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Historia 35304 — capítulo 7
Habían pasado muchos días, y Tom no conseguía aclararse.
Pomona era fantástica; unade las mejores chicas que había conocido, pero Minerva… no podía dejar de pensar en ella, ni en lo que sucedería si se lo confesase todo.
-¿Qué ocurre, Tom? - le preguntó Filius. Estaban en el Gran Comedor, Minerva hacía ya mucho tiempo que se había ido, ya que tenía un exámen.
Tom miró furibundo a su amigo.
-¿Qué que me ocurre? ¡Vamos, Filius! Tú… Tú me empujaste a los brazos de Pomona, sabiendo lo que siento por Minerva… - Filius pareció contrariado. Bajó la cabeza y esquivó la mirada de Tom.
-Yo… Lo siento, amigo. Creí que hacía lo mejor, pero ya veo que me equivoqué. -Tom se relajó, respiró y trató de calmarse.
-Bien, no importa. Pero, dice… ¿Qué hago ahora? - Flitwick clavó sus ojos oscuros en los de Tom.
-¿todavía quieres que mis consejos? - Tom sonrió.
-Claro, pero esta vez no los seguiré al pie de la letra. -Filius empujó ligeramente al chico que se sentaba al lado de Tom, y se hizo sitio en la mesa de los Slytherin.
-Vale… creo que deberías empezar con dejar a Pomona…
-Filius… Yo solo había llegado hasta ese punto… pero… ¿Cómo? -El chico frunció el ceño, y su voz se volvió más aguda, algo realmente molesto para alguien que no estabaacostumbrado.
-No sé, Tom… Si fuera tú, le sería sincero… cuenta todo lo que me dices a mi sobre Minerva. Además…si tienes suerte no se enfadará demasiado y… siempre dicen que las chicas dan mejores consejos.
Tom lo miró, no muy convencido, pero asintió.
-Pomona… ¿Puedes venir un momento? - la clase de pociones acababa de concluir. El profesor Slughorn recogía los materiales.
La chica se acercó sonriente a él. Tom quiso hablar, pero ella lo cortó.
-Quieres dejarlo. - Tom boqueó un par de veces, incapaz de formar frases coherentes. Al final, lo único que logró balbucear fue:
-¿Cómo lo sabes? - Pomona amplió más su sonrisa.
-Te oí hablar con Filius… El Gran Comedor no es el mejor sintio para mantener ese tipo de conversaciones.
-Yo… lo siento.
-No importa… espero que te vaya bien con Minerva.
-¿Tan obvio soy? -Pomona rió.
-Demasiado, amigo.