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Historia 34213 — capítulo 1
El teléfono de LB vibró sobre la mesilla de su habitación. Ella estaba recostada en su cama leyendo un revista y fumándose un cigarrillo. Miró el reloj despertador, marcaba las cuatro menos cuarto, y contestó sin demasiadas ganas.
-Tú dirás- así contestaba al teléfono siempre y cuando estuviera de buen humor y más siendo Vera quien llamaba.
-Tú, Anna, yo y el centro comercial. Hay rebajas en Richmond Dayle- las chicas debían aprovechar las etapas de rebajas, la economía no estaba para malgastar.
-¿Ahora?- al otro lado del teléfono, Vera estaba tirada en la cama, acariciando a su gato, terriblemente deprimida tras haber cortado con su último novio, Tim... ¿o era Tom? Daba igual, el caso es que necesitaba comprarse algo para sentirse mejor.
-No, ahora no, Anna no sale del loquero hasta las cinco.
-No entiendo por qué la obligan a ir al psiquiatra, no lo necesita- Anna era una de las personas más cuerdas que conocía LB.
-Su madre ha muerto, su padre está empeñado en que lo necesita y es todo culpa de las señorita Harper- la profesora de biología- dicen que está liada con él ¿sabías?
-¿Con el padre de Anna?¿Me lo juras por el blog?
-Sí.
-Joder... así que la señorita Harper no sólo nos da clases de biología a nosotros, también se las da al señor Romano- tenía cierta gracia si no eras Anna.
-Sí- afirmó Vera riendo.- ¿Qué me dices?¿A las cinco delante de la fuente del centro comercial?
-A las cinco en punto.
-Genial, nos vemos.
-Abur- canturreó LB antes de colgar y dejar el móvil de nuevo sobre la mesilla. Una callada más y no quedaría del cigarro nada más que el filtro.
Faltaban un par de semanas para el cumpleaños de Kitty, la hermana pequeña de LB. No, no la avisaría para que fuera con ella y sus amigas de compras, pero podría dejar comprado el regalo de aquel día y así se quitaba el muerto de encima.
Llamaron a la puerta del cuarto de LB, la puerta se abrió y una cabecita con una larga cabellera rubia asomó, era Kitty.
-¿Os vais de compras?
-¿Estabas espiando?-preguntó LB levantándose de la cama enfadada, directa hacia la puerta para cerrársela en las narices a su hermana pequeña.
-¡No! Claro que no... sólo lo escuché por casualidad- mientras espiaba al otro lado de la puerta.-¿Puedo ir?
-¡NO!
-¿Por qué no?
-Búscate a tus propias amigas.
-Ya las tengo- de hecho, Kitty era animadora, amigas no le faltaban, ni tampoco popularidad, pero siempre había querido ser como su hermana mayor y hacer las mismas cosas que ella hacía y con las personas con las que las hacía.
-Pues sal con ellas, mocosa- bufó LB antes de cerrar dando un fuerte portazo.
-¡Te odio!- gritó Kitty al otro lado de la puerta.
-Genial- respondió LB, alzando aún más la voz- porque tú tampoco me caes bien.
Y así todos los días, peleando, compitiendo, gritando y maldiciendo. Sus padres ya las daban por imposibles y las ignoraban en cuanto comenzaban a discutir. Pero las pequeñas discusiones con la mocosa-asquerosa de su hermana, eran el menos de los problemas de LB, lo que realmente le preocupaba era su amiga Anna Romano, que había perdido a su madre hacía un par de meses, dos meses en los que su padre parecía haberse saltado el luto con varias mujeres.
Todos los lunes, miércoles y viernes, Anna iba a un psiquiatra que tenía su consulta en el centro, cerca de Richmond Dayle. El doctor Stonem, un tipo serio y adinerado, casado con una abogada de prestigio que le había ayudado a medrar en su carrera y a poder abrir su propia consulta privada. Las sesiones de hora y media la dejaban agotada, porque el hecho de tener que estar hablando noventa minutos de ella misma era devastador.
-Bien, Anna- concluyó el doctor finalizando la sesión de aquel viernes- creo que hemos ahondado bastante en el tema del accidente, pero aún nos queda el problema gravísimo de tu padre.
-No tengo problemas con mi padre- dijo la chica enseguida.
