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Historia 35000 — capítulo 1
Hola este es mi primer fic bueno de echo realmente no es Mio hace poco leí un libro y me encanto y decidí hacerlo versión Draco Ginny bueno el libro real mente se llama ** en la cama de un millonario ** y es de la autoraCarole Mortimer y también aclaro que los personajes no son míos son de la fabulosa autora J.K y bla, bla, bla, ya saben todo esoespero que lodisfruten
P.D: como lo vieron es clasificación( mayores de 18 años ) Haci que no me hago responsable por si eres menor de edad te recomiendo no leer esta historia y si a ti no te gusta este genero tampoco lo leas bueno es todo disfrútenlo.
En la cama de un Malfoy*
Capítulo 1
Exquisita mañana
Draco se despertó solo.
Y eso era raro, porque juraría que no estaba solo cuando se durmió, agotado, varias horas antes.
¿Algo sobre una diosa...?
Ah, sí, Ginny: diosa de juventud.
Extraño para ser una traidora de sangre pero desde que entro a la empresa había sentido cierta curiosidad por ella.
Alta y delgada, con una mata de pelo liso y pelirrojo y los ojos de un castaño tan claro que parecían de oro. Extraños e hipnotizadores ojos con un enigmático brillo.
No era que le interesaran sus secretos. Ginny había sido una simple distracción, un medio para olvidar el pasado y todo el dolor que significó el día anterior. Había buscado olvidar, divertirse, y la presencia de Ginny Weasley se lo había permitido. Por lo menos, durante unas horas.
¿Y dónde estaba ella? Fuera seguía oscuro, y las sábanas revueltas seguían calientes: hacía poco que se había ido.
Frunció el ceño al pensar en su desaparición: ¡ese privilegio solía ser suyo! Vino, una cena y una mujer en la cama, pero sin complicarse, y mucho menos dejarla entrar en su mundo privado.
Claro que eso era un poco más difícil cuando la cama era la suya.
Porque ella no vivía sola, recordó él. Así que después de la cena la había llevado a su piso, rompiendo sus propias reglas, para tomar una copa... ¡y otras cosas!
En realidad rompió dos reglas, recordó con una mueca, ya que Ginny trabajaba para él, en la Galería Malfoy de la planta baja.
Pero problemas desesperados requerían soluciones desesperadas y por eso había llevado a Ginny a su casa ante la necesidad de perderse en la belleza de su cuerpo perfecto de largas piernas. Y lo había hecho. Lo había deslumbrado, embrujado por no ser una de esas mujeres sofisticadas con las que mantenía un breve encuentro, además de por la excitación de la noche pasada. Su dolor había quedado anestesiado, incluso borrado.
Draco gruñó al recordar lo del día anterior, se sentó en la cama, intentando borrar de su mente la tórrida escena de sexo, y salió de la habitación dando la espalda a las sábanas revueltas.
Se paró en seco al comprobar que, después de todo, no estaba solo.
Ginny, la diosa, salía de la cocina con un vaso de agua en la mano, su desnudez quedaba oculta únicamente por la larga mata de pelo que le llegaba casi hasta la cintura.
Draco sintió de inmediato despertarse su deseo al ver su cuerpo dorado de largas y suaves piernas, caderas y cintura de finas curvas y pechos firmes Pedía a gritos que la besaran, otra vez.
Se había fijado que ella habíallegado hace unos meses a la galería pero aunque fuera una Weasley. Su belleza era tal que no podía evitar destacar. Pero hasta el día anterior no había hablado con ella.
Y la deseaba de nuevo. Otra vez.
-¿Qué haces? -preguntó con voz ronca.
Ginny se quedó sin habla al verlo. No estaba segura del todo de cómo había acabado en el apartamento de Draco Malfoy. En su cama. En sus brazos.
