← Historia 33023 · de
Historia 33023 — capítulo 9
Las hojas podrán caer, irse con el viento y jamás volver.
Me levanté. Era un lunes por la mañana. Hice mis respectivas obligaciones. Me arreglé, preparé el desayuno y me senté a comerlo. Miré la silla vacía afrente a mí y sonreí. No se como pude hacerlo, o no se si realmente era una sonrisa. Estaba sola, por fin. Llevé el tenedor a la boca, dispuesta a saborear aquel tocino con huevos que había preparado pero no pude, detuve mi mano cerca de mis labios y el olor de aquella comida me causó nauseas, tal vez por que tenía ya mucho tiempo sin comer eso. No solía comer huevos o tocino, siempre preparaba un poco de pan con mantequilla y un vaso de jugo de naranja, pero esa mañana quise ser diferente, quise arriesgarme.
Como si no me hubiera arriesgado bastante en toda mi vida.
Tomé el plato y tiré la comida intacta a la basura y me dirigí a prepararme pan tostado. Era la misma. Me giré para observar la cocina, para deleitarme con aquella escasa imagen que mis ojos me brindaban. Miré fijamente los mosaicos color plomo y lo recordé. Me hacía recordar sus ojos. A esas balas que disparaban directamente hacia mi cada día. Pero lo esfumé de mi mente tan rápido como había llegado y volví a sentarme dispuesta a comer mi desayuno preferido. Dí un mordisco al pan, un sorbo al jugo y levanté mi vista para volver a observar el lugar vacío frente a mí. Draco se había ido. Estaba sola. Siempre había pensado que en estos siete años me encontraba sola. Siempre había visto a Draco como una especie de fantasma que vagaba absorto en su propio mundo, pero ahora me daba cuenta que no era así.
Creo que solemos notar a alguien cuando ese alguien ya no está.
Escuché el timbre de la puerta y miré le reloj. Las siete de la mañana. Nadie solía visitarnos, visitarme, tan temprano. Era lunes, así que María no tenía que venir. Pero pensé en hablarle después para que viniera a limpiar, excusa mía para tener a alguien en la casa. Me levanté y me dirigí a la puerta. La abrí sin más rodeos y quise volver a cerrarla cuando lo vi. Mis ojos pasearon por encima de aquel hombre que me revolvía hasta el más mínimo recuerdo. Sonrió de una manera exquisita que solo pude quedarme en silencio, sin palabras. -Buenos días, Hermione Granger.- hizo énfasis en mi apellido y fue cuando pude articular palabra. -¿Se ha enterado de mi divorcio?- pregunté con aquel sarcasmo que a veces solía demostrarle a Draco. Me recargué en el marco de la puerta y seguí ahí. Carl mi miró de pies a cabeza y también se recargó por fuera de la puerta. -Una semana es suficiente para que viajen los chismes, sobre todo si vivo enseguida.- si, una semana había pasado desde aquel domingo del divorcio, desde que repentinamente Draco mostró los papales para firmarlos. En ese momento pensé que había sido capaz de guardar los papeles como arma, para mostrarlos si la situación lo ameritaba. Pero creo que no era así, tal vez solo no había encontrado el momento para hacerlo. -¿Quiere pasar?.- pregunté abriendo aun mas la puerta al momento que extendía mi brazo. Puedo jurar que nuestros ojos brillaron de una manera lustrosa, cegadora.
Tal vez solo lo digo por que creo me vi reflejada en ellos.
Carl Smith entró tranquilamente. Sin una gota de vergüenza o aflicción. También había pasado una semana de su fiesta, de nuestro beso y no habíamos conversado desde ese día. Y ahora se presentaba frente a mi, con ese carácter inmutable, con esa confianza de un enamorado empedernido que solo tienen los que saben que son correspondidos. Pero él no lo era. Yo también lo recibí sin nervios, sin un solo gesto que le diera a entender que me sentía ofuscada por aquella noche. Y así estábamos conversando en la sala, riendo un poco, ignorando aquel suceso. Eso pensé.
- Hemos hablado de cientos de cosas, pero no de la mas importante- agregó dejando su vaso de jugo en la mesita. Yo le había ofrecido vino, vodka, hasta tequila pero él se había negado diciendo que era demasiado temprano para alcohol, así que en broma le ofrecí del jugo de naranja que tanto ansiaba desayunar, y él aceptó.
-¿Quiere preguntarme por que me divorcié, por que tan pronto, o algo respecto a eso?- vacilé un poco con aquellas palabras y tomé un largo trago a mi jugo. Carl me miró extrañado, tal vez pensó que sería capaz de tragarme hasta el vaso.
