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Historia 35415 — capítulo 3
Esa mañana fría y desolada como todas las que tenia en mi vida fue a visitarme la única persona que se preocupaba por mi, Aro.
Aro era un hombre de mediana edad, atractivo a la vista, de apariencia agradable y paternal, sus cabellos negros como la noche caían gracilmente por su espalda en una cola de caballo, era pálido, demasiado pálido, y sus ojos eran de un color dorado que no me lograba explicar y llevaba siempre una tunica negra que le daba porte. Aro habitaba también en ese lugar y cuidaba de mí como un padre.
Desde que tenia uso de razón, Aro era la única persona que estaba al pendiente de mi, me llevaba comida, ropa y todo lo que necesitaba para asearme, de vez en cuando me daba mantas limpias pero igual de viejas como las que tenia pero sin duda oliendo mejor. Cuando Jane me castigaba él siempre estaba para consolarme, aunque debo admitir que a veces tenía actitudes muy extrañas, por ejemplo evitaba cualquier contacto físico conmigo.
A veces, cuando Jane me hería, él me curaba cuidadosamente, pero después salía precipitadamente del cuarto sin decir nada, también se ausentaba con bastante frecuencia hasta 3 días seguidos y eso era muy malo porque pasaba esos 3 días sin probar bocado, pero lo mas inexplicable era que sus ojos cambiaban de color, de un dorado imposible a un negro intenso y feroz.
Ese día había ido hasta allá para llevarme un poco de comida para el desayuno, aunque en realidad no tenia mucha hambre, llevaba consigo unos libros y cuadernos porque de vez en cuando me enseñaba a leer y a escribir para que tuviera un poco de conocimiento, eso lo hacia a escondidas de Jane.
-como te encuentras hoy mi niña?- me pregunto cariñosamente
-no se porque me lo preguntas si lo sabes bien- conteste amargamente
-vamos, alégrate un poco, mira te traje mas libros, hoy veré…-
-que me alegre me dices?!! Que me alegre?!!, como puedes pedirme eso?-lo interrumpí
-mi niña yo solo….-
-sabes lo que esa… mujer me hizo ayer?!! Lo sabes?!, oh espera, claro que lo sabes… estuviste ahí!!- le grite y pude notar en mi voz un dejo de ira, la verdad es que estaba molesta con él.
-sabes que no pude hacer nada!, si me delato no podré venir a verte y no podré cuidarte!-contesto indignado
-ya lo se pero por lo menos pudiste pedirle que no fuera tan cruel!! No merecía ese castigo, no hice nada!... mira lo que me dejo en el brazo- le mostré el brazo y pudo ver una herida aun fresca que recorría mi antebrazo- yo no se porque hace esos experimentos conmigo, ¿para que quiere mi sangre eh? no lo entiendo!-
-daría cualquier cosa por poder decírtelo, pero…. no puedo- me dijo Aro amargamente apartándose rápidamente de la herida sangrante.
-no se como le puedes tener miedo a esa víbora!! Es tan solo una mujer pequeña y tu eres mayor, ¿Por qué no te impones?-
-mi niña… no lo entenderías, las cosas no son como las vez, ella es…. es…. bueno, simplemente no puedo hacer nada-
Suspire amargamente por la respuesta de Aro y mis ojos se llenaron de lagrimas por la impotencia que me embargaba, cuando las sentí rápidamente me gire hacia la pared para que Aro no pudiera ver lo débil que era.
-bueno… muéstrame los libros, que veremos hoy?- le dije dirigiéndome a él con una sonrisa fingida en el rostro.
-veremos historia y geografía, podrás saber como es el mundo, bueno por lo menos a través de los libros, pero primero descansa un poco, duerme, yo regresare mas tarde- dijo Aro condescendiente.
-no, no quiero dormir, no tengo sueño-y era verdad, a pesar de estar muy cansada lo menos que quería era cerrar los ojos y ver a Jane en sueños tratando de herirme o ver ese claro que me tenia desconcertada.
-de acuerdo, entonces come un poco-me dijo paternalmente.
Después de tomar el desayuno, pasamos un par de horas leyendo los libros y repasando las otras cosas que ya me había enseñado, me puso a escribir un poco y lo hice bien pero con dificultad. