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Historia 34820 — capítulo 3

Habían pasado un par de horas desde la conversación, o más bien monólogo, de tía Marge, pero Melissa aun no dejaba de pensar en lo que había dicho: *"¿Hay algún afortunado que ocupe tu corazón?"*Tras esas palabras lo primero que se le había venido a la cabeza era la cara de George. ¿Estaría enamorada? No, no, eso era imposible. ¡Si se habían conocido esa mañana! ¿Pero entonces por qué no podía dejar de pensar en él?

Estaba en el sofá, pensando sobre ello, cuando alguien entró al salón. Era Zac.

-No has dicho una palabra en toda la tarde, ¿qué te pasa?- preguntó su hermano-¿No será que sí que hay alguien?

-¡Ay, Zac! No seas pesado, déjame en paz, ¿vale?-protestó Melissa.

-Como quieras.-dijo él- Pero van a venir todos aquí, así que si quieres estar sola te recomiendo que te vayas.

Melissa miró a su hermano y se levantó del sofá en dirección a su habitación. Abrió la puerta de ésta y se tumbó en su cama. Todavía seguía pensando en George. Se le ocurrió que quizás podría ir a verle, seguramente la tienda seguiría abierta. A su madre no le haría mucha gracia que saliese cuando había invitados, pero de todas formas no estaba con ellos así que tampoco importaría mucho. Bajó al salón y llamó a su madre:

-Mamá.-cuando ésta se dio la vuelta para mirarla Melissa continuó hablando.-Voy a salir un rato, ¿te parece bien?

-Sí, cariño, me parece bien.-aunque por la cara que ponía no le parecía muy bien. Probablemente esa noche le explicaría a gritos el deber que tiene el anfitrión de estar en casa con sus invitados. Pero ya se lo había dicho, así que no merecía la pena cambiarlo.

Cogió una chaqueta, pues empezaba a refrescar, y salió al jardín para desaparecerse. Instantes después se apareció en el callejón Diagón, algo alejada de Sortilegios Weasley ya que no quería que George pensara que no podía vivir sin él. Anduvo unos cuantos metros hasta que llegó a la altura de la tienda. Estaba abierta, aunque por poco tiempo: cerraban en diez minutos. "Qué oportuna eres, Melissa", pensó sonriendo. Entró a la tienda y notó que estaba vacía. Solamente estaban George y Ron, revisando las ganancias del día. Estaban tan absortos en ello, que no se dieron cuenta de que Melissa había entrado. Se aclaró un poco la garganta y saludó con un tímido "hola". Al oírlo, ambos hermanos se giraron y saludaron. George se acercó a ella y le preguntó burlonamente:

-¿Qué pasa? ¿No podías vivir sin mí?

-Más quisieras.-contestó Melissa de igual manera. George rió, pero le preguntó:

-¿Tú no tenías que estar con tu familia?

-He conseguido escaparme.-contestó la chica sencillamente.

-Y dime, ¿has venido por algo en concreto?

-No. Simplemente vine aquí, y paseando vi tú tienda y pensé en pasar a saludarte.- "Qué mal, mientes, Melissa, qué mal mientes", se dijo a sí misma. Por suerte para ella, George hizo como que se creía su versión.

-Bueno… pues ya que estás aquí podríamos ir a algún sitio. Si vienes conmigo yo conozco uno.- propuso, inusualmente tímido, George.

*"¿Me está pidiendo una cita? No, no, claro que no. Simplemente iban a ir juntos y sin nadie a… un sitio que conocía George. Sí, simplemente era eso, no iba a hacerse ilusiones con algo que no era cierto."*La voz de alguien la sacó de sus pensamientos.

-¿Me vas a decir algo o vas a seguir así mucho tiempo?- era George.

-Sí, sí. Claro. ¿A dónde vamos?- George sonrío y dijo:

-Tú dame la mano y ya verás.- ahora se dirigió a Ron- ¡Hermanito, cierra la tienda!

Melissa cogió la mano que él le tendía y los dos se desaparecieron. Melissa no sabía a donde iban, pero supuso que estaba lejos pues llevaban ya bastante rato. Se aparecieron en un pequeño valle. Era precioso: la hierba esta completamente verde, había un lago enorme y un montón de rocas que parecían hechas a propósito para que la gente se sentara. Y además no había nadie, estaban solos. Se acercaron al lago y se sentaron cada uno en una roca. Los primeros minutos los pasaron en silencio, contemplando el paisaje, pero de repente, George habló sacando a Melissa de su ensimismamiento:

-¿Quieres bañarte?

-¿Bañarme?-preguntó Melissa confundida.-Pero no he traído bañador, ni nada.

-Bueno, eso se arregla enseguida.-contestó George con una sonrisa.- ¡Accio bañador de Melissa!-instantes después llegó volando un biquini negro de la chica.

-¿Y dónde me cambio? Porque no querrás que me desnude delante de ti ¿no?-objetó.

-Pues la verdad es que no me importaría.-dijo George burlonamente.-Pero ahí tienes una pequeña cabaña donde puedes cambiarte.-añadió rápidamente al ver la cara de la chica.

Melissa cogió su biquini y fue en dirección a la cabaña. Se cambió y cuando salió se dio cuenta de que George ya se había puesto también su bañador. Se quedó mirándole un rato. La verdad es que era realmente guapo y esa sonrisa traviesa que tenía siempre le encantaba. Fue hacia él y le dijo:

-¿Vamos a bañarnos o no?-al oír esas palabras, George fue corriendo a meterse al agua. Melissa fue más despacio: en un principio metió sólo los pies, e intentó ir entrando poco a poco, pero un pequeño empujón de George la hizo entrar de pleno en el lago. Al principio se llevó una sorpresa, por que además el agua estaba helada, pero un momento después empezó a reírse.

-¡Serás idiota!-dijo amistosamente al chico, que ya se había alejado nadando de ella, que empezó a perseguirle. Cuando Melissa le alcanzó, le hizo una pequeña ahogadilla, que este le devolvió en cuando sacó la cabeza del agua. Estuvieron así toda la tarde, jugando en el lago como dos niños.

Salieron del agua cuando ya había oscurecido, y fueron a sentarse en una roca.

-¡Qué frío hace!-comentó Melissa.

-Sí.-estuvo de acuerdo George.-Son las desventajas de bañarse en un lago de noche.

-¿Y entonces por qué me has traído ha bañarme a un lago de noche?-preguntó la chica sonriente.

-Por qué también tiene sus ventajas.

-¿Ah, sí? ¿Cómo cuales?

-Que no hay nadie.-dijo George mirando intensamente a Melissa.

-¿Y por qué no quieres que haya nadie?-sus cabezas cada vez estaban más juntas.

-Para poder hacer esto sin miradas indiscretas.-y los dos se fundieron en un dulce pero apasionado beso.