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Historia 34820 — capítulo 4

-Creo que debería irme.-dijo Melissa, separándose un poco de George. Éste miró su reloj y afirmó:

-Sí, es bastante tarde, la verdad. Yo también debería irme.-ambos se levantaron de la roca sobre la que estaban sentados, y fueron hasta donde estaban sus cosas. Se pusieron la ropa por encima de sus bañadores y se aparecieron juntos en el callejón Diagón.

-¿Mañana nos vemos?-preguntó Melissa.

-Mañana nos vemos.-afirmó George.- ¿Qué te parece si voy a buscarte a tu casa después de comer?-propuso.

-¿A mi casa? ¿Y si mejor voy yo a la tuya?-dijo la chica.-Es que mis hermanos son muy cotillas.-explicó.

-Como quieras.-aceptó George.-Te espero después de comer. Toma, esta es mi dirección.-dijo mientras le tendía un pequeño trozo de pergamino. Dicho esto, cada uno se desapareció hasta su casa.

Melissa se apareció en el salón de su casa, y encontró a su madre esperándola en el sofá.

-¿Qué horas son estas de llegar?-dijo enfadada.-Me tenías preocupadísima. Si vas a llegar tan tarde me lo tienes que decir. ¡Imagínate que hubiese llamado a los aurores para que te buscaran!

-¡Mamá tranquilízate!-pidió Melissa.-Lo siento, el tiempo se me pasó volando, no me di cuenta de que era tan tarde.- su madre parecía ir relajándose poco a poco.- ¿Se han ido ya todos?- preguntó la chica para cambiar de tema.

-Sí, menos tus hermanos que se han quedado a dormir. Están arriba, en la biblioteca, con papá.

-Bien. Voy a verles.

Mientras Melissa subía por las escaleras, oyó las voces de sus hermanos y su padre que venían desde la biblioteca.

El padre de Melissa salió a ver a su hija:

-¡Melissa! ¿Dónde estabas? ¡Tu madre estaba preocupadísima! Y…-antes de que pudiera seguir Melissa le interrumpió:

-Papá, mamá me acaba de decir exactamente lo mismo.

-Ah. Pero bueno, no me has dicho donde has estado.

-Pues… estuve paseando un rato por el callejón Diagón y en un lago.

-¿Tú sola?-se extrañó su padre.

-No… estuve… con un amigo. -dijo Melissa poniéndose roja. En ese momento intervino su hermano Zac:

-Así que tía Marge no estaba tan equivocada ¿eh?-rió- Bueno y ¿nos vas a decir como se llama o no?

¡Yo lo sé, yo lo sé, yo lo sé!-dijo Sam.-Es el dependiente de Sortilegios Weasley ¿a que sí? El que no dejaba de mirarte por la mañana. Melissa se puso más roja todavía. *"¿Desde cuando se había vuelto tan observador el enano?"*pensó. Se dio cuenta de que ya era inútil inventarse otra excusa, así que lo admitió:

-Bueno, sí, estuve con él. ¿Tenéis algún problema?

-Ningún problema, cariño.-dijo su padre.- ¿Cuándo nos lo vas a presentar?-Melissa se quedó en blanco. "¿Presentar? ¿A mis padres? ¿Cómo no se me ha ocurrido? Bueno no sería para tanto ¿no? Después de todo voy a ir mañana a la casa de George y allí veré a sus padres, no será tan diferente."

-No lo sé. Ya le conoceréis.-dijo, respondiendo a la pregunta de su padre.-Me voy a dormir.-añadió para evitar así más preguntas incómodas que seguro que le harían.

Melissa llegó a su cuarto y se tiró en la cama sin siquiera cambiarse. La verdad es que si que estaba cansada, no se había fijado en lo tarde que era ya. A pesar de eso no podía dormir. Estaba nerviosa. Hasta unos momentos antes no se había dado cuenta de que iba a conocer a la familia de George. Ella nunca había tenido un novio "oficial", por llamarlo de alguna manera. Lo máximo que había estado saliendo con un chico había sido una semana. Con George sólo llevaba un día, pero tenía la sensación de iba a durar para siempre. O eso quería ella. Volviendo al tema de la familia, Melissa no sabía muy bien como sería, qué tendría que hacer ella. Esperaba que fuese una presentación simple, y que no la hiciera quedarse a solas con ellos. Mientras le daba vueltas y vueltas al asunto, se fue quedando dormida sin darse cuenta.