-No precisamente…- respondió aun mirándome, terminé de beber y el extendió su mano para ofrecerme de su vaso pero negué con una sonrisa nerviosa. Ahora si tenía vergüenza. -Nunca pensé que mi beso tuviera tal efecto en su matrimonio.- sus palabras me hicieron sentir un viento helado que calaba hondo en mi estomago, y entonces pensé, ¿Cómo lo deje entrar?, o ¿Por qué lo dejé entrar?. Me puse de pie tratando de no arremeter contra su comentario, o por lo menos tratando de no ser tan dura si lo hacía. Lo miré con detenimiento y noté como su rostro se tornaba del color de su cabello y fue cuando descubrí un pequeño detalle. Mi mirada lo intimidaba. Entonces recordé a Draco. ¡Dios, ahora en lugar de recordar a Ron, Carl Smith me recordaba a Draco!, eso ya era tocar fondo. Recordé el día que me quitaron las suturas, cuando por un momento lo miré ensimismada y noté un color rojizo en sus mejillas,¿ a él también lo intimidaba?. Parpadeé un par de veces y volví a mirarlo. Sus ojos ahora parecían inquietos, como si hubiera dicho algo sumamente tonto. Y claro que así era.
-Usted cree, ¿que por que nos besamos Draco y yo nos divorciamos?.- solté un bufido ante la incredulidad que Carl Smith demostró, pero no era su culpa, él no sabía realmente lo que pasaba entre Draco y yo. -Realmente Mr. Smith, no tiene por que preocuparse, si es que lo estaba, aunque lo dudo…- me senté a su lado y percibí, por primera vez el estremecimiento de su cuerpo ante mi. Tal vez eran mis palabras, mi tono que demostraba seguridad, aunque realmente no sabía ni lo que decía. -Lo que paso con Draco y conmigo fue un problema…-
-Externo.- adjuntó un poco nervios, ¡Vaya que lo estaba intimidando!. Sonreí un poco y negué con la cabeza.
-En un matrimonio, los problemas jamás son externos. Si fuera así se pudiera lidiar con ellos sin la necesidad de una separación. Siempre son internos Mr. Smith.- traté de suavizar mi voz lo mas que pude, de sonar lo mas tranquila aunque por dentro deseaba gritarle, deseaba decirle que si quien de creía él, que si por que se sentía tan importante como arruinar mi matrimonio… Pero me contuve, ya que no era así. Sonrió ahora de una manera que me hizo, esta vez a mi, intimidarme, hacerme diminuta ante sus ojos y cuando menos pensé una de sus manos acariciaban mi cabello que vagaba por mis hombros. -Por eso la amo- agregó con una ternura, ¿ternura?, que por un momento no reconocí. Me aparté de su lado. Ahora no podía mirarlo a los ojos.
-¿Como puede decir eso?, no tenemos ni dos meses de conocernos, y no tengo ni dos semanas de divorciada.-
-Por lo primero, a veces una mirada basta para conocer al ser amado. Y por lo segundo, esto se lo dije un día antes de su divorcio, así que, ¿Qué diferencia hay de habérselo dicho ahora?- me quedé muda- ¿Ve?, no es la única que puede resultar elocuente en una conversación.-
Lo miré, y de pronto sentí la misma confianza que minutos antes me había embargado.
-¿Cree que es elocuente?, ¿Acaso me esta persuadiendo de algo?- pregunté ante su muy escaso discurso. Alcé una ceja y observé como se acercaba. Sonrió. Y casi a manera de susurro deposito algunas palabras en mi oído. -¿Quiere que la persuada de algo?- no me dio tiempo de responder. Y al momento sentí sus labios acariciando mi cuello. Sentí como mi cuerpo se desasía ante aquel contacto y por mi boca salió un gemido tan mortal que me aterró hasta a mi misma. Después sus manos acariciaron mi cintura y cuando se encontraba a punto de llegar a mi boca lo alejé. Sentí como mis pupilas se inundaron, no estaba segura si era por la vergüenza que me causaba haber dejado salir aquel sonido o por la grave excitación que lo había provocado. -Le ruego que se vaya, y si le es posible jamás regrese.- mis palabras apenas sonaron convincentes y las palabras de Draco resonaron en mi cabeza como pequeñas abejas que formaban un panal en ella.
es un hecho que cuando yo ya no este te quedarás con el tal Carl Smith…
Desvié mi mirada al suelo. Era demasiado. Caminé hacia la puerta y la abrí. ¿Acaso siempre tenia que mostrarle la salida?.
-Sé que es muy pronto, casi inmediato, pero ambos sabemos que usted no amaba a su esposo, es mas hasta me atrevo a decir que día a día soñaba con el momento del divorcio.- Lo miré nerviosa pero ofendida. ¿Qué se creían todos los hombres?. Draco era capaz de predecir mi futuro y Carl de indagar claramente en mi pasado. Me sentí mediocre, manipulada por unos finos hilos que solo cambiaban de manos cuando era necesario. Era un títere. ¿Pero de quien?, ¿de ellos o de mis sentimientos?. -Si cambia de parecer la esperaré este viernes a las ocho de la noche en St. Judes&Livbe, estaré esperándola.- salió por la puerta y no me miró, y hasta creo que no respiro o si lo hizo no pude notarlo. Cerré la puerta con una tranquilidad austera, con un soplo de monotonía que me dio terror. Era apenas lunes, quedan aun cinco días para aceptar esa invitación. Siempre había detestado los largos lapsos de tiempo. Ya sea para esperar algo o no. Me quedé pensando en su propuesta, en su invitación. Carl Smith me había atraído desde el primer instante, el hecho de su gran parecido con Ron había ayudado mucho pero me comencé a dar cuenta que tenía una pizca de originalidad que lograba atraparme. Me sumí en los días siguientes con un desencanto que solo una princesa al borde de un final no digno de cuento reconocería. ¿Qué me pasaba?. No podía evitar caminar por el pasillo y toparme con aquella puerta color cedro que cerraba con su lustrosa perilla su cuarto. Nunca me dio curiosidad por entrar o por lo menos asomarme por alguna rendija para ver los secretos más oscuros que Draco podía ocultar. Jamás la toqué ni la abrí. Pero aquella mañana de jueves, presa del saber que él ya no estaba, mas que de la curiosidad. La abrí. La dorada perilla giró al compás de mi mano y rápidamente mis ojos chocaron con un gran armario muy parecido al mío. Divisé una pequeña cama y alrededor dos estantes de libros que increíblemente no se había llevado. Una pequeña lámpara encima de una mesa y una especie de agenda a su lado. Caminé hasta ella y la abrí. El pequeño libro parecía estar en blanco estaba a punto de cerrarla cuando divisé algunas letras en una de las hojas intermedias de la agenda.
¿Curiosidad, Granger?
Sentí como mis ojos se congelaron y los vellos de mi cuerpo se erizaron de una manera escalofriante. De pronto me dio la impresión de sentirme observada, el viento de la mañana entró por la gran ventana que al parecer había estado abierta desde su ida. Dejé la agenda en su lugar y me dirigí a cerrar y acomodar las cortinas de aquella ventana y casi, como rayo, salí del lugar. Busqué en mi habitación las llaves de la casa y encontré aquella que lograba cerrar los cuartos. Giré la perilla de la habitación de Draco con el fin de ya no entrar, o que nada saliera. Por un momento, al leer aquella frase me embargo la idea que él estaba ahí. Que estaba observándome, burlándose de mi soledad. Pero también pensé que todo lo había planeado aquel domingo antes de irse, tal vez pensó que en algún momento entraría y revisaría sus escasa cosas y escribió aquello solo como burla, como diversión. Respiré profundamente tratándome de convencer que estaba sola, que nadie se encontraba observándome. Me estaba volviendo paranoica. Me puse a pensar que dos noches antes había sentido una presencia a mi lado mientras dormía, pero borre ese pensamiento convenciéndome que eran mis nervios. Tenía que seguir con mi vida. Olvidar a Draco.
Siempre había pensado que no me iba a costar trabajo hacerlo.
Bajé las escaleras y fue cuando lo decidí. Asistiría a la cena de Carl Smith.
El gran día llegó. Después de la tediosa y algo paranoica semana me merecía salir. Cortar de tajo todo lo que me pasaba y darle raíz a algo nuevo. Aunque eso nuevo se pareciera a lo viejo. Llegué al restauran St. Judes&Livbe y lo vi. Lucía tan elegante y atractivo que me dieron nervios dirigirme hacia él. Caminé tranquilamente y un poco indecisa, por un segundo consideré dar media vuelta y regresar a mi auto pero algo me lo impidió. Sus flameantes ojos azules me atraparon. Me miraron a escasas tres mesas de él y rápidamente se puso de pie señalándome el lugar. Sonreí nerviosamente y seguí caminando. Acomodó mi silla y me senté.