-Los tienes con su modo de comportarse y es perfectamente comprensible, hace dos meses que perdiste a tu madre y él ya ha estado con tres mujeres diferentes- y la cuarta era su profesora, la estúpida señorita Harper.
-Oiga, mi padre puede hacer lo que le de la gana, no es asunto suyo.
-Es obvio que te molesta, a mi también me molestaría- ya, pero él no estaba en su situación, no tenía ni idea de lo que estaba hablando. Anna negó, mirando hacia otro lado, como había mirado siempre, y el doctor comprendió enseguida lo que pasaba, algo que sospechaba desde hacía tiempo.- ¿Es habitual en él, verdad?
-¿Cómo?
-Ya lo hacía cuando tu madre aún vivía ¿verdad?- no era un tema del que le gustara hablar, pero efectivamente, su padre ya había engañado a su madre cuando estaba viva, nada le impedía seguir siendo un mujeriego ahora que había muerto.
-Ella era una gran mujer... no sé por qué le hacía eso.
-Anna, hay gente incapaz de ser fiel, es duro, pero es una realidad. Quizás te vendría bien pasar un tiempo fuera de casa ¿tienes algún familiar con el que puedas quedarte?
-Ya sabe que no... mi tía se fue hace un mes, no se nada de ella desde entonces- Anna se sentía contrariada, eran casi las cinco y había quedado, no quería alargar aquello hablando de la líbido de su padre.- Mire, no quiero irme de mi casa y no quiero hablar de esto... lo mejor será que me marche.
El doctor Stonem no insistió en que se quedara, tenía otro paciente a las cinco y media y, realmente, los problemas de Anna no eran su mayor prioridad, no al menos en lo que concernía a su padre, si no a su hijo, con el que iba al instituto. Alexander Stonem... Xander.
Vera esperaba sentada en el borde de la fuente del centro comercial, fumando un cigarrillo y entreteniéndose con la música que ambientaba el lugar. Al ser viernes, pasaban ante ella compañeros de clase cada dos por tres y, a las cinco en punto, llegó LB, enfundada en sus pantalones vaqueros raídos y su blusa transparente de flores.
-Liberty Bell- saludó enfática Vera mientras se levantaba para saludar a su amiga con un par de besos en las mejillas.
-No me llames así, zurrupia- detestaba su nombre, por eso todos la llamaban LB, de hecho, muchos ni siquiera sabían de donde venían sus iniciales, y ella no se molestaba en aclarárselo.-¿Y Anna? Ya son las cinco.
-Estará saliendo de la consulta, no creo que tarde- dijo Vera sentándose de nuevo y sacando su cajetilla de tabaco del bolso para ofrecerle un cigarrillo a LB.- ¿A qué no sabes quién trabaja en la heladería del segundo piso?- LB encendió el cigarro y le dio la primera calada, poco interesada.
-¿Quién?
-Mike Shapiro...
-No me jodas ¿en serio?- ahora comenzaba a interesarse un poco más.-¿Cómo lo sabes? ¿No te lo habrá dicho Katrina? Porque de esa arpía no puedes fiarte- y no era la primera vez que Vera daba informaciones poco contrastadas por culpa de Katrina. Eso le pasaba por ser tan aficionada al cotilleo.
-No, Katrina no tiene nada que ver ¡y no es una arpía!- la defendió, ella y Vera se llevaban bien.- Le he visto con mis propios ojos al llegar, estaba en las escaleras mecánicas y llevaba puesto un delantal con ese logotipo tan gracioso que tienen.
-¿El del cucurucho de fresa con zapatillas converse y gafas de sol?
-Sí, ese ¿a qué es una monada?
-Sí, me encanta...- bleh, se estaban desviando del tema importante, Mike Shapiro.- Dicen que su padre sigue muy jodido- razonó LB. El padre de Mike tenía insuficiencia cardíaca y había perdido su trabajo a causa de su enfermedad, por lo que no podía mantener a sus cuatro hijos y su mujer y por eso Mike y su madre habían tenido que ponerse a trabajar.
