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Historia 34820 — capítulo 2
Melissa y George salieron de Sortilegios Weasley. Se dirigieron a una pequeña cafetería que habían abierto un año atrás. Se sentaron en una mesa para dos, uno enfrente de otro, y cuando llegó el camarero ambos pidieron una hidromiel. Los primeros minutos los pasaron callados, hasta que Melissa se decidió a hablar para romper aquel silencio:
-Bueno… entonces el otro chico de la tienda es tu hermano ¿no? ¿Sois sólo dos?- George rió ante este comentario.- ¿Qué pasa, qué tiene tanta gracia?
-Nada, nada. Es que ya me gustaría que fuéramos sólo dos. Somos siete. Bueno, no… ahora seis.-al decir esto su cara se entristeció un poco. Melissa no entendió muy bien que quería decir con eso de "ahora seis", pero había visto la cara de George al decirlo y no sabía si era buena idea preguntar. Aunque no hizo falta pues el chico, al ver su cara de no entender, se lo explico:
-Antes éramos siete, pero durante la batalla de Howarts murió mucha gente, y entre ellos estaba Fred, mi hermano gemelo.-Melissa no sabía que decir, así que únicamente murmuró un lo siento.
-No te preocupes.- dijo George, y cambió de tema.-Por cierto, ¿tú dónde estudiaste? Por que por Howarts nunca te he visto y deberías estar en mi curso, más o menos.
-Estudié en mi casa, me enseñaron mis padres.-explico la chica.- Todos los hermanos hemos estudiado en casa, pero ahora Sam no quiere, dice que quiere ir a Howarts, y claro si el pequeño Sammie quiere ir a Howarts, pues el pequeño Sammie irá a Howarts.-George rió ante este comentario.
-Le cuidan demasiado, ¿no? Con mi hermana Ginny pasaba lo mismo, es la pequeña y además la única chica, así que ya te imaginas el resto. Pero a ella no le gusta nada.
-Sam simplemente es el pequeño, y además con mucha diferencia. Cuando nací yo mis padres no esperaban tener más hijos, pero nueve años después llegó Sam.
-Así que tienes muchos hermanos mayores ¿eh?- y así siguieron hablando un rato hasta que alguien les interrumpió:
-¡Hola, George!- Era Ron, que estaba con Ginny, Hermione y Harry. Los cuatro cogieron sillas de otras mesas y se hicieron sitio como pudieron.
-¿Estos son tus hermanos?-preguntó Melissa.
-Sólo los pelirrojos.-respondió George. Ahora se dirigió a Ron.- ¿Qué haces aquí? ¿Quién hay en la tienda?
-Nadie, George, ya cerramos, llevas aquí toda la mañana.-contestó Ron.
-Sí. Por cierto ¿que hacías?-preguntó Ginny, con una sonrisa pícara.
-Negocios, hermanita, no lo entenderías.- respondió George muy serio.
-Si, ya… y ella es una vendedora de artículos de broma ¿no?-le picó Ron, señalando a Melissa.
-Exactamente, Ronnie, exactamente.-contestó George.
Todos rieron ante este último comentario. Entonces Melissa se levantó de la silla y dijo a George:
-Me tengo que ir, hoy hay reunión familiar en mi casa.- y ahora dirigiéndose a los demás añadió- Encantada de conoceros, pero me tengo que ir.- comenzaba a alejarse de la cafetería cuando George la llamó:
-¿No vas a darme tu dirección o algo para localizarte?
-No. Pero mañana quizás pase por la tienda, espero verte allí.-dijo la chica, sonriendo burlonamente.
Melissa se apareció en la gran casa, en medio de un gran alboroto. No le pareció extraño, su madre se ponía histérica cada vez que recibían visita.