Unos débiles rayos de sol entraban por las ventanas, señal de que estaba amaneciendo. La poca luz que daban fue suficiente para despertar a Melissa. "Mierda, olvidé cerrar las ventanas" pensó aun medio dormida. Se fijó en que llevaba puestos unos vaqueros y una camiseta. La noche anterior no se había cambiado. Cogió ropa limpia y aprovechó para ducharse la primera, sin sus hermanos gritándole que terminara pronto. Cuando terminó de ducharse y vestirse, bajó a desayunar. Sus padres y hermanos ya estaban abajo. Melissa no entendía por qué, pero por pronto que se levantase siempre bajaban antes que ella.

-Buenos días.-saludó mientras se preparaba un vaso de leche.

-Buenos días, cariño.-saludó su madre. Los demás estaban demasiado ocupados comiendo como para poder saludar.-Hoy es el último día que Sam desayuna con nosotros.-dijo con un leve deje de tristeza en la voz.-Le voy a echar de menos.

-Mamá, se va a Howarts, no a la guerra.-dijo Oliver, que acababa de tragarse un enorme trozo de bizcocho.

-Lo sé, pero si mi pequeño Sammie se va, no quedará nadie armando jaleo en la casa. Quedará todo muy vacío. Vosotros tres-señaló a Oliver, Zac y Danni- ya no vivís aquí. Y estoy segura de que Melissa también se irá pronto.-Melissa se atragantó un poco por ese comentario, pero lo disimuló con un poco de tos.-Y ahora Sam se va a estudiar a Howarts. ¡Esto va a estar muy silencioso!-rompió a llorar.

-Tranquila mamá.-dijo Zac.

-Sí, vendremos a visitarte.-dijo Oliver.

-Más a menudo, si quieres.-propuso Danni.

-Y yo todavía vivo aquí.-añadió Melissa.

Terminaron de tranquilizar a su madre, y Melissa decidió salir a volar un rato en escoba. Iría por los alrededores de la casa, y así no habría riesgo de que la viera ningún muggle. Fue hasta el almacén donde guardaban las escobas. Había varias escobas viejas, y alguna estaba rota, pero también estaba la que usaba ella, una Nimbus 2000. No era el modelo más moderno, pero era buena y estaba bien conservada. Se la habían regalado por su cumpleaños número 13, siete años atrás. La cogió y según hubo salido del almacén subió a ella. Le encantaba la sensación de volar: sentía como si en ese momento todos los problemas desapareciesen y sólo existieran ella y el viento. Estuvo volando durante más de una hora, hasta que por fin decidió bajar. Se tumbó bajo la sombra de un árbol, hizo un encantamiento para convocar un libro, y se relajó leyendo durante el resto de la mañana. Aún seguía leyendo cuando escuchó los gritos de su madre:

-¡Sam, Melissa! ¡Venid a comer!-sus hermanos mayores se habían ido por la mañana, así que sólo quedaban ellos dos y sus padres. Se levantó y fue hacia la casa. Su padre y su hermano ya estaban sentados a la mesa: cuando se trataba de comida no había quien les ganara. Su madre también se sentó, así que ella hizo lo mismo. La comida pasó tranquila, sin ningún incidente.

En cuanto terminaron de comer y recoger todo, Melissa anunció que se iba:

-No vuelvas muy tarde.-dijo su madre.

Segundos después, Melissa se apareció en un pequeño pueblo. George le había dicho que La Madriguera, su casa, estaba a las afueras de él. No tardó en localizarla. Conforme se acercaba a la casa, la fue distinguiendo mejor. Era de madera, y se notaba que la habían hecho varias reformas, seguramente por causa del crecimiento de la familia. Cuando estuvo delante de ella distinguió un grupo de gente en el jardín de la casa. Lo primero que vio fue a la hermana pequeña de George, Ginny, sentada a la sombra de un árbol al lado de Harry.

-¡Hola!-saludaron los dos al unísono.

-Hola, ¿sabéis dónde está George?-preguntó Melissa.

-En el campo de quiditch, con Ron.-contestó Ginny.

-Vale, gracias.-se despidió con la mano y fue hacia donde le habían indicado. Mientras se iba, aún escucho un murmullo de Ginny.

-¿Lo ves? Te lo dije. Esos dos están juntos.