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Historia 33301 — capítulo 17

Eso era demasiado bueno para ser verdad, eso no podía ser parte de mi complicada vida. Sin embargo allí le tenía, abrazándome con todas sus fuerzas temiendo que me desvaneciera de dolor y miedo. Necesitaba sentirlo, apreté mis manos en su espalda sin saber si le estaba haciendo daño. Solo podía oír mi llanto perdiendo intensidad en el medio del pasillo. Fue entonces cuando un cosquilleo leve en mi oreja izquierda me hizo estremecer. Eran los labios de Joe, cálidos. Estaba segura de que quería saber los detalles, le había explicado todo a muy grandes rasgos. Querría saber que había estado encerrada varios meses en San Mungo rodeada de personas desquiciadas y enfermas mentales. De seguro también querría saber sobre las clases de Oclumancia con la profesora Duncan,lo torturantes que eran. Querría saber como me sentía rodeada de miradas cautelosas que me dirigía mi familia desde entonces…Y yo no quería recordar nada en absoluto.

-Lo siento mucho, no debe ser bueno para ti hablar e esto. Haremos como si nada sucedió.- Arrulló con suavidad muy propia de él. Definitivamente conocía muy poco a Joseph, es que simplemente era tan bueno y dulce que costaba creerlo. No supe que decirle. Ni siquiera bastaba con decir gracias, ni un millón de veces. Ni infinitas.

El resto del día continuó como los otros, rutinario e incluso no pude evitar mirar a Joseph con una mezcla de gratitud y dulzura impropias de mí. Curó mi mejilla con una pasta llena de ásperos grumitos, no sin que yo me quejara una y otra vez. No podía dejar de mirarle, porque me costaba creer que el siguiera allí conmigo hablando despreocupadamente de sus chascos en las clases de pociones. Me reí con ganas, apenas recordaba lo que había ocurrido esa misma noche. Casi podía sentir que todo era igual que antes, y no sabía si definirlo como mejor o peor, porque Joseph estaba aún conmigo y no me miraba como si fuese un basilisco venenoso y peligroso, más bien todo lo contrario, podía sentir que estaba cuidándome. Imaginé como habrían sido las cosas si mis padres tuviesen el mismo corazón que Joe, probablemente no me sentiría tan poca e insignificante cosa, no me culparía de nada, ni me sentiría inútil. A la noche me acosté complacida, y soñé otra véz.

Extrañamente hacía frío y era de noche, podía sentir la respiración acompasada de mis compañeros. Me sentí apretujada en medio de telas y unos brazos me aprisionaban con dulzura por los costados. Sentí soplidos en mi cuello y me di la vuelta con mucho esfuerzo encerrada en la bolsa de dormir. Allí estaba Joseph, con sus ojos cerrados angelicalmente mostrando sus pestañas largas de par en par. Estaba algo pálido y sus labios rozados, sus cabellos más cortos que siempre y caídos hacia un costado. Apenas nos separaban unos pocos centímetros. Aún inconciente apretó su mano más a mi cintura y pude sentir el cosquilleo por todo mi cuerpo. Hundí mi rostro en su pecho con miedo. No quise mirar a mí alrededor, pero en una leve ojeada involuntaria distinguí a la mujer durmiendo a nuestro lado.

Desperté casi a la hora del desayuno, y me apresuré a salir de la habitación como siempre. Me dejé el cabello suelto mientras observaba las nubes que encapotaban el cielo sin dejar ver el sol. Estaba segura de que ese iba a ser un gran día. Casi corrí al gran salón con una extraña necesidad recurrente de ver a Joe enseguida, para demostrarme que nada había sido mentira, que el aún seguía queriéndome como siempre y que comprendía mis errores pasados. Pero no duró mucho mi buen humor. Porque el siempre me recibía en el Hall, y ese día no le encontré. Mi sonrisa se desvaneció poco a poco cuando no le encontraba en ninguna parte, y me entraban las ganas de desmayarme de susto. Reaparecieron todos mis temores y podía sentir que perdían fuerza mis pulmones. A duras penas fui a la clase de Historia de la Magia cuando no le encontré por ninguna parte y el estómagome daba vueltas. Mantuve mi cabeza escondida entre los brazos sobre la mesa y con muy buna suerte nadie me preguntó que me pasaba, porque no podría explicarme, podría llamarlo mal de mi existencia. Era el miedo a perder lo que mas apreciaba en el mundo para siempre, y lo peor era que si ese el era el caso lo comprendía perfectamente, no podía luchar contra eso. No podía obligar a Joe a ser amigo de una asesina. Quería llorar de angustia, gemir ante el dolor de mi pecho… La vista se me nublaba de vez en cuando a falta del desayuno y perdía la noción del tiempo. Casi ya estaba a punto de desmayarme cuando terminó la clase y ni sabía que había estado platicando el pobre profesor. Pude distinguir a mi hermano haciendo una mueca al verme y le comprendí perfectamente, porque mi aspecto debía ser atrozmente desconsolador. El golpe de la noche anterior, sumados el cansancio de aquellos días y mi palidez debía atormentarle a cualquiera. No hice caso a su mirada.Almorcé muy poco y desconsolada al no ver a Joseph, al menos podía ser menos cobarde y comer en su mesa. A pesar de que le busqué por todas partes no lo encontré antes de las otras clases y como ya había perdido varias durante el año tuve que soportarlas. Casi al final del día comprendí que había un lugar en donde no había buscado… Los jardines. Definitivamente la posibilidad era remota, pero al menos necesitaba decirme a mi misma que había hecho todo lo posible, que ya no quedaba ni un recóndito lugar donde buscarle. Ya estaba a punto de llover cuando salí por la Gran puerta y comencé a caminar por los pastizales húmedos hacia no sabía donde. Las túnicas se me ensuciaron con barro, igual los zapatos y ya estaba a punto e darme por vencida y desplomarme allí a llorar. Recorrí cerca de la casa del guardabosque, y por los límites de bosque prohibido… Incluso consideré adentrarme en él. No quería aceptarlo, no quería verme. Ya estaba por rendirme cuando titubeé delante del bosque y sentí su voz tranquilizadora.

