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Historia 34859 — capítulo 16

Analogía: Razonamiento basado en la existencia

de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.

No éramos tan diferentes, después de todo. Durante la primera charla que habíamos tenido había logrado establecer con facilidad una enorme lista de diferencias entre ellay yo, pero en ese momento, después de lo acontecido hacía unas cuantas horas, después de hablar infinitamente bajo las estrellas, la lista había desaparecido por completo y había logrado descubrir un millón de similitudes que, de hecho, superaban a las diferencias. A simple vista cualquier espectador hubiese sentenciado que éramos completamente opuestos, pero en el fondo, una vez que se indagaba tan solo un poco dentro de la mente de cada uno, se podía determinar con facilidad que teníamos muchos pensamientos en común, así como metas e ideales. Ella quería comprobar que había más al despojarse de las cadenas sociales y yo había aspirado exactamente a lo mismo cuando había iniciado mi viaje; de cierto modo ella escapaba -de lo establecido, de lo sociedad, de lo convencional- y yo… por supuesto, yo también. Ella acababa de experimentar su propio concepto de libertad, podía percibirlo en el brillo de sus ojos, en el tono de su voz, en su sonrisa; yo también había encontrado la forma de experimentar mi término de libertad al poco tiempo de iniciar el viaje, y aunque ahora buscaba desesperado la manera de volver a sentir todo aquello, sabía que ella, con su reciente sabiduría, con todo aquello que había logrado hacerme sentir en tan solo unas horas la noche anterior, sería capaz de devolverme a la vida, de rescatar lo que quedaba de mi alma errante y mostrarme el camino correcto. No era como si le estuviese entregando toda la responsabilidad, pero había algo que me decía a gritos que fuera tras ella a cualquier rincón del planeta, que no la dejara ir jamás, que la amarrara con mis brazos, que le hiciera comprender de alguna u otra manera que eso era lo que necesitaba: ella. Había bastado un segundo, un ínfimo instante perdido en el tiempo la madrugada anterior, para que yo notara que la doncella del Ford Mustang era eso que durante aquellos últimos meses había dado por perdido, ese algo que le faltaban a mis días de errante para completarlos, para que yo volviera a sentir satisfacción al ver una puesta de sol o descubrir alguna pequeña maravilla de la naturaleza.

-¿Le traigo algo?

Una camarera de rostro cansado se acercó a mí sin mirarme, lista para tomar la orden. Pedí un café cargado, sin azúcar. Había llegado mucho más temprano de lo acordado, pero no tenía ningún inconveniente en esperarla (de cierta forma ya había esperado meses por todo eso, ¿qué tanto podría ser media hora o un poco más?). Estaba todo decidido, por supuesto. Nos encontraríamos en ese local a las nueve de la mañana para comer algo rápidamente y luego prepararnos para iniciar un nuevo viaje completamente diferente en el que ambos nos habíamos internado durante el último tiempo. Iríamos a la par por la carretera -ella en su auto, yo en la moto- buscando algún lugar donde poder establecernos, donde iniciar una vida totalmente nueva juntos. No sabía qué resultaría de todo eso, pero en ese momento tenía más que claro que lo único que quería era estar con ella y recuperar lo perdido, nada más que eso. Encendí un cigarrillo mientras la voz de Bob Dylan sonaba en algún rincón del café, recordándome inexorablemente a lo que había vivido con ella…

Well, if you're travelin' in the north country fair,

Where the winds hit heavy on the borderline,

Remember me to one who lives there.

She once was a true love of mine.

…y sonreí como no hacía hace demasiado tiempo, sintiéndome de pronto más vivo que nunca. No éramos diferentes, para nada -no como había pensado-, ¡éramos iguales! El resto de mi vida estaba a punto de comenzar.

