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Historia 33023 — capítulo 7

¡Hola! quiero decirles que.... MUCHAS GRACIAS!, en serio que me encata leer sus opiniones y lamento si los ocnfundo mas o si dejo mas dudas con cada capitulo pero todo a su tiempo xD! Agradesco infinitamente el tiempo que cada uno toma en dejar algunas palabras y aunque no e podido pasarme por algunos fics que comencé a leer prometo que este fin de semana me pongo al corriente. Los aprecio mucho xD!. Bueno aquí el siguiente capitulo, que aunque no me salió tan extenso como yo esperaba espero que les guste y no se preocupen por las dudas, como dije, todo a su tiempo xD. Gracias!

VII: Orquídeas Blancas II

El corazón se confunde en un punto donde el odio y el amor tienen las mismas proporciones.

Y sentía como mi corazón crecía en cada intercambio de insípida saliva. La sensación de estar ante algo tan imposible como tocar el viento, sin necesidad que él lo haya hecho primero, me provocó un escalofrío de fuego que recorrió cada parte de mi cuerpo trasladándose hasta mis besos, esos cortos y febriles labios que atrapaban los suyos en una acción imposible, en un espejismo de realidad que como todo, tiene que acabar. El fuego ardiente que mis poros desprendían se vio opacado por el húmedo contacto de sus lágrimas con mi mejilla. Lloraba, Draco Malfoy se deshacía en mi cuerpo, en mis brazos, en esta humilde piel que jamás pensó ser digna de aquel hecho tan inverosímil. Mis ojos se abrieron de repente y chocaron con los suyos aun cerrados, con su piel intacta ante el paso de los años, ante el paso de tantas tragedias, de tanto sufrimiento, rencor, odio y miseria. Mis manos que acariciaban su espalda refugiaron su rostro, sus lágrimas y desprendiéndome lentamente junté nuestras frentes y lo oí.

Escuché sus leves sollozos que talvez tenían años esperando ser escuchados.

Respiré profundo y lo abrasé a mí, era mucho más alto que yo pero pareció reducirse ante sus lágrimas, tal vez demasiado. Sus manos aun reinaban en mi cintura y ahora su cabeza se acomodaba en mi vientre bajo y sus manos descendieron por mis piernas y me di cuenta que Draco se encontraba en el suelo, con al cabeza baja y aun ahogado en un mar de lagrimas. Un nudo apareció en mi garganta sin saber que decir, o sin poder decir algo. Solo acaricié su cabello y poniéndome de rodillas llegué a su nivel, lo vi a la cara y no comprendía por que se desplomaba con tal afecto ante mí. Traté de articular palabra, de respirar y pensar alguna palabra para que recobrase el sentido pero no lo hice, Draco comenzó a recargarse en la pared y seguía sin mirarme, me apoyé en su hombro izquierdo y volví a abrazarme a él.

-¿Qué pasa?- mis palabras apenas pudieron salir, el silencio reinó y pude ver de soslayo como pasó su lengua por sus labios y casi al instante también me abrazó. -Hay que dormir.- contestó dejando salir un gran suspiro, como tratando de controlar sus sollozos. Lo miré. ¿Quién era el que estaba frente a mí? No dije nada más.

No quería provocar otro torrente de lágrimas y terminar yo también ahogada.

Me separé de él y me puse de pie. -¿Sabes?- agregué cruzando mis brazos y mostrándome lo más tranquila posible. Observé como ahora tenía apoyados sus codos en las rodillas y sujetaba su cabeza con ambas  manos.--Eres un misterio.- agregué dándole a entender miles de cosas. Dí media vuelta y subí pacientemente las escaleras. Tal vez lo hice consiente para que Draco me detuviera con alguna palabra, con algún ruido o gesto pero no fue así, dejó que siguiera mi camino y solo se escuchó el cerrar de la puerta de mi habitación.

Me senté frente a mi tocador y comencé a observarme, me quité el collar de plata y lo dejé en el alhajero, también mis dos anillos y casi al instante cepillé mi cabello con una paciencia insólita. Creo que mi cerebro no terminaba de procesar lo que había pasado.

Yo había besado a Draco Malfoy, y para colmo él había llorado ¿Tan malo había sido? No.

