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Historia 33468 — capítulo 4

6 de enero

15:25 Vale, lo sé, no lo he hecho todavía y James sigue pensando que soy la más absurda de las cobardes.

Pues no lo soy. Que no. Ni hablar. Y punto final. Voy a marcar el número, bueno, primero tengo que descolgar y… marcar el número. Y… ¡oh! Me he olvidado de comprar ensalada para la cena, voy a tener que ir a comprar…

18:14 Lily, esto es ridículo.

18:35 Sencillamente ridículo.

21:45 No lo he hecho, ¿vale?

Lo sé, es horrible no tener el valor para llamar a tu propia hermana. Pero… me acuerdo de la última llamada y… tengo auténtico pavor a que me vuelva a pasar lo mismo. Hacia las seis, cuando he vuelto de comprar me he encontrado a James leyendo esta última página para saber si finalmente había llamado a Petunia (tranquilo, ya le he reñido por eso). Un segundo… ¿cómo ha descubierto mi contraseña? ¿Cómo…? Después la cambio… ese es un problema de fácil solución.

Pero ahora no puedo hacerlo, conociéndola, debe de estar a punto de irse a dormir. Aunque, tal vez, la estrategia sea esa, llamarla cuando se esté yendo a la cama para que así, medio dormida, me diga que sí a todo. Lo estoy viendo: "Petunia…" "Gruñido inconfundible de dormida" "¿Me regalarás para Navidad un tocadiscos último modelo?" "Gruñido que suena a sí" "A vuestra primera hija la llamaréis Lily?" "Claro…. (seguido de un ronquido ensordecedor)"

Pero… por otro lado… mañana iré al cementerio y me sentiré fatal si no hago esto.

21:58 ¡Ha! ¡Toma! Lo hice, lo hice, lo hice, lo hice. Y ha ido mejor de lo que creía… ¿o no?

Tuve suerte, porque me contestó Petunia directamente, si no llega a ser así, seguramente Vernon me habría colgado o me habría dicho que Petunia estaba en… cualquier lugar.

Casi la he obligado moralmente a invitarme a cenar. Raro en mí, auto invitarme a todo lo que se me presenta…

  • Vamos a ir mañana al cementerio, no estaría de más que nos acompañarais.

  • ¿Nos? - creo que me he acostumbrado a esa voz tan fría.

  • James y yo, Deidre quería venir pero… se va a Estados Unidos dentro de poco y tiene que…

  • Lily, Vernon tiene que trabajar y yo tengo cosas que hacer…

  • Venid a cenar a nuestro piso.- lo dije tan impulsivamente que sonó incluso infantil.

No sé si creerme que sea mi hermana, porque…

  • ¿Vuestro piso? ¿me estás diciendo que vives con él?

De buen comienzo, la pregunta me parecía tonta per se.

  • Tal vez deberíamos vernos para ponernos al día y así podríamos, no sé…

  • ¿Compartes piso con un chico?

  • No, Petunia, comparto piso con MI chico, aunque no sé si técnicamente "compartir" es la palabra adecuada porque sus padres nos pagan la mayor parte del alquiler…

  • ¿Sus padres? - creo que aquí soltó un bufido- ¿Están de acuerdo?

Llegado este punto, mi mente no podía comprender qué había de tan moralmente bárbaro en esa afirmación, y al no saber qué narices contestar, dejé que mi subconsciente hablara por mí.

  • ¿Qué te parece si venimos a cenar un día de estos? Creo que papá no querría que nos distanciáramos, ya le hemos hecho suficiente daño olvidándonos la una de la otra durante las Navidades.

Al fin la hice entrar en razón, hemos quedado para el próximo sábado y, sinceramente, me da igual lo que piense, ella y el atrasado de su marido.

Necesito… necesito hablar con James.

7 de enero

12:34 Bien. Muy bien.

Primer día de clase y de momento mi vida va mejor de lo que pensaba. Aunque todo apunte a precisamente lo contrario, prefiero ser optimista y ver la parte positiva.

Para empezar, nuestra primera clase con Moody se ha cancelado, es muy original el hombre…

"Ellos están ahí fuera y son incluso peor de lo que pensáis, así que de momento, alguien tiene que estar alerta."

Era lo único escrito en la pizarra esta mañana… nos hemos ido a tomar un café. A su salud.

¡Oh! Antes de que se me olvide, a pesar de mis estupidos remordimientos… la opinión de James sobre los prejuicios de Petunia, y probablemente, de Vernon también, es: "Me encanta que nuestra relación sea algo moralmente reprobable". Creo que es una opinión influenciada indirectamente por Sirius, y no me preguntes de donde me he sacado esa creencia.

Te diré algo, aparte de la no-clase con Moody, que me hizo venir a la mente… infinitas situaciones, que incluyen a un punk- depresivo, más hechizos de lo permitidos y un sentimiento de semi-culpabilidad que no puedo describir… el hecho de que haya ido a clase a perder el tiempo, Lupin se haya ausentado todo el día, y Sirius nos dejara plantados porque tenía una entrevista de trabajo, lo mejor del día ha sido… vale, lo siento, no puedo ser optimista, de momento el día ha sido una mierda.

Pero ahora…

23:54 No puedo dormir. Sabes, se me cierran los ojos de cansancio, pero lo que es dormir… no puedo.

Y, teniendo en cuenta que mañana tengo clase, las doce de la noche… es bastante tarde.

Al final sí fuimos al cementerio por la tarde.

No era la primera vez que iba después de su entierro, fui cada domingo durante un mes y medio en verano del año pasado, Deidre me acompañaba. A veces le pedía que se quedara en la entrada del cementerio e iba sola.

Alguna vez llegué a pasarme hasta dos horas en el cementerio, hasta que Deidre entraba a buscarme, porque decía que aquello era insano, y tenía toda la razón. Por mucho que me doliera irme, me dolía más quedarme.

Esta tarde intenté planteármelo con tranquilidad, aunque es algo difícil hacerlo tras estos dos últimos días, en momentos como ese, tengo la sensación de estar viviendo la vida de otra persona, hay un vacío enorme que hace que el resto de cosas no tengan sentido. No sé si me he explicado, en realidad, no importa.

Ayer hacía mucho frío, creo que fue el día más frío de todo el invierno, aunque creo que ya he pensado eso de algún día de diciembre, de veras, hacía mucho frío. Más incluso que la noche de mi conversación con Snape, es la clase de frío que se mete en el espacio entre la goma que cierra el guante y la manga de la chaqueta y te deja helada hasta el hombro.

No sé como terminé con la bufanda de James puesta y una mano en uno de sus bolsillos. Es lo que tiene heredar una chaqueta vieja que era de tu madre… bolsillos rotos.

La sensación de estar allí, entrar, que te digan que cierran en veinte minutos, que esté a punto de hacerse de noche y pensar en a quién vas a dejar las flores es… ¿sabes lo que sientes cuando escuchas una canción extremamente triste, y crees haberla oído toda la vida? Pues lo mismo, pero sin música, simplemente ese dolor fantasma acolchado por vete tú a saber qué, pero exagerado, asfixiante.

En cuanto llegamos pude sentir los resquicios del estrés, la auténtica desesperación del día del entierro. Y de los días anteriores. Recuerdo que prácticamente vivía en algún lugar entre la escalera entre el primer y el segundo piso de mi casa y la sala común.

Todavía echo de menos, de vez en cuando, el simple hecho de poder entrar en su dormitorio, el hábito de dormir en el sofá. Se me hacía totalmente insoportable, el ir y venir de médicos, enfermeras, Petunia histérica… pero lo cambiaría ahora mismo por el golpe que supone una tarde como la de hoy.

Mi padre… no te voy a contar cómo ni donde está enterrado porque me parece una auténtica frivolidad. Pero, esto no se lo he contado ni siquiera a James, mi padre sabía que iba a morir, era más consciente que yo o que mi hermana. Lo recuerdo como si fuera ayer, con su bata a cuadros marrón, me dijo, entre risas (¿cómo sino?, era mi padre), que lo que más apreciaba de mí era mi imaginación… "incansable, como la de tu madre" luego me pidió que no improvisara ninguna frase extraña y rimbombante que sirviera de epitafio. "Tienes el potencial para inventarte una cada día".