Se había sentido atraída por él desde que lo vio el colegio se dio cuenta de que lo que sentía por Harry solo era una buena hermandad y de quien real mente estaba enamorada era de Draco de sus ojos, de su cabello, de su forma fría y arrogante en si no supo por que se enamoro de el si siempre había insultado a su familia en especian a Ron pero sabia ahora que lo tenia en frente y desnudo de que estaba Enamorada, o más bien excitada, reconoció tristemente al recordar cada beso y caricia de la noche anterior, completamente a su merced desde el instante en que Draco la tomó en sus brazos.
0 tal vez ya estuviera perdida antes...
El arrogante, frió Draco Malfoy era el dueño de una galería de arte en Londres, donde ella trabajaba, además de otras dos, en París y Nueva York. Su tiempo lo repartía por igual entre las tres y tenía apartamentos encima de cada una de ellas.
Ginny llevaba varias semanas trabajando en su galería cuando vio por primera vez al dueño.
Cuando irrumpió en la sala oeste de la galería hacía cuatro meses, bombardeando con instrucciones a un gerente, Ginny sintió que el aire escapaba de sus pulmones pues desde que salio del colegio no lo había visto.
Medía más de metro ochenta y su cuerpo era flexible y atlético, con su rubio platinadoy largo cabello apartado de su rostro pálido, y sus ojos de un gris profundo. Poseía un cierto aire de salvaje robustez que reflejaba la energía de un tigre enjaulado. ¡E igualmente peligroso!
Nunca, ni en sus más locos sueños, habría imaginado que se fijaría en ella, en una empleada novata, peor aun en una traidora sangre mejor dicho una Weasley .
Pero la noche anterior se había tropezado accidentalmente con él al salir de la galería y, en lugar de la mirada de reproche que había esperado, ambos se rieron y se disculparon. Aun así, se había quedado de piedra cuando él la invitó a cenar, con el pretexto de que, tras varios meses trabajando en la galería, era hora de que se conocieran.
¡Que se conocieran!
Habían hecho bastante más que eso. No había un centímetro del cuerpo de Ginnyque él no hubiese tocado o besado.
Sus mejillas enrojecieron al recordarlo.
Se encontró ante la desnuda perfección de su cuerpo. Un cuerpo que ella había descubierto la noche anterior, pálida, con ningún vello sobre su ancho pecho y las fuertes caderas y muslos.
Espero que no te importe, tenía sed -contestó ella mientras levantaba el vaso en que había bebido.
Draco también tenía sed, pero no de agua. Le quitó el vaso y lo dejó sobre la mesa. Sus ojos se oscurecieron al agacharse para besarla . La miró a los ojos mientras pasaba la lengua por labios, y sintió la creciente dureza de su masculinidad cuando ella gimió y sus ojos lanzaron destellos dorados al arquearse su cuerpo contra el de él.
Era preciosa, una diosa de juventud, y quería perderse en ella de nuevo, no para borrar los dolorosos recuerdos del día anterior, sino porque la deseaba con tal fiereza que sabía que no podría mostrarse delicado con ella. Era imposible. Necesitaba introducirse en ella, y sabía que ella recibiría ese deseo con el suyo propio. Como había hecho antes.
La levantó en sus brazos, hundiendo su lengua en la boca de ella, que le rodeaba el cuello con los brazos mientras sus dedos se enredaban en la rubia cabellera.
Ginny temblaba cuando él la tumbó sobre las sábanas revueltas, y sus bocas se fundieron en una pasion que hiso a ambos llegar a la sima de los placeres desconocidos.
Ginny se tumbó con la cabeza apoyada en su pecho mientras él rodeaba su cintura con el brazo, muy cerca de él.
Ella nunca había sentido algo así. Sus cuerpos estaban perfectamente sincronizados y cuando llegaban al clímax era como un ballet.
Sonrió al pensar en lo feliz que era, totalmente relajada y colmada. Le resultaría muy fácil enamorarse locamente de ese hombre. Suponiendo que no lo estuviese ya. Lo cual, considerando su desinhibida reacción ante él, le hacía pensar que podría ser cierto.
