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Historia 33692 — capítulo 2
Un encuentro ¿Afortunado?
Hace un mes que volví a la escuela, ahora estoy sentada en mi dormitorio preparándome para asistir a una fiesta que mis queridos primos Fred, James y Albus han organizado, como todos los años desde que ingresaron. Toda la escuela desea asistir a la fiesta sin embargo sólo los Gryffindor tienen acceso liberado, mientras que las personas de las otras casas deben ser invitados por alguno de nuestra casa.
Estoy pensando que debo ponerme, sí es mejor usar unos jeans, una polera negra y listo, para que más, sin embargo la verme en el espejo, me encuentro ahí toda yo, tan yo, maldita sea, porque no puedo verme fenomenal como Vic o Dom, simplemente no tengo una madre veela que me haya heredado esa belleza sobrenatural. Por lo que debo buscar algo mejor, esta noche estoy empeñada a pasarla bien y para eso debo verme bien.
Abro de nuevo mi baúl, busco un poco y logró por fin dar con lo que quiero, una falda negra, regalo de mi tía Ginny, si papá supiera que esta falda con suerte tapa mis muslos, me encerraría de por vida y le quita el saludo a su hermana por tratar de "distorsionarme" como le diría.
Me vuelvo a ver en el espejo y por fin creo que sí pongo de mi parte no resulta estar tan mal, la falda, las botas, la polera ajustada y el cabello alisado, no me quedan para nada mal. Cuando me dispongo a salir, mi querida prima Lily y Dom hacen su entrada triunfal.
-Vaya que linda te ves- me dice Lily.
-Pensé que no tendrías ganas de venir a la fiesta- dijo Dom haciéndome girar.
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He cambiado de opinión- les respondo tratando de restarle importancia.
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Estas preciosa, pero necesitas algo de maquillaje, siéntate que de eso me preocupo yo- comentó Dominique, mientras me obliga a sentarme en la cama y con su varita lanza pequeños rayos a mi rostro.
Luego de unos minutos en los cuales sin otra opción tuve que aceptar que mis primas hablaran e hicieran con mi rostro lo que estimaran convenientes.
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Listo- dijo Lily, pasándome el espejo.
-
Vaya, no esta tan mal, gracias, pero ahora me debo retirar, hay una fiesta que comienza- les dije levantándome para salir y escapar de ellas antes de que se les ocurra seguir con su sesión debelleza.
Ahí esta en nuestra sala común, abarrotada de alumnos, deseosos de beber un poco, bailar y divertirse con alguna persona. Me abro paso entre las parejas que bailan desenfrenadamente en donde hasta hace poco habían cómodos sillones, y logro llegar hasta mi amiga Violeta, ella esta hablando con Jeff, un Raveclaw, por lo que supuse que no querría que la interrumpiera, en lo que según ella sería la noche para conquistar a ese chico. Camine otro poco y me senté justo al lado de la barra, observe como todos las personas que se acercaban se iban con un vaso lleno de lo que supuse era whisky de fuego, ingresado de contrabando por supuesto.
Decepción eso sentía, la noche que pensé que sería fantástica se había convertido en lo de siempre, una fiesta en la cual yo la pasaba mal viendo como todos se divertían.
- Quieres- me dijo alguien sacándome de mis pensamientos, mientras me pasaba un vaso.
Pensé inmediatamente en negarme y salir corriendo, pero decidí que probar no tenía nada de malo, así que mire al dueño de esa mano y ahí estaba, Tony, un apuesto compañero de casa que cursaba su último año, no podía creer que el me estuviera hablando a mí.
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Claro- dije aceptando el vaso, él se sentó a mi lado y comenzó a beber el contenido del suyo, y yo lo imite, tomé un gran tragó y sentí el liquido quemar mi garganta en el instante que comenzaba a bajar hasta mi estomago, eso era horrible, para que querría alguien quemarse interiormente, pensé. Tony me miró divertido, y yo desvíe su mirada.
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Es la primera vez que bebes- me dijo entre preguntando y afirmando lo que acababa de decir.
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Eso no importa. Dije sintiendo como mis mejillas comenzaban a arder, no puedo decir si fue producto de la vergüenza o por el inminente efecto que estaba haciendo el alcohol ingerido. Deje el vaso en la mesa y decidí que era mejor levantarme y salir de ese lugar, no soportaba ver el rostro con el cual él me miraba.
Al levantarme un pequeño mareo remeció mi cuerpo, pero nada que me impidiera caminar, busque la salida, necesitaba tomar un poco de aire. Camine por los pasilloy sin darme cuenta llegue al tercer piso, estaba cansada y un poco mareada, no fue buena decisión el haberme bebido ese vaso entero de whisky, por lo que me senté en el suelo, tras una estatua por si alguien se le ocurría pasar por ahí y me descubrieran rompiendo el toque de queda. Apoye mi frente sobre mis rodillas y cerré mis ojos por unos minutos, cuando sentí que alguien se ubicaba al lado mío, me sobresalte y mire rápidamente a mi lado.
Mi mirada choco con esos ojos grises, aquellos que había visto por primera vez hace 5 años en el tren, el dueño de esos ojos había sido quien me robó un beso, hace más de un año, mientras cumplíamos un castigo, luego de eso yo le pedí sin saber realmente por qué, que se alejará y el indiferentemente obedeció. Ahora estaba frente a él nuevamente.
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¿Estás bien?- preguntó con esa voz tan seria y profunda.
-
Si- fue lo único que pude decir, no podía más, sus labios me llamaban, necesitaba probarlos por segunda vez, aunque supiera que él era prohibido y que yo no le interesaba en lo más mínimo. Pero antes de que yo hiciera algo, sentí posar sus tibios y dulces labios sobre los míos, me quede congelada, pero luego reaccione respondiendo ese beso con toda la pasión que tenía. Sus manos se posaron en mi cara y yo me aferre a su camisa, luego su boca bajo hasta mi cuello provocando que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Cuando él paro de besarme, me levante inmediatamente. Él me miró, se levantó y sonrió.
Lo mire unos segundos y no pude volver a resistirme, el tenía un efecto incluso mayor que el alcohol en mi, toda entera temblaba y mi cabeza daba vueltas, me acerque al el y lo bese nuevamente, el no se sorprendió sino que me acorralo contra la pared, una mano bajo hasta mi pierna y comenzó a acariciarla, sentí como poco a poco comenzaba a subir hasta el borde de mi falda.
Mi interior saltaba, sentía un fuego que nacía de lo más profundo de mí ser y que llegaba hasta mi cabeza nublándome la razón. Sin saber cómo una puerta tras mío comenzó a abrirse. Scorpius comenzó a llevarme a su interior, mientras yo me dejaba llevar, mi cuerpo no tenía voluntad, nada en mí quería resistirse.
Siguió besándome el cuello, mientras yo abría los ojos para inspeccionar aquel lugar, era la sala de los menesteres, de eso no tenia duda. Cuando trate de ver que había tras mío el volvió a rozar mis labios, haciendo que me volviera a perder en su mirada.
Sin saber por qué empecé a desabrocharle la camisa, mientras él sonreía, sin embargo algo lo hizo cambiar de opinión ya que la borró de su rostro y me miró con un semblante serio.
- ¿Weasley… Pero mis dedos se posaron en sus labios para callarlos, no quería que dijera nada, que de su boca no saliera algo que me hiciera reaccionar a la locura que acaba de empezar.