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Historia 35000 — capítulo 2

Hola cono estas y como lo prometido es deuda aki les va el sig. Capitulo espero que les guste los veo al finala resuerden que la his original se llama ** en la cama de un millonario ** y es de la autoraCarole Mortimer y también que los personajes no son míos son de la fabulosa autora J.K y bla, bla, bla,

Disfrutenlo

P.D: como lo vieron es clasificación( M ) Haci que no me hago responsable así que si eres menor de edad te recomiendo no leer esta historia y si a ti no te gusta este genero tampoco lo leas bueno es todo disfrútenlo.

En la cama de un Malfoy*

Capítulo 2

El retrato


SEIS semanas después, Ginny todavía esperaba la llamada que Draco le había prometido. Había sido una estúpida por pensar que él llamaría, y varias conversaciones mantenidas con Susan le habían confirmado que Draco Malfoy no se comprometía con ninguna de las mujeres con las que salía.

También según Susan, desde su divorcio, las mujeres con las que se había liado eran legión y ninguna de ellas, había puntualizado Susan, como si supiera que el interés de Ginny no era casual, había sido empleada suya.

0 habían dejado de serlo enseguida, decidió Ginny.

De hecho, llevaba seis semanas esperando ser despedida de la Galería Malfoy. Aunque en esos días no era tan fácil despedir a la gente, ella no tenía dudas de que si Draco la quería fuera, encontraría el modo de hacerlo.

El que se le esperara, por fin, la semana siguiente en Londres para inaugurar una exposición no ayudaba a Ginny a concentrarse en su trabajo.

De hecho, ese día estaba especialmente torpe, y no hacían más que caérsele las cosas al suelo. Ella sabía bien el motivo de su creciente nerviosismo.

La inminente llegada de Draco la alteraba.

Debería haberse dado de baja unos días. Además, no se sentía bien y no había probado bocado en todo el día. Su ansiedad ante la perspectiva de ver a Draco aumentaba día a día.

Sin embargo, no entendía el motivo de su nerviosismo. Al fin y al cabo, había sido Draco el que la había invitado a salir. Y ella no había vuelto otra vez a su apartamento, de hecho...

-¿Ginny? -sonó en su oído una voz familiar tras seis semanas de silencio.

Ella se giró bruscamente, dejando caer las tarjetas que preparaba para la exposición de la semana siguiente.

-Lo siento -murmuró mientras se agachaba para recogerlas con manos temblorosas y recuperaba la compostura.

¡A Draco no se le esperaba hasta la semana siguiente!

-¿Qué haces aquí? -le preguntó con el brillo dorado de sus ojos resaltando en su pálido rostro.

-Puede que te hayas olvidado, Ginny -él le devolvió la mirada burlonamente-, pero resulta que ésta es mi galería y tengo un piso en la última planta de este edificio. ¡Puedo venir aquí cuando me dé la maldita gana!

Eso era cierto, pero si ella hubiera tenido conocimiento de su llegada antes de lo esperado, no habría actuado así. Se sentía completamente torpe.

Durante las seis semanas de ausencia de Draco, ella había pensado mostrarse fría y digna cuando él volviera, sin hacer la menor referencia a la noche que habían pasado juntos en ese edificio...

-Vayamos a mi despacho -añadió Draco sin ocultar su impaciencia-. Quiero hablar contigo.

Seguía con el mismo aspecto. Su piel pálida estaba igual, sus ojos grises igual de inteligentes, y su pelo rubio, aunque parecía algo más corto, aún descansaba en sus hombros. Elegantemente vestido con un traje gris oscuro y una camisa blanca y corbata de seda gris, parecía que lo tenía todo bajo control.

De hecho, su aspecto respondía exactamente a lo que era: el multimillonario dueño de tres prestigiosas galerías de arte.

En esos momentos, Ginny se preguntaba cómo pudo haber pensado jamás que él se interesaría seriamente por ella.

-¡Ginny! -la apremió ante su silencio.

Ella se comportaba como una idiota, allí de pie, mirándole, incapaz de decir nada ante su inesperada aparición.

Respiró hondo e intentó comportarse con naturalidad. O lo más natural posible cuando se tenía delante al hombre que había llenado sus sueños las últimas seis semanas.

-¿Qué puedo hacer por usted, señor Malfoy? -le preguntó con calmada eficiencia.

-Puede subir a mi despacho conmigo -repitió él con firmeza-. ¡Ahora! -añadió sin siquiera esperar su respuesta y mientras se giraba bruscamente y salía de la habitación.

Susan lanzó una mirada inquisitiva a Ginny mientras ella seguía a Draco, y Ginny se encogió de hombros en respuesta.

Porque en realidad no sabía qué pasaba. Habían cenado juntos, habían pasado la noche juntos, pero no se lo había contado a nadie, ni había intentado ponerse en contacto con él. Así que ¿cuál era el problema?

Cuanto más pensaba en ello, y en su profundo silencio al subir las escaleras delante de ella, más enfadada se sentía.

¿Acaso había esperado que ella dejara su trabajo por haberse acostado con el jefe? ¿Por eso estaba tan enfadado? ¿Porque no esperaba encontrársela allí a su vuelta?

Eso le parecía bastante injusto.

A ella le encantaba su trabajo y le gustaban las personas con las que trabajaba. Además, nada de todo eso era culpa suya. ¡Maldita sea!

Draco la miró irritado mientras cerraba la puerta de su despacho. A no ser que se equivocara, por el brillo de sus ojos y el rubor de sus mejillas, se encontraba ante una joven muy enfadada.

Él se apoyó en el borde de la mesa de mármol italiano que más de un cliente había intentado comprar, aunque siempre se había negado a venderla porque hacía juego con el resto del despacho, austero y con las paredes forradas de madera, aunque había un enorme ventanal con vistas sobre el río.

-¿Por qué estás tan enfadada? -dijo lentamente mientras la miraba con ojos burlones-. ¿Porque acabo de ser bastante poco amable contigo? ¿0 porque no te he llamado en dos meses? -la miró desafiante.

-Seis semanas -le espetó ella instantes después con las mejillas ruborizadas.

-Da igual -se encogió de hombros, sabiendo exactamente cuánto tiempo había pasado, pero sin intención de reconocerlo ante ella.

Habría jurado que Ginny sería como las demás mujeres que había conocido los últimos dos años: disfrutadas y olvidadas. Pero, por algún motivo inexplicable, con Ginny no había sido así. No conseguía olvidar esos ojos castaños ni ese cuerpo sedoso. Y eso le irritaba profundamente.

El fulgor de su cálida mirada y la manera de apretar esos sensuales labios, le indicó que con su actitud sólo había logrado aumentar su ira. Lo cual no le afectaba especialmente.

Por lo menos, no en lo referente a los negocios.

A nivel personal, su reacción le resultaba condenadamente sexy.

Estaba muy guapa aquel día, vestida con una blusa color crema, metida dentro de una ajustada falda negra que le llegaba a la rodilla, mostrando sus largas y sedosas piernas.

Lejos estaba ya su incumplida promesa de llamarla, su seguridad de que cuando volviera a la galería de Londres habría olvidado a Ginny Weasley. Incluso antes de ver el cuadro sabía que había fracasado.

La boca de Draco se torció en una mueca mientras miraba hacia el cuadro que había colocado en un lado del despacho, cubierto para protegerlo, pero también para que Ginny no lo viera hasta que él no estuviese preparado para enseñárselo...

Ginny miró cáusticamente a Draco y, aunque se estremecía por dentro, se sujetó las manos para que él no notara el temblor.

-Lo siento... ¿se suponía que ibas a llamarme? -contestó con toda la frialdad de que fue capaz.

Y fue bastante, a juzgar por la expresión que asomó al rostro de él.

-De acuerdo, Ginny, olvida eso de momento -dijo él-, y cuéntame lo que sabes de Andrew Southern.

Ella frunció el ceño mientras intentaba recordar los datos más relevantes sobre el artista, sin comprender la pregunta de Draco, a no ser que intentara demostrar que no era una profesional y despedirla por ese motivo.

-Inglés -tragó saliva-, nacido en 1953. Empezó a pintar hacia los veinte años, sobre todo retratos, pero luego se pasó a los paisajes, y más recientemente a la naturaleza de Alaska.

-¡No te pido la biografía de ese tipo, Ginny! -gritó bruscamente mientras se ponía en pie-. Te he preguntado qué sabes de él.

-¿Yo? -pestañeó dando un paso atrás ante su furia-. Te acabo de decir lo que sé de él.

-No seas tímida, Ginny -la interrumpió de nuevo con ojos burlones-. No te pido los detalles, sólo que me confirmes que le conoces y si puedes contactar personalmente con él.

