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Historia 33979 — capítulo 1
—Regresé…— dijo, Harry abrió desmesuradamente sus ojos, mientras veía la persona que estaba parada frente suyo, era virtualmente imposible que estuviera parada allí con él, tan corpóreo como el mismo y como la profesora de defensa contra las artes oscuras, dio un paso hacia atrás, hacia la puerta, su mente gritaba "¡Trampa! ¡Mentira!" era eso, seguramente que lo era, tenía que serlo, una trampa urdida por su Némesis, una mentira vil y cruel que lo haría caer en sus fauces sin remedio alguno.
Si creía que iba a hacerlo, estaba muy equivocado, salió del salón corriendo lo más rápido posible, sin importarle las quejas que recibía, paso de largo a Ron y Hermione que preguntaron lo que le pasaba e incluso sintió como ambos se unían en su carrera, tratando de darle alcance, algo que no lograrían, no por nada había pasado los últimos siete años huyendo de su destino, estaba solo y deseaba estar así por el resto de su vida, y sobre todo, deseaba matar a aquella persona que había osado tomar aquella apariencia, jamás se lo perdonaría, pero primero, primero necesitaba aclarar su mente y no mostrar la confusión y debilidad que sabía se reflejaba en su rostro y en su presencia.
Parecía el Apocalipsis en aquel lugar, los teléfonos sonando, su jefe de departamento gritando a otro detective novato y estos encongianse en su asiento mientras la reprimenda concluía, por alguna razón él jamás se había visto en una situación semejante, jamás de los jamases había cometido aquellos "errores de novatos" que todos esperaban de él al ingresar a la policía, no sabía por qué, pero el perseguir a tipos malos e incluso patearles el trasero estaba dentro de su código genético o algo por el estilo, lo hacía más por instinto que por otra cosa era como, atarse los zapatos cada mañana, sencillo y rutinario.
Algunos pensarían que la vida de detective, un detective de su categoría, la más alta, sería sumamente interesante y así era, su día no carecía de las emociones que el más intrépido desearía, pero aún así, cuando su trabajo terminaba y le tocaba ir a casa en lugar de guardia, sentía que algo faltaba, que algo estaba mal, así que decidía tomar las llaves de su automóvil e ir de paseo por la ciudad, odiaba su casa por completo, sólo la utilizaba para dormir pues ni comer le apetecía en ese lugar, muchos decían que era adicto al trabajo, pero si vivieran en ese lugar no pensarían lo mismo.
Tomo un vaso de café caliente, descafeinado cuando escuchó que la puerta del despacho de su jefe se abría.
—¡Wilson!— grito de repente mientras se dirigía a él. — ¿Se puede saber que demonios haces aquí siendo que es tu día libre?
—Trabajo. — contesto tirando el vaso de unicel a los reciclables
—Déjelo capitán, al tío le gusta dejarnos en ridículo— intervino Dale mientras se acercaba a abastecer su sistema de cafeína para no quedarse dormido durante la guardia de la noche.
—Wilson, te aseguro que podemos liárnoslas sin tu ayuda así que te ordeno que te largues a tu casa
—Vamos jefe, no es para tanto. — replicó el moreno. — miré sólo vine a ver que se ofrecía y después me iré, tengo a un tipo que visitar.
—Joe Wilson, te quiero fuera de este departamento en diez minutos o haré que Dale te invite a salir.
El detective Dale escupió su café mientras su jefe se marchaba furioso a su oficina y cerraba con un portazo.
—Vale Jonie Lárgate en este mismo instante.
—Descuida, no saldría contigo nunca, no es nada personal.
—Pues lo mío si es algo personal, así que largo…
Joe suspiro y se dirigió a la puerta con las manos dentro de los bolsillos.
—¡Joe, espera!— Le detuvo otro detective, tenía el cabello negro y unos profundos ojos grises así como una risa bastante singular, por ello le caía bien, y ahora ese hombre llamado Gabriel Boise se acercaba a él con una sonrisa pícara. — Esta noche algunos de los chicos iremos a divertirnos, ya sabes cerveza, chicas, y un poco más de cerveza y como estás en tu día libre pensé que te gustaría acompañarnos.
—No lo sé
—¡OH vamos señor "Trabajo primero"! es hora de sacudir la polilla. — le dio un golpecito en el hombro. —Te veremos cerca de donde le pateaste el culo a ese traficante, iremos a un bar y después por unas nenas, así que no llegues tarde o si no iremos por ti y te sacaremos de la cama sea como te encontremos.