-¡Melissa!-dijo su madre- ¡Ya era hora de que llegaras! Oliver, Zac y Danni ya están fuera preparando la mesa, ve a ayudarles.-Melissa hizo lo que le decía su madre y se dirigió hacia el jardín, donde vio a sus tres hermanos mayores poniendo la mesa. Oliver era el mayor de todos, tenía veinticinco años y era sanador en San Mungo; después iba Zacary, Zac para los amigos, de veintitrés años, trabajaba en una guardería mágica, le encantaban los niños. Por último estaba Danni, de veintiún años, sólo uno más que Melissa, que acababa de entrar como periodista para el Profeta. Ninguno de los tres vivía en casa, sólo habían venido para la comida. Melissa pensó que debía ir a ayudarles y les preguntó qué podía hacer:
-¡Hombre, hermanita! ¡Por fin te dignas a aparecer!- dijo Zac.- Podrías ir trayendo los platos.
-¡Claro, en un segundo están aquí!-sacó su varita y pronunció-¡Accio platos!-al instante una pila inmensa de platos llegó volando desde el interior de la casa.
-Como mamá se enteré de cómo has traído los platos se va a cabrear…-comentó Oliver.-Ya sabes, es la vajilla buena y mamá quiere que la tratemos con mucho cuidado.
-Ya bueno, pero la vajilla está bien y mamá no tiene por qué enterarse, ¿no crees?- contestó Melissa.- Por cierto, ¿quién viene al final?
-La prima Claire con su prometido Drake, y los tíos Steve y Marge con Patty y Ben.
-Oh.-dijo Melissa- No viene mucha gente ¿no? Menos mal. Y si vienen Ben y Patty, Sam nos dejará tranquilos.
-Bueno, nos juntamos trece. Ese número da mala suerte, ¿sabes?-intervino Danni.
-¡Venga, Danni, no me vas a decir que te crees esas supersticiones muggles!
-No, sólo era un comentario.
Entre los cuatro hermanos terminaron de poner la mesa, justo en el momento en el que su prima Claire entraba con Drake por la puerta principal. Media hora después ya hubo llegado todo el mundo y estaban listos para comer. Se sentaron todos en la mesa y empezaron a comer. Melissa no comía mucho, pero todos sus hermanos comían por ella y por ocho más. A la llegada del segundo plato, su tía empezó a hacer las preguntas de siempre:
-Bueno, chicos, ¿y tenéis ya alguien especial en vuestras vidas?-como nadie contestó, Marge empezó a hacer la pregunta uno por uno.-Oliver, tú seguro que tienes a alguien por ahí ¿a que sí?-Oliver se puso rojo como un tomate.-Ohh, que mono, con veinticinco años y aún se pone colorado.-ante este último comentario, Oliver se puso más rojo aún. -Bueno mejor lo dejamos ¿eh? A ver Zacary, en esa guardería en que trabajas seguro que la madre o la hermana de algún niño…
-No, tía Marge, mi corazón aún no tiene dueña.-dijo Zac muy teatralmente.
-Vaya, Catherine, veo a tus hijos solteros a los cuarenta ¿eh?-dijo tía Marge a la madre de Melissa.- ¿Y tú, Danni?
-Tía Marge, ya sabes que sí, me lo preguntas cada vez que vienes.-dijo el aludido cansinamente.
-Cierto, cierto. Lo siento Danni, pero mi memoria ya no es lo que era. Y sólo nos queda mi pequeña Melissa. Dime, ¿hay algún afortunado que ocupe tu corazón?
-No.-negó ella secamente. Pero la verdad es que no era cierto, desde que se despidió de George no había podido dejar de pensar en él.
-¡Uy, uy, uy! ¡Qué rapidez te has dado en negarlo! ¡Eso es que sí que hay alguien! ¿A qué sí? ¡Venga cuéntaselo a tu tía!-Melissa ya no sabía como salir de esta, así que se limitó a preguntar:
-¿Quién quiere postre?-como había supuesto, se armó un gran alboroto en la mesa que hizo que se olvidaran de la anterior conversación.