Ella estaba completamente confusa. Esa conversación no parecía tener nada que ver con aquella noche de hacía seis semanas, ni con un empeño por su parte en demostrar su incompetencia. Parecía tener que ver con el artista Andrew Southern, a quien ella admiraba, pero nunca había conocido en persona.

Draco se dio cuenta de que ella jamás admitiría esa relación. El tipo ése era lo bastante mayor para ser su padre y a lo mejor por eso ella no quería hablar de él. En cualquier caso, Draco llevaba años intentando organizar una reunión con el artista, pero ni con el respaldo del nombre de Draco Malfoy, ni con el de la propia galería lo había logrado. Y al parecer, Ginny podría ser la clave de todo ese asunto.

Había pasado de decidir si dejar de ver a Ginny para siempre o llevarla de nuevo a su cama, a descubrir que tenía que pasar por ella para lograr acercarse a Andrew Southern.

-Mira, Ginny, volvamos a empezar, ¿de acuerdo? -razonó amablemente-. Admito que hace seis semanas crucé la línea entre jefe y empleada contigo, pero reconocerás que no opusiste demasiada resistencia.

Ginny lo miró burlonamente. Si ésa era su manera de disculparse por la noche que habían pasado juntos, o por no llamarla por teléfono, era bastante floja. Además, si una disculpa por aquello era insultante, una disculpa improvisada por lo de ese día resultaba claramente inadecuada.

Se había sentido tan mal las últimas seis semanas, preguntándose en qué se había equivocado, qué había hecho para que Draco ni siquiera la llamara o quisiera verla...

Y en esos momentos aparecía inesperadamente, dando por zanjada aquella noche como si no hubiera sido más que la satisfacción de una breve y mutua atracción, antes de pasar al tema de Andrew Southern: un artista de gran reputación, y muy reservado, desde hacía muchos años.

Comprobó lo poco que conocía a Draco Malfoy.

-¿Eso es todo? -lo miró fríamente.

-¡Por supuesto que no! -rugió él para luego respirar profundamente-. ¿Intentas molestarme a propósito? -la miró con los ojos entornados.

-¡Parece que lo hago sin siquiera intentarlo! -exclamó ella.

-Ahora entiendo por qué resultabas tan intrigante aquella noche -Draco se relajó y en su rostro apareció una sonrisa.

Eso no era lo que ella quería oír. En esos momentos no. No en ese lugar.

La primera semana tras su marcha a Nueva York, Ginny no había parado de recriminarse por lo sucedido, necesitando desesperadamente la llamada de Draco para borrar esos pensamientos negativos.

Estaba enamorada de él, totalmente cautivada físicamente por él, a pesar de ser una mujer moderna del siglo XXI.

No había hecho nada malo al pasar la noche con un hombre que le resultaba tan atractivo, y que también la deseaba a ella. Pero a medida que pasaban las semanas, su seguridad disminuía. Y en esos momentos, frente a Draco, había desaparecido por completo.

-Puede que lo mejor sea que ambos olvidemos aquello, ¿no? -dijo ella con una mueca.

Draco no pudo evitar sentirse irritado ante la ligereza con que zanjaba la cuestión.

De acuerdo que se había apresurado a echarla de su apartamento por la mañana hacía seis semanas, y que no la había llamado, tal y como prometió hacer, pero era un golpe para su ego descubrir que ella estaba tan dispuesta a olvidarse de aquello como lo había estado él a olvidarse de ella.

¿0 no lo estaba?

-¿Tan fácil soy de olvidar, Ginny? -se acercó a ella, que tenía la mirada baja, y le acarició la mejilla con un dedo, sabiendo que seguramente se equivocaba al hacerlo-. ¿Nuestra manera de hacer el amor también es tan fácil de olvidar? -dijo con voz seductora-. ¿No te ha mantenido despierta noches enteras, pensando en cómo nos tocamos y excitamos?

Ella lo miró sobresaltada mientras el rubor aparecía en sus mejillas y sus labios se entreabrían al acercarse sus cuerpos.

-Eso creía yo... -murmuró satisfecho con la reacción de ella y le acarició los labios con un dedo antes de seguir por su garganta hasta el escote de su blusa y la cremosidad de sus pechos, sin dejar de mirarla a los ojos.

