte todo necesito, necesitamos que descanses, que asimiles lo que acabas de ver-
-Si no me dices como rayos es que sabes que él es Ron juro que me iré y ninguno me volverá a ver-
Ambos se miraron temerosos de mis palabras y mientras Ron se encaminaba a la sala, Draco me hacía sentarme en una pequeña silla, tomaba aire y noté como se limpiaba algunas lagrimas que hasta este momento habían estado corriendo por su rostro sin darme cuenta.
-¿Recuerdas a aquel hombre, William Dahl?-
Su pregunta me hizo navegar por los pesados pero a la vez efímeros recuerdos donde ese insípido nombre aparecía, ¿Acaso aquel incipiente hombre se encontraba también metido en esto?.
Tal vez es algo... ¿sorpresivo?. me encanta hacer drama pero poco a poco todo esto tomará su camino. Es más en el siguiente capitulo quedará más explicado lo que ha pasado.
Hasta pronto y Gracias por comentar. xD