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Historia 33461 — capítulo 2
Me desperté con la luz del sol que entraba por la ventana, la luz bañó mi espalda desnuda y el torso de Harry, que estaba despierto, a juzgar su rostro, hacía unas cuantas horas.
-Buenos días, señora Potter- dijo con dulzura, y le besé el torso desnudo, ahora me daba cuenta por qué se tomaba tantas horas en el gimnasio con... bueno, Ron.
-Hola, Harry... Qué noche, ¿no?- susurré, eufórica.
-Sí... qué noche... Desde que lo hicimos dormí cinco minutos y después no pude más. Esto de estar casado me pone mucha adrenalina.
Sonreí y lo abracé, mientras que él me besaba el cabello, que estaba liso permanente. Él pareció darse cuenta, porque empezó a acariciármelo suavemente y me besó en la frente.
-Ya sé, el cabello- murmuré, sonrojada, mientras que algo dentro de mí hizo que me levantara desnuda y corriera al baño.
Fui a vomitar, y eso que ni siquiera había comido. Ah. Debía de haber sido la cena de ayer de noche. Me había comido mi buen pedazo de pollo asado con bastante arroz.
-¿Hermione? ¿Estás bien?- preguntó preocupado mi esposo, levantándose de inmediato, con una sábana tapándose y otra para mí.
-Sí... Estoy...- no terminé porque vomité de nuevo.
Harry se volteó, por lo que pude verle el trasero, y reí por lo bajo, él me miró disimuladamente y me cuestionó la cara.
-¿Qué da tanta risa?
Paré la risa, pero la sonrisa no la contuve para nada, lo tapé bien bien y lo besé mucho, por el torso, el cuello y la entrepierna.
¿Qué me pasaba? Esa no era yo. No solía hacer esas cosas con Ron, y mucho menos con Harry. Harry quedó pasmado. Nunca le había besado su más preciado tesoro.
-Perdón... No se que me pasa, perdona Harry. Estoy confusa.
Él me sonrió débilmente y me sentí mareada.
-¿¿Qué rayos pasa??- chillé, y Harry me miró alarmado.
-¿Quieres que me vaya, cariño?- sugirió él, yendo a la puerta.
-No, perdón, es que estoy mareada...
Él puso los ojos en blanco y se retiró de la habitación, directo a la cocina.
Me miré el vientre, todo andaba bien, pero, ¿que me pasaba? ¿Estaba nerviosa por el casamiento o por el futuro?
Me vestí en silencio mientras sentía el ruido de alguien golpeando la puerta.
-¡Atiende Harry!- me quejé, yo estaba arriba.
-Ve tú, a lo mejor es algún sabio en paranoia.
-¡Yo no soy paranoica! ¡Atiende la maldita puerta, Harry!- grité, furiosa, bajando como un rayo las escaleras y yendo a bañarme en el piso de abajo.
Harry se levantó, dejando su varita y el diario en la mesa y abrió de sopetón la puerta, era un niño de cinco años, que si mal andaba mi memoria, se llamaba John.
-Mi mami "encontdó" esto en el patio- dijo con voz tierna el niño, dándole a Harry mi sostén.
Harry se ruborizó y le cerró la puerta el la cara, golpeándole en la nariz recién curada.
El niño empezó a llorar descontrolado, frotándose la nariz que le empezaba a sangrar.
-¡Cállate niño! ¡Vete de aquí!
El niño sollozaba a lágrima viva y Harry abrió la puerta, por lo que sonreí, ¿sería así como trataba al niño con nuestros hijos?
-Perdona John... Vete a tu casa- le cerró la herida con Episkey y llevó al niño a su casa, dejándolo en el portón y huyendo hacia casa, eso me dio risa.
Me bañé rápidamente, y salté a los brazos de Harry, que me besó como nunca.
-Oye, tengo que ir a trabajar, Kings me quiere temprano, y parece que toca fiesta- me susurró al oído Harry, por lo que protesté.
-¡No! ¡Llevamos un día de casados y tienes que trabajar! ¿Y la Luna de Miel?
-Es en una semana, Hermione, no escandalices- me consoló Harry, pero lo contradije.
-Error, señor Potter, salimos hoy en tres horas- le dije con dulzura, y lo besé,
Harry abrió los ojos como platos y se cayó sentado en el suelo, conmigo en su regazo.
-¿Hoy?
-Sí, hoy, así que llamas a Kingsley y dices que no puedes ir a trabajar.
Harry sonrió de mala gana y envió una lechuza a Kingsley, y armamos las maletas, besándonos de vez en cuando.
Cuando terminamos, una limosine nos fue a buscar, entramos y lo seguí besando de forma apasionada.
Harry nos separó y esperamos a llegar al aeropuerto, donde viajaríamos a Escocia, Ron me había querido llevar allí de Luna de Miel.
-¿A Escocia?- preguntó Harry, enfadado, mientras subían las maletas al avión. Yo empecé a subir las escaleras de la puerta ruborizada.
-S... Sí, a Escocia.
Viajamos en silencio. Con el enfado Harry no durmió, y yo con la vergüenza tampoco. Solo miré las nubes y de vez en cuando se veían las ciudades, bien chiquitas, como puntitos entre líneas.
Después de cinco horas tuve que dormirme, ya no daba más de sueño y cansancio, pero él no. Él quedó como estaba, inmóvil, y tuve el presentimiento de que la Luna de Miel iba a ser fea.
Llegamos en unos pocos minutos, y él y yo nos levantamos, serios y ruborizados. Unos turistas sudamericanos nos tomaron fotos contra nuestra voluntad, y bajamos enfurruñados, mientras que los turistas quedaban confusos por el encantamiento desmemorizante que Harry les había echado.
-El Hotel Reth es nuestra parada principal, Hermione, después vamos a una casita cerca del mar... Sigue tú que después voy con las valijas- tomé eso como si dijera: Vete que después te veo.
Fui hacia el hotel, me dieron la llave de mi habitación y fui hacia allá. Vi a Harry por la ventana ir hacia el Hotel, cargado con las maletas y Crookshanks subió a la cama y quedó dormido.
Fui a recepción y pregunté por una farmacia. Me dijeron que en una sección del hotel había una, así que me encaminé hacia allí.
Compré dos tests de embarazo y me hice la prueba, cuando fue Harry, le mostré las pruebas. Estaba embarazada.
-¡¡No!! ¡¡No puede ser!!- exclamó él.
-¡Sí! ¡Somos padres!
Nos abrazamos y fuimos a la habitación.
-Se nos arruina entonces nuestra noche de hoy, Hermione- me anunció angustiado Harry.
-Sí... Lo lamento, pero tendré... ¡Un niño!
A las dos semanas volvimos al Valle, y el vientre me había crecido apenitas, Ginny Weasley nos recibió cuando se enteró de la noticia, y miró con cierta tristeza a Harry.
-Felicidades...