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Historia 33461 — capítulo 1
Al fin... Mi vestido blanco, mis zapatos blancos... Mi hombre perfecto... ¿Se puede pedir algo más? Claro, después, tal vez en unos cuantos años, tendríamos hijos, yo quería tres, y él uno.
-¡Oh, por Dios, Hermione!- exclamaron las gemelas Patil, viendo mi vestido perfecto tirado en la cama.
-Es magnífico... Hermione- dijo entrando en la habitación Ronald Weasley.
Miré a ver quien era, y bufé con desdén. Había dejado en el altar a Ron hacía cinco años, cuando llevábamos tres meses de novios. Eso sí era un récord. Tres años de novios, casamiento fallido. Ja ja.
-Gracias, Weasley- dije fríamente, y Parvati miró seductora a Ron. Le gustaba, y mucho.
-Venía para decirte que... debes bajar en cinco minutos- dijo el aludido, ruborizándose.
-Claro, dile a mi amado -énfasis, quería herirlo lo más profundo- que enseguida iré.
Él se retiró de la habitación, y las gemelas lo siguieron, acomodándose los vestidos preciosos color manteca que habían escogido en Madame Malkin.
-Adios Hermione, ¡Nos vemos!- dijeron las gemelas, riendo.
Bueno, miré dos veces el vestido, y me dije que no podía ser más bello. Blanco y crema. Con perlitas en todos lados, me lo puse, y siguió mi cabello.
Genial. Mamá no había llegado y era ella la encargada del peinado. Me armé un moño muy elegante y puse la coronita adelante del moño. Me maquillé rápidamente y quedé de maravilla.
Con Harry habíamos decidido hacerlo al modo muggle, el casamiento, me había encantado el mágico, pero siempre, de pequeña, había soñado con un casamiento así.
De pronto, sentí la bella música. ¿Con quién iba ir al altar? ¿Había llegado ya mi padre?
-Hola, cariño- dijo mi papá, corriendo hacia mí, me dio un beso suave en la mejilla y me tomó del brazo.
-¿Lista para unirte a Harry, linda?- dijo una amiga que lo amaba, me tenía envidia y odio, quería a Harry solo para ella.
-Nadie te invitó, Laurence- espeté, enfadada.
-Ehm... Hija... Yo la invité. ¿Te molesta?
-¡¡Claro que sí, padre!!
Agarré una jarra antigua y se la tiré a la joven, que salió gritando desesperada y halló la salida.
Nos dirigimos hacia el altar, caminando suavemente y pausadamente, mientras, vigilaba desde atrás de la puerta quienes estaban.
-No te preocupes, Hermione, están las gemelas Patil, Lavender Brown, Susan Bones, tus amigas de las nuestras y cantidad de amigos de Harry, Dean, Seamus, Ron... Ya sabes.
-Sí, me lo imaginaba. Quiero ver a Lavender consolar al pobre pelirrojo- dije con sarcasmo, y ambos reímos.
Empezó a sonar más la música. Los invitados se incorporaron y miraron en mi dirección, y me ruboricé. Allí estaba Harry, al final del altar.
Avanzamos y todos me miraron emocionados y encantados. Estaba hermosa, y justo llegó mi madre, chillando.
-¡Ven que te arreglo el cabello, hija!
Los guardias la sacaron, mientras chillaba aún, y seguimos caminando como si nada hubiera pasado.
Cuando llegué a Harry, hicimos los votos infaltables y pasamos a la pregunta principal.
-Hermione Granger, ¿Acepta por esposo a Harry Potter, en alegrías y penas, salud y enfermedad, riqueza y pobreza, hasta que la muerte los separe?
-Sí, acepto- dije, eufórica.
-Harry Potter...
-Sí, claro.
El cura nos miró sorprendidos y nos dijo:
-Los declaro marido y mujer.
Nos pusimos las alianzas y entonces, bajo la lluvia de arroz, nos retiramos.
No habría fiesta. No queríamos nada de eso, aunque Lavender sí quería.
Fuimos directamente a nuestra casita de El Valle de Godric. La que había pertenecido a James, Lily y Harry en su momento. Estaba totalmente restaurada, lista para estrenar por fin, o mejor dicho, reestrenar.
-Unidos... Para siempre, Hermione- dijo Harry, besándome apasionadamente.
-Sí... Nada ni nadie (ni la rata de Rosalinda) nos separará- convine yo, devolviéndole el beso, mientras que fuimos a la cama, a "estrenarla".
Pasamos nuestra noche de bodas charlando y... haciendo cosas que hacen los que quieren tener hijos.
Me dije para mí misma que era pronto tenerlos nueve meses después del compromiso, pero ni Harry ni yo aguantábamos más.