Tituladas 16.2% · 32,298 de 199,415 descubiertas
Rescatado 61.5% · 57,949 de 94,296 páginas identificadas · 57,939/58,568 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 35307 · de

Historia 35307 — capítulo 2

El inolvidable día siguiente ….

Despertar abrazada a la almohada, sin más rastros de lo que ocurrió la noche anterior que los restos de su aroma que se colaron en mi alma, fue como un balde de agua fría para mí. Pero debía reponerme.

"No es como si de repente todo se hubiese solucionado".

Me arreglé rápidamente y salí a trotar un momento. Nunca lo había intentado antes, pero no soy de las que se detiene a pensar mucho al respecto cuando de seguir mis impulsos se trata. Necesitaba ordenar mis ideas, y estar tan cerca de él no me haría las cosas más sencillas.

Por suerte teníamos toda una playa a nuestra disposición. No en vano Armando nos había invitado a la casa de playa que su familia usaba en vacaciones de verano.

La vista era desgarradoramente hermosa, obligándome a detener mi trote al poco tiempo de haberlo iniciado. Además, unos jeans desgastados y una remera negra no era el mejor atuendo para un poco de actividad física, después de todo.

En mi mente repasaba una y otra vez las palabras dichas la noche anterior, las mentiras blancas que se colaron en medio de una realidad que dolía demasiado.

Mis uñas negras de posaron entonces en mis labios, donde aún yacían los restos de la verdad más dolorosa de todas.

-Entonces sí se besaron anoche, ¿eh?

Allí estaba él, su amigo, Armando, el autoproclamado causante de que mis fantasías con Javier se hiciesen realidad.

-¡No seas indiscreto, Armando!--le riñó Yrmary sin demasiada convicción.

-Déjalo, Yrma--dije con tono ausente, intentando ignorar el epítome de "la parejita feliz" que tenía ante mis ojos--Algún día todos nos reiremos de todo esto.

No que yo creyese en mis propias palabras ni tampoco mis amigos lo hacían, pero de alguna forma decidieron seguirme el juego y mantenerse callados antes de decir algo que estropease mi ánimo.

Estuvieron allí hasta la puesta de sol, intercalando silencios profundos con conversaciones livianas, hasta que el vislumbrar de una nueva noche recompuso los restos de mi alma que aún continuaban destrozados. Mi corazón era otro tema aparte, demasiado doloroso para traerlo a colación.

-Bueno, gente, nos vemos más tarde--dije, poniéndome de pie y limpiando los restos de arena del trasero de mi pantalón.

Me sorprendió el encontrarme con dos cejas levantadas en desconcierto.

-¿Vas a salir?--preguntó Armando con suspicacia, sin dejar escapar ningún resto de mi rostro.

-Ustedes salieron anoche. Creo que es mi turno--dije, mientras caminaba de espaldas, dirigiéndome a un local cercano que habíamos descubierto al llegar.

-¿Vas a ir en esas fachas?--Armando apuntó mis ropas con un dedo despectivo. Yo asentí tranquila.

-¿Sin maquillaje?--preguntó su novia, como si no me conociese lo suficiente para saber que no me importaba aquello.

Asentí cansadamente, antes de acelerar el paso hacia mi destino, ahora sí mostrándoles mi espalda. Lancé una mano en el aire a modo de despedida, antes de desaparecer en medio de la noche.

No tenía ánimos de celebrar, principalmente, porque no había absolutamente nada que celebrar, por lo que el ambiente festivo de la choza/bar donde me encontraba me parecía una broma de muy mal gusto. Como si el humor irónico de "Dios" se estuviese manifestando en toda su gloria.

Compré una cerveza, como de costumbre, y salí a beber afuera, apoyada en una de las paredes. Quería desaparecer, por lo que estar rodeada de toda aquella gente feliz que entraba y salía del local con sonrisas desinhibidas prácticamente me hacía invisible a los ojos del mundo…

O eso creía yo…

Saqué una cajeta de cigarrillos de mi bolsillo y coloqué uno rápidamente entre mis labios. Palpé cuidadosamente sobre mi ropa, pero para el momento en el que me di cuenta de que había dejado mi zippo en la casa de Armando, alguien me estaba ofreciendo fuego.

Di una rápida calada y agradecí con un simple asentimiento, sin levantar la mirada hacia mi "salvador".

-De nada, mi Caramelito Tropical…

Su voz sonó diferente, pero sólo había una persona en el mundo capaz de llamarme así.

-¿Gregor?

Me di cuenta que algunos cambios había surcado su rostro. Lucía más serio y mayor, su cabello estaba más corto y afinaba sus rasgos, tornándolo sutilmente más atractivo. Era la última persona que esperaba encontrar en aquel sitio.

Le abracé impetuosamente, sintiéndome verdaderamente aliviada de contar con su compañía a solo horas de mi encuentro con Javier. Pero entonces mi cuerpo se tensó al encuentro con sus brazos, siempre incapaces de disimular sus sentimientos por mí.

