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Historia 34050 — capítulo 2

Capitulo 1: Pelea callejera.

La familia Capuleto y la de los Montesco se odian a muerte, viven en el Pueblo de Verona. Sus casas son distantes, pero siempre han vivido en guerra.

Julieta una muchacha normal, pertenecía a la familia Capuleto, una muchacha que se podía describir sencilla, su familia la protegía mucho.

El Conde Paris, estaba secretamente enamorado de ella, aunque no secretamente ya que le había propuesto matrimonio muchas veces, pero ella simplemente se había negado. Teobaldo, hermano de Julieta, la quería mucho ya que era su única hermana, mientras que la Sra. Capuleto la despreciaba, quería más a su hijo.

Romeo, era un joven orgulloso, perteneciente a la Familia Montesco, su familia era enemiga de los Capuleto, tenía un primo llamado Benvolio.

Un día de agosto, el pueblo de Verona, quedo petrificado por la tremenda contienda que se llevaba en las calles.

La familia Montesco y Capuleto, se enfrentaron a pleno día, ya que sus hijos habían peleado.

-Si su hijo vuelve a tocar al mío, tendremos problemas- dijo el Sr. Capuleto. Su voz estaba ronca, pese a que al día anterior no había gritado- ¿Entendido?

-Lo mismo digo, Sr.- respondió el contrincante. Su voz estaba normal, pero por la boca salía un aire por el frío que hacia- no quiero que vuelvan a pelear.

-Papa, ya déjalo, fue una simple pelea- dijo su hija, Julieta, tenía el cabello castaño y largo- no tiene importancia.

-Se que no conoces nuestra historia jovencita- espeto la Sra. Montesco- así que no te entrometas en donde no te llaman. ¿Acaso no te enseñan modales?

Julieta se quedo callada, pero en su defensa, salio su madre, una Sra. elegante con sus cabellos canosos.

El pueblo veía expectante la discusión que se llevaba a cabo.

-No le hable así a mi hija, no tiene derecho- dijo la mujer casi gritando. La enemiga se queda viéndola a los ojos- usted no es nadie.

-Cállese usted, no la quiere y va a salir en su defensa- espeto la Sra. Montesco- así que no me venga hablar así.

Las dos mujeres se inclinaran, pero una voz a las espaldas de todos, hicieron que se pusieran en posición normal.

Nadie sabía de donde provenía la voz, lo único que si sabían era de quien era: el Conde Paris.

A su lado, venia una doncella muy bien vestida, con los cabellos cayéndole por la espalda. Sus parpados eran finos, y las curvas de sus labios normales.

  • Este acontecimiento no tiene porque pasar- dijo Paris con su voz educada, hablo muy refinado- nada de esto tiene porque pasar.

  • Conde Paris- se inclino la Sra. Montesco, se inclino hacia delante y su boca rozo el suelo- es un honor tenerlo aquí, pero no me gusta que me vea en esta situación.

  • Esta es mi hermanaDella Escala, viene conmigo de Inglaterra- continuo el joven como si hubiese oído las palabras de la mujer, parecía que buscaba con la mirada a alguien- y quiero que la traten bien. Su cuñado vendrá mañana e igual quiero que lo traten bien.

  • En Inglaterra, hay dos familias igual que ustedes- hablo por primera vez la mujer, su voz fue como el sonido de un violín- y gracias a mi, viven en paz. Con un tratado de paz que solo puede ser roto por la muerte, esto se solucionara.

  • Esta es la solución a todos sus conflictos- dijo Paris mirando a Julieta, al fin la había encontrado- esto no solo afecta a ustedes, afecta a todo el pueblo en general.

Julieta se sentía mal con la mirada del Conde, así que decidió marcharse. Parecía que danzara camino a su casa en una esquina norte.

La enfermera salia tras ella, al igual que su madre. Paris mientras quedaba en silencio siguió con la mirada a Julieta y a las dos señoras que iban tras ella.

Cada persona se dirigía a los oficios que ejercían antes de disfrutar del espectáculo, el Conde Paris y Della Escala fueron al consejo, para visitar al Príncipe de Verona, que era la máxima autoridad.

-Della, ve tu primero al consejo- dijo Paris mientras caminaban lentamente hacia el grande edificio que tenían delante- tengo que hablar con el Sr. Capuleto sobre algo.

-Hablare con el Príncipe, le diré sobre tu demora- dijo la joven, y siguió caminando, mientras que su hermano seguía viéndola- este amor terminara matando a mi hermano.

Dijo para si misma, las escaleras eran de forma de caracol, cuando traspaso el umbral de la puerta, Paris se dirigió hacia la casa de los Capuleto...