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Historia 34820 — capítulo 10
**Hola, perdón por la tardanza, pero es que sigo de exámenes y hay que estudiar. Ya estoy terminandolos, así que espero tardar un poco menos para el próximo capítulo.**Melissa se apareció en el Ministerio de Magia, lugar donde se encontraba la Academia de Aurores. Cogió el ascensor, ya que se encontraba varias plantas por encima de su destino, y entre montones de gente y mensajes voladores que entraban y salían del ascensor, llegó. Atravesó las enormes puertas de entrada y se acercó a hablar con algunos de sus compañeros mientras esperaban la llegada del profesor, un viejo auror al que le faltaban un par de años para jubilarse.
-Por favor, siéntense.-dijo mientras se acercaba a su mesa.-Hoy daremos una clase teórica, ya que he podido comprobar que la práctica se les da bastante bien, pero antes de empezar, quería comentarles otra cosa. Están en su último año en esta academia; un último año del que sólo quedan dos meses escasos. Todos ustedes saben que al acabar esos dos meses se presentarán a un examen en dictará si están ustedes o no capacitados para ejercer de aurores. Lo que quiero decirles es que no se desanimen si no logran superarlo este año, siempre pueden volver a intentarlo el siguiente. Pero, ¡ojo! Con esto no quiero decir que no deban esforzarse al máximo y, como decía un viejo amigo mío, "Alerta permanente".
Después de este discurso, volvieron a la rutina de una clase normal, que aquel día trataba de cuando se debía o no modificar la memoria de un muggle.
Cuando terminó la clase, Melissa y algunos amigos de la academia fueron a comer a un restaurante en el Callejón Diagón.
-¿Qué tal los preparativos de la boda? Debe ser estresante tener que ocuparse de todo eso a la vez que preparas el examen final de la academia ¿no?-preguntaba Tracy Daniels.
-Pues la verdad es que algo estresante sí que es, sobre todo con mi madre encima todo el día.-rió Melissa.-Pero se hace lo que se puede.
-Oye, espero que estemos invitados ¿eh?-le decía burlonamente Nathan Willows.
-Tranquilo, Nathan, a ti te tengo reservado un lugar especial en la ceremonia. Hay un armario precioso en el que te puedes esconder para que no tengamos que aguantarte.
Todos rieron, y siguieron comentando la boda durante el resto de la comida, hasta que cada uno se fue por un lado.
Melissa decidió aprovechar que estaba allí para ir a Sortilegios Weasley a ver a George. Estuvo andando unos quince minutos hasta que llegó a la tienda. En ese momento estaba atendiendo a unos clientes, así que esperó un poco hasta que terminó. Entonces se acercó a él y saludó:
-¡Hola!-dijo después de besarle.
-¡Hola!-contestó sorprendido George.- ¿Qué haces aquí? ¿No tenías que ir a la academia?
-Sí, pero ya he salido. Y como he comido por aquí cerca he decidido pasar a verte.-explicó.- ¿Cuánto te falta para terminar?
-Cerramos en una hora, pero no hay mucha gente, así que podría dejar a Ron solo.
-Me parece bien-sonrió Melissa.- ¡Hoy hace un día perfecto para ir a la playa!
-¿A la playa?-se extrañó George.
-A la playa. ¿Has comido ya?
-Sí, he tomado un bocadillo.- Melissa pensó que eso no era comer, pero no dijo nada, ya le haría tomar algo más en la playa.
-Bueno, pues coge tus cosas y vámonos.
Un rato después estaban en una enorme playa. A pesar del sol que hacía, no había mucha gente, pues sólo estaban en abril. Unos diez minutos después, ambos chicos llevaban puestos ya sus bañadores y se dirigían hacia al mar. George se metió de golpe, buceó un poco, y salió a la superficie. Melissa pensó en meterse poco a poco pero, al ver lo rápido que había entrado su novio, decidió mojarse deprisa antes de que él la mojara. Pasaron gran parte de la tarde en la playa, saliendo y entrando del mar. A media tarde, Melissa dijo que tenía hambre y, tras secarse y vestirse, fueron a un pequeño bar que había allí cerca. Al igual que la playa, estaba bastante vacío, únicamente había una familia con dos niños pequeños y un hombre mayor solo en otra mesa, así que no tardaron mucho en ir a atenderles:
-Buenas tardes, ¿qué van a tomar?-preguntó amablemente la camarera.
-Yo quiero un whiskey de fuego.-dijo George. La camarera se le quedó mirando con cara de extrañeza, y justo cuando iba a decir algo, habló Melissa:
-Perdone, era una pequeña broma, traíganos un par de cervezas y unas patatas.-en cuanto la camarera se fue, aún mirándoles con cara de extrañeza, Melissa regañó a George:
-¿Pero que haces? ¡Esto es un bar muggle!
-Lo siento, nunca había estado en uno, no me di cuenta.-se disculpó George.
-Bueno, vale, pero ten más cuidado la próxima vez.
Una vez hubieron terminado de tomarse lo que habían pedido, pagaron y, tras recoger todo, volvieron a sus casas.