← Historia 33301 · de
Historia 33301 — capítulo 1
Lo cierto es que ese primera semana del quinto año se me estaba dando pésima. Empezaba a hacer frío, y mis amigas, aunque no sea esa precisamente la palabra, cada vez estaban más vanidosas. Reconocía a todos aquellos que se acercaban a mí por pura conveniencia, casi como si fuese un detector invisible. Quizás aquello hubiese sido menos tedioso si me hubiera tocado otra casa en primer año, tal vez Gryffindor, en donde nadie se preocupaba por la pureza de sangre. Las cosas no eran iguales para los Slythering, y mucho menos en cuanto a mis hermanos y a mí se refería. Éramos como una gema en medio de la impureza de sangre, una dinastía virgen, la realeza en cuanto limpieza se trataba. Éramos los cinco hermanos Worrington. Y lo cierto es que no estaba muy orgullosa, al menos yo, de serlo. A pesar de la admiración que generaba a nuestro alrededor, también había muchos contras, en especial, que no te valoren por otras virtudes mucho más relevantes. Esto había causado en nosotros una especie de encapsulamiento, ya que no confiábamos en nuestros astutos compañeros.
Éramos un grupo muy unido. Alec estaba en su último año. Era muy sobre protector, a veces, mucho más de lo necesario. Sus cabellos eran dorados y rizados, era alto, aunque no muy musculoso. Al sonreír se le hacían unas arrugas muy simpáticas. Siempre confió en mí, me contaba todos sus secretos, incluso los más descabellados. Romeo era mi mellizo y mi mejor amigo. También rubio, era muy apuesto, las chicas lo tenían loco. El cabello lacio y pesado, bien largo y sus musculos bien formados hacían lo suyo. En cuanto a mí, Elizabeth, no era ni muy linda ni rubia, como todos mis otros hermanos. Sí debía admitir que era la más paciente de ellos. Felicia iba a tercero y era un poco histérica, más allá de eso, era muy bella. Su cabello era largo como el mío, aunque mucho más rizado a diferencia de mi bucles, su piel pálida y sus ojos felinamente turquesas. Los míos eran miel claro. Luego seguía el pequeño Janick, recién comenzaba su primer año, y la verdad que se lo estaba pasando estupendo. Alardeaba cada uno de los trucos que aprendía a la perfección ya que era un gran prodigio.
Luego de clases, yo estaba desparramada en mi cama, en las frías mazmorras, sin prestar atención a mis compañeras parlanchinas que utilizaban unas pociones que vendían los simpáticos Weasley, unas estupideces para enamorar. Me reí por lo bajo, ¿hasta ese punto podía llegar la desesperación de una? Ni siquiera lo notaron. Seguí jugueteando con mi varita, que profería chispas de diferentes colores. Realmente aquello se estaba tornando demasiado aburrido, y solo era la primera semana. Me hubiese gustado tener un grupo de amigos un poco diferente. Lo cierto es que siempre había congeniado más con los hombres que con las mujeres, me gustaban las travesuras, y lo cierto era que con Romeo y sus amigos nos las apañábamos muy bien. Sin dudarlo me levanté de un salto y me propuse ir a buscarle. De seguro no estaban lejos.
-¿A donde vas Elle?- Preguntó Pansy con su voz burlona. La verdad que últimamente me caía mucho peor.
- Con Romeo y los chicos.- Le respondí recelosa, no sabía en qué momento iba a empezar a chillar. Me miró fijo, la fulminé por entre mis pestañas largas, pero se rió. Me di media vuelta sin decir más nada, aunque no dudé que de un momentoa otro comenzarían a hablar de mí y de mi desinterés por las cosas de chicas. Con eso me refiero a hablar de chicos, moda, actores de cine muggle, en fin, estupideces. No me agradaba hablar de esas cosas sin sentido.
En la sala común estaban los chicos, jugaban a ajedrez mágico muy entusiasmados, mi favorito. La verdad es que ellos eran muy buenos para eso, y yo también. Jackie Mason fue el primero en percatarse de mi presencia, siempre lo hacía. Me ubiqué detrás de Romeo que estaba muy compenetrado junto con Ronnie en el juego.
-¡Hola Elle! ¿Te unes a nosotros? Hemos hecho unas apuestas…- Ese fue Raymond, la verdad es que me caía muy bien, era muy simpático. Tenía el cabello con rulos, las cejas algo juntas, y los ojos verdosos. Su sonrisa era de lo más infantil, se le hacían pocillos.
Jackie seguía mirándome con sus enormes ojos negros, siempre hacía que me impacientara. Romeo decía que estaba interesado por mí, lo cuál no me caía muy bien, ni tampoco a el, que era celoso.
-¡Vamos! ¡Anda! No es posible que un Worrington no tenga nada para apostar…- No me gustaban ese tipo de comentario, los que siempre solía hacer Ronnie, más pendiente de ese asunto que los demás.