Así que cada vez que he ido al cementerio he pensado en algo distinto sobre él, algo que, no sé, algo que se que le haría ilusión. ¡Oh! Y casi tengo que pegarme con Petunia para que se dejara de los estúpidos epitafios.

En fin… me deshice de la mano de James que sujetaba la mía en su bolsillo para dejar las flores. Había un ramo pequeño de lirios blancos medio congelado. Pensaba que Petunia era más espléndida en esta clase de cosas. James se agachó para tocar la hierba con los guantes, yo le imité y me helé las manos de lo lindo.

El aire frío me helaba los pulmones, pero respiraba mejor, y obligué a James a volver a ponerse en pie para devolver mi mano a su bolsillo.

En unos diez minutos tuve una sensación de alivio increíble. Sonreí a medias, y le dije a James que podíamos irnos.

Un pensamiento como venido del mismo cielo se atrevía a brillar en mi mente: Mi padre me felicitaría por estar allí… con James, por vivir sin depender de mi hermana, por el piso, por la academia, e incluso creo que por lo bien que me queda la chaqueta medio rota de mi madre.

Seguramente ahora se me hará más fácil dormirme. Eres toda una terapia, ¿lo sabes?

9 de enero

Esta tarde fui a tomar un café con Lupin, nuevamente recuperado de sus noches de luna llena, pensé que estaría bien pasar la tarde con él.

Y James llevaba como dos semanas preparando una especie de salida de incógnito con Sirius así que he tenido una tarde intelectual con Lupin.

Sirius y James han ido a comprar no se qué a una tienda muggle, y se han ido de casa los dos, con pantalones acampanados y una camiseta a cuadros… ¿dónde está la cámara de fotos cuando la necesitas?

La cuestión es que cuando Remus fue a pedirme un café pude ver, perfectamente, y sin ningún riesgo a equivocarme, que la camarera le sonreía. Son-re-í-a. No sé si estoy siendo lo suficientemente clara.

Lupin pide el café, la chica sonríe, se parta el pelo de la cara, le brillan los ojos y pestañea como si le hubiera dado un ataque epiléptico localizado. Remus se pone rojo y yo sonrío como si fuera su madre y me acabara de dar cuenta de que mi niñito se ha hecho mayor.

No está bien que lo diga yo, pero… es que Remus es realmente guapo, y con esa mirada de interesante- sabiondo suya…

Así que he encontrado una nueva obsesión, sí, ¡lo he hecho!

Sé que soy una condenada entrometida pero… tengo que hacer esto. ¿Preparado?

¡Voy a encontrarle una chica a Lupin! Aunque dudo mucho que exista alguien que le merezca… Lupin necesita una chica. Maldita sea, es un hombre ¿no? Tengo que encontrar a alguien, debe ser una chica inteligente, un poco alocada, para que le haga sonreír y de vez en cuando le saque de sus casillas, pero tiene que ser buena persona, sobretodo, amable, ¡oh! Y guapa, guapa pero especial, a lo mejor, ¿alguien a quién le guste la música disco? No. No, no y no, tiene que gustarle el rock, pero el rock del bueno… Voy a tener que invitar a Lupin a un concierto.

10 de enero

12:42 ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Estoy rebosante de histerismo y emoción! ¡Me sale adrenalina hasta por las orejas! Acabo de volver del despacho de Moody. Va a dejar devenir a la academia, nos lo ha dicho en clase esta mañana. Y si es así, te preguntarás porqué estoy tan emocionada, ¿verdad? Pues, mmmh… primero voy a contárselo a James y a Lupin y a Sirius. Risa de loca de atar.

16:54 Tomándome un te, en una cafetería cerca de casa. Verás, tenía mis dudas sobre el hechizo patronus, porque, ¿recuerdas que te dije que había aguantado bastante tiempo sin disolverse el día que vi a Snape? Pues ahora no soy capaz de conjurar un patronus que aguante cinco tristes minutos.

