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Historia 34409 — capítulo 11

Abril 14 de 2009

Al otro día, Felipe despertó convencido de que por fin tendría un día tranquilo. Sin embargo, sufriría un sobresalto más. Mientras estaban desayunando, los alumnos notaban un clima extraño en la mesa de profesores, especialmente por parte de la directora y el vicedirector, Neville.

Pero no tuvieron ninguna noticia hasta la hora del almuerzo. Neville se puso de pie, un poco nervioso, para dar un anuncio que cambiaría los ánimos del colegio entero. ― Atención, por favor. Necesito su atención unos momentos, voy a ser breve -en realidad Neville deseaba ser breve-. Tenemos que informar que por razones de seguridad, las excursiones de alumnos de cuarto año en adelante, a realizarse el mes próximo, quedan canceladas. El vicedirector se sentó y bebió un largo trago de lo que sea que había en su copa. Pero las miradas e insultos no estaban enfocados en él, sino en un chico de la mesa de Gryffindor.

Nadie se creía el cuento de la seguridad, y además todos estaban lo suficientemente informados como para saber que quien financiaría las excursiones, aquellos viajes a los países limítrofes que se realizarían ese año era Draco Malfoy, un mago millonario que hacía poco se había convertido en dueño de una empresa mundial. Todos los ojos, incluso los de algunos profesores -especialmente aquellos que iban como acompañantes-, estaban fijados en Felipe. No era extraño. Nicholas había difundido la noticia sobre una posible decisión de los Malfoy para retirar los aportes al colegio si aquel chico que lo había atacado, y, si no fuera por la enfermera, dejado sin dientes, no era expulsado.

Aquel día fue un verdadero infierno. Felipe ya tenía demasiado con ser el centro de odio de los Slytherin, como para que toda la escuela, incluidos algunos de sus compañeros de casa, también lo detestaran. Es verdad, todos odiaban a Nicholas, pero para los estudiantes mayores, ver como se hacen añicos sus posibilidades de hacer un viaje gratuito (que para la mayoría sería inalcanzable económicamente) por un niño de once años, no era de lo más agradable. Durante la clase de Herbología, que los Gryffindor compartían con los alumnos de Hufflepuff, la mayoría de los presentes se empeñó a molestar a Felipe. No importaba que ellos no estuvieran afectados directamente, pero aquel hecho también quitaba la posibilidad de realizar el viaje al ser mayores. Algunos también lo hacían por órdenes de sus hermanos, quienes sí estarían en condiciones de realizar el viaje ese año. El desorden se hizo tan grande que Neville dio por finalizada la clase antes de tiempo.

Sin embargo, no todo fue negro aquel día. Los jueves tenían Defensa contra las Artes Oscuras, clase que compartían, para infortunio de Felipe, con los alumnos de Slytherin. Nicholas estaba allí, con su mirada arrogante. Parecía estar muy feliz por todo lo que estaba pasando. ― ¡Buenos días! -dijo el profesor. Eduard Johanson era de mediana estatura, ni muy fornido ni muy flaco. Era un adulto tipo, como esos que se ven en cualquier lado-. Bienvenidos a la clase de Defensa contra las Artes Oscuras. En esta sala aprenderán los secretos de la magia negra, pues su comprensión es necesaria para poder combatirla. " Defenderse de magos tenebrosos, espeluznantes criaturas o cualquier tipo de peligro es una asignatura casi indispensable para cualquier mago o bruja. " Hoy aprenderán uno de los hechizos más básicos, cualidad que no eclipsa su gran utilidad. El hechizo de desarme, más conocido por su invocación, Expelliarmus, es un simple conjuro que se usa para desarmar al oponente. El ejemplo más claro es hacer que su varita vuele fuera de su alcance, dejándolo sin medios para atacarnos. " Aquellos que gocen de tener una familia de magos, sabrán que es justamente con ese hechizo que Harry Potter mató al mago más tenebroso de todos los tiempos, haciendo que su maldición rebote hacia él mismo. El Expelliarmus es un hechizo muy variable, sus resultados dependen del poder de cada mago. Ahora, basta de charla y a practicar. Necesito dos voluntarios. Mientras tanto, Felipe analizaba en su cabeza lo que escuchaba. ¿Aquel mago que lo había acompañado a hacer las compras había vencido a un mago en verdad tan poderoso? ¿Por qué no lo habrá mencionado? "Debe estar harto de la fama", pensó Felipe. Pero en cuanto el profesor pidió voluntarios, su cabeza volvió al salón. Esta vez estaba decidido a no ser él, pero fue demasiado tarde. Algún alumno de Gryffindor, sin duda ofendido aún por lo que Felipe había hecho, lo empujó hacia el centro. ― ¡Perfecto! ¿Algún rival para el señor? Una risa llegó desde el grupo de Slytherin. Nicholas se adelantó con la varita en alto. Felipe supo que pasaría una vergüenza terrible frente a todos si tenía que hacer un hechizo, puesto que jamás había practicado magia. Sumado a que el rival era aquel que había causado todo el revuelo, una humillación ante él sería realmente devastadora. ― ¿Quién de ustedes convocó, con éxito, el hechizo de desarme? Al ver que nadie respondía, el profesor continuó. ― Perfecto, así todos estarán al mismo nivel. Empecemos con ustedes dos, todo lo que hay que hacer es… ― ¿Y qué ganamos si lo logramos? La pregunta había llegado desde el rejunte de Gryffindor. Charlie estaba interesado en algún tipo de premio. Por cierto, Él, junto a Frank y Silvia era uno de los únicos que aún se hablaba sin rencores con Felipe. ― Oh, bien… No había pensado, pero les tengo una propuesta. Aquel que logre desarmar a su rival en el primer intento, se lleva cincuenta puntos para su casa. Durante el primer día de estadía en Hogwarts, además de sus clases normales, los alumnos de primer año tuvieron una pequeña reunión con la directora, quien les explicó todo lo que necesitaban saber. Felipe vio una oportunidad en esos gloriosos cincuenta puntos, al menos podría recuperar el aire de calma por parte de los miembros de su casa -aunque los mayores no se olvidarían fácilmente del viaje- si hacía algo bueno. ― Lo cual -continuó el profesor-, si me piden opinión, es muy difícil. ― Y aún más para la clase de personas que jamás ha realizado magia, o que jamás ha visto realizar magia -dijo Nicholas, refiriéndose a Felipe. ― Eso no tiene por que ser así -replicó Eduard con severidad, comprendiendo la indirecta-. El tipo de ascendencia no influye en el poder de un mago. Bueno, volvamos al hechizo. Todo lo que tienen que hacer es apuntar a la varita de su rival y pronunciar el conjuro. Repitan con migo. Expelliarmus -el profesor dijo la última palabra un poco más lento que el resto de la frase, y después todos lo imitaron-. Deben decirlo con voz alta y clara. ¿Listos ustedes dos? ¿Quién va primero? ― Yo voy. Nicholas había reaccionado antes que Felipe, y ahora se preparaba para intentarlo. Se pararon frente a frente, mirándose a los ojos. Nicholas se estaba concentrando lo más que podía en realizar correctamente el hechizo. Felipe se obligaba a si mismo a no soltar la varita, no lo haría, por más que un huracán le atacase la mano. Finalmente, el profesor dio la orden. ― ¡Expelliarmus! Pero para sorpresa de Felipe, su varita no se movió. Tampoco había sentido que intentara escurrirse entre sus dedos. Nicholas había fallado, y estaba furioso. Era su oportunidad. Esta vez fue él quien se concentró. Pensó en todo lo que aquel chico de Slytherin le había hecho pasar aquel día, también en cuánto se había burlado por su inesperado percance con el Sombrero Seleccionador. No olvidaba que lo había insultado y llamado cobarde, y entonces supo que era el momento. ― ¡Expelliarmus! ¿Se habría concentrado demasiado? No sólo la varita de Nicholas salió disparada, sino que el chico mismo fue despedido hacia atrás, chocando contra una de las paredes. El profesor corrió directamente hacia él y comprobó que aún estaba consciente, aunque tenía un brazo fracturado. Todos los alumnos de Gryffindor estallaron en vitoreos. Todos. Incluso aquellos que lo había insultado y molestado, sí, todos.

Los gritos de dolor de Nicholas se hicieron oír por los pasillos del castillo. Sus insultos hacia Felipe, sus amenazas y sus lloriqueos alarmaron a más de un profesor, y a algún que otro fantasma que pasaba por ahí. Finalmente pudieron dejarlo en la enfermería, lugar que ya había visitado hacía muy poco tiempo, también a causa de Felipe.

La noticia no tardó en expandirse por el colegio. Para la hora de la cena, todos sabían lo que había ocurrido. Como era de esperar, los Slytherin lo molestaban e insultaban, si es que esto era posible, aún más. Pero los miembros de las demás casas, incluso algunos mayores, se reían cada vez que algún alumno de primer año imitaba la reacción de Nicholas. Ya se sabía, todos odiaban a Nicholas. Esas circunstancias, y el hecho de haber ganado cincuenta puntos para su casa, hizo que Felipe estuviera más tranquilo y le permitió tomar más confianza. Así, pudo dormir con paz aquella noche, y a la otra, y algunas más que sucedieron a la siguiente. Pero algo importante había sucedido aquel día, y quizás ni Felipe ni Nicholas se habían percatado, pero la rivalidad entre ellos estaba oficializada.

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