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Historia 33301 — capítulo 18

Jamás podré explicar lo bien que me sentía a su lado, y a pesar de que me moría de ganas de saber en donde había estado todo el día y de cómo había comenzado a la pelea le devolví el favor de no hacerle un interrogatorio. Me acompañó a mi habitación cuando se hizo tarde y empezaba a hacer frío. Mi capa estaba completamente empapada, igual mis cabellos. No importaba ahora. Me quité la ropa apresuradamente entes de que las otras llegaran. Estaba medio confundida, no sabía que éramos nosotros dos, si seguíamos siendo amigos o qué. No habíamos hablado de eso. Sin embargo antes de despedirse de mí había vuelto a besarme con dulzura. Me arrojé en la cama con una sonrisa dibujada en el rostro y volví a soñar, pero otra vez estaba Joseph, y me hacía sentir mucho más protegida. La noche me resultó extremadamente tranquila y plácida. A la mañana siguiente ni siquiera había hecho dos pasos cuando Joe me tomó de una mano y me llevó a un pasillo contrario a nuestra dirección. Su gesto era extraño, le observé llena de curiosidad, ese día estaba radiante a pesar de la cicatriz del labio. Ni siquiera se había acomodado el cabello. No tardamos mucho en detenernos en un pasillo bien desolado. Le sonreí nerviosa.

-He estado pensado toda la noche en ti.- Me acusó riéndose.- Apenas pude dormir. Esbocé una sonrisa aún más ancha. Eso era bueno, al menos para mí. Tomó mis dos manos entrelazando los dedos en las suyas, a nuestros costados, y se acercó. Susurró en mi oído. - No me ha quedado claro algo…- Se río haciéndome cosquillas.- ¿Qué somos?- Me lo veía venir.

-Esperaba que tú me lo dijeras.- También me reí.

-No me gusta la idea de que… ya sabes. Es algo complicado. Me gustaría que todos lo sepan. Pero tus hermanos…

-¿Qué todos sepan que?- Puso los ojos en blanco aún de perfecto humor. Me acarició el cuello con su mejilla.

-Que te quiero.- Me iluminaron sus ojos.

-No me importa que los sepan mis hermanos.

-Entonces…Siempre quise que fuera oficial.- Nos reímos nuevamente, sonaba demasiado serio, pero la palabra novios nunca me había agradado.

-Yo creo que estoy de acuerdo contigo.- Se separó de mí para ver mi rostro, frunció el ceño.- Deberás tener cuidado con lo que tomas, no quiero volver a pasar por lo de Claire. - Le sonreí, era broma.

-Lo prometo.- Me besó la mejilla. Bien cerca de mí volvió a hablarme.- Debemos ir a clases.- Tomó mi mano con suavidad y comenzamos a caminar hacia el Gran Salón. Las reacciones fueron variadas e incluso algunas muy graciosas.El profesor Snape ni siquiera pudo abrir la boca para saludarme como de costumbre. Los de Slythering comenzaron a secretear sobre nosotros y ambos fingimos no verlos. Alec se puso colorado como un tomate y se le cayeron todos los libros que llevaba en la mano. Felicia lo tomó con una naturalidad sorprendente, incluso me sonrió. La peor parte fue el grupo de amigos de mi hermano. Romeo se quiso acercar a nosotros pero no pudo porque sus amigos lo detuvieron. Algunos simplemente se limitaban a saludar a Joe con indiferencia, pero lo cierto fue también, que unas cuantas chicas pusieron de sus peores caras, y me fulminaban con la mirada. No les hice caso, nadie podía arrebatarme el buen humor ese día. La pero parte fue la de Claire que se encontró con nosotros cerca del aula. Definitivamente su rostro se contorsionó desconsolado y se llevó una mano al rostro cuando comenzó a llorar estridentemente y se alejaba corriendo de nosotros. Miré mi mano junto a la de Joe y sentí que tanta alegría no cabía dentro de mí. Cuando vio que sonreía también rió entre dientes. Tanta perfección no podía ser cierta, era hermoso por dentro y por fuera, me pregunté si tendría algún defecto que yo no hubiese descubierto aún. A partir de ese día todo fe diferente, las pesadillas continuaban pero a mi ya no me atormentaban, mis hermanos terminaron por aceptar que no todos pensábamos igual con el asunto de la sangre. Incluso Felicia se había acercado a hablarme casi todos los días y me había felicitado porque decía que Joe era perfecto para mí, y no se equivocaba. Claire por supuesto no volvió a hablarnos, pero supimos de varias pociones que habían caído en las manos equivocadas. No importaba a ella todo le venía bien. Joe me trataba como a una reina y a veces me incomodaba demasiada atención, aunque la deseara. Las chicas de mi cuarto, Fiona, Gabrielle yPansy no volvieron a hablarme jamás, ni siquiera si tenían una necesidad en la que pudiera servirles, no existía para ellas.

Joe jamás se apartaba de mi lado, y no es que yo lo quisiera tampoco. Era muy cariñoso y a veces un poco celoso. No paraba de decir que Raymond y Jackie me miraban demasiado. ¿Pero que podía hacer yo al respecto? El no me culpaba por ello. Se acercaban las vacaciones de invierno, la navidad, y yo no quería saber nada con volver a mi casa aunque sabía que no había opciones. Me hubiese gustado irme con Joseph a conocer a su adorable padre pero era totalmente imposible. No podía pensar en unas dos semanas rodeada de las miradas acusadoras de Alec y Romeo, demasiado era el miedo que tenía de que le contarán a mis padres sobre Joseph. Si eso sucedía no sabría como podría reaccionar mi madre. Seguramente de la peor manera. Sentí pena por eso, en las familias normales una se sienta con sus hermanos a contarles sobre su novio, a su madre por lo menos, pero yo no podía disfrutar de eso. De todos modos siemprehabía sido de guardarme todo para mí sola.

A Joe tampoco le gustaba nada el asunto de que nos tuviéramos que separar por un tiempo pero no se quejó porque la cuestión no iba a cambiar. En mi casa la celebración de navidad era muy importante invitaban a todos los tíos, primos, nietos, sobrinos, abuelos, bisabuelos, etc. Todos los Worrington estarían allí, toda mi familia, y éramos en total más de cien. Generalmente nos reuníamos en mi casa en el salón principal, y allí almorzábamos hasta el hartazgo, a la noche cenábamos nuevamente juntos y brindábamos hasta muy tarde. ¿Pueden imaginarse como terminaban todos? Si, muy ebrios. En cuestión no había vueltas, se venían mis días sin Joe.