Así que decidí ir directamente a Moody a preguntar, a pedir humilde consejo y… he encontrado la palabra perfecta para describir ese momento. He tenido que buscar en el diccionario pero la tengo. Serendipity. Esa es la palabra que concentra el hecho de estar buscando una cosa y en su lugar encontrar otra mucho más interesante. Serendipity. Curiosamente es una palabra que me encanta. Serendipity, serendipity, serendipity.

Verás, llego yo a la puerta del despacho de Moody, que, afortunadamente estaba entreabierta, estoy segura de que la tiene hechizada con todos los hechizos habidos y por haber para insonorizarla, pero… estaba entreabierta. ¡Hay alguien allá arriba que me quiere!

  • Sí, Alastor, lo sé, pero no podemos permitir que alguien tan joven se arriesgue con estas cosas. - esa voz me sonaba una barbaridad, una auténtica barbaridad.

  • Te aseguro que son de lo mejor que tenemos en la academia.

Oí a alguien moviendo papeles y arrastrando algo por el suelo.

  • No podemos hacerlo, aunque nos falte gente para… lo que queremos hacer…

  • Sí, ten cuidado, las paredes tienen oídos. - interrumpió Moody al señor de la voz tremendamente familiar.

Tengo que decir que a estas alturas yo ya me estaba comiendo el coco y destrozándome los labios de tanto morderlos, para saber de qué me sonaba tanto la puñetera voz.

  • Tal vez dentro de un año o algo así…

  • Escucha, tal y como están las cosas, amigo mío, te aseguro que en menos de seis meses estarás en este mismo despacho pidiéndome que les hable de La Orden…

Y… ¡plas! La puerta se cierra de golpe, por orden de la magnífica varita de Moody, seguramente.

Me quedé ahí plantada, con la enorme tentación de abrir la puerta en plan niña despistada y ver quién había dentro. Mi mente pasó por la posible secuencia con una rapidez impresionante. Lily entra en la habitación casi con los ojos en blanco, sobreactuando un montón en plan ¡oh! ¿no me diga que había alguien dentro? Y Lily se encuentra a Moody con su amante transexual al que llama cariñosamente "amigo mío". Lily, blanca, petrificada, cae al suelo de golpe, haciendo un ruido atronador.

Finalmente decidí esperar a que Moody terminara, ya no por el patronus sino por saber quién era la voz que tanto me sonaba. Y por no correr el riesgo de que al abrir la puerta me transformaran en un híbrido entre un gnomo de jardín y una vanshee.

En unos veinte minutos, cuando yo ya estaba prácticamente durmiéndome con la cara pegada a la ventana del pasillo, hilo de baba incluido, adivina quién aparece por la puerta del despacho y me sonríe como si yo llevara un florero en la cabeza. Albus Dumbledore.

Sí, el mismísimo Albus Dumbledore. Mi mente asoció la cara con la voz tras tres minutos de sonrisa compartida.

  • Señorita Evans, encantado de verla. ¿Cómo está el señor Potter?

Lily enrojece pasmosamente rápido.

  • Muy bien profesor Dumbledore.

  • Me alegro, señorita Evans, ahora si me disculpa…- ¿porqué siempre le brillan los ojos de esa manera? Me pone nerviosa, muy nerviosa, entiéndeme, el viejo es la persona más simpática y adorable del mundo, pero… ¿siempre tiene que mirar a la gente como si supiera algo que el pobre resto de la humanidad ignora?

Y fijándome en el asombroso brillo de sus ojos me di cuenta de que estaba bloqueándole el paso desde hacía como cinco minutos.

Al fin me aparté y le dejé pasar, no sin advertir que Albus Dumbledore es el hombre con mejor gusto para vestir que conozco. Es en serio, túnica azul marino, hebilla del cinturón dorada, botas de cuero marrón, con hebilla a juego, dorada, sombrero azul marino con detalle en verde esmeralda… ¿el sueldo de director da para contratar a un estilista? Si es así, acabo de cambiar mis más profundas aspiraciones, inquietudes por la conversación ultra mega interesante e inquietante, por el deseo de contratar al estilista de Albus Dumbledore.