-Estoy aquí.- Dijo con debilidad a unos metros a mi derecha. Me giré rápidamente con la respiración entrecortada. Lo ví, estaba cerca de un árbol sosteniéndose de el con brazo estirado apoyando la palma,y su aspecto no era nada bueno. Su labio estaba partido y chorreaba en sangre pero mucho más que la vez anterior. Lo noté abatido. Corrí hasta él tropezando y resbalando en el barro, llena de preguntas sin responder.¿Quién le había hecho eso? ¿Cuándo?...

-¿Qué pasó?- Urgí con la voz temblorosa. No me miró. Su mirada expresaba dolor intenso, frustración, desconsuelo.- ¿Qué pasó?

-Nada, a tu amigo Raymond no le caigo bien- Se secó el labio con resignación. Exigí que me mirara acercándomea él, pero no lo hizo.

-¿Raymond?- Mascullé con el poco aire que tenía. Raymond siempre había odiado a Joe, pero nunca había tenido motivos.

-A el no le gusta…- Por fin me miró con expectación,temiendo una reacción.- Verme contigo.- Terminó en un suspiro. Fruncí el ceño, y no comprendídel todo.

-¿P…- Eso pareció dolerle aún más. Juntó las cejas cerrando los ojos.

-El esta enamorado de ti.- Me interrumpió con impaciencia levantando la voz frustrada y contrariada. Pareció un sollozo, y llevaba los ojos llorosos. Lo que decía era incierto, no podía imaginar a la persona con la que habíamos compartido miles de travesuras enamorada de mí. Además muchas chicas más lindas que yo le admiraban, podía ser que fuera en mí en quien se fijara.

-¿Cómo lo sabes?- Pregunté desafiante e incrédula. Soné algo prepotente. Entonces volvió a mirarme extrañado y yo sostuve su mirada confundida. Abrió la boca y volvió a cerrarla.- ¿Qué te tiene así Joseph?- insistí atemorizada. No contestó tampoco, dejó caer su cabeza como un gran peso y siguió pensando sobre eso que le preocupaba tanto. Pude distinguir una lágrima en su rostro, cayendo, antes de que se diera la vuelta. Solo en ese momento pude sentir lo mucho que lo necesitaba y cuanto me costaba verle triste, como la otra vez con lo de Claire, pero ahora era distinto, porque al parecer ese algo tenía que ver conmigo, y yo no quería causarle sufrimientos. Me dio la espalda mientras se tapaba con ambas manos el rostro y respiraba hondo intentando recuperar la calma. Apoyé un de mis manos en su hombro al tiempo que relampagueaba, pero dio un paso adelante y me alejó de su alcance. Eso me desgarró, y volví a tener el mismo miedo que antes, de que me dejara. ¿Y si era una excusa para alejarse de mi todo eso? No, Joe no era capaz, al menos sería sincero al respecto.- ¿Qué sucede?- Se quebró mi voz angustiada. Volvió a apoyarse en elárbol, con los antebrazos y escondiendo la cabeza entre ellos, también sosteniéndose con el tronco. Su expresión era devastadora y perfecta al mismo tiempo, sus ojos tenían una palidez extraña, generalmente eran vivos y me atraían a ellos, pero estos me atormentaban.

-El dijo algunas cosas…- Suspiró.- bastante ciertas.- Measusté aún más.

-¿Cómo cuales?- Ahora mis ojos también estaban a punto de explotar en lágrimas. Apreté los labios esperando que no viera mis esfuerzos para noentrar en llanto.

