Tituladas 16.2% · 32,298 de 199,415 descubiertas
Rescatado 61.5% · 57,949 de 94,296 páginas identificadas · 57,939/58,568 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 34969 · de

Historia 34969 — capítulo 1

No podía soportarlo más tiempo. Hacía una hora que Melinda se había encerrado en el baño sin dejar entrar a nadie, negándose a hablar con nadie. Podía "oír" sus pensamientos con tanta claridad como si los estuviera pronunciando en voz alta, y eso me consumía por dentro.

El mundo se la venía encima. Durante los últimos dos meses, su cambio había sido radical, por lo menos físicamente, aunque no había sido consciente hasta este momento, cuando también había comenzado a cambiar interiormente. Todo su mundo se había desmoronado, desde el día en que la atacaron por primera vez, y ahora era cuando se daba plena cuenta de todo... La angustia que sentía en esos momentos, era indescriptible, casi rozando en el pánico. Y, se había cerrado en banda a recibir cualquier ayuda, cualquier apoyo...

Yo no podía soportar aquello. No iba a dejar que se encerrase en sí misma. No ahora, cuando más ayuda necesitaba para no perderse definitivamente a sí misma. No podía permitir que eso pasara, antes moriría que dejar que eso ocurriese. Sabía por propia experiencia lo malo que eso resultaba; a ella no le pasaría. No se perdería a sí misma, no perdería su esencia mientras yo viviese, y la eternidad estaba de mi lado.

Nos necesitaba más que nunca...Me necesitaba más que nunca, y no iba a fallarla. El cambio era inevitable, pero no tenía porque pasarlo sola.

Cuando abrí la puerta, utilizando mi fuerza pues había echado el pestillo, seguido de mi familia, nuestras miradas se encontraron y, horrorizado vi el pánico reflejado en su rostro; la plena consciencia que había adquirido en la última hora, habían dado paso a la aceptación, y la aceptación había dado paso a su vez, al pánico ante todo lo que se la avecinaba... lo que se nos avecinaba, más bien, pensé yo.

Como si las fuerzas le fallasen y con cara de horror, resbaló hasta el suelo, donde se sentó. Inmediatamente, la cogí y me la senté encima, abrazándola fuerte. Lo único que dijo, con un hilo de voz, que sonó ahogado, fue "¿Porqué ahora?".

No supimos qué decir. En realidad, nosotros tampoco lo entendíamos.

Sin embargo, algo tenía claro: ella era mi estrella guía, la estrella que brillaba solo para mí, la que me había devuelto a la vida. Ahora yo sería su estrella. Era mi turno de iluminar su camino para que no se perdiera.

Bueno, pues aquí os dejo el prefacio de una historia que hace tiempo llevo pensando y que me gustaría compartir con vosotros, para ver qué os parece.

Es la historia que antes empecé a publicar bajo el nombre de "Sangre en la luna", pero que por diversos motivos, tomó otro rumbo diferente al que pensé en un primer momento, y he estado trabajando en los diversos cambios durante estos días.

 Espero que os guste, aunque no sé... En fin, os agradezco de todo corazón que os molestéis en leerme y en dejar vuestros comentarios (o críticas), si así lo creéis oportuno.

Muchos Besos a todos.