«¿Cómo me puede estar ocurriendo esto?», pensó Ginny, que no podía evitar responder a sus caricias. Sus pechos se endurecieron al instante, sus pezones estaban rígidos y sensibles, sus piernas temblaban y alargó instintivamente los brazos para abrazar a Draco.

Pero en cuanto se tocaron, Draco la apartó de un empujón y dio un paso atrás con gesto de contrariedad.

-Eres de lo más sexy -murmuró él mientras se apoyaba en su escritorio y la miraba con sus ojos grises, directamente a los pechos.

-Señor Malfoy...

-Venga ya, Ginny -rugió irritado mientras agitaba la cabeza y un brillo burlón aparecía en sus ojos-, no puedes volver a llamarme así después de compartir tu cuerpo conmigo -le recordó mientras alzaba desafiante la barbilla.

Ginny sentía arder sus mejillas. ¿Por qué le hacía eso? ¿Qué perverso placer sacaba de humillarla así?

-A la vez que tú compartías tu cuerpo conmigo -le espetó, furiosa y sin importarle ya que ésa fuera su táctica para que dejara su trabajo.

Ya no le importaba si él la despedía.

-Me halaga que todavía me recuerdes entre todos tus otros amantes -sonrió burlonamente.

«Todos tus otros... pero ¿de qué estaba hablando?» Había mantenido una relación anterior a él, y de eso hacía años.

-Dejemos ya este jueguecito -dijo Draco con impaciencia mientras se ponía en pie.

-¡Menos mal! -contestó ella-. ¿Ya puedo volver a mi trabajo? -si no salía de allí iba a echarse a llorar de rabia delante de él.

-¡No, maldita sea! -estalló Draco, sin respiración, al ver cómo ella le provocaba deliberadamente.

¿Y todo porque conocía, su relación con Andrew Southern?

Seguramente, admitió mordazmente. De acuerdo que como artista era toda una leyenda, pero no dejaba de ser un hombre en la cincuentena, y Ginny tenía veintitantos.

-De acuerdo, Ginny -dijo tranquilamente-, admito que tu relación con Andrew Southern no es asunto mío...

-¿Mi qué? -exclamó ella con ojos incrédulos.

-Es agua pasada, me doy cuenta...

-¡Pasada! -Ginny sacudió la cabeza- ¡Pero si ya te he dicho que ni siquiera lo conozco! -protestó indignada.

-Las pruebas demuestran lo contrario...

-¿Pruebas? -repitió-. Mira, Draco, no tengo ni idea de qué hablas -negó con la cabeza, lanzando sus rojos mechones de pelo sobre sus cremosas mejillas-. A lo mejor es por el jet-lag. No lo sé, pero...

-Volví de Nueva York hace una semana, Ginny -contestó dulcemente y con los ojos entornados mientras la escrutaba-. Me enteré de que a lo mejor un Andrew Southern podría ponerse en venta al norte de Inglaterra -torció los labios-. Y comprenderás que nadie más que las Galerías Malfoy podían hacerse con él.

-Te referirás a Draco Malfoy, no a las galerías -le espetó ella.

-Exactamente -sonrió-. Imagina mi sorpresa cuando descubrí el tema del cuadro...

Ginny sacudió la cabeza. No tenía ni idea de qué trataba esa conversación, pero Draco, al parecer, hacía una semana que había vuelto a Inglaterra. Una semana durante la cual ni la había llamado ni había intentado volver a verla.

Hasta ese día, que no había hecho sino humillarla y avergonzarla.

Aunque también la había tomado entre sus brazos...

Sólo para demostrar una cosa: que ella respondía a su presencia cuando él quería.

A veces se preguntaba si no le odiaba en lugar de amarle.

-¿El tema del cuadro? -preguntó ella.

-Sí - Draco la estudiaba con los ojos entornados-. Un retrato. Una mujer... preciosa de hecho -se encogió de hombros ante la evidencia.

-¿Entonces es una de sus primeras obras?

-No -la cortó Draco -, te puedo asegurar que es reciente: yo diría que de hace cinco años como mucho -añadió.

-Yo pensaba que ya no pintaba retratos...

-Obviamente esta mujer le inspiró lo bastante -le espetó Draco.

A Ginny no le gustaba cómo la miraba, como si diseccionara su cuerpo con sus críticas.

Un cuerpo que tan íntimamente había conocido hacía seis semanas...

Claro que entonces no tenía tantos motivos de crítica...

-Por lo que yo sé -ella se encogió de hombros-, Andrew Southern no ha pintado un retrato desde hace más de veinte años.

-¿Dudas de mis conocimientos, Ginny? -la cortó Draco.

No, no lo hacía. Draco no había logrado un prestigio mundial para sus galerías sin un profundo conocimiento de arte. Era tan experto en arte como buen amante.

Draco ya estaba cansado de sus mentiras. Cruzó su despacho con decisión y descubrió el cuadro que había llevado sin dejar de mirar a Ginny para comprobar su reacción.

Los ojos de ella se abrieron de par en par y su cuerpo se tensó al contemplar el retrato.

El retrato era suyo. Sentada de lado sobre una silla y vestida con un ajustado vestido de color azul oscuro. Su pelo era una preciosa cortina rojiza que cubría su espalda.

Y ahí acababa toda la formalidad.

Porque su expresión sólo podía calificarse de sexualmente provocadora. Su sonrisa curvada, sus jugosos labios y sus maravillosos ojos cataños entornados: todo reflejaba su deseo. Sus pechos se marcaban bajo el vestido azul, tan ajustado que era imposible que llevara puesto algo debajo.

Esa Ginny no llevaba nada debajo.

Porque esa mujer era sin duda ella misma.

Draco había besado esos mismos labios hacía seis semanas. Había visto esa excitación en sus ojos. Había acariciado esos pechos. Había chupado esos pezones. Y esas largas piernas habían rodeado su cuerpo, más de una vez, aquella noche.

-¿Quién es...?

Draco se volvió hacia ella con el ceño fruncido al ver lo pálida que estaba.

-Vamos, Ginny -esa pregunta sobraba, y suspiró de impaciencia mientras se colocaba junto a ella-. ¡Eres tú, maldita sea! -si no fuera porque parecía que se iba a desmoronar al menor contacto, la hubiera estrangulado allí mismo.

Sin duda ella nunca pensó que ese retrato, pintado por un hombre que plasmó todo el amor que sentía por la modelo en cada pincelada, sería visto por el público en general. Por eso estaba tan impresionada. De hecho, casi había pasado a una subasta local, junto al resto de las pertenencias de una casa que habían vaciado los parientes del dueño fallecido, con lo que hubiera desaparecido de la circulación.

Por suerte, el subastador era lo bastante bueno como para reconocer la firma de Andrew Southern: un cisne con la letra S al lado, y había llamado a un amigo suyo de Londres para que lo ofreciera a los grandes marchantes, como Draco, que consiguió que nadie tuviera acceso al cuadro antes de que él volara desde Nueva York para verlo.

Sólo le bastó una ojeada para reconocer su autenticidad, y Draco supo que tenía que conseguir ese cuadro.

A cualquier precio.

Había necesitado tiempo, y bastante habilidad, para negociar el precio con el nuevo propietario y el subastador antes de llevárselo con él a Londres, y su prioridad había sido hablar con Ginny.

Sin duda, la modelo del cuadro.

Y, en el momento de pintarlo, la amante de Andrew Southern.

¡Algo que ella se empeñaba en negar!

Ginny se acercó al cuadro como en un sueño y alargó la mano para tocar la pintura, pero sin llegar a hacerlo. Respiraba agitadamente.

-¿Quién es? -preguntó emocionada.

-¡Por el amor de Dios, Ginny, eres tú! - Draco se acercó a ella.

-¡No soy yo! -se giró hacia él-. Míralo de nuevo, Draco -añadió temblorosa, suplicante, observando el cuadro con una punzada de dolor en el pecho.

-Claro que eres tú...

-No -le cortó-. Tiene una marca de nacimiento, Draco, mira ahí -señaló una marca con forma de rosa en uno de sus pechos, visible en la línea del escote bajo de su vestido azul-. Y mira aquí -se abrió la blusa, dejando al descubierto su propio pecho.

Completamente desprovisto de esa marca de nacimiento con forma de rosa...

Quienquiera que fuera la mujer del retrato, desde luego no era Ginny.

Pero eso ya lo sabía ella.

Pero si no era ella...

¡No podía ser!

¿0 sí?

Y en ese momento todo se volvió negro...


Holis pues aki les va en segundo capitulo realmente lo iba a poner mañana pero me acorde que es 1 de mayo y aki en México es festivo y no se trabaja yupi ….

Y no me ida a aquedar con las ganas de ponerlo hasta el lunes por eso lo pise hoy espero que les guste y dejen sus comentarios nos vemos