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Historia 34789 — capítulo 13

Batalla...

Los sentí luego de unas horas, y me odie por ser tan lento y poco precavido. Te tome en brazos ya que estabas aun despierta y tapada con una sabana. Los sentí por alrededor y te me amarraste con miedo al sentirlos tú también. Miedo, miedo era lo que yo igualmente sentía. Tu calor era algo que no estaba dispuesto a perder.

Habíamos sido atrapado demasiado rápido, realmente querían acabar con nosotros. Te lleve a la habitación más lejana de la casa, donde podría cuidarte, porque ahora era la hora.

"Te amo", susurre mientras te deje en la esquina. "Te amo" lloraste mientras me besabas dulcemente con tus labios temblorosos. Nuestro ultimas palabras... eso eran.

Solo ahora. Solos cinco minutos y la sala se lleno de siseos, ojos rojos y odiosas miradas de odio, desprecio y dolor.

Eran realmente muchos, pero no importaba, no importaba salir de aquí muerto si viva estabas tu, no importaba, jamás importo.

Te acorralo para poder protegerte. Los demás vampiros están ansioso de poder acabarme, unos con más miedo, otros con respeto, otros más tonto con osadía, y fue a ellos a quienes primero mate. Te escuchaba sollozar con miedo de que me pasara algo mientras descuartizo uno a uno a estos sujetos.

Vi a dos de mis legados, más lejanos mirándome con pena, ellos no podían hacer nada, mi destino estaba escrito en las manos de los antiguos, pero yo también lo era y yo iba a luchar por mi niña, por mi luz, por nada más que ella. Ya no había pasado, ni presente, yo solo quería un futuro tranquilo para ella, lejos de esta guerra, lejos de todo lo que le hiciera daño, pero el destino no es agradecido con lo que han vivido una eternidad.

La sangre de los más jóvenes salta manchado en suelo mientras mis manos descuartizan sus cuerpos frente a ti, pero no importaba con tal de que todo esto terminara de una vez y podríamos tener nuestra vida tranquila. Solo eso deseaba: nuestra vida tranquila.

Pero no pude, no pude y me duele tanto, no pude detener esa emboscada, ¡No pude!, tu cuerpo choco contra la pared con un gemido lastimero, te saque el cuerpo del vampiro de encima de un golpe, mientras otro me lanzaban hacía atrás para no poder ayudarte y la furia llego a mi con un dolor horrible.

Toda mi vida estaba allí, y estaba muriendo, uno de los vampiros había logrado traspasar mi barrera para enterrarte en tu joven cuerpo una estaca de plata, una malvada estaca. Me miraste y caíste por la pared mientras el grito subió por mi garganta matando con dolorosa devoción a los que te habían atacado. Mi garganta se revienta mientras te observó, grito tu nombre en la tranquilidad que asolo de pronto, los encargado llamaban a los sobrevivientes para dejarme. Te llamo y pido perdón, te llamo para que seas fuerte y me lamento, ya no podía hacer nada.

No podía ser verdad, no podía, no podía estarte perdiendo justo ahora, no ahora.

No estoy sintiendo nada, nada más que a ti, te mueres entre mis brazos y no soy capaz de hacer nada, me miras tratando de calmarme y eso me asusta, ¿Por qué lo haces? No lo hagas y la sangre se expande con más ganas. Niego y sollozo, no podía estarte perdiendo, no... no podía. No podía, no quería, eras todo para mi, eras todo, no podía estarte perdiendo así. No...

No podía vivir sin ti, no quería vivir sin ti, no iba a seguir viviendo sin ti.

Tratas de acurrucarte a mi lado, pero ya no hay calor en tu cuerpo. Susurro tu nombre pero no haces nada, estas muriendo y yo contigo. Te levanto con cuidado, cuando uno de mis legados me llama, me pide que ya no hay nada que hacer, que ya no hay nada que pagar, que ya no hay nada que se pudiera hacer, que te dejara. No le contesto porque no hay nada que decir, ya no hay nada.