-Esta hermosa.- agregó como saludo sonriendo. Solo fingí sonreír y miré el lugar. -¿Se encuentra nerviosa?- su pregunta me hizo estarlo mas. Negué en silencio y tomé un sorbo a la copa con agua que se encontraba frente a mi.-Llegué a pensar que no vendría-
-No me subestime- interrumpí mirando aun a mi alrededor. La noche fluyó por si sola. A veces me tornaba renuente a hablar pero al final no me importó. Si realmente quería seguir con mi vida era ahora. Tenía que dejarme de importar el que dirán.¿Además, quien me iba a juzgar?. Carl Smith era un hombre apuesto, inteligente y con algo de dinero. Un buen partido para cualquiera. Aunque tal vez no era muy sano involucrarme con alguien tan parecido a mi pasado. ¡Ja! Ya lo había hecho con Draco, ¿que mas daba si en una vuelta del destino me casaba con el gemelo de Ron Weasley?. Reí un poco tras su último comentario que tenía que ver con una serie de televisión antigua.
- Creo que ya es tarde, deberíamos irnos.-
-Sí, pero antes… iré al tocador.- agregué con una sonrisa. No lo podía negar, había pasado un rato agradable a su lado. Entré al baño y arreglé un poco mi cabello, miré mi vestido color esmeralda ajustado a mi cuerpo y acomodé un pequeño prendedor que éste traía en el lado izquierdo del pecho. Salí dispuesta a irme a casa. A seguir tratando a Carl Smith, a seguir escuchando sus fructíferas pláticas y disfrutando su agradable presencia. Caminé entre el pequeño pasillo que conectaba a los dos baños, damas y caballeros, al final había un pequeño de Lobby donde se encontraba un gran sofá de forma circular y en una mesita, en la pared, un teléfono. Me pareció ver a dos personas sentadas en el sofá pero no les dí importancia.
-Podemos ir a bar, si tu quieres.-
Esa voz hizo que me detuviera frente al gran espejo que adornaba una de las paredes. Mis ojos se pusieron algo inquietos. Mis manos comenzaron a sudar y comencé a sentir mi bolso algo húmedo y giré mi cabeza para mirar a aquella persona. Sus ojos eran inconfundibles. El plomo de éstos inundaron los míos de una manera que jamás lo habían hecho. Su piel tan pálida como siempre pero sorprendentemente vívida con aquel contraste que su traje negro le brindaba. Observé como tomó la mano de esa muchacha rubia que se encontraba a su lado y acarició con la otra su rostro, se acercó a ella y deposito un apasionado beso que me dejó sin respiración, ¿Por qué a mi?, a la que debía dejar sin aliento era a ella no a mi. Y recordé aquella noche de sábado. Cuando nuestros labios se juntaron y por un instante pareció no haber odio, ni amor, ni nada. Tan solo pasión. No quise quedarme a ver que más acontecía a su beso y me marché. Llegué casi delirante a la mesa, creo que hasta con un color pálido en mi rostro por que la cara que Carl mostró lo que parecía angustia
.-¿Se encuentra bien?.- preguntó levantándose de la mesa y ayudándome a apoyarme.
-Si, hay que irnos.- respondí caminando a la salida.
En unos minutos nos encontrábamos en el auto de Carl, rumbo a su casa. Miraba por el vidrio de la ventana y recordaba aquella escena, ¿Por qué me afectaba?. Tal vez por que durante toda la semana me la pasé desviviéndome en pensar que era muy pronto para una relación, cuando Draco ya se encontraba, apuesto, desde antes con alguien. Sentía la mirada de Carl traspasarme como una aguja, pequeña y molesta.
-¿Qué paso?.- no tenía respuesta para eso. Traté de sonreír y lo miré. De pronto me pareció mas atractivo, sumamente apuesto y fue cuando me di cuenta que habíamos llegado a su casa. -Si quieres te dejo en la tuya- agregó al ver que no respondía, solo negué con la cabeza y casi, como una marioneta ligada a mis emociones me acerqué a su rostro. Mis ojos observaron las pequeñas pecas que lo adornaban y sonreí aun mas, recordé a Ron y las miles de veces que lo molestaba con aquellos pequeños puntos. Acaricié lentamente su mejilla y volví a sentir como se estremecía bajo mi piel, me detuvo. Su mano tomó la mía y casi por inercia me besó. Cerré los ojos y me dejé llevar por aquella sensación. Fue un beso corto, rápido, tierno. Se separó de mí y me miró. Creo que aquel beso fue el mas real que sentí de parte de Carl Smith.
-¿Platicamos?.- pregunté sonriendo mientras nos bajábamos del auto.
Entramos a su casa y bebimos un poco de vino. La plática surgió. Era tan sencillo iniciarla con él. -Entonces, ¿Qué somos?- preguntó sin aviso sentándose a mi lado. Su aliento chocó en mi rostro y lo besé, lo apisoné con mis brazos y juntos caímos al suelo. El dolor que me pudo causar el golpe se opaco al escuchar nuestras risa, al sentir su mano en mi frente tratando de retirar el cabello de ella.-Mas que amigos.- respondí y lo volví a besar.
Gracias por leer xD!
COMENTARIOS.