Cerré mis ojos y traté de recordar, de grabar cada sensación que invadió mi cuerpo al besarlo y mucho mas al sentir como correspondió a ello. Casi podía sentir sus manos sobre mi cintura y sus labios envenenándome con el sabor de lo imposible. Al poco rato me desvestí, me puse una corta bata color blanco de seda y me recosté en mi cama. Estaba dispuesta  dormirme pero la duda, del por que Draco había reaccionado de aquella forma me hizo un hueco en el estomago, lleve mi mano derecha hacía mis labios y comencé a tocarlos recordando el sabor de los suyos. No recordaba el beso con Carl Smith, se había esfumado de mi pensamiento para darle espacio a la nueva sensación que mi cuerpo experimentaba. Me dio miedo. Estaba disfrutando el hecho de haber besado a Draco. Me excitaba la idea de conocer más sobre aquella sensación. Y me aterroricé. Yo no podía disfrutar de eso, lo odiaba. ¿Acaso olvidaba como me tiró contra la mesa? ¿Olvidaba lo acontecido con mi mano? ¿Las miradas de odio, de asco?¿Llegué a olvidar sus humillaciones? ¿Olvidé el pasado?.

La puerta de mi habitación se abrió lentamente y puede ver su cuerpo bajo la tenue luz de la lámpara. Aun traía puesta su camisa negra y los lustrosos zapatos. Sus ojos desprendieron un brillo genuino que pareció contagiar los míos. Cerró la puerta lentamente, y aun con la luz de la lámpara se acercó a mí.

-¿Por qué me besaste?.- parecía ya no estar absorto en lagrimas y era capaz de mirarme de frente por haber hecho tal acción.

Mis ojos, ahora nerviosos, buscaron sus labios. Se encontraban entre abiertos despidiendo un aliento excitante. No lo podía sentir pero lo aseguraba. -Por la misma razón que tú correspondiste- respondí en un tono casi inexistente. Solo atinó a lanzar una estrepitosa carcajada sinvergüenza, hiriente e irónica. Se sentó a  mi lado y tomándome por los brazos me acercó a su rostro. Ahora si podía sentir su aliento y me dí cuenta que había estado bebiendo después que lo dejé abajo.

  • ¡Ni siquiera sabes por que lo hice yo!- gritó como burlándose al momento que me sacudía sobre la cama. Comencé a decirle que parara, pero siguió gritando. -¡Tu, Hermione Granger, no eres capaz ni siquiera de imaginar el por que de mis acciones! Y no tienes por que hacerlo!-.Me soltó haciéndome a un lado, ahora era yo la que derramaba lagrimas.-¡Quiero que me digas por que me besaste! Y no me salgas con que me amas, con que nunca me odiaste o con que en estos años has logrado tolerarme.- Lo miraba con terror, sus palabras terminaron de atravesar mi cuerpo. -¡Te equívocas!.- grité ahora tomándolo por detrás de la camisa.- ¡Te odio, por eso lo hice!.- mis palabras sonaba incoherentes y Draco pudo percibirlo.

-Dime Hermione, ¿desde cuando el odio se demuestra con besos?-

-Desde que las palabras ya no sirven para hacerlo.-

Asomó aquella sonrisa maliciosa mientras me tomaba rápidamente por la cintura recostándome entre sus brazos. -Entonces déjame demostrarte cuanto te odio.- y me besó. Y acarició mi cuerpo de una manera desesperante, mis desnudas piernas se vieron presas de sus manos ajenas que las recorrieron con un desparpajo de ira y curiosidad que subieron hasta mi punto mas intimo acariciándolo con una brusquedad que me hizo estremecerme, sus labios chocaban con los míos de una forma áspera e hiriente, muy distinta a la primera vez. Sujetó mi cuerpo con gran autoridad evitando que me revolviera en sus brazos. Introdujo su lengua como una daga matando cada sensación que en mi boca pudiera existir, solo me dejó un confuso sabor a odio. Siguió con su brusca demostración y al final me soltó haciendo que cayera al suelo.

Y ahí me encontraba, tirada, viéndolo desde abajo con su estupida y sicótica mueca de satisfacción. -¡Te odio! ¡Eres el ser mas despreciable del mundo! ¡No sabes cuantas ganas tengo de matarte con mis propias manos, de bañarme en tu sangre y tirar tu cuerpo como carroña a los animales! ¡Jamás debiste haber nacido! ¡Y estoy segura que tu madre opinaría lo mismo! - cada palabra comenzó a salir como veneno por mi boca, creo que ni yo misma estaba conciente de lo que decía, solo sentí su pesada mano desplomarse en mi rostro. Jaló mi cabello hacia atrás haciendo que mi cuello casi se contrajera en ese sentido. Mis palabras lo habían herido, estaba consiente de eso.

-¡Vuelves a decir una sola palabra de mi madre y te aseguro que tú misma irás al infierno a pedirle perdón al asqueroso Weasley por haberlo matado!-

-¡Anda! ¡Hazlo! ¿Eres capaz? ¡Claro que eres capaz, yo lo sé! -y seguía sujetando mi cabello y cuando menos pensé ya me había tirado contra la cama y se posó arriba de mí, ahora sujetaba mi cuello fuertemente. Yo solo cerré los ojos mientras sentía como el aire se escapaba de mi cuerpo… La fuerza de sus manos comenzó a cesar lentamente y la caída de una gota en mi frente me hizo abrirlos. Seguía mirándome con el mismo semblante endemoniado  pero ahora con los ojos húmedos y al parecer una lágrima se había escapado de ellos. Estrechó sus labios con los míos y sentí aquella mezcla de emociones que me invadieron la primera vez, sus manos sujetaban mi rostro y yo seguía presa del miedo, de la incertidumbre. Traté de alejarlo de mí y cedió. Se sentó dándome la espalda. Me estaba volviendo loca. Primero, durante siete años me humillaba, ignoraba y siempre discutíamos y ahora de repente se volvía sensible, un completo desconocido y un segundo después pretendía matarme para luego besarme, ¿Qué pretendía?, mis frágiles nerviosos no aguantaban mucho. Aunque yo por mi parte podía decirse que era igual de confusa. Primero juraba que lo odiaba y hasta me sentía atraída por Carl Smith y después ¿Qué hacía? Besaba a Draco, disfrutaba esa sensación y después le deseaba la muerte, comenzaba un juego de enredos que mi mente no soportaría.

-No sabes cuanto te odio.- Susurró poniéndose de pie mientras salía de mi habitación.

Y ahí me quedé, sobre la cama acurrucada sobre mi propio cuerpo mordiéndome los labios. Aquella fue la primera vez que un "te odio" de Draco Malfoy me hirió de sobre manera. Me sentí vacía, sin aliento, sin alma. ¿Me odiaba? Si era así también yo lo odiaba. ¿A que jugábamos? A lo que tú sientes yo también lo siento.

Pareció que un beso le dio mas importancia a un te odio que a un te quiero.

Comencé a recordar como Arthur Weasley había abogado por Draco en el ministerio. Como defendió a capa y espada la teoría de que Draco había matado a Narcisa bajo el poder de la maldición Imperius producida por ordenes del mismo Lucius Malfoy, durante la batalla contra Voldemort. Y de repente pensé en como un padre podía hacerle tal cosa a un hijo. Recordaba el revuelo que llevó casi tres años dar por terminado el caso. El juicio, las investigaciones y testigos, entre ellos el Sr. Weasley, ya que él había estado presente en tal acontecimiento y logró salvarse por obra del destino, ocupaban las primeras planas de los diarios mágicos. Y recordé aquello por que la expresión que Draco mostró al escuchar el nombre de su madre fue la misma que vi el día que el ministerio lo declaró inocente. Al recordar ese día me maldije, ese día había marcado mi vida hasta éste punto. Empuñe la sabana color coral que cubría mi cama y las imágenes de ese día volaron a mí como las hojas al viento. Podía sentir el temblar de mi cuerpo de una manera exagerada y recordé que solo una vez en toda mi vida había sentido la misma sensación que ahora me embargaba. El día que me convertí en mortífago. Pero esfumé los dolorosos recuerdos, ya tendría tiempo de pensarlos de nuevo. Ahora volvía a mi realidad, a la confusa y vaga realidad que ya no podía enfrentar. Aquella noche había sido todo un torrente de confusiones, contradicciones que nosotros mismo nos encargábamos de crear. Y es que Draco me odiaba, lo sabía. Pero había momentos que parecía lo contrario, ¿Cómo podía ser así? Yo también era igual que él. Así que, creo, la respuesta estaba en mí.

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