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Historia 34789 — capítulo 14

Epilogo

Llegan pasado el mediodía. A los jardines de una casa enorme y ya deteriorada porque nadie se ha preocupado por ella ya hacía años, es una casa antigua, hermosa y llena de recuerdos. Se sienta a los pies de un árbol y ve a los niños jugar de un lado a otro, correteando con tanta vida que su pecho se aprieta al ver en esos infantiles rostros un antiguo recuerdo. La nostalgia le llega rápidamente, mientras oculta su rostro y descansa sus ojos.

Se escucha un susurro en el viento, un olor conocido, una esperanza demasiado antigua ya. Se irgue mientras siente su corazón latiendo como loco, y corre y escucha gritos de su nombre. Pasos de niños correteando detrás de él, pero ese olor, ese suave olor él lo conoce, él sabe que es. Gira alrededor de unas matas y se pega de frente con la dolorosa realidad.

Allí yace una lapida, blanca como la cal, bajo un hermoso sauce pegando sus sombras a sus habitantes eternos. Y en ella el olor de ellos, ya antiguo, por lo que debieron de haber perecido hacía años. Gime despacito mientras se hecha en la tumba de sus amos, deja escapar un suave lamento porque su ya viejo corazón alguna vez había esperado que fueran por él, y eso jamás ocurriría. Posando su nariz ya vieja sobre la tierra donde habían muerto su querida dueña y su amo.

Escucha las risas de sus jóvenes amos, y luego la seriedad que sus padres le había inculcado ante la presencia de una tumba, uno de ellos, el más grande, se sienta a su lado reconfortando su cabeza con un suave cariño. Él cierra los ojos al escuchar la pura verdad.

"Aquí yace... un amor peligroso y por siempre eterno"