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Historia 33023 — capítulo 3

-… espero que su mano sane pronto.-

No ponía atención a sus palabras, me perdía en sus ojos como el atardecer en el desierto. Sonreía estúpidamente aunque el tema fuera desagradable, aunque estuviera hablando de descuartizar a un cerdo para luego comerlo. Nada desagradable podía salir de su boca y sí lo hacía mi mente lo interpretaba de otra manera dándole permiso a mis oídos de dejar pasar aquellas palabras.

-Aunque todavía no me ha contado como ocurrió tan infortunado accidente.-

Sus palabras me hicieron gracia. ¿Qué accidente… el de mi mano o el haberme casado con Draco?. Me mecí en el delicado columpio que adornaba su jardín y solo sonreí.

-Pasa serle sincera, la verdad es que soy muy torpe. Así que no tiene importancia tal acontecimiento.- Respondí mirando el oscuro cielo de la noche mientras dejaba que mi cabello, largo y ondulado, se paseara por mi espalda. No pensaba decirle que el autor de tal suceso era Draco. Podía odiarlo pero no necesitaba exponer mi escasa vida marital a quien fuera. Carl solo sonrió. Se levantó del columpio de al lado y sin que lo viera venir, tomó las cadenas del mío obligando que el leve vaivén se detuviera. Se encontraba frente a mí y sonrió.

-¿Por qué está aquí?.- preguntó con una mirada algo acosadora pero lo suficiente intimidante para que mis ojos bajarán a observar mis pies que jugaban con el verde césped.

-¿Por qué tiene éstos columpios aquí?, Usted no tiene hijos ¿o sí?.- pregunté tratando de desviar el tema.

Carl miró el césped y luego volvió a sonreír. Pero no era una sonrisa apacible confortadora, parecía maliciosa pero no de una manera morbosa, era más bien aterradora. - No tengo hijos, pero planeó tenerlos algún día, ¿hay algo malo en eso?.- Al escucharlo solo negué con la cabeza mirando ahora su rostro.- Ahora, dígame, ¿Por qué está aquí?.- volvió a preguntar teniendo todavía entre sus manos las cadenas del columpio, impidiéndome el paso.

-Mi esposo compró la casa y…-

  • A eso no me refiero.- interrumpió ahora tocando mi cuello. Pude percibir el olor a metal que sus manos desprendían por estar sujetando las cadenas. -Como usted dijo, tiene esposo, ya lo conocí y aunque no soy mujer puedo decir que es lo que ustedes llaman... apuesto.-

Solté una leve risa al oír su comentario. Claro, Draco era apuesto. Cualquiera con dos neuronas se daría cuenta de aquello. Yo podía mirar sus perfectos brazos bajó aquellas mangas de su ropa y estaba casi segura que tenía un abdomen y pectorales perfectos, pero solo eran suposiciones. Jamás había tenido la buena o mala suerte de verlos en realidad. Su rostro tenía una expresión dura pero sus ojos… sus ojos eran una pequeña fuga de emociones que nunca transmitían algo más que odio, ira o algo que se le pareciera. Era atractivo, apuesto visiblemente. Pero eran muy pocas las veces que yo me percataba de ello. Su actitud siempre lo envolvía en una nube de humo que parecía consumirle todo encanto, por lo menos ante mis ojos.

  • Y se ve que la ama.-

Las palabras de Carl esfumaron a Draco de mi pensamiento. Lo miré fijamente y solo fruncí el ceño.- ¿De veras?- pregunté incrédula.

¿Carl realmente pensaba que Draco sentía algo lindo por mí?

  • Claro, y no entiendo como es que, teniendo un esposo atractivo y que está perdidamente enamorado de usted, se encuentra aquí, conmigo, jugando con algo que puede salirse de control.- al pronunciar la palabra jugando, se acercó a mi oído y siguió susurrado lo demás en él.

Tragué saliva.

-Yo no juego Mr. Smith.- adjunté a su comentario llamándole ahora por su apellido.- Lo considero un amigo, solo estoy siendo cortés por que se acaba de mudar y lo siento mucho si pensó que mi actitud insinuaba otra cosa.-

-¿Otra cosa?, Por favor señora, está usted aquí, pasadas las ocho de la noche, en mi jardín y mirándome de una absorta manera, haciendo gestos delicados…-

-¡Usted me invitó!- exclamé algo indignada.- ¿Gestos delicados?, ¿cree que con cada parpadeo pretendo seducirlo?, esta muy mal…-

-Yo la invité es verdad, pero usted no estaba obligada a aceptar, además su esposo está en casa, ¿cree que no me doy cuenta como busca una vía de escape para no estar con él? ¿Por qué cree que no le he preguntado si ama a su esposo?.-

Traté de salir del columpio, pero él seguía tomado las cadenas. Me puse de pie pero Carl se negaba a dejarme pasar, su aliento quemaba mi rostro. -Por que eso sería algo muy imprudente de su parte.- agregué tratando todavía de salir. Sentí como sus manos se posaban ahora en mi cintura. Comencé a golpearlo en el pecho pero eso solo provocó que me atrajera mas a él.

