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Historia 35000 — capítulo 3
Hola este es mi primer fic bueno de echo realmente no es Mio hace poco leí un libro y me encanto y decidí hacerlo versión Draco Ginny bueno el libro real mente se llama ** en la cama de un millonario ** y es de la autoraCarole Mortimer y también aclaro que los personajes no son míos son de la fabulosa autora J.K y bla, bla, bla, ya saben todo esoespero que lodisfruten
P.D: como lo vieron es clasificación( mayores de 18 años ) Haci que no me hago responsable por si eres menor de edad te recomiendo no leer esta historia y si a ti no te gusta este genero tampoco lo leas bueno es todo disfrútenlo.
En la cama de un Malfoy*
Capítulo 3
¿NAUSEAS Y MEREOS?
Draco soltó un juramento mientras se lanzaba a sujetar a Ginny antes de que cayera al suelo. La sujetó al vuelo y la tumbó sobre el sofá de cuero del despacho.
Esperaba alguna reacción por su parte al ver el retrato, pero ¡aquello era excesivo!……
Esperaba vergüenza, pues era obvio que Andrew Southern había sido el amante de Ginny. Y también sorpresa ante el hecho de que Draco estuviera en posesión del retrato.
Pero desde luego no se esperaba que Ginny se desmayara mientras insistía en que ella no era la mujer del cuadro.
Salvo por esa marca de nacimiento: una bonita rosa, sólo podía tratarse de ella.
Ginny empezó a volver en sí y finalmente abrió los ojos y lo miró, inclinado sobre ella.
Inmediatamente los volvió a cerrar, como si el mero hecho de verlo fuera demasiado para ella.
-Vamos, Ginny. No seré una pintura al óleo, ¡pero tampoco estoy tan mal! -se burló.
El cuadro. Ginny lo recordó con una punzada de dolor mientras intentaba recuperarse. Pero le iba a costar bastante más que unos minutos aceptar la enormidad que suponía lo que acababa de ver, y lo que pensaba. Tragó saliva, sin saber muy bien cómo se sentía. Si ese retrato era de quien ella pensaba...
-Toma.
Abrió los ojos cuando Draco le ofreció un vaso de agua. Le sacaba de quicio con su numerito de La muerte del cisne. Al fin y al cabo la gente ya no se desmayaba. Ginny, desde luego, no estaba enferma. Tampoco había recibido un golpe en la cabeza, salvo metafóricamente hablando. Sólo quedaba el hambre.
-¿Has comido algo hoy? -preguntó.
-En realidad -bajó las piernas al suelo para sentarse y beber un poco de agua-, no.
-¿Y por qué no? -Draco sacudió la cabeza mientras se dirigía a la nevera y sacaba una barrita de chocolate-. Cómetela -insistió cuando ella se limitó a mirarla-. Te hará sentir mejor.
Ginny tenía sus dudas, pero el chocolate no le haría daño. Había oído que también era bueno para las impresiones. Y desde luego, se acababa de llevar una buena.
Volvió a mirar el retrato mientras se comía dos onzas de chocolate. La mujer del cuadro era preciosa, mucho más que ella. ¿No se daba cuenta Draco? Y esa mujer tenía un aspecto lascivo y sensual, con una mirada dorada que guardaba un secreto que sólo ella conocía.
Ginny empezó a temblar de nuevo mientras se imaginaba cuál podría ser ese secreto.
-¿Dónde lo conseguiste? -dijo Ginny mientras se comía otras dos onzas de chocolate.
-Ya te lo he dicho, en el norte de Inglaterra -Draco se movía inquieto por el despacho.
-¿No puedes concretar más? -Ginny lo miraba con impaciencia-. ¿A quién se lo compraste? ¿Dónde lo consiguieron ellos? -de repente necesitaba saberlo todo.
-Se lo compré a una joven pareja que acababa de heredar la casa del tío abuelo de él. Nunca habían visto el cuadro antes de su muerte, porque el anciano lo tenía colgado en su dormitorio -reveló Draco con cierto fastidio.
Se sentía incómodo con la idea de un viejo babeando ante el retrato de una mujer, ¡de Ginny no bastante joven para ser su hija, si no su nieta.
Pero la pareja no sabía nada sobre la mujer del cuadro, ni de cómo había llegado su retrato a manos del tío abuelo. Draco sabía quién era, pero no tenía ni idea de qué hacía el cuadro en el dormitorio de un viejo y no en manos del hombre que lo había pintado con tanto amor.
Y Ginny tampoco parecía que fuera a aclarárselo.
-¿Cómo se llamaba el anciano? -Ginny se humedeció los labios.
-¡Demonios, Ginny! ¿Y eso qué importa? -exclamó Draco-. Tenía tu retrato, y eso basta.
-No -sacudió la cabeza lentamente y lo miró-. Porque, pienses lo que pienses, Draco, esa mujer no soy yo -sonrió amargamente ante su evidente escepticismo-. No soy yo -insistió-. Andrew Southern no pudo haber pintado mi retrato porque no lo conozco. Pero parece que mi madre sí.
¿Su madre?
Ella debía de pensar que él era estúpido. ¡Pues claro que el retrato era de Ginny! No podía ser de nadie más.
¿0 sí?
-¿Me estás diciendo que eres idéntica a tu madre cuando posó para ese retrato? -preguntó contrariado.
-Ah -Ginny hizo una mueca-, ésa es una pregunta difícil de contestar para mí...
-¿Y por qué? ¡Maldita sea! -la interrumpió irritado-. ¿Cómo puede ser tan difícil saber si te pareces a tu madre o no?
Ginny lo miró con tristeza. Entendía su incredulidad, pero al mismo tiempo sabía que no tenía la respuesta que él buscaba.
Salvo una.-..
-Por ejemplo, si eres adoptada -dijo enarcando sus cejas.
Draco se paró en seco y la miró con incredulidad. ¿En serio esperaba que él creyera que...?
¿Y por qué no?
Cientos de niños eran adoptados cada año.
Se colocó frente al retrato. Había visto las similitudes, ahora buscaba las diferencias.
Estaba la marca de nacimiento, pero eso no demostraba nada. A lo mejor Andrew Southern se había permitido una licencia poética, la visión color de rosa de un amante, al pintarla.
También estaba ese aire de sensualidad. Pero por Dios que él había comprobado lo sensual que era Ginny. Había visto esa misma mirada en sus ojos la noche que pasaron haciendo el amor. No, eso tampoco demostraba nada. Ni tampoco la longitud de sus delgadas piernas, esos protuberantes pechos ni el delicado arco de su garganta.
¡El anillo!
Llevaba un anillo de esmeraldas en el dedo anular de la mano izquierda. Draco suponía que Ginny no había estado comprometida con Andrew Southern, sino con el dueño del cuadro. ¿Por qué si no escondía alguien tan valiosa obra de arte? Sobre todo si al hacerlo molestaba a su futura esposa y a su amante. Ginny ya no llevaba un anillo así. Pero si el novio de Ginny hubiera sospechado que tenía una aventura con Andrew Southern, habría tenido todo el derecho a romper el compromiso.
Aparte del hecho de llevar puesto ese provocativo vestido, parecía que Ginny acabara de despegarse de los brazos de su amante. Y Draco, mejor que nadie, sabía el aspecto que ella tenía en esos momentos.
No, nada en ese retrato le indicaba que Ginny decía la verdad.
Pero ¿por qué iba a mentirle?
¿Porque la había descubierto?
¿Porque, habiendo dejado escapar a dos hombres adinerados, todavía esperaba que entre ellos dos pudiese haber algún tipo de relación?
-Es una idea interesante, Ginny -dijo con una mueca burlona-, pero no muy creíble.
-¿Por qué no? -dijo ella a la defensiva.
¿Por qué se negaba a admitirlo? Admitir que era la mujer del retrato y decirle de paso cómo demonios contactar con Andrew Southern.
-Porque es demasiado perfecto -le espetó agitando la cabeza.
-¿Para quién? -lo desafió ella: porque desde luego para ella no lo era.
Hacía tiempo que sus padres le habían contado que era adoptada. Estaban tan ilusionados en tener una niña y por eso me adoptaron además que no había nacido una niña por siglos en la familia Weasley por eso lo hicieron por otra parte Eran unos padres maravillosos y por eso nunca había intentado descubrir quiénes fueron sus verdaderos padres.
¿De qué hubiera servido? Obviamente, no la habían querido al nacer. ¿Cómo iban a quererla de adulta?
-Mira, Ginny, me importa un bledo si posaste desnuda para ese tipo.
Sólo quiero ponerme en contacto con él, saltándome al perro guardián de su agente -exclamó Draco con brutal sinceridad.
-Pues cuando le encuentres -Ginny se estremeció ante la crueldad de Draco-, dímelo, porque después de ver esto a mí también me gustaría hablar con él.
-Tienes razón -dijo Draco con una mueca-, en la cama no se habla demasiado ¿verdad?
-Los insultos no nos llevarán a ninguna parte, Draco -le contestó temblorosa, sin que el chocolate pareciera hacerle efecto. De hecho, en esos momentos se sentía completamente enferma.
Pero no todos los días se veía cara a cara con el cuadro de la madre a quien nunca conoció.
Quienquiera que fuera esa mujer, Andrew Southern estaba enamorado de ella cuando pintó su retrato. Cada pincelada estaba cargada de toda la belleza sensual de aquella mujer.
¿Eso quería decir que el artista era el padre de Ginny?
También podría serlo el hombre que había guardado el cuadro todos esos años.
Ésas eran las preguntas cuya respuesta necesitaba Ginny.
Pero de momento tenía que enfrentarse a la incredulidad de Draco...
-Piensa lo que quieras sobre el cuadro, Draco -Ginny respiró hondo-. Tu opinión me interesa muy poco. Yo sé que esa mujer no soy yo, y eso es lo que importa.
-¿De verdad esperas que me crea que ese retrato es de tu madre? -Draco le lanzó una mirada de frustración-. ¿Qué edad puede tener, veintiséis o veintisiete años?
-Eso encajaría con la época en que Andrew Southern pintaba retratos -admitió ella-. Y por lo demás, Draco -añadió-, no espero que te creas nada. Lo importante es lo que yo pienso.
Y lo que ella pensaba era que tenía que conocer a Andrew Southern en persona y preguntarle quién era la mujer del cuadro.
Pero si un hombre como Draco Malfoy, arropado por el prestigio de las galerías Malfoy, era incapaz de pasar por encima del agente del pintor, ¿cómo iba a hacerlo ella?
Encontraría el modo.
Tenía que hacerlo.
No podía salir del despacho y pretender no haber visto ese retrato. El retrato de la mujer que seguramente era su madre...
También tendría que hablar con sus padres. No podía buscar a sus verdaderos padres sin decírselo a ellos primero. Se lo debía, y seguro que ellos lo entenderían.
La habían criado, y le habían hecho sentir lo importante que era para ellos, y lo mucho que la querían, pero al mismo tiempo la habían enseñado a ser independiente de espíritu y mente. Seguro que la apoyaban en su búsqueda de la mujer del retrato.
-Si eso es todo, Draco, creo que me marcharé -Ginny dejó el vaso de agua sobre la mesita y se puso en pie.
Y de inmediato se volvió a marear.
De hecho, se sentía como si estuviera realmente enferma.
-¿Qué demonios te pasa? -Draco la agarró del brazo con expresión sombría.
-Ya te lo he dicho -ella lo miró sin poder enfocar bien la mirada-, hoy no he comido.
Intentó alejarse de él, pues hasta ese leve contacto había provocado un escalofrío en todo su cuerpo.
¡Y ella que pensaba que le odiaba!
No sería extraño. El no había hecho nada más que insultarla ese día, sin rastro de ese excitante amante de hacía seis semanas. Pero su cuerpo seguía respondiendo al menor contacto suyo.
-Te vienes arriba conmigo -ordenó secamente.
-¿Arriba? -lo miró asustada.
-No te preocupes -sonrió burlonamente-, ¡no soy tan lascivo como para arrastrarte arriba y satisfacer mis instintos contigo!
-¡Otra vez! -le espetó, molesta con sus burlas.
-Otra vez -admitió él mientras la sujetaba firmemente y la acompañaba hasta la puerta-. Estás mareada por no haber comido, y en mi apartamento hay comida.
Lo mas lógico es que te lleve arriba y te dé de comer -explicó secamente.
¿Lógico? ¿Qué había tenido que ver la lógica con su relación hasta esos momentos?
-Si no te importa, puedo irme a casa y prepararme yo misma algo de comer -dijo con firmeza.
No quería subir a su apartamento. Ya había sido bastante humillante ese día, sin necesidad de volver al escenario de su estupidez, pensar que de verdad le gustaba a ese hombre.
