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Historia 34820 — capítulo 1
Habían pasado dos años desde la gran batalla de Howarts y la gente había vuelto a sus vidas. A pesar de que aún era muy temprano, el callejón Diagón era un hervidero de gente que iba y venía de una tienda a otra, ya fuera para abrir los negocios o para comprar las cosas necesarias para el nuevo curso que estaba a punto de empezar. Entre todo ese gentío se abría paso George Weasley, que iba corriendo hacia su tienda de artículos de broma Sortilegios Weasley. Cuando llegó ya había frente a su escaparate mucha gente observando los nuevos productos, y por esta razón, en cuanto abrió la tienda esta se llenó de gente que miraba, probaba y compraba todos los productos que vendían. George, ataviado con su chaqueta de escamas de dragón, se dispuso a atender al primer cliente del día: un niño de unos doce años que quería comprar un montón de plumas autocorrectoras. George le miró entre desconfiado y divertido:
-¿Todas estas plumas te vas a llevar?- se aseguró.
-Sí.-dijo el chico muy resuelto.
-No serán para venderlas en Howarts ¿verdad?- en realidad a él no le importaba, pero según la ley mágica debía preguntarlo cuando viera a alguien comprando tal cantidad de producto. "Como si el chaval me fuera a decir la verdad" pensó George divertido.
-No, señor, claro que no. Son para mis hermanos.- contestó el niño muy seguro de sí mismo.
-Me parece bien. Son tres galeones.-el chico le pagó, pero cuando se iba a ir alguien gritó:
-¡Sam! ¿Qué haces aquí?- la seguridad que había tenido el niño hasta ahora se esfumo tan rápido como el color de su cara.- ¡Mamá está preocupadísima! ¡Y yo muy cabreada! ¡Tengo cosas mejores que hacer que buscarte por todo el callejón!-quien había gritado era una chica de unos veinte años, pelo negro muy liso, ojos azules y, en opinión de George, muy guapa. Mientras la chica seguía gritando al tal Sam, George se acercó a unos clientes que había al lado de ellos. Fingía atenderlos, pero su atención estaba anclada única y exclusivamente en aquella chica. La chica se dio cuenta de que George no dejaba de mirarla, aunque lo disimuló. Llevaba ya un buen rato gritándole a Sam, cuando por fin dijo:
-Anda vete…Mamá está en Florean Fortescue. Y como se te ocurra "perderte"…
-¿Tú no vienes?- preguntó el chico desconcertado.
-Yo iré más tarde, mamá ya lo sabe.
Sam salió por la puerta corriendo. La chica, en cambio, se quedó mirando la mercancía de Sortilegios Weasley; o más bien fingía que la miraba, por que la verdad era que, aquel chico pelirrojo que no le quitaba el ojo de encima, le intrigaba bastante.
Cuando George vio que el niño salía por la puerta y, sin embargo, la chica se quedaba, pensó que era el momento de actuar. Se acercó a ella:
-Menuda bronca que le has echado al pobre chaval. Es… ¿tu hermano?-dijo George.
-Sí, mi hermano. Y de pobre chaval tiene poco.-dijo la chica intentando sonar seria, aunque se le escaparon varias sonrisas. George también sonrió y se presentó:
-Soy George Weasley, propietario de Sortilegios Weasley junto con mi hermano Ron.
-Pues encantada, señor Weasley.-dijo sonriendo la chica.-Yo soy Melissa Mathews. Y no tengo tienda ni nada pero estudio último año en la academia de aurores.
-Auror...Aspira usted alto señorita Mathews. ¿No le apetece a usted ir a tomar algo? ¿Una hidromiel, un whiskey de fuego? Por cierto llámame George.
-Pues la verdad es que una hidromiel no estaría mal. Pero como me vuelvas a llamar de usted esa hidromiel va a terminar en tu cabeza ¿entendido?- los dos chicos estallaron en una sonora carcajada.- ¿No tienes que ocuparte de la tienda?
-Mi hermano se puede encargar. ¿Verdad, Ronnie?- le dijo, ya que pasaba por allí.
-Muy gracioso, hermanito.-dijo Ron irónicamente.
George ya estaba listo, así que salió junto con Melissa por la puerta.