-Sí... es una pena, el señor Shapiro mola- musitó Vera tras dar la última calada a su cigarrillo, volteándose para arrojar la colilla a la fuente. Al mirar de nuevo hacia delante vio acercarse, entre la multitud, a Anna, que se acercaba desganada con sus pantalones cortos, su camiseta de colores y los calcetines de rayas arco iris subidos hasta la rodilla. Un vestuario demasiado efusivo para alguien tan triste como ella.-Vamos- le dijo a LB señalando con un movimiento de cabeza a Anna.
Ambas chicas se levantaron y fueron hacia su amiga, colgándose de ella al alcanzarla y guiándola hasta la primera tienda en la que ya habían colocado el primera cartel de rebajas. Todo estaba a rebosar, ellas no eran las únicas con olfato para las gangas, las rebajas y los descuentos así que tendría que pelear con uñas y dientes si encontraban algo que valiese la pena... no era la primera vez que a alguna de ellas tenían que darle puntos de sutura por haber luchado por unas botas al 70% o por un bolso de piel a mitad de precio... cosas de chicas.
-Venga, Anna, anímate- le pidió LB, que se entristecía por verla tan decaída.
-Sabemos de algo que te animará mucho- canturreó Vera, llamando la atención de la chica.- Mike Shapiro trabaja en Martin's.
-¡No!- dijo Anna sorprendida, mirando alternativamente a sus dos amigas, que asintieron efusivamente.- ¿Sí?¿No os lo habrá dicho Katrina?
-Eso mismo pregunté yo-dijo LB encogiéndose de hombros.- Pero no, Vera le vio al llegar y llevaba puesto uno de sus delantales.
-¿Con ese cucurucho tan mono?- preguntó Anna.
-No te desvíes del tema- pidió Vera.- Lo único más mono que el cucurucho de Martin's es el propio Mike- así que combinados tenían que ser la bomba.
-Podríamos tomar un helado y recrearnos la vista- sugirió LB, aunque era obvio que ese era el plan.
-Yo me lo tomaría a él con helado... o sin helado- babeó Vera.
-A ti te gustan todos, deberías comenzar a considerar que eres un poco putilla- dijo Anna fastidiosa, dándole un leve codazo.
-Eso no es cierto- se defendió Vera- soy liberal y amable con los chicos.
-¿Ahora lo llaman amabilidad?- preguntó LB sonriendo, antes de echarle el ojo a un chaleco de ante con flecos... seguro que tendría que pelear por él.
Efectivamente, Mike Shapiro trabajaba en Martin's para ayudar en la economía familiar. Era el mayor de cuatro hermanos, todos varones, y él y su madre debían sacar la casa adelante mientras su padre no se recuperar y conseguía otro trabajo. Por supuesto, teniendo la reputación de chico malo que tenía, trabajar sirviendo helados y batidos, era poco favorecedor y bastante vergonzoso, pero era necesario. Hubiese querido librar los viernes, pero no le habían dado la oportunidad, así que debía aguantarse y trabajar, soportando al imbécil cuatro ojos del encargado, Leslie Martin, el hijo del dueño.
-Shapiro, ven aquí- le llamó, desde la trastienda de la heladería. Mike dejó lo que estaba haciendo para ir a recibir otra de las estúpidas broncas de Leslie, que se creía Dios dentro del negocio familiar.
-Dime, Leslie.- El chico, rubio, paliducho y con gafas de culo de vaso señaló un cartel con fotografías de copas de helado, refiriéndose en concreto a uno de los helados.
-¿Qué es esto, Mike?
-Un helado.- Le daban ganas de estrujarlo sólo por haber nacido, pero necesitaba aquel trabajo, así que debía imaginarse a sí mismo dándole de golpes con una tarrina de helado de almendras de cinco kilos en la cabeza.
-No, Mike, es mucho más que un helado, es una obra de arte, una obra de ingeniería construida con dos bolas de helado de chocolate, una de menta, nata montada, chocolate líquido y cacahuetes... es el especial choco-Leslie ¿Y sabes por qué se llama así, Mike?
-Porque tú lo inventaste, Leslie- dijo Mike, cansinamente.
-Exactamente, y me he fijado en que tú no lo preparas tal y como yo te he dicho que lo hagas...
-Leslie, yo...
-¡Ah, ah, ah! Es mi turno de palabra, estoy hablando yo- en su imaginación, ahora mismo Mike le estaba metiendo un kilo de guindas por la nariz.- Los cacahuetes son esenciales, así que no quiero enterarme de que vuelves a sustituirlos por almendras.