-¿Qué haces…?--pregunté tras aclamar mi garganta y separarme de él.

-Necesitaba unas vacaciones con urgencia--respondió a mi pregunta incompleta con su eterno hábito de interrumpirme--Así que organicé un viajecito con unos amigos.

Le reclamé en broma por no haberme invitado y desde allí la charla fluyó naturalmente el resto de la noche, como solía ocurrir desde que nos habíamos conocido.

Siete cervezas y media caja de cigarrillos después, me encontraba preguntándome cómo es que no me había podido enamorar de él.

-Las cosas serían más sencillas si…--solté en un suspiro, sintiendo los efectos del alcohol sobre mi lengua.

-¿Si qué…?--preguntó él, incapaz de dejar pasar aquel pequeño desliz de mi parte.

Estuve a punto de soltarlo, de darle la excusa perfecta para que me pidiera una oportunidad y así ya no me sentiría tan sola aquella noche. Era un cruel pensamiento, pero no pude llevarlo a cabo. El destino lo impidió.

Él lo impidió.

-No deberías estar aquí tan tarde--mi mirada se enfocó en él y sonreí en medio de aquella desolación que sentía en mi alma.

Intercambió una mirada que no pude descifrar con Gregor y se saludaron mutuamente de forma amistosa, pero sus ojos se fijaban en mí de tanto en tanto, probablemente preocupado por mi estado.

-Bueno, ya nos vamos…--dijo de forma cortante, tomando mi mano de forma casual--Ella ya debería estar descansando.

-No te preocupes, no dejé que bebiera mucho. Por suerte tiene una alta resistencia al alcohol--Javier musitó un "Ya lo sé" de forma posesiva, pero Gregor seguía observándolo con la misma sonrisa en los labios--Nos vemos el próximo sábado, Nory. ¡Bye!

Y Javier me arrastró lejos de él antes de que pudiese despedirme apropiadamente. No era la primera vez que se comportaba de aquella forma, pero siempre lograba desconcertarme su actitud. Y allí estaba yo de nuevo, preguntándome si aquel despliegue de celos eran simples imaginaciones mías.

-No me gusta que estés con él--dijo de forma seca, caminando unos pasos frente a mí a pesar de que seguía sujetando mi mano.

-¿Por qué?--pregunté, tratando de ocultar mi sonrisa.

-La forma en que te mira…--dijo seriamente, casi sin pensar. Una pausa se alargó mientras él se metía en sus pensamientos--Podría aprovecharse de ti ahora q…

"Ahora que no estoy contigo" parecían decir sus ojos en ese instante en que viró su rostro para observarme, a pesar de que sus labios permanecieron sellados desde entonces.

-Es sólo mi amigo--él resopló ante mi respuesta--Y además, no es como si de repente fuese a lanzarme al primero que me pase por delante--mentí, a pesar de lo que había estado a punto de hacer momentos atrás.

Él pareció ver a través de mi mentira y volvió a hacer otro sonido de incredulidad. Entonces me detuve y, con un pequeño jalón de su mano, también interrumpí su marcha.

-Lo digo en serio--la sobriedad pareció regresar a mí de repente y lo miré con seriedad. Entonces bajé la mirada, incapaz de pronunciar las siguientes palabras con la cabeza en alto ahora que el alcohol había abandonado mi sistema--¿Me creerías si te digo que te seguiré esperando?

Sentí su mirada fija en mí, a pesar de que yo seguía observando mis zapatos.

-Prefiero no hacerlo…

Le miré sobresaltada, mientras una sonrisa esperanzada alcanzaba mis labios. De entre todo su repertorio de respuestas preparadas, pudo haber escogido decirme el típico "Preferiría que no lo hicieras". ¿Pero a quién quiero engañar si desde siempre me ha demostrado ser cualquier cosa, menos típico?

Prefiero no hacerlo, me dijo. Prefiere no creer en mi palabra. Prefiere no confiar en que le esperaré. ¿Prefiere… protegerse?

Sacudí mi cabeza, queriendo detener aquel hilo de pensamiento. No era justo para ninguno de los dos seguir en aquella situación, y si él no era capaz de ponerle un final a aquello, entonces tendría que hacerlo yo.

Solté su mano entonces, y reanudé mi camino con paso firme, permitiéndole seguirme por primera vez.

-Entonces no lo haré--dije de forma casual, sintiendo mi corazón encogerse de repente.

Cuatro simples palabras. Una mentira piadosa en aquel momento. Y una resolución que estaba decidida a cumplir, sin importar las dificultades.

-Al fin terminé tu retrato, ¿sabes?--dije en tono triste a pesar de la sonrisa que mostraba.

Y él me regresó esa misma sonrisa que no llegaba a sus ojos, entendiendo el significado de mis palabras.

El momento había llegado para superar aquella historia de amor imposible y doloroso que me había impuesto a mí misma. Aquella sería la primera noche del resto de mi vida sin él y estaba dispuesta a no conformarme con sobrevivir.

˜Al Fin… El Fin˜