Espero ahora, junto a ti, la salida del temible sol.

Tu cuerpo ya no tiembla y esta tan helado como el mío, pero aun respiras con dificultad, mis lagrimas siguen manchando tu carita, y mis manos se aferran a tu cuerpo como un salvavidas de la locura, mis sollozos se vuelven roncos, mientras voy procesado que ya no estarás conmigo al despertar, que ya no jugaras con Mizu, que ya no me miraras con ese cariño que solo tu pudiste entregarme, ya no habrá más de ello, ya no más...

Muerte...

El aire era denso, y el frió calaba todo dentro, el dolor era hipnótico en mi cuerpo. Escuche tu grito de dolor y me asuste de que aun en estas condiciones te hubieran hecho daño. Al girar un poco mi cabeza, mareada por el dolor punzante te veo destrozar cuatro de los tuyos de un solo golpe, tus ojos están abiertos de horror y me miras solo a mi. Mis piernas fallan y caigo por la pared mientras escucho en este silencio como me llamas, como tu voz se ahoga llamándome con lagrimas de tu ser. Siento mi olor a sangre por todas partes, y el dolor punzante en mi estomago.

El frió sigue calando todo dentro. Los vampiros se alejan y te acercas a mi, sujetando mi rostro con manos temblorosas y con el olor a muerte en ella, trato de sonreírte para que no me sigas mirando de esa forma llena de dolor, no me gusta verte con tanto sufrimiento. Pero solo una mueca apagada de dolor aparece en mi rostro y no me gusta, no quiero verte sufrir pero parece ser la realidad.

El dolor se extiende por mi cuerpo, ya no siento las manos ni los pies, el frió es tan intenso. Vuelvo a ver como me llamas con tus labios, como el sonido de tu voz quebrada es la de un ángel llorando y los ángeles no deben llorar.

Mis sentidos se abren de golpe y escucho tu voz llamándome y pidiéndome perdón. No lo soporto, no quiero verte sufrir, con una fuerza que ya no había en mi, pero con todo el amor que solo te podía dar ahora, tomo tu perfecto rostro entre mis manos y sonrió, pero eso no parece alegrarte y vuelves gritar con dolor, pidiéndome vanamente que sea fuerte, pero el dolor en mi cuerpo es mucho y cada vez cuesta cada vez más respirar.

Trato de cobijarme entre tus ropas, mientras sollozas mi nombre. Los vampiros ya no peleaban, se habían alejado siendo sombras en las sombras, mientras me tomas entre tus brazos, cierro los ojos, ya que un ángel me cuida. Alguien habla contigo, pero no dices nada y salimos algún lado donde el aire era fresco y suave, me cobijo aun más entre tus ropas, pero ya no hay calor para mi.

Todo es pesado, dolor cubre ya todo mi cuerpo con una pizca de alivio. Ya no hay que luchar, ya no hay que escapar, por que solamente somos nosotros dos, ya no hay nadie más. Trato de hablar pero las palabras revientan en mi garganta y mi boca sabe a sangre. Mis ojos se llenan de lagrimas mientras trato de hablarte pero no puedo, no puedo, ya no puedo decirte que te amo, que te adoro, que mi vida solo había sido buena con tigo y con nadie más. Que eras mi todo, ya no puedo porque ahora yo estoy allí contigo en un estado penoso, yo solo veo como estas cobijándome entre unos árboles, como el sol comienza a despuntar en las colinas, como ya casi muerta entre tus brazos, me besas y me cobijas.

Con el ultimo soplido de mi alma abro los ojos y susurro un te amo, el más profundo y cierto de todos. Me besas y sigues llorando, pero ya no siento las lagrimas que caen en mi rostro, solo escucho tu voz, mientras el sol ya sale dándonos una tumba tranquila.

Tu voz, tu voz que comienza con un: ¿Recuerda cuando nos conocimos?...