-Pues bien, ustedes lo eligieron. Prepárense para perder.- Metí la mano en el bolsillo de mi camisasonriendo y saqué cinco Sickles. Los coloqué sobre a mesa mientras me miraban divertidos.
-¡Oh! Realmente ¿Es todo lo que tienes?- Insistió Raymond. Solo porque fue el cedí un poco más.
-Está bien, está bien.- Suspiré derrotada. Saqué unos cinco galleons más. Aullaron eufóricos, solíanhacerlo cuando el asunto se ponía más tenso. Me reí.
-Bueno entonces Eliza jugará con Jackie…-Odiaba que me dijera Eliza, como mi madre lo hacía en casa. Hice una mueca. Romeo me guiñó un ojo, no le hice caso,y me senté junto a Jackie en el gran sofá bastante contrariada. Lo noté tenso como siempre. - Raymond, tú conmigo. Falta alguien para que juegue con Ron.- Ronnie me miró enfadado, supuse que él iba a jugar contra Jackie.
-No quiero causar problemas, Ronnie estaba primero.- Jackie salió de su ensimismamiento.
-Tú no te preocupes por eso, sin duda alguien podrá unirse ¿cierto?- Preguntó a los demás casi con desesperación. Asintieron.
-¡Oye! ¡Alec! ¿Juegas?- Todos nos dirigimos a mi hermano mayor, que dormitaba unossillones rojos más lejos. Se levantó despacio, se acercó cauteloso con las manos en los bolsillos, y comenzó a arrojar uno por uno diez galleons sobre la mesa. Fruncí el ceño, el no era muy modesto. Todos se emocionaron.
Al final del juego ganó Romeo, y Jackie salió último. Lo cierto fue que lo aplasté. Pero luego Raymond me aplastó a mí. El tiempo se me hizo mucho más ligero y nos dirigimos todos juntos a cenar. En los pasillos los chicos iban discutiendo sobre el pequeño torneo.
-Al final, parece que siempre los Worrington nos llevan la delantera.- Exclamó Ronnie muy fuerte, demasiado fuerte para mi gusto. Lo fulminé con la mirada. Se encogió de hombros haciéndose el inocente.
-¿Ahora que he hecho?- No le contesté, Hermione Granger era mucho mejor que yo en todas las asignaturas. Me adelanté con Raymond. Me sonrió.
-¿Qué se siente luego de la derrota?- Jackie nos miraba. Le sonreí.
-Deberías tener más consideración con las chicas.- Le advertí bromeando.
-¿Y perder las apuestas?- Le codeé.
-Solo era un juego, está bien.- Pensé un momento antes de confesarle lo siguiente, pero era solo por su bien. Lo cierto es que Raymond era mucho más amigo mío que Pansy y las otras.- Deberías tener cuidado hoy en la cena.- Le advertí.
-¿Más pociones Weasley?- Abrió los ojos como platos.
-No empieces de nuevo a regodearte.- Nos reímos.- Esta vez son de Pansy.- Tragó saliva.- En tu zumo de calabaza.- Lo cierto es que Raymond tendría que soportar eso bastante tiempo, porque habían comprado doble cantidad de raciones.
-¿Es que tan precioso soy?- Lo dijo en broma, nos volvimos a reír, mientras caminábamos por los pasillos. Todos nos miraban, como atemorizados. A mis hermanos y a mí. La verdad es que había olvidado todo eso durante el verano, no recordaba cuan fastidioso era ser un Worrington.
-A sus pies sr. Grim.- Más risas. De pronto chocamos con algo. Mejor dicho alguien. Lo reconocí al instante por su mirada. Joseph Anderson de Gryffindor. Mis amigos se burlaban del él muy a menudo, incluso Romeo. Era impuro, pero no por eso tenía que ser mala persona. Aunque siempre, o casi siempre deambulaba solo como un fantasma, con las manos en los bolsillos y expresión ausente.
Instantáneamente Raymond y yo nos quedamos parados y callados, muy serios. Joseph nos miró a los dos, por no decir que nos fulminó. Tenía los ojos azules, aunque se aclaraban un poco cerca de las pupilas. Esa mirada me era muy conocida, y lograba inquietarme con facilidad. El chico no decía nada y yo tampoco sabía que decir. Raymond iba a empezar con sus groserías en cualquier momento.
-Lo siento, no te vimos.- Le dije esforzándome por sonar natural. Volvió a mirarme y tragué saliva. Se rió amargamente.
-¿Finges ser amable conmigo Worrington?- Ese chico estaba muy a la defensiva. El cabello castaño claro le caía en el rostro cortado desigualmente. Raymond abrió la boca.
-Vámonos Raymond- dije sin dejar de mirar a Anderson, con los ojos entrecerrados.- Y yo no estaba fingiendo.- Le dije con calma. Raymond y yo seguimos nuestro camino. Echaba chispas, realmente ser un Worrington era un gran peso que debería llevar durante el año.