-Como el hecho de que eres demasiado para mí, de que soy un egoísta que no puede alejarse de ti y que te mantiene lejos de tu familia, de que te mereces a alguien que te haga feliz en vez de traerte problemas como yo…alguien menos defectuoso, incluso alguien como él. Yo no soy para ti.- La voz se le quebró al final desgarradoramente y pude sentir como se lamentaba, me sentí fatal. Volvió a darme la espalda y eso provocó que las lágrimas salieran desbordadas por mi rostro. Joseph no podía pensar eso porque yo pensaba exactamente lo mismo de él, y yo tenía la razón, el era bueno y comprensivo, y era perfectamente hermoso, tanto que yo me sentía afortunada de que sea mí amigo. - Lo mejor va a ser que lo dejemos todo.- Eso si que no iba a pasar, porque moriría de dolor y además era absurdo. Porque yo era la afortunada y eso era lo que debía entender. Lloré angustiada a sus espaldas. Tendría que explicárselo todo, lo bien que me sentía a su lado y las necesidades que tenía día a día de verle a los ojos. Lo mucho que necesitaba oír su voz y de pasar el tiempo juntos. Por supuesto que me importaba más que mi familia, más que nada. El no podía dejarme, porque me perdería. No solo volverían a ser las cosas como antes, sino mucho peores, porque yo sabía que sin él mi vida sería un túnel negro y largo monótono hacia el final. Perdida, sola e infeliz. Me acerqué a él una vez más y le miré llena de necesidad y súplica. Me costó permanecer parada sin perder el equilibrio cuando apenas podía hablar conteniendo las lágrimas.

-Joe…yo…no puedo….- Sin ti. Eso quise decir, pero mi voz quedó sin fuerzas. Los labios me temblaron y más lágrimas cayeron delatando mi dolor. Frunció el ceño aúnmás, lo mismo que hacía siempre que me veía sufrir.

-Es mejor.- Dijo con vos tomada.

-No.- gemí. Me miró en un debate interno, en el que primero hacía un paso hacia a mi y luego se alejaba, como si una parte buena y una mala se debatieran ante mi. Yo solo podía mirarlo en su confusión. Al final me dio la espalda con lágrimas en el rostro y esa expresión de intenso dolor. Pude verlo alejarse de mí y sentir el abismo. Se iba…me dejaba. Me mataba. Sentí como si una enorme roca cayera sobre mi impidiéndome respirar, hablar o llorar. Solo podía mantener la vista fija en sus cabellos dorados cada vez más lejos. El mundo entero caía sobre mi pecho desgarrándolo y ni siquiera podía saber porqué así, sin darme tiempo de prepararme para lo peor. Esa había sido una decisión errada, porque al dejarme nos dejaba. Porque nada de lo que había hecho antes tenía sentido si después iba a volver a destruir todo y dejarlo peor que antes. Cerré los ojos cuando las gotas de lluvia comenzaron a caer sobre mí, y quise que me ahogaran. Que se confundieran con mis lágrimas. Entonces sentí ese roce, esas manos acariciando mis mejillas. No quise abrir los ojos por miedo a que fuese una ilusión. Pero sentí su respiración entrecortada y los sollozos. Los abrí y me encontré con él a pocos centímetros de mi rostro. Sus ojos me inundaron y volví a sentir una paz poco esperanzada. Cerré los ojos en un prolongado parpadeo mientraslloraba con una mezcla de alivio y angustia. Apoyó su frente en la mía llorando. La lluvia le mojaba el cabello haciendo que este cayera sobre su rostro y sus pestañas estaban unidas a causa de las gotas.

-No puedes…- Hacerme esto. Más sollozos. Me aprisionó el rostro con suavidad entre tus manos y me miró fijamente rozando con sus labios lastimados losmíos.

-Cometí un error.- Se quejó lastimeramente. Volvió a mirarme con una intensidad apasionada que me dislocó los pensamientos. En ese momento supe que definitivamente el era demasiado para mí y yo era la que no le merecía.- No puedo dejar de pensar en ti.- Expresó con seguridad.  Si lo consideraba un error, era le más hermoso que había cometido en su vida, pensé.- No puedo dejar de pensar en ti.- Susurró acariciando todo mi ser. No pude mirarle más que una extrema gratitud, inseguridad e incredulidad. Era demasiado, demasiado para mí. Acarició mis mejillas con la yema de sus dedos. La lluvia caía alrededor nuestro pero ya no me importaba. Jamás podía pertenecer a alguien más, estaba perdida en sus brazos para siempre. Rozó con su labio superior el mío, con dulzura y cautela, instintivamente cerré los ojos y me perdí en él. Pude sentir sus labios besando los míos con extrema delicadeza. Su respiración sanaba la angustia que había sentido antes mi pecho. Ni siquierafui capaz de mover mis manos para tomar sus mejillas al igual que él. Lo quería, mucho. Fue el primer beso que di con sentimiento intenso. Acarició mis labios con los suyos y mi cabello con sus manos. Fue tan tierno y cuidadoso que no sentí miedo ni nervios, cuando por fin volvimos a mirarnos supe que no importaba lo que dijeran los demás, nada podía privarme de algo tan bello.

-Te quiero.- dijo y me dio otro beso con solemnidad. Su rostro perfecto estaba empapado.

-Te quiero.- Repetí yo sonriendo levemente. Jamás olvidaría esedía.