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Historia 34820 — capítulo 6

Hola otra vez aquí os dejo un nuevo capítulo. Otra vez me ha quedado muy corto, pero prometo que intentaré hacer el próximo más largo. Y bueno ahora a leer, y a ser posible dejar algún comentario.

Melissa se quedó en estado de shock unos segundos, pero en cuanto se recuperó empezó a oír a su hermano pequeño:

-¡Lo sabía, lo sabía! ¡Es él! ¡El chico de la tienda! ¡Lo sabía, lo sabía!-George se había puesto completamente colorado y no decía nada, pero Melissa ya se hartó de los gritos de Sam y estalló:

-¡¿Te quieres callar, Sam?!

-¡Melissa!-le regaño su padre.-No hables así a tu hermano.

-Perdón.-dijo. Y añadió con una voz falsamente angelical.-Sammie, hermanito querido, ¿querrías hacerme el favor de callarte?

-Mucho mejor.-dijo su padre.-Y ahora creo que tienes que presentarnos a alguien ¿no?-continuó con una sonrisa mirando a George, que ya parecía el de siempre.

-Emm…si. Papá, mamá, este es George Weasley. George estos son mis padres.-este último se acercó a los padres de Melissa y les estrechó la mano. Melissa no pudo aguantar su curiosidad y dijo:

-Bueno, yo ya os he presentado, ¿puedo saber ahora que hacéis vosotros aquí?

-Claro que sí, cariño.-dijo su madre.-El otro día conocí a Molly Weasley en la cola de una librería para que nos firmase un libro Constance McGreggor y hoy nos ha invitado a pasar un rato. "Constance McGreggor, como no" pensó irónicamente Melissa. Desde que Gilderoy Lockhart había dejado de escribir, multitud de magos habían escrito libros intentando parecerse a él, pero sólo McGreggor había logrado ser tan famoso como él. La madre de Melissa había sido una gran fan de Lockhart, y por tanto ahora lo era también de McGreggor.

-Nosotros vamos para dentro.-dijo su padre.- ¿Venís?

-No, no… íbamos a dar una vuelta.-dijo rápidamente Melissa.

-Como queráis. Hasta luego.-y se fueron los tres hacia la casa.

Cuando Melissa y George se quedaron solos, decidieron que sería mejor irse antes de tener más interrupciones. Se desaparecieron hasta el Callejón Diagón y buscaron una cafetería, donde se sentaron y estuvieron hablando toda la tarde, sobre diversos temas de mayor o menor importancia. Hacia la hora de la cena los dos chicos se despidieron y volvieron a sus respectivas casas.

Durante tres meses más las cosas entre Melissa y George siguieron igual. Unos días Melissa iba a casa del chico. Otros era él quien iba a casa de la chica. Muchos días iban al lago donde se dieron su primer beso o a la cafetería donde hablaron el primer día. Hacían todo lo que una joven pareja suele hacer.

Cuando llegaron las vacaciones de navidad Melissa acompañó a sus padres a la estación de King Cross para recoger a su hermano pequeño, que volvía de Howarts para celebrar las fiestas con su familia. Se aparecieron todos en un pequeño callejón cercano a la estación. Entraron todos juntos, pero Melissa se quedó atrás al ver algo. Era una cabeza pelirroja que asomaba de detrás de una columna. Se acercó a ella, y cuando estuvo más cerca pudo asegurarse de que era George. Estaba hablando con un hombre de unos treinta años, no podía escuchar de qué hablaban pero sí pudo ver que le enseñaba algo pequeño. Al principio creyó que sería algún otro artículo para la tienda, pero luego se percató de que cada poco tiempo miraba a su alrededor comprobando que no mirase nadie. La curiosidad pudo con ella y se acercó un poco más, aunque siempre procurando que no la vieran. George había cogido el objeto con una mano, y con la otra sacaba el dinero para pagar al hombre. Cuando Melissa consiguió ver lo que era casi se queda sin respiración: era un anillo de compromiso; y parecía real. *"¿Será para mí?"*pensó. *"No puede ser para otra persona ¿verdad? O quizás sea un anillo de broma, no debería hacerme ilusiones"*pero de todas formas sí que se hizo ilusiones. Se quedó mirando un rato más a ver si conseguía averiguar algo pero no le sirvió de mucho. Un rato después George se dio la vuelta y vio a Melissa. Se quedó sorprendido:

-¿Qué haces aquí? ¿Cuánto tiempo llevas?- preguntó nervioso.

-El suficiente.-contestó Melissa, aún sorprendida.

-Yo… quería hacer esto de otra forma.-dijo algo triste, por que su sorpresa se había arruinado.-Pero si ya lo has visto no tiene sentido esperar.-en ese momento se arrodilló y sacó el anillo que se había guardado en el bolsillo.-Melissa Mathews, ¿quieres casarte conmigo?-dijo con voz solemne.

A pesar de que ya lo había visto antes, el que George se lo pidiera hizo que se quedara nuevamente sin respiración, pero no tardó mucho en responder, con una amplia sonrisa en su cara:

-Si…Claro que quiero.