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Historia 33023 — capítulo 8
¡Hola! Despues de un largo tiempo regreso a traerles el siguiente capitulo, pero antes de seguir tengo que agradecer todos sus comentarios xD! Son los mejores! No había tenido tiempo de pasar por que la semana pasada fue de examenes, y ésta de entregar trabajos finales, calificaciones y demás cosas antes de salir de vacasiones xD, por eso me ausente y realmente les digo que todos los días trataba de escribir el capitulo, no tienen idea de cuatas hojas de Word tuve que escribir y reescribir, no saben la cantidad de opciones que se me presentaban para aclararles algunas dudas pero que advierto, solo tocaré superficialmente no me me pidan ahondar mas en ellas por que quiero basarme mas en el futuro de los personajes. así que les dejaré el, bueno o malo, beneficio de la duda. Tambien advierto que éste capitulo ha sido el peorque he escrito en esta historia, el mas inchoerente y menos convincente pero aquí esta y necesito avanzar. Al final haré un recuento de las dudas que traté de responder en éste capitulo. Saludos y de nuevo MILES DE GRACIAS POR TODOS LOS COMENTARIOS; ME DIVIERTO MUCHO RESPONDIENDOLES Y SABIENDO SU OPINION!! GRACIAS**!**
VII: Límite.
La mañana había llegado. Bajé las escaleras acomodándome mi cabello, me dirigía al jardín. Necesitaba un momento con aquellas flores que me tranquilizaban para poder aguantar otro día su presencia, su rostro, su olor. Caminé por el arco de la sala y lo vi. Se encontraba tomando algunos libros de la pequeña repisa al lado de la chimenea y solo contraje mi rostro al recordar lo de anoche. Puedo jurar que volví a sentir sus manos en mi cuello y su cuerpo encima del mío impidiéndome respirar. Cerré los ojos y lleve mis manos hasta mi cuello, acariciando aquel lugar que osó, más que tocar, estrujar.
-¿Qué haces?- preguntó con aquella gélida voz que siempre lo había caracterizado. Solo abrí mis ojos y éstos se vieron golpeados con los suyos. Profundos y densos como una niebla vaporosa. Me quedé estática al escucharlo. Al mirarlo. No tenía pensado quedarme ahí. Iba ser indiferente y pasaría de largo sin intercambiar palabra. Pero un poder más fuerte que yo pareció clavar mis pies en aquel paso dándole tiempo a él de verme, de hablarme. Sostuve su mirada con una garantía de resentimiento que sus pasados actos me brindaban y solo sonreí.
-¿Acaso importa?- me miró son su semblante rígido, implacable, tajante. Resultaba difícil decir que aquel hombre era el mismo de la noche, el mismo que me abrazó, el mismo que rompió en llanto en mis brazos y hasta el mismo que estrujó mi cuello.
Ahora parecía un robot a merced de sus instintos.
Lo vi caminar hacia mí, con aquel aire de terror que a veces irradiaba, con aquel olor a arrogancia que siempre mostraba. Me tomó por le mentón mientras me recargaba en la fría pared de la sala. No lo hizo bruscamente ni en señal de autoridad solo posó su mano en mi rostro como queriendo expresar una caricia. Me era imposible controlar mi aliento, mis ojos. Éstos vagaban entre los surcos de cansancio que su rostro mostraba y puedo asegurar que mi aliento entraba por cada uno de sus poros hasta llegar a un lugar inexistente en su ser. No se por que mi cuerpo no reaccionaba, el incidente de anoche bastaba para alejarlo de un empujón, para gritarle miles de cosas o para volverlo a besar sobre el sofá. Pero me contuve, o simplemente ya no pensaba. -Hay una cosa que quiero que leas- sus palabras me sonaron vacías. Se alejó de mí y al instante tomó unos papeles que se encontraban sobre la mesa. Al momento me los empuñó en mi mano y volvió a caminar hasta la repisa de libros. Se quedó ahí, mirando con sus asiduos glaciales mi ser. Tragué saliva. No sabía que me daba más escalofríos, si su pose apacible, a la espera de nada o su actitud violenta llena de ira, de descontrol. Fijé mi vista en los papales y al instante me di cuenta de que trataban. Volví a verlo.
-¿Es en serio?- pregunté con una voz casi exigua.
Me seguía mirando y bostezó un poco. - Hace mucho que quiero hacerlo, pero por una u otra cosa siempre lo pospongo-
Sentí mis pupilas aguarse y mis labios se volvieron un desierto desesperado de sed. Mi voz terminó por irse. Era perfecto, terminar con aquel matrimonio que jamás debió ser. ¿Pero como terminar algo que jamás comenzó?
-Es fácil, la opción siempre ha sido fácil, por fin cada quien tendrá su vida, jamás nos volveremos a ver, ¿no es lo que siempre hemos querido?.- no fui capaz de distinguir alguna migaja de ironía en su fría voz, si es que la hubo.
-Si fuera lo que siempre hemos querido jamás nos hubiéramos casado.- repliqué débilmente volviendo a mirar los papeles. Escuché un largo suspiro emanar de su boca y abrió uno de los libros, tal vez para entretenerse mientras decía algo más o quizás para otra cosa. Pero mi mente no pensó en nada más que decir y mis manos aun sujetaban los papeles del divorcio, comenzaron a sudar, a arrugar el blanquecino papel y fue cuando pude sentir de nuevo sus ojos encima de mí.
-Yo no te obligué a que fueras mortífago, yo no te obligué a que asesinaras a Weasley, no te obligué a casarte conmigo, ahora tu, no me obligues a seguir ligado a ti.- No sabía lo que decía.
Claro, Draco Malfoy no me había obligado a ninguna de esas cosas, pero no podía evitar recordarlas al mirarlo. ¿Realmente nos habíamos casado solo por que nos detestábamos? ¿O porque no podíamos evitar torturarnos al vernos? Nuestros rostros eran espejos, espejos del pasado que jamás nos habían reflejado el futuro, el presente. Por lo menos a mí.
-
Tienes razón.- agregué sonriendo un poco.- Fui mortífago por capricho de Voldemort, asesiné a Ron para salvar a mis padres… y aun así todo fue inútil.- de nuevo, como tantas veces en mi vida, volví a sollozar al recordar aquella iniciación que se llevó a cabo un día antes de la batalla en Hogwarts, volví a recordar las palabras de aquel ser tan miserable que se albergaban como zumbidos en mis oídos.
-
Firma Hermione- la voz de Draco me sacó de mi transe -Toma- extendió una pluma hacia mi pero no la tome, seguí sollozando, fue entonces que sentí su presencia mas cerca, sentí como algo se hundía en mi piel y cuando me percaté de lo que sucedía Draco tenía la pluma contra mi pecho, contra mi corazón. Su mano no temblaba, su semblante era rígido, congelado, absorto. -Dichosa fuiste, por que tu juicio no duró mas de unos meses- lo miré, ahora no sabía a que venía tal comentario - La familia Weasley te perdonó y eso fue mas que suficiente para ¡convencer al ministerio de tu libertad!- gritó recargándose en mi, todavía sostenía la pluma contra mi pecho y pude sentir su otra mano tomarme la cintura. -Firma, ya no quiero verte, no quiero que ningún lazo nos una, todo nuestro matrimonio ha sido un error y me tortura verte día con día, pensar en mi madre, en lo que perdí… Pensé que podía soportarlo pero ya no puedo.- sus palabras eran pronunciadas con una desdicha dolorosa, con un ímpetu inverosímil. Tomé la pluma rápidamente y lo alejé de mi lado, me recargue en la pequeña mesita y firmé. Mi caligrafía era apresurada, débil. Terminé de firmar y dejé las cosas ahí. Por fin éramos libres, todo había resultado tan fácil. Era difícil creer que no hubiéramos pensado en eso antes. ¿O si lo habíamos hecho?. Miré como Draco tomó los papeles, miró mi firma y me sentí consumida. Todo había acabado. Toda la farsa se había esfumado en una simple firma. Tomó sus maletas, y pasó por un lado de mí. Una tenue ráfaga de viento acaricio mi piel, mi cuerpo. Cerré los ojos tratando que aquello terminara más rápido. Pero lo sentí. Sentí su aliento en mi cuello y una de sus manos rodeo mi cintura. Me estremecí. Me sentí sumida en un sueño o tal vez en una pesadilla-Adiós- susurró débilmente impregnado mi oído con un olor que tardaría tiempo en volverlo a sentir. Estaba rígida, como inerte. Solo escuché el cerrar de la puerta y luego el arrancar del auto. Se había ido. La pesadilla, el castigo, la tortura, el sueño que parecía comenzar en instantes, desaparición como el sonido del auto en el calle, como el aliento en mi piel, como sus besos impacientes, como sus viriles manos apretando mi cuello, como sus efímeras palabras, sus te odios mas hirientes y sus te amo jamás escuchados. ¿Estaba loca?¿Yo, Hermione Granger, esperaba escuchar un tema de Draco Malfoy? Realmente estaba perdiendo la cordura.
Me senté en el sofá y miré las blancas paredes, los impecables pisos y los costosos muebles. ¿De que servían? Todo había sido una mentira. Tanto Draco como yo nos habíamos empeñado en tortúranos con nuestra presencia y siempre creí que yo iba ase la primera en ceder a sus humillaciones, a sus burlas, a su carácter indiferente pero era él quien se rendía, quien tomaba la iniciativa de acabar con esto. Por un instante me sentí vacía. Éstos siente años habían sido en vano. Si bien, el propósito de este matrimonio era castigarnos, era llegar a un punto donde nos sintiéramos tan muertos como nuestros seres queridos, ahora me daba cuenta que a pesar del tiempo jamás me sentí tan consumida como ellos. Y la tarde en que decidimos casarnos se postró en mis ojos.