-No, por que sé que la respuesta sería negativa.- susurró hundiendo su cabeza en mi cuello y aspirando el aroma de mi cabello. Me quedé estática sintiendo el contacto de sus labios con mi piel, no me besaba pero los rozaba tan levemente que me hizo estremecerme, volvió ahora a mirarme.

¿Era realmente capaz de ver mi desdicha, de percibir mi desagrado por Draco? Y sí era capaz de ello, ¿También sería capaz de ver dentro de Draco? Entonces, ¿sería verdad que el ser tan frío que vivía conmigo me amara?

-¿Quiere que yo sea su vía de escape?- susurró al notar mi estremecimiento. Cerré los ojos y mordí mi labio. No quería dejar salir aquella respuesta. Sentí su mano acariciar mi rostro y me dio miedo. Sabía que si lo miraba vería a Ron. Él estaría allí y me haría convertirme en lo que era. En una débil persona que no fue capaz de encontrar otra salida. Negué lentamente con la cabeza.

¡Por fin! Una salida, un ser que me haría sentirme viva.

Volví a sentir su mano cerca de mis ojos, parecía que había limpiado una lagrima que yo, inconcientemente, había dejado salir. Creo que yo me había sumergido en un punto donde ya no era capaz de distinguir cuando lloraba y cuando no. Me abrazó fuertemente e hizo que mi cabeza descansara en su pecho. Acariciaba mi espalda y pude notar el salir de un leve suspiro de su cuerpo. -Sé que no lo ama, los escasos días que hemos conversado me lo han dicho. He notado que siempre soy yo el primero que habla de su esposo cuando la situación lo amerita. Noto como cambia su semblante cuando escucha algo referente a él. Y puedo estar casi seguro que él fue quien le causó eso en la mano.-

¿Escasos días? Era verdad, habían pasado a lo mucho quince días, quince días en los cuales yo sabía solo cosas superficiales sobre él. Sabía que su madre se encontraba estable en el hospital después de la operación, sabía que era columnista de uno de los periódicos más importantes en Londres, sabía que era soltero y que su físico era casi idéntico al de Ron. Solo eso sabía de él. Podría decir que era amable, buena compañía y siempre que podía trataba de seducirme. En cambio él había ido más allá. Notó desde el primer instante la clase de relación que tenía con Draco. Percibió mi desdicha que pareció esfumarse al conocerlo.

Me alejé un poco de él y tomé aire.

-Draco no fue.- Era lo único que se me ocurrió decirle. -Y le pido de favor que no vuelva a abrazarme.-

¡Tonta! ¿Cómo fue que dije aquello? Estaba diciendo todo lo contrario, yo quería estar con él, sentirlo de nuevo y ahora le decía que se alejara…

-No sé por que se casó si no lo amaba, no sé como juega con los sentimientos de ese hombre que muere por usted.-

Solté una carcajada.

  • ¿Habla en serio? ¿Cómo es capaz de decirme que él muere por mí, que me ama y adora si hace un instante dijo que él mismo había sido el causante de esto?- agregué mostrando el guante que todavía llevaba en mi mano.

Carl solo sonrío. Parecía tener respuesta a lo que yo esperaba que no tuviera.

  • Un amor que no sabe expresarse termina destruyendo todo lo que lo rodea a excepción del amor mismo.- Se acercó a mí.
  • No sé que hay detrás de su matrimonio, y no sé por que se empeña en guardar las apariencias, no sé por que no quiere engañar a su esposo conmigo si de sobra sabemos, los tres, que no lo ama.- Desplomé una bofetada en su rostro. Me había faltado al respeto de una manera vulgar. Cada palabra la dijo con cinismo, divertido de la situación que tenía delante de él. La imagen, recta, educada y amable, que tenía de él, pudo haberse esfumado rápidamente pero eso no pasó. Me dí media vuelta y salí de ahí. No quería verlo, ni escucharlo.

¿Realmente logró conocerme bien? No. Él sabía que la relación con Draco era tensa, sabía que yo no lo amaba. Pero también sabía la increíble atracción y sentimiento que me ligaba a él mismo, Carl Smith. ¿Había sido yo tan obvia? ¿Le había demostrado en todos estos días lo absorta que me encontraba con su presencia? Sí, lo había notado, pero no sabía el porque. Tal vez Carl, nunca se enteraría de que el motivo del cual me sentía horriblemente atraída hacia él, era por el hecho que era idéntico a Ron. Tal vez Carl, pensaba que me había hipnotizado por ser él mismo, por su actitud, personalidad y físico, pero no. Era solo el recuerdo del pasado lo que me ataba a una ilusión que tarde o temprano podría terminar. Tal como dijo Draco aquella noche en la cena:

Despierta Granger, ese hombre no es el patético Weasley

No lo era. Tenía que comenzar a ver el presente y tratar de conocer a Carl Smith, no solo poner atención si es que tenía similitudes con Ron. Ya me había dado cuenta de algo. Carl Smith era un hombre directo, sumamente vacilador, coqueto. Tal vez otra especie de Draco Malfoy. Cerré la puerta de la casa y dejé el abrigo en el perchero. Aquel pensamiento me había acompañado durante el camino a casa. Entré a la sala y me recosté en uno de los sofás. Suspiré profundamente y cubrí mis manos con ambas manos. Estaba confundida.