En cualquier caso, se sentía más unida a él de lo que había estado nunca a alguien, y se preguntaba por el futuro. ¿Pasarían el día juntos? Era domingo y no trabajaban. A lo mejor le apetecería que desayunaran juntos. Antes de hacer el amor. Luego, podían dar un paseo por el parque. Antes de hacer el amor. Y luego...
Ginny, agotada y feliz, se durmió.
Draco estaba despierto junto a ella, su cuerpo saciado, pero su mente repentinamente despierta.
Ginny Weasley era preciosa y deseable, y respondía ante él de una forma que le resultaba irresistible. Pero era esa falta de control lo que le advertía que tenía que resistirse a ella. Los grilletes de terciopelo de una mujer no eran para él, ni la agradable intimidad que estrechaba los lazos hasta que uno dejaba de ser dueño de sus pensamientos o acciones. Nunca más. Ésa era la causa del dolor y la desesperación que había intentado borrar la noche anterior.
Y además, era su empleada y se suponía que la odiaba. Algo intocable. ¡Aunque había hecho bastante más que tocarla! Había creado la situación que siempre había procurado evitar.
Desde su divorcio hacía dos años, había conocido a muchas mujeres, las había invitado a una copa y a cenar, se había acostado con ellas y se había marchado sin remordimientos. Ninguna de esas relaciones había durado lo bastante para crear un vínculo, sobre todo emocional. Pero una empleada, y por eso siempre las había evitado, iba a ser un poco más difícil de evitar.
Aún no estaba seguro de cómo iba a tratar el hecho de que Ginny trabajara para él. Lo más fácil sería despedirla, pero no parecía justo que perdiera su empleo por haberse acostado con él. De hecho, la mayoría de las mujeres pensarían que su trabajo sería más seguro después de acostarse con el jefe.
Contempló el rostro que dormía en sus brazos. ¿Por qué había estado Ginny tan dispuesta a irse con él la noche anterior? ¿Por el mismo motivo por el que había vuelto a hacer el amor con él?
Si no era eso le esperaba una desagradable sorpresa.
Nadie, ni nada, sujetaba a Draco Malfoy, y mucho menos una sirena de cabello pelirrojo y ojos castaños.
Ginny se sentía casi intimidada al entrar en la modernísima cocina varias horas después.
Se había despertado sola en la enorme cama de Draco que le había recordado la tórrida escena de amor que allí había tenido lugar, tanto la noche anterior como esa misma mañana. Había recogido su ropa y se había dado el gusto de ducharse y vestirse antes de ir a buscar a Draco.
Él se encontraba en la espaciosa cocina, vuelto de espaldas, mientras preparaba café. Llevaba puestos unos vaqueros desteñidos y una camisa negra.
Ginny observó la musculatura de su espalda y los rubios platinados cabellos que le llegaban a los hombros.
Con 29 años, 1 más que ella, era sin duda el hombre más maravilloso que había visto jamás. No le sobraba ni un gramo de grasa, y sus manos, que tanto la habían acariciado, eran largas y delgadas. Y hacía el amor con una maestría que denotaba una experiencia que ella estaba lejos de igualar pues claro era un Malfoy.
Cierto que había estado casado cinco años, según Susan, otra ayudante de la galería. Se lo había contado hacía tres meses, después de otra visita relámpago de Draco, durante la cual les había abroncado antes de irse a la galería de París a aterrorizar a sus empleados de allí.
Susan le había explicado que él era así a veces, que había tenido un hijo: un niño que había fallecido cuando tenía cuatro años. Su muerte había precipitado su divorcio hacía dos años y Draco se hundía a veces en el torbellino de un infierno de emociones.
No era de extrañar. Ginny no podía imaginarse nada más traumático que lamuerte de un hijo. Pero esos retazos de información sobre su jefe no habían hecho sino aumentar su interés por él.