Joe sonrió de oreja a oreja, sabía que lo hacía por su bien, un día de esos le iban a salir raíces del tiempo que pasaba parado en la puerta de su casa, tomo su abrigó y salió a la calle en donde estaba aparcado su automóvil, entro en el y se dio de golpes en el volante, cuando vio que se dirigía a el maldito museo, ¡Un museo! Debía estar loco, tal vez la idea de Boise no era tan descabellada, ¡Que decía! Todas las ideas de ese tipo eran descabelladas, aún así, tendría que intentar.
Se encontró con que había una exposición en ese momento "Vampiros, pasado y futuro", genial, se dijo, y aún así entró, mirando las fotografías y dibujos, en ninguna faltaba la sangre, sólo hubo una que le llamo la atención, era total y absolutamente hermosa, la más bella que alguna vez hubiera visto. Había una mujer plasmada en el óleo, ¡Pero que mujer! De largos cabellos color sangre que descendían por su espalda hasta perderse en un lago de sangre, sus ojos esmeraldas miraban embelesados la luna llena, aquella luna de resplandor plateado que la bañaba con su luz, haciéndola parecer misteriosa, mística, casi legendaria, vestía con telas blancas, desiguales que dejaban dibujar su figura femenina entre los pliegues, era bellísima, aunque por alguna razón se imagino que con un vientre de embarazo se vería más bella aún.
Si encontrara a una mujer así, seguro se casaría con ella y jamás la dejaría escapar, todos los visitantes pasaban por la pintura sin hacer el menor caso, "idiotas" se dijo, esa seguramente era la más perfecta obra de arte y aquellos no sabían apreciar su hermosura, sólo había otra persona que estaba parada mirando el cuadro fijamente.
Era una mujer, con el cabello negro noche hasta los hombros, ojos negros y piel albina, vestía de negro, totalmente y tenía una mirada melancólica tatuada en el rostro, una lagrima recorrió su mejilla hasta perderse en su cuello, agacho la cabeza y se marchó, Joe se quedo muy impresionado, no era que esa mujer le hubiera atraído o algo así, a pesar de ser muy hermosa, solo que…sentía, que la conocía.
El día paso demasiado lento para su gusto, mientras miraba el cielo que poco a poco caí en la noche, pronto sería hora de reunirse con sus compañeros del cuartel, así que se levantó y encamino al bar que había mencionado su extrovertido compañero.
—¡Hey, compañero, por aquí!
Pasaron un momento agradable, tomando cerveza y hablando sobre chicas, un tema nada interesante para él, constantemente se preguntaba si no bateaba para el otro lado, pero no, pues su único problema era no estar interesado en nadie, absolutamente en nadie, de pronto la imagen de aquel cuadro llego a su mente, si, seguramente sería grandioso tener a una mujer como aquella a su lado, tan hermosa y sublime.
Gabriel dejó el vaso en la barra y miro de reojo a sus espaldas en donde una mujer salía del bar en ese momento, Joe miro a su alrededor, una atmosfera extraña se estaba formando.
—Vuelvo enseguida, — dijo Bloise. — Joe. — puso una mano en su hombro. — ¿Puedes acompañarme?
El hombre asintió con la cabeza mientras sus compañeros les hacían burla.
—¡Vale, no se pongan celosas señoras! — exclamó Gabriel y en seguida se oyeron las carcajadas de los demás, salieron del bar, el sol se estaba poniendo.
—Se veía sospechosa. — dijo Joe a su compañero cuando estuvieron solos
—Si, creo que es mejor seguirla.
No tuvieron que batallar mucho para encontrarla, ya que la mujer corría hacia un calljón, ambos detectives la siguieron y cuando escucharon una explosión comenzaron a correr para alcanzarla, cual fue su sorpresa al encontrar a un hombre desangrándose en el suelo y frente a él, aquella mujer.
—¡Suelte el arma y ponga las manos donde pueda verlas! — exclamó Joe mientras su compañero lo respaldaba
La mujer dio un bufido e hizo lo que le ordenaban al ser apuntada por la pistola de Joe, Gabriel de inmediato se puso a la obra de poner las esposas en las muñecas de la mujer.
—Están cometiendo una equivocación. — Dijo enfadada, — De verdad, se arrepentirán.
—Tiene derecho a guardar silencio y todo lo que diga será usado en su contra…— comenzó a recitar Joe mientras se acercaba al cadáver de aquel hombre. — Tiene derecho a un abogado, si no lo tiene el estado le concederá uno, tiene derecho a una llamada.
Joe miró a la mujer para ver si le había entendido, cual fue su sorpresa al ver que era la misma chica que había estado admirando aquella pintura junto a él, pero ahora su expresión era totalmente diferente, tenía los ojos abiertos desmesuradamente, con la boca entreabierta y jadeando precipitadamente, pensó que le iba a dar algo.
—Oiga…
—¿J…James? ¿James eres tú?