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Historia 33445 — capítulo 1

A pesar de que mis suposiciones nunca son acertadas, tenía una seguridad inusual al pensar que desde ahora estaré sola. Quizás debería acostumbrarme a la idea, era mi destino. Fue absolutamente estupido de mi parte pensar que podría cambiar de vida, es más, no fue tan solo estupido, si no, doloroso más que la soledad misma. Aquellas amistades de pronto se volvieron como una especie de ilusión.Como si todo lo pasado, hubiera sido parte de un ensueño de cinco minutos.

Lo más imposible de creer, era que lo único que podía recordar como si de verdad hubiera pasado, era él. Aunque haya sido lo más insensato de mi vida. De hecho, recordaba su olor, su voz,sus ojos. Aquellos ojos. Sabía que jamás se iba a repetir.

Me aovillé en el alfeizar, mirando hacia las afueras.Nunca había estado tan descuidado el patio. De las rosas solo quedaban unas pequeñas ramas resecas y no existía más vegetación, aparte de unas hierbas que no encontraron mejor lugar para crecer que el patio de una mansión antigua. Perfecto. Era el escenario ideal para una película de terror. Luego me sentí insignificante. A pesar de que estar en mi pieza me hacía sentir un poco más tranquila, el imaginarme los pasillos desolados y las telarañas por doquier me hacían llegar hasta el límite de la histeria. Caminé hacia mi cama y me tendí boca arriba. Traté de concentrarme en otra cosa. Como en cambiarme de hogar o de encontrar trabajo, pero era imposible, una bocina me sacaba de quicio.

Me levanté casi con furia a mirar por la ventana. Era una moto. Y estaba en la entrada de esta tétrica mansión, pero no tenía conductor. Decidí ir averiguar que pasaba.

Bajé las escaleras con lentitud, reteniéndome inconscientemente. No tenía idea de lo que se podía tratar.Al llegar al vestíbulo, me invadió el pánico. Pero seguí y con cautela abrí la puerta. No había nadie. De alguna u otra forma eso me tranquilizó.Por eso fui a echar un vistazo a aquella moto, cerré la puerta a mis espaldas y caminé al antejardín. Era bastante difícil cruzar desde la puerta de la casa hasta la vereda pública. Algunas ramas o raíces traicioneras tomaban lugar en el pequeño camino instalado para salir de esta mansión, pero con lentitud pude cruzarla sin percances.

La moto, era bastante normal, no era nada de otro mundo. No era fea, pero tampoco era bonita. De hecho, estaba bastante usada no se veía muy bien cuidada. De pronto me pregunte quien sería el dueño, *o dueña.*Habían unos guantes de cuero colgado en el manubrio, lo que me indicaba que efectivamente había alguien aquí. Busqué mi varita. La tenía, era mejor estar alerta. Tomé uno de los guantes con la mano derecha y un brillo en la parte donde va la palma de la mano me hizo parecer confusa. No era un brillo. Era un bordado color blanco que rezaba: S.B. Entonces, perdí la fuerza en mis extremidades, aquel guante tan insignificante se me hizo pesado y cayó al suelo. Con el corazón desbocado di media vuelta para ir a casa antes de sufrir un colapso. Pero ahí estaba él. Entonces nos miramos y supimos al instante que era lo que se veía venir. El se empezó a acercar con cautela, pero se detuvo y con expresión confusa tendió su mano, su mirada cambio de pronto, ahora miraba con inocencia. Sentía mis mejillas tensas. No me reconocía. Me ruboricé y me mordí el labio, escondiendo una sonrisa. Aquel hombre de ojos grises, sonrió en respuesta. *Como si no fuera ya posible resistirse a su mirada, ahora sonríe,*pensé.

—Hola—. Dijo, aún mantenía su brazo tendido. No aguanté más y tuve que sonreír.

—Hola—. Le respondí y caí rendida a sus brazos.


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