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La lista dorada — capítulo 1

N/A: Bueno, otro fic; uno que quizás les haga decir ¿¡EH!? ¿Qué le pasa a ella? en fin; espero que les guste. Me he inspirado, por que mi papá me prestó una agenda cuadrada y pequeña que es de; color oro. En realidad, era para hacer unas diligencias, y ahora yo la uso para esto pero; es divertido. Besos. **LA LISTA DORADA.**Disclaimer: Sólo las ideas y conceptos del fic me pertenecen. Los personajes y demáses son obra de JKR (Aunque estoy por tramitar a Snape ¡je!) Dedicado a las insanas personitas que quiero: Amelia BadGuy, Lady Saraphan, Lady Grayson, S's Lady, Isthar. Muchos biku bikos. Capítulo 1: Estás en mi lista. "¡20 puntos menos señorita Granger!" exclamaba su profesor de pociones, ¿Qué rayos había hecho? ¡Había respondido correctamente la pregunta! Estúpido, engreído, ¡Slytherin! Sí, la perfecta Hermione no podía; pensar en un insulto más denigrante. Que triste, tanto tiempo reprimida.

  • Pero señor.
  • ¿Es que hablo en un idioma distinto Granger? ¡Le he dicho que tiene 20 puntos menos y; ahora va a limpiar todos los calderos! Harry compuso un rostro de odio que, Snape ignoró fácilmente. Ron apretaba los puños detrás de él y, trataba de aplastar su cabeza con dos de sus dedos. Snape lo había dejado solo, atrás en el una mesa alejada. Cuando sonó el timbre de salida, el salón quedó completamente vacío. Como si alguien quisiese quedarse un segundo más con Snape. Tan sólo se quedaron Harry y Ron, dándole apoyo moral a su amiga Hermione.
  • Te esperaremos en el comedor Hermione- indicó Harry.
  • Muchas gracias chicos.
  • Muy tierno Potter, sin duda. La próxima vez trate de mostrar menos empatía en mi clase. Ahora váyase antes de que; quiera formar parte del castigo. Harry no lo observó, ni dijo nada al respecto; tan sólo salió del salón junto con Ron. El segundo hizo una mueca de desprecio, y Harry agradeció que Snape; no la hubiese visto. ¿Perderían todos los puntos en un día?
  • Bien- indicó Snape cuando ya no había nadie dentro- Veamos, los Gryffindor son como 30 y los Slytherin igual; según mis cálculos serán 60 calderos que limpiar. *"Yo también sé sumar, gracias"*Hermione asintió sin, poder encontrar palabras para quejarse. Snape sonrió suavemente y la observó detenidamente por un largo rato. Algo cruzaba por su cabeza, y a Hermione no le gustaba la idea. Se devolvió a su escritorio, y se mantuvo sentado; observándole mientras ella tomaba un cepillo y se inclinaba suavemente sobre el caldero. ¡Rayos! Aquella vista era insoportable, ¿Quién le había dado la idea a Dumbledore sobre las faldas? ¡Ese era el peor invento! Sus blancos y firmes muslos, que se perdían por quien sabe donde. Hermione siguió limpiando el caldero, aún quedaban 59 como ese. ¿Por qué Neville tenía que hacerlo todo pegajoso? Rodeó la habitación para buscar algo con qué despegar aquella masa pegajosa que apestaba a caucho. Hacía un tremendo calor, y su cabello no le facilitaba la oxigenación; así que decidió colocarse una pluma y sujetárselo. También decidió arremangarse las mangas y abrir un poco su camisa. Mala idea, sobretodo para quien la observaba. Pero no podía culparse, Hermione era la que estaba haciendo todas esas cosas. Sólo deseaba que, no se le cayera algo o si no; iba a colocar su renuncia sobre la mesa de Dumbledore. Y entonces, le pareció ver apenas la cinta del sujetador; ¡ya seguro hasta veía cosas! Iba a morirse dentro, tenía que salir; tenía que respirar aire puro. "Sin duda Granger tiene su encanto" "¡Ya basta!"- Profesor Snape, Señor, ¡Profesor!- exclamó la chica, un tanto insegura. "¿Qué diantres?" "¿Quién grita?"- ¿Sí?- preguntó éste escuetamente.
  • Ya he limpiado diez- dijo sobándose la muñeca- ¿Será que me puedo ir? Snape meditó sobre el asiento, admiró de pies a cabeza a la chica. Si seguía haciéndose ideas como esas; terminaría mal. Ya estaba tratando de dejarlo. Hermione le observó levantarse, ¿A dónde demonios iba? Salió del salón dejándola sola y frustrada ¿Qué ella no comía nunca? ¿O era un camello? Aquella sin duda, era la peor forma de olvidar lo sucedido en el pasado. Ya estaba retirado de eso, lo había hecho; por que Lucius "lo había tentado" pero ya estaba harto de ello, y quemaría el último vestigio de esa vida oscura y sin sentido. La imagen mental de la chica, atándose el cabello, estirando la camisa hasta estar fuera de la falda; era ya demasiado. En cuanto saliese de esa clase, iría a buscar a Mcgonagall para que; les colocase suéteres cuello de tortuga. Era apenas una joven, por dios. Si algo debía hacer apenas pudiese; era alejarse de Lucius. Sus idioteces seguramente terminarían por matarlo. Hermione se mantuvo con el entrecejo fruncido, pensando que Snape se burlaba de ella como siempre. Además, no dejó escapar esas miradas que él le estaba dedicando; ¡esas miradas de lujuria que brincaban a través del escritorio! Seguramente, por eso le gustaban tanto los castigos; para mirar a las estudiantes. Era todo un imbécil, sin nada más que hacer; su vida era tan triste y vacía. ¡Y seguramente le encantaban las Gryffindors! ¿O era que en su casa no había nadie que pudiera desear? Seguramente no, todos tan asquerosos y engreídos. Esa iba a ser la última, no se iba a quedar más tiempo castigada, no iba a servirle de entretención. Se sentía totalmente descubierta, trataba de bajarse la falda aunque; esta ya estaba lo suficientemente abajo. Devolvió sus mangas a la posición original y; metió la camisa dentro de la falda hasta lo que más pudo. En un mal momento, había olvidado su suéter en el dormitorio. Comenzó a recoger sus cosas con ira, no estaría allí más de un segundo. Colocó los implementos sobre la despensa y, se propuso a salir lo más rápido posible. Mientras caminaba con andares apresurados, golpeó el escritorio sin querer.
  • ¡Ay!- masculló, sentada en el suelo- ¡Estúpida mesa! Estruendosamente, cayeron los libros, informes y las plumas del hombre. Hermione suspiró, caminando de rodillas para ponerse a recogerlos. Admiró muchos trabajos de otras casas, la mayoría tenían una D y; eran buenos. Pero él era Snape, era el hombre de las D. Hermione dejó de pensar, y siguió recogiendo los objetos. Sin duda, él regresaría y; eso sería demasiado incómodo para su gusto. Terminó de recoger en unos instantes. Sin embargo, algo se deslizó fuera de uno de los libros y cayó sobre su mano. Era cuadrada, pequeña y de un aspecto dorado. No tenía nada afuera, ni una inscripción o dato. ¿Qué era? Hermione ladeó la cabeza y suspirando, trató de alejar la curiosidad. Se levantó y se decidió a dejarla sobre la mesa. Comenzó a caminar hacia la puerta, tratando de imaginarse cualquier cosa. Pero era imposible, Snape era lo suficientemente misterioso como para; desear saber más de él. Mordiéndose el labio, Hermione tenía un pie dentro del salón y otro afuera. ¿Y si la abría? ¿Qué sería lo peor que podía ver? ¿Tácticas de mortífagos? ¿Un amor secreto? ¿Una poción extraordinaria? ¿Cómo matar a Harry? ¿Y qué importaba? total, él no estaba dentro. Sería su culpa, por haberle dejado dentro del despacho; aunque sabía muy bien, que estaba cometiendo un grandísimo error. Se detuvo frente al escritorio, y tomó entre su manos la pequeña agenda. Estaba sellada por ambas caras así que, las separó y las estiró. Había una enorme cantidad de nombres; todos eran de mujeres. Le pareció haber leído nombres conocidos, pero no entendía de qué se trataba. Algunos estaban tachados, otros estaban con comillas y; algunos tenía inscripciones como "la semana que viene" "muy fácil". Otros estaban solitarios en la lista y tenían más de una tachadura. Hermione emitió un suspiro, tratando de buscar el título de aquello. ¿Acaso era una lista de posibles aurores fallecidos? ¿mortífagos fallecidos? Si sobretodo por las triples rayas, ¡tres veces asesinados! pensó ella con una risa sarcastica. Pues bien, continuó leyendo; ¿Qué más le quedaba? Obseró algunos nombres bajo la letra K, figuraba el nombre de Katie Bell, el de Angelina quién; antes había formado parte del equipo de Quiddicth, ¡incluso estaba el de Bellatrix Lestrange! Y entonces comenzó a preocuparse, ¿Para qué diablos era esa lista de nombres? Siguió leyendo. Amelia, una chica que no había oído mencionar jamás y que parecía ir; en el sexto año, en Ravenclaw y su nombre estaba tachado. Continuó pasando las páginas, lo suficientemente extrañada como para; ponerse nerviosa. ¿Por qué Snape había enlistado a las chicas, y las disponía de esa forma? Entonces, giró la lista y leyó en la última página; Hermione Granger. Al verse dentro, su cuerpo se paralizó. Pero, no era por ver su nombre; sino por lo que le seguía ¡Acuéstate con esa sangre sucia! ¿Qué de?- musitó, nerviosa.
  • ¡Señorita Granger!- exclamó el profesor desde la puerta- ¿Qué hace aún aquí? Hermione dió un brinco del susto y, sin saber que hacer; se introdujo la lista en el cuello de la camisa. Snape continuó su camino hacia el escritorio y la observó con cierta curiosidad. ¿Qué estaba haciendo, como para que se sobresaltara de esa forma?
  • Lo siento señor, yo creí que usted.
  • ¡Vayase a cenar!- le espetó, señalando la puerta. Hermione sin chistar, tomó su mochila y comenzó a salir del despacho. No podía verlo a los ojos, no podía luego de haber leído semejante cosa. ¿Acaso Snape lo había escrito? ¿Acaso él quería acostarse con ella? No sabía que pensar, apenas y podía caminar. Todo aquello daba vueltas en su mente, de un tirón había perdido el apetito. Tan sólo, quiso irse a la sala común y quizás; hecharse a llorar como siempre. TBC. P N/A: Sí, lo sé es más loco que una cabra; pero me gusta la idea (y a varias) ¿Y qué si somos un poco sexistas con nuestro querido muñeco Snape? (ni sé por que dije eso) ¡Él se lo merece, luego de lo que le hizo la JK! (Ella me mataría de ver esto) en fin, se cuidan; un beso.