La nieve caía con una gravedad casi inexistente. Cuando lo vi. Se encontraba en un pequeño café en Hogsmeade, con su rostro pálido, con sus ojos casi consumidos de dolor y sus labios entre cortados. Sentí una daga atravesar mi estomago al verlo, con su taza de café al lado y cabizbajo.
Tres años habían pasado desde la batalla contra Voldemort, sin embargo había sido casi testigo del proceso que incriminaba a Draco, los diarios mágicos no dejaban de hablar de eso y no había día que, por pequeño que fuera, mencionaran algún detalle del caso.
Esa tarde lo vi. Entré al café y le fui indiferente. Me senté en una mesa algo alejada de él. Sentía aquellos ojos recorrerme tan fríamente que no soportaba el peso de ellos. Así pasaron algunos minutos, el silencio entre ambos se prolongaba a la vez que sus ojos me congelaban. No habíamos intercambiado palabras desde mi infame iniciación.
Él fue el encargado de prácticamente secuestrarme para llevarme al bosque prohibido, y ahí fue donde Voldemort me hizo una mas de sus seguidores, solo por diversión, solo para ver mi cara de pánico al enterarme del secuestro de mis padres, al enterarme que si no luchaba de su lado los mataría y así fue como llegó la marca siniestra, así fue como me dejé llevar por el gran miedo que todo me ocasionaba, durante las escasas doces horas antes de la batalla no hable, no dije nada, ni a Harry ni a Ron. Y el miedo se apoderó de mí, y la voz de Voldemort inundó mi mente hasta hacerme cometer el acto mas bajo, más ruin de mi vida. Impacté el cuerpo de Ron acabando don su vida y quería, quería morirme junto con el y cual fue mi sorpresa al enterarme que mis padres también habían muerto.
Tomé un sorbo de chocolate y sentí como me quemó hasta el alma y de repente me vi congelada por que él estaba ahí. Sentado a mi lado mirándome con sus dagas bien pulidas amenazando con atravesarlas en mi cuerpo. -Cásate conmigo- lo miré aun mas temerosa ¿Había escuchado bien?, ¿realmente Draco Malfoy me pedía matrimonio? Pero aquello no era una proposición ni siquiera una orden solo una sugerencia, como él solía decir.
Reí ante la sugerencia y me recargué en el asiento. Tres años habían pasado desde que me llamó sangre sucia, indigna y ahora lo primero que hacía era sugerir matrimonio. Era inaudito. ¿Por qué tendríamos que casarnos?.
-Creo que tu miedo de ir a Azkaban afectó tu cerebro- agregué con ironía, un poco divertida con la situación.
Y empezó a hablar, y a decir cuanta cosa se le ocurría. El nombre de Narcisa se pronunció en innumerables ocasiones, al igual que el de Ron. Y de repente descubrió mi talón de Aquiles, vio como me derrumbé ante sus ojos con solo escuchar una palabra. Sí. Acepté la sugerencia convencida que no había nada peor, o mejor, que estar viviendo a su lado. Recordé las replicas de Harry al enterarse, las miles de veces que me tachó de loca, de sádica, de inmadura, pero él no sentía o no era capaz de comprender la verdadera esencia de aquel matrimonio.
Un matrimonio no basado en el amor, si no en el odio.
Seguía mirando los muebles y de repente vi pasar a María por el pasillo, había llegado a la misma hora de siempre. Me saludó y se dirigió a la cocina. Yo seguía ahí. Respiré profundo convencida que pasaría un largo tiempo para volver a ver a Draco. No sabía si se había llevado todas sus cosas pero lo mas seguro era que así fuera. Recordé la rebuscada noche y por lo menos agradecí que aquella confusión que jugaba con ambos desapareciera con su ida. Eso esperaba.
DETALLES:
Hermione se volvió mortifaga por que Voldemort así lo ordenó solo para fastidiar a Harry. (Lo sé, es absurdo pero es todo lo que diré) Hubo juicio contra ella pero no duró tanto como el de Draco, la familia Weasley la perdona a excepción de Ginny. (Ésto es mas patetico que lo anterior) Asesinó a Ron por ordenes de Voldemort a cambio de no matar a sus padres pero fue inútil. Aceptan casarse cegados por la culpa, no miden las consecuencias de ésto.Éstos son algunos puntos que mas adelante notocaré. Si hay alguna otra duda respecto a éstos temas se los dejaré a su imaginación. Si hubo algun punto, alguna duda que no marqué es por que mas adelante la desarrollaré. Además nuevas intrigas mas basadas en el presente y en los siete años que duraron casados se revelaran en los proximos capítulos. Saludos.
GRACIAS POR LEER!