Le había observado a hurtadillas durante sus visitas a la galería. Le había visto sonreír sólo ocasionalmente, aunque una vez se rió abiertamente, lo que suavizó la expresión de su rostro dándole un aspecto casi infantil, salvo por el profundo gesto de dolor que nunca abandonaba sus ojos.
De vez en cuando irrumpía en la galería, con su vitalidad y energía, dejando a Ginny fascinada y perpleja, para luego desaparecer con la misma vitalidad.
Pero nunca se habría imaginado Ginny que la invitara a cenar como lo hizo, ni que pasaría la noche con él en su apartamento.
Draco presintió la llegada de Ginny a la cocina, y notó su silencio, de pie tras él, mientras seguía preparando café para retrasar el inevitable momento de la conversación. Conversación que a él se le antojaba inútil tras pasar la noche con una mujer.
Para él, la mañana después siempre había sido lo peor de las breves relaciones que había tenido desde su divorcio. ¿De qué se suponía que tenían que hablar? ¿Del tiempo? ¿De quién ganaría el campeonato de tenis ese año? ¿Del torneo U.S.A. de golf?
Pero la alternativa era hablar sobre volverse a ver: algo inaceptable para Draco. Sobre todo en ese caso. Comprendía que había cometido un terrible error, y no tenía intención de enmendarlo con la pretensión de que su relación, ¿aventura de una noche?, tuviera algún futuro.
«Bueno, llegó el momento», pensó Draco mientras se volvía hacia ella. Cuanto antes acabara con eso, antes podría proseguir con su vida.
Ella llevaba puesta otra vez la blusa de seda negra y los ajustados pantalones del día anterior, y su cabello caía sedoso por los hombros. El maquillaje pretendía, aunque no conseguía, ocultar el enrojecimiento de sus mejillas, allí donde su barba y la intensidad de sus besos habían marcado su cremosa piel.
¡No iba a continuar! Tenía que dejar de pensar en lo salvaje y dispuesta que había sido esa mujer en sus brazos. De lo contrario acabarían de nuevo en la cama.
-¿Lista para marcharte? -preguntó sin darle importancia- ¿0 prefieres tomarte antes un café? -dijo mientras sujetaba la cafetera.
Ginny frunció el ceño ante tanta brusquedad. No podía esperar más para echarla. Se esfumaba la esperanza de pasar el día juntos, hablando, riendo y haciendo el amor.
-No... Gracias -rechazó el café mientras se preguntaba si él esperaba que se marchara sin más.
Se produjo un incómodo silencio.
«¿A qué espera?», se preguntó Draco. Le había ofrecido café, ella lo había rechazado y lo mejor para ambos sería que ella...
-Yo... será mejor que me vaya -dijo ella torpemente al notar la urgencia de él, pero en un tono inquisitivo: como si esperara que él le pidiera que se quedara.
¿Para qué? Habían cenado. Habían hecho el amor. Habían disfrutado. Y se había acabado. ¿Qué más esperaba de él? Porque él no tenía nada más que ofrecer.
-Mi compañera de piso seguramente se preguntará dónde estoy -añadió contrariada.
Draco no se había molestado la noche anterior en preguntarle si estaba comprometida, o si por lo menos tenía novio. Había estado demasiado reconcentrado en su propio dolor.
Pero en esos momentos sentía curiosidad. No parecía la clase de mujer que engañara a su pareja. Pero tampoco le había parecido la clase de mujer que se acostaría con él ¡y cómo se había equivocado!
Ginny pensaba que la situación era muy incómoda y no sabía exactamente cómo debía comportarse la mañana después de la noche anterior. Seguramente porque había pasado mucho tiempo desde la última mañana después de la noche anterior.
No era que fuera completamente inexperta: había mantenido una relación hacía unos 3 años, con un compañero de launiversidad. Pero nunca había pasado la noche en el piso de un hombre, y ese hombre era Draco malfoy, su jefe desde hacía seis meses, haciendo que la situación fuera aún más incómoda.