-No -dijo Draco con firmeza-, quiero hacerlo, Ginny. Además, no pareces capaz de bajar las escaleras, y mucho menos llegar a casa -se burló-. Y todavía no he terminado de hablar contigo.
Eso sonaba siniestro...
-Ya te lo he dicho: no sé nada de Andrew Southern -insistió ella-. Ni de dónde está ni de cómo podrías contactar con él. ¡Ojalá lo supiera!
Draco entornó los ojos. ¿De verdad esperaba que se lo creyera?
Tras una ojeada a su cándida expresión, Draco tuvo que reconocer que, en efecto, eso era justo lo que ella esperaba.
Tendría que asegurarse de que ella supiera que no había logrado convencerle. ¡Aún no!
-Hablaremos después de que hayas comido -dijo con firmeza mientras la acompañaba por el pasillo enmoquetado.
-¿Nunca aceptas un no por respuesta? -Ginny estaba furiosa.
-¡Tú, más que nadie, deberías saber que no! -dijo con una sonrisa.
Comprobó que había conseguido hacerle callar. Esa boquita tan sensual estaba fuertemente apretada mientras subían en el ascensor privado hasta su apartamento.
¡Ginny estaba a punto de entrar en sus dominios privados por segunda vez!
-¿Te apetece una tortilla? -dijo secamente mientras soltaba su brazo para entrar en la cocina.
Ginny tardó un poco en seguirle, tan incómoda por estar allí como él de que lo estuviera.
Le daría una tortilla, le sacaría algunas respuestas, y entonces podría marcharse...
¿Dónde demonios estaba?
-¿Qué crees que estás haciendo? -Draco entró en el salón y se paró en seco, con el rostro lívido, al verla mirando una de las fotos que había en la mesita de café que se hallaba frente a la ventana.
A Ginny casi se le cayó la foto y la sujetó con ambas manos contra su pecho. Por la furiosa expresión de la cara de Draco, supo que no hacía falta contestar: él ya sabía lo que ella estaba haciendo.
La foto era de un niño de unos tres o cuatro años. Un niño precioso que sonreía feliz a la cámara. Un niño pequeño con el cabello rubio y los ojos grises de Draco...
Draco le arrebató la foto de las manos mientras le lanzaba una mirada heladora.
-Lo siento -Ginny tragó saliva-. Es... es muy guapo.
-Sí, lo era -musitó con la mandíbula rígida.
Era su hijo...
Ginny sintió una opresión en el pecho al pensar en esa vida y esa alegría que ya no existían.
-Lo siento -repitió.
-¿Sabes quién es? -Draco la miró mientras colocaba con cuidado la foto sobre la mesita.
-Yo... sí -admitió al fin-. Una de las chicas me contó que tuviste un hijo.
-Luke -repuso secamente-. Se llamaba Luke.
Luke... cuatro años. Su muerte fue demasiado para sus padres y les condujo al divorcio.
-Lo siento de veras -repitió Ginny-. No debería haber... por favor, créeme, yo no quería...
-¿Qué? -la miró desafiante-. ¿Fisgonear? ¿Meter las narices donde no te llaman? -sacudió la cabeza con la amargura reflejada en el rostro.
-No fue así -Ginny se estremeció ante su furia-. Vi las fotos y...
¿Y qué? Al fin y al cabo sí había estado fisgoneando, pero sin intención de molestar a Draco. Sólo había sido curiosa y, al hacerlo, había provocado de nuevo la ira de Draco.
¡Vaya novedad!
Seguro que él sabía que no quería hacerle daño a propósito. Aunque parecía justo lo contrario.
-Lo siento de verdad -repitió una vez más, antes de pasar delante de él, camino de la cocina, dejándole solo unos minutos.
Parecía ser el día de los disgustos. Para Draco, por su hijo, y para ella, por su aturdimiento ante la mujer del retrato y el hombre que lo había pintado.
Pero mientras ella seguro que encontraba respuestas a sus preguntas, Draco nunca comprendería por qué su hijo de cuatro años había tenido que morir.
Todo se reducía a una cuestión de fe. ¡Y la muerte de un niño desde luego la ponía a prueba!
Levantó la vista nerviosa cuando, unos minutos después, Draco volvió a la cocina con algo más de color en las mejillas y una expresión menos sombría.
-He sacado los huevos y la leche de la nevera -Ginny señaló la encimera-. No sabía qué más necesitabas.
-¿Queso o champiñones? -Draco se quitó la chaqueta del traje y la colgó del respaldo de un taburete antes de descolgar una sartén del estante situado sobre la mesa de trabajo, justo en medio de la cocina, y se puso a cascar los huevos.
-Sin nada, si no te importa -Ginny sintió náuseas al pensar en cualquiera de las dos opciones y extrañeza por estar de nuevo en el apartamento de Draco y que él cocinara para ella.
Ginny pensó que Susan, testigo de su marcha, sin duda sentiría más que curiosidad cuando ella volviera a la galería.
La irritación de Draco iba por dentro mientras calentaba el aceite y batía los huevos, antes de añadir la leche. Se arrepentía de haberse ofrecido a cocinar para Ginny.
Nunca hablaba de Luke. No podía. Después de tres años, todavía le dolía demasiado la muerte de su hijo como para hablar de ella con normalidad.
Precisamente a causa de ese dolor su mujer, Pansy, y él habían dejado de hablarse, incapaces de pensar en otra cosa cuando estaban juntos, e incapaces de expresar sus pensamientos con palabras. ¡Todo era demasiado doloroso!
De modo que no tenía ninguna intención de hablar con Ginny sobre Luke, ¡con una mujer con la que había vivido una noche de pasión!
Vertió los huevos en la sartén y se giró para indicarle a Ginny dónde estaban los cubiertos, cuando de repente ella salió de la cocina tapándose la boca con la mano y con la cara blanca.
Ginny apenas consiguió llegar al cuarto de baño que había junto al dormitorio principal, curiosamente el único cuarto de baño que conocía en ese apartamento, antes de ponerse a vomitar.
Había sido el olor de los huevos lo que había hecho que su estómago se revolviera del todo y que sus náuseas fueran incontrolables.
-Ya está -murmuró Draco, colocado detrás de ella, mientras presionaba su frente con un paño húmedo.
¡Qué humillante era todo!
No tanto como la mañana de hacía seis semanas cuando Draco no podía esperar a que ella se marchara, pero casi.
Ella se arrodilló en el suelo y sujetó el paño contra la frente. Las náuseas parecían habérsele pasado. No entendía cómo un poco de chocolate le había sentado tan mal.
-¿Te sientes mejor? -preguntó Draco bruscamente.
-Un poco, gracias -asintió sin poder mirarle a la cara.
Desde esa mañana no había hecho más que causar problemas, y seguro que Draco estaba ansioso por deshacerse de ella.
-Me lavaré la cara y luego creo que será mejor que me vaya -seguramente podría comerse la tortilla sin problemas, una vez eliminado lo que había revuelto su estómago, pero dadas las circunstancias, lo mejor era no quedarse.
-No me parece buena idea, Ginny.
Lo miró fijamente. Percibió su mirada fría y brillante, y sus manos apretadas a los lados.
-¿Qué quieres decir? -preguntó ella.
-Quiero decir que de momento te quedas aquí -le espetó Draco
-Pero si ya estoy perfectamente -aseguró Ginny con los ojos muy abiertos.
-Seguro que sí -respondió él secamente-. Es curioso, pero las mujeres en tu estado suelen sentirse mejor después de vomitar -añadió.
-¿Mi estado? -ella pestañeó.
-Gin -Draco respiró hondo y la miró como si estuviera a punto de estrangularla-, a no ser que esté completamente equivocado, y Dios sabe que espero estarlo, el hecho de que hace un rato te desmayaras sin motivo aparente...
-¡Acababa de ver el retrato de la madre que nunca conocí! -protestó ella.
-El hecho de que te desmayaras, unido a tus mareos y a tus náuseas de hace un rato, cuando empecé a cocinar los huevos, señalan hacia una dirección, me parece a mí.
-Entonces... -Ginny pestañeó con la mano apoyada en el lavabo mientras le miraba a los ojos.
-Estás embarazada, Gin -la mirada de Draco recorrió su cuerpo y se posó en el vientre-. ¡De unas seis semanas, añadiría! -sin casi poder reprimir su furia.
¡Embarazada!
No podía estarlo. ¿0 sí...?
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hola buano pues aki les dejo otro capitulo espero que les guste y me gystaria agradecer a
brujaloka, amy_malfoy y IUpIAp por sus comentarios me han ayudado mucho gracias bueno espero k les guste y nos vemos pronto
P.D. alguien podria decirme como pongo una foto esk no se komo
bueno
chao