No quieras confundir tus pesadillas con la realidad, puedes quedar demente.

Recordé las palabras de Draco. Casi podía escucharlas. Pero ese casi se esfumó cuando me dí cuenta que, en efecto, Draco se encontraba detrás del sofá repitiéndome aquello. Lo miré mientras seguía recostada. Observé sus ojos que seguían rígidos mirándome. Recordé las palabras de Carl.

Y se ve que la ama.

Reí para mis adentros. ¿Draco amarme? Esa sería mi peor maldición. Desde aquel ángulo pude notar una pequeña mancha en su blanco cuello. Era como café… morada… no estaba segura, parecía un moretón. Entre cerré un poco mis ojos para agudizar mi vista y supe que era. Un chupete. Claro tal vez de alguna mujerzuela. Me senté dándole la espalda.

-¿Acabas de llegar?- pregunté. Yo me había ido como a las seis de la tarde a comer algo a casa de Carl y Draco todavía no llegaba. Sentí que se movió de lugar y se sentó a mi lado. Lo miré de soslayo y noté como sus manos se estiraban por el respaldo del mueble, cruzaba su pierna derecha y encendía un cigarro.

-Hace mucho que llegué, ni tú ni María se encontraban, sé donde estabas tú, pero… ¿y María?.- preguntó dejando salir una bocanada de humo que cayó en mi cuello.

-Le dije que se marchará después de la comida, así que no hay nada para cenar. Y hazme el favor de fumar afuera.- respondí poniéndome de pie. Al instante sentí como me tomaba la mano derecha. Temblé. Él no podía tocarme o mejor dicho, no podía volver a golpearme, ¿Me tiraría de nuevo contra algún mueble? ¿Qué sería ahora? ¿La mesa de té? ¿La lámpara? ¿O solo contra la alfombra?. Pero no apretó mi mano. Con su dedo pulgar acarició tranquilamente mi muñeca.

-Mañana cuando venga a comer iremos a que te quitan las suturas de la mano. El medico dijo que has estado sanando muy rápido.- Safé mi mano de la de él y me giré para mirarlo. Un mes. Claro, en un mes mi mano tenía que sanar, el medico así lo había estimado. Pensé que estaba loca por lo que iba a hacer. Me senté nuevamente a su lado y solo lo miré. Observé como apagó su cigarrillo y desafió mis ojos. Sostuvo mi mirada. -Te encontrabas con la copia de Weasley ¿verdad?.- dijo por fin, haciendo que el largo silencio que reinaba se acabará.

-Sí. No quiero hablar de eso.- contesté desviando mi mirada.

  • ¿Por que?- preguntó algo intrigado.

Lo miré. -De seguro ese chupete y ese rasguño te lo hizo una mujerzuela.- comenté evadiendo la pregunta. Me percaté de un extenso rasguño que marcaba el costado derecho de su cuello.

Bufó molesto mientras se ponía de pie.- Te digo quien me lo hizo si tu me dices que tal es en la cama el Weasley dos, de seguro mucho mejor que el primero.-

Sentí rabia contenida. Ahí estaba de nuevo con sus estupidos comentarios dando pie a una discusión, pero no le iba a dar el gusto. - No tengo por que acostarme con él.- agregué cruzando mis piernas y arreglándome un poco mi cabello. Noté como en su rostro se dibujaba una media sonrisa, de esas maliciosas.

-¡Por favor! Me vas a decir que después de éste tiempo no se han revolcado.- agregó con burla dirigiéndose al mini bar. -¿O es que, acaso dos horas no son suficientes? ¡Vaya! ¡Ha de ser un verdadero semental!.- empuñé mis manos, Dos horas, eso me había dicho que llegó en cuanto me fui a casa de Carl, me había ido a las seis y ya eran las ocho de la noche.

-Yo no he dado pie para que me digas eso.- dije casi en susurro y no muy convencida.

Se acercó a mí con una copa de vino. -¿Te atreves a decirlo?, Hermione, esas idas y venidas a casa del vecino son suficientes para que piense lo que pienso, tu actitud demuestra mas que tus palabras vacías.-

Me levanté al instante y subí a mi habitación. Él tenía razón, yo jugaba, yo me comportaba así inconcientemente, ¿o no?, no tenía nada con Carl, pero tal vez quería tenerlo. No lo sabía. Me engañaba a mí misma, creía que aquellas visitas eran inofensivas pero cada vez se volvían más peligrosas. Tenía que olvidar el pasado, tenía que dejar de ver a Ron en Carl. Tenía que forjar mi vida y alejarme de Draco. Aunque sabía que lo último era imposible. Éramos verdugos de nuestro destino y faltaba algo para liquidar culpas.

Espero que les haya gustado. La situación del por qué éste par se casaron y por que Hermione es mortífago lo diré mucho mas adeante. Solo denme tiempo xD. saludos

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