-¿Seguro que no quieres café? -suspiró Draco aliviado ante su sugerencia de marcharse, mientras se servía una taza sin leche ni azúcar.
Ginny reconoció tristemente que la insistencia de la invitación parecía más una cortesía que otra cosa, mientras Draco se sentaba a beberse su café sin siquiera dirigirle una mirada.
La noche anterior se había visto completamente rodeada de las atenciones de ese atractivo y seductor hombre y no se podía creer su buena suerte cuando él pareció mostrar su mismo interés. Pero iba a tener mucho tiempo para arrepentirse si ese comportamiento distante iba a ser la tónica general.
Era el momento de acabar con esa situación embarazosa...
-Entonces me voy -dijo alegremente-. Gracias por... la cena -añadió torpemente.
«Y por todo lo demás», pensó, sin decir nada. Después de la noche anterior, eso era demasiado incómodo. Si eso era lo que se sentía a la mañana siguiente, no tenía intención de repetirlo.
Draco advirtió con una punzada de irritación que ella lo miraba perpleja por su brusquedad. Esos increíbles ojos castaños reflejaban recelo, y sus mejillas habían palidecido ante su evidente falta de entusiasmo.
¿Qué esperaba ella? ¿Que le hiciera un juramento de amor eterno? ¿Que asegurara que sería incapaz de vivir sin ella y que la invitara a viajar con él a Nueva York esa misma mañana?
«Maldita sea», pensó. «¡Esto es la vida real y somos adultos, no unos niñitos románticos!»
Los dos se habían divertido, pero eso era todo.
-Vuelvo a Nueva York esta misma mañana -dijo él-, pero te llamaré ¿de acuerdo? -añadió sin ninguna intención de cumplirlo.
Nunca debía haberse involucrado con una empleada, y no tenía intención de arreglarlo volviendo a tener una cita con Ginny.
No le cabía duda de que si volviera a ver a Ginny fuera de la galería, acabarían de nuevo en la cama. Incluso en esos momentos, cuando miraba su boca y ese cabello rojizo, las sinuosas curvas de su cuerpo bajo la blusa de seda y sus pantalones ajustados, sentía despertarse el deseo por ella.
Ginny comprendió que la estaba echando. No era tan ingenua como para no saber que cuando un hombre decía ya te llamaré después de una noche, y sin siquiera pedirle el número de teléfono, significaba que no tenía intención de ponerse en contacto con ella nunca.
Claro que en ese caso era algo distinto porque, si quería, podía conseguir su teléfono de la lista de empleados de la galería. Pero, por su tono carente de interés, ella sabía que no iba a hacerlo.
Después de la excitación de la cena la noche anterior y las horas pasadas haciendo el amor, la manera en que la había echado esa mañana había sido la experiencia más humillante de su vida.
¡Tenía que salir de allí ya!
Draco observó que ella estaba a punto de largarse sin decir adiós. Y eso era lo que él quería, ¿o no? Frunció el ceño mientras pensaba que no le gustaba ser el receptor de la despedida. Él siempre había sido el que se marchaba, no al revés.
-Adiós, Ginny -sonrió mientras atravesaba la cocina para rodearle la cintura y atraerla hacia su protuberante dureza, sin disimular su erección.
Ella lo miró con inseguridad.
«Demonios, qué bonitos ojos tiene», pensó Draco. Qué bonito lo tenía todo, si su memoria no le fallaba. Y sabía que no.
A lo mejor podían volverse a ver...
«¡No! No seas idiota, Draco», se reprendió a sí mismo. Era mejor dejarlo como estaba.
Dejarlo y esperar que con el tiempo ambos olvidaran que esa noche había existido.
¡Eso era exactamente lo que iba a hacer!
Hola bueno este es mi primer fic espero que les guste dejen su comentarios pero no sean tan malos recuerden que es el primero que escribo. prometo actualizar pronto