Aparqué a pocos metros del café de la tarde anterior con unos cuantos minutos de retraso -habíamos acordado encontrarnos allí a las nueve de la mañana. Él me esperaba sentado en una de las mesas, mirando a través del vidrio lo que ocurría en el exterior con esa expresión que dejaba más que claro que no le importaba absolutamente nada de lo que pasaba frente a sus ojos. Me tomé el tiempo para guardar cada detalle de aquel desconocido, todo aquello que en silencio realmente adoraba: la chaqueta, el cabello desordenado, los ojos profundos, los labios finos, el cigarrillo encendiéndose entre sus labios, el recuerdo de la sonrisa radiante y enigmática.Di un paso adelante sin dejar de observarlo, mientras recordaba fugazmente la maravillosa noche anterior, lo mágica e impredecible que había sido todo, esa extraña sensación de estar en casa cuando al fin sus labios habían alcanzado los míos -como si hubiésemos nacido para esperar ese momento… y de pronto, de un horroroso segundo a otro, algo dejó de sentirse bien, una duda comenzó a forjarse dentro de mi mente y por un momento me vi en la obligación de detenerme completamente a pensar, nada más que eso. Volví a sentarme frente al volante y cerré los ojos, abrumada por la inmensa cantidad de conclusiones que se amontonaban en mi cabeza y por el poder que éstas parecían ejercer sobre mí; bastaba un solo atisbo de duda para que comenzara a verle el lado malo a lo que el desconocido y yo habíamos acordado durante la madrugada. Si bien la noche había sido fantástica -de principio a fin, sin duda-, no podía pasar por alto el hecho de que mi viaje estaba apenas comenzando y aún me quedaba muchísimo por recorrer, demasiado por descubrir y otro tanto de cosas que dejar atrás; él, por otro lado, llevaba unos cuantos años de nómada y simplemente se había quedado sin motivos de peso para continuar con su vida errante, resultándole de pronto mucho más reconfortante el encontrar un solo lugar donde establecerse, donde pudiese disfrutar de todo aquello que lo hacía desarrollar su propio concepto de libertad sin necesidad de viajar físicamente. Y de alguna manera él pensaba que yo podía colaborar con su estabilidad, que comenzando esa nueva vida conmigo todo iba a ser tan maravilloso como lo que habíamos experimentado unas cuantas horas atrás… pero yo no me creía capaz de perderme todo lo que me faltaba por ver para quedarme estancada en el inicio de mi carretera; la idea me parecía horrorosa aunque estuviera él, después de todo había dejado mi vida atrás para descubrir el mundo y decidir qué era lo que prefería -y eso aún no había sucedido.

Mi respiración se aceleró cuando me sorprendí escribiendo una nota de despedida. Era increíble, la verdad. Yo le escribía una nota de despedida a él, al mismo sujeto que había visto marcharse, el mismo sujeto que se había acercado a mí porque había visto algo diferente en mí; el mismo que me había pedido con voz suplicante que nunca lo soltara. Y yo lo iba a dejar, iba a atreverme a seguir mi camino sin él, lo iba a soltar. Pero eso no significaba que iba a dejar de estar con él, ¡por supuesto que no! No podría olvidarlo jamás y esperaba que él tampoco a mí; además, con un poco de suerte volvería a encontrarlo en algún tiempo más y quizás podríamos retomarlo todo…Salí del auto y pegué con cinta adhesiva el pedazo de papel en el asiento de la motocicleta, grabando de paso la imagen del vehículo con la intención de reconocerlo si algún día lo volvía a ver por ahí. Alcé la vista para observarlo por última vez, para recordarlo como un sujeto al que no le importaba nada, alguien que podía estar solo tomándose un café, simplemente perdiéndose en el torbellino de sus pensamientos y teorías. Sin embargo, lejos de encontrarme con la imagen de un hombre despreocupado, mis ojos se toparon con unos increíblemente tristes, de expresión desgarradora y completamente sin brillo. Me estaba mirando. Estaba viendo cómo dejaba la nota en su moto, estaba comprendiendo que planeaba marcharme, que no podía quedarme allí, que no podía estar con él. Su rostro reflejó durante una milésima de segundo una profunda tristeza y desesperación que solo una persona lo suficientemente acostumbrada a sus facciones habría sido capaz de notar -aunque yo lo hice, sin saber exactamente bien porqué o cómo-, para luego dar paso a un desconcierto fingido, un escudo para que yo no supiera que él ya estaba al tanto de lo que estaba sucediendo. Se levantó rápidamente de la mesa y salió corriendo del local, mientras yo subía torpemente al auto para poner en marcha el motor, marcharme de allí y poder dejar atrás esa escena tan…

He's a real nowhere man,

Sitting in his Nowhere Land,

Making all his nowhere plans

for nobody.

El auto pareció quejarse cuando metí mal el cambio para comenzar a andar, pero ¿cómo era posible que precisamente estuviese sonando esa canción? Intenté con toda el alma no mirar por el espejo retrovisor, pero no pude controlar el impulso y acabé contemplándolo embelesada una vez más. Estaba a un lado de la motocicleta con mi nota en la mano, los brazos a ambos lados de las piernas y expresión vacía, cansada; el cabello se paseaba delante de sus ojos con gracia infantil, pero él parecía preocuparse únicamente de mi estúpido Ford Mustang negro alejándose con innecesaria lentitud por la calle principal del pequeño pueblito. Me alejaba, me iba, lo… lo estabasoltando.

He's as blind as he can be,

Just sees what he wants to see,

Nowhere man can you see me at all?