-¡Aquella chica era alérgica a los cacahuetes!
-¡Eh, eh, eh! ¿Te he dicho que puedas hablar?- le interrumpió de nuevo, señalando un mural de corcho a sus espaldas.- ¿Qué es eso, Mike?
-El mural del triunfo- bufó Mike.
-Exacto, el mural del triunfo, del triunfo heladero, de la genialidad del dulzor. El día que estés en él podrás modificar tus creaciones como quieras, pero mientras respetarás los helados de la casa y, en espacial, el Choco-Leslie, como yo te ordene ¿de acuerdo?
-Sí...-Trabajar para el dueño, el señor Martin, estaba bien, pero los días que Leslie estaba allí eran insufribles porque la había tomado con Mike y él no se lo podía devolver en el instituto porque haría que le despidieran. Era una verdadera mierda.
-Genial, ahora voy a salir, así que ve ahí y atiende a nuestros clientes con una dulzorosa sonrisa. ¡Y en mi ausencia...! Usa cacahuete rancios, nadie lo notará.
¿Qué coño significaría una dulzorosa sonrisa? Mucha idiotez para tan poco cuerpo... y encima teniendo que usar frutos secos malos.
Tras un par de horas de compras y con un total de seis bolsas de ganas por menos de treinta dólares por cabeza, las chicas estaban listas para meterse entre pecho y espalda un buen helado. Así que subieron a la segunda planta del centro comercial y esperaron a que quedara una mesa libre en Martin's porque no querían ir a ninguna otra parte.
-Te va a quedar marca- le dijo Anna a LB señalándose la parte inferior del ojo derecho. LB imitó el gesto, una estúpida le había dado un codazo en una lucha por una mochilla de cuero que había pasado de veintiséis a cuatro dólares con el descuento.
-Maldita perra, si la llego a pillar, la desgracio- dijo LB, sabiendo que, efectivamente, le saldría un horrible moratón.- Pero la mochila es mía ¿no es preciosa?- preguntó sacándola de la bolsa para admirarla.
-Bienvenidas a Martin's- saludó Mike distraído, antes de darse cuenta de quiénes eran.- Soy Mike y seré su cama...re...ro- mierda, el culmen de la ridiculez. Vera le miró fingiendo sorpresa.
-Mike ¿pero trabajas aquí?- el chico asintió, algo sonrojado, y Anna enseguida le dio una patada por debajo de la mesa que la hizo saltar en el asiento, y es que la muy perra llevaba mocasines y hacían daño.
-¿Cómo le va a tu padre?- preguntó LB.
-Bien... mejor... gracias por preguntar- se hizo un breve pero incómodo silencio que tuvo que romper Mike.-¿Qué os sirvo?
-¿Qué me recomiendas?- preguntó Vera, tratando de coquetear, ganándose otra patada- ¡Y esta vez ¿por qué me das?!
-¿Qué tal un choco-Leslie?- preguntó LB- el nombre es ridículo, pero seguro que está bueno.
-No te lo recomiendo...
-Pues un número cinco- pidió LB.
-Que sean dos- a Vera también le apetecía nada y fresa.
-¿Anna?- preguntó Mike, al ver que era la única que no se decidía.
-No sé, me da igual... sorpréndeme- dijo sonriendo. Mike le devolvió la sonrisa y se fue, aceptaba el reto, quizás podría entrar en el muro del triunfo por eso... bah, seguro que no.
-¿Sorpréndeme?- repitió Vera, mirando a Anna entre ofendida y sorprendida.- Y luego yo soy la putilla...
De nuevo el móvil de LB comenzó a vibrar dentro de su bolso y esta vez se apresuró en responder. Eran más de las siete del viernes y a esas horas era muy raro que no tuvieran plan para salir.
-Tú dirás- contestó, como siempre.
-Liberty Bell... hoy es vuestra noche de suerte- porque quien llamaba ya daba por hecho que las chicas estaban juntas.
-Lucke Miles, como vuelvas a llamarme Liber... así, vas a tener muchos problemas para procrear a partir de ahora.
-LB...LB, paz y amor ¿no es esa la mierda que te va?- preguntó Lucke, que paseaba por la calle, monopatín en mano, de vuelta de hacer skate en el parque.
-Corta el rollo, Lucke ¿qué pasa esta noche?
-Tres palabras: fiesta, piscina y ... bueno, no sé, creí que se me ocurriría una tercera. Esta noche en la casa de los Lisbon- informó.
-Pero se necesita invitación- y era imposible conseguir una, los Lisbon eran unos engreídos niños bien.
-Y gracias a mi, el gran Lucke Miles, las tenéis.
-Joder... ¡Joder!¿Cómo es posible que consigas invitaciones para la fiesta Lisbon y no una novia?
-¿A qué te quedas sin entrar?
-Vale, vale... lo siento¿A qué hora?
-Nueve y media ¿Sabes algo de Mike? Le estoy llamando y tiene el teléfono apagado.
-¿No lo sabes?- preguntó LB.
-Saber qué...
-Mike está currando en Martin's.
-¿Sí? Eso va diciendo Katrina, pero creí que mentía.
-Pues no, estamos las tres aquí. Nosotras se lo decimos.
-Guay, entonces hasta las nueve y media.
-Abur.
LB guardó su móvil y dejó a sus dos amigas expectantes hasta que Mike apareció, sobre todo a Vera, que ardía en deseos de saber qué se cocía en la casa Lisbon. El chico no tardó en llegar con la bandeja.
-Dos número cinco de nata y fresa- dijo mientras servía a ambas chicas- y un especial Mike Shapiro para Anna, espero que te guste- porque era el primero que hacía y lo había hecho especialmente para ella.
-Gracias- de nuevo se quedaron mirando el uno para el otro y se sonrojaron.
-Uy... helado de hormonas- bufó Vera.
-Acaba de llamarme Lucke- intervino LB antes de que Anna terminara de destrozarle la pierna a Vera a patadas.- Nos ha conseguido invitaciones para la fiesta en la casa de los Lisbon.
-¿Los que tienen la piscina dentro de casa?- preguntó Mike.
-Exacto, sus fiestas son más exclusivas que el jardín de Edén, no me preguntéis como Lucke consiguió pases porque no lo sé- era sorprendente.-¿Te apuntas Mike?
-No sé, mañana entro a las once...
-No es muy temprano, puedes ir un rato a la fiesta- sugirió Vera.
-Ya, bueno... mi padre está mal y... mi madre trabaja esta noche.
-Bueno, tienes una invitación, si te decides a ir llama a Lucke- dijo LB, sonriendo. Mike sonrió y desvió de nuevo los ojos hacia Anna.
-Invita la casa- musitó sin perder la sonrisa antes de irse, atentamente vigilado por las chicas.
-Seguro que va al gimnasio... mirad que trasero tiene- dijo Vera, sin siquiera bajar la voz para disimular.
-Rebajas, fiesta y helados gratis, un gran día- concluyó LB- un gran día.
Llegaron las nueve y media y todo el que se preciaba estaba en la fiesta de los Lisbon. A Vera y Anna las acercó el padrasto de la primera en coche, LB llegó a pié y Lucke en monopatín, para variar.
-Tienes que decirme cómo las has conseguida- pidió LB, cuando ya estaban los cuatro ante la puerta.
-A mi no- dijo Vera.- A mi con que me des la mía para entrar me llega.
-Paciencia Vera, aún falta Rory, creo que venía con Kitty- dijo Lucke, mirando hacia los lados para ver si los veía venir.
-¿Con mi hermana...na...na?- dijo LB medio en shock.-¿Ella viene?¿Le has conseguido una invitación?
-No- negó el chico- ella nos las ha conseguido a nosotros. Tu hermana está bien relacionada.
-No me lo puedo creer, será furcia e hija de...
-De la misma madre que tú- la interrumpió Anna antes de que dijera algo de lo que pudiera arrepentirse.- Aunque igual no del mismo padre...
-Ja...ja...ja.
-Le di a Mike su invitación, pero no creo que vaya a venir- informó Lucke- casi mejor, porque Alexander Stonem estará en la fiesta y... ya sabéis lo mal que se llevan- por decirlo finamente, se habían enzarzado más de una vez.
-Esta fiesta promete- dijo Vera siguiendo con la mirada a unos chicos que pasaban a su lado mientras se desabrochaba un par de botones más de su camisa dejando ver su bikini.- Dame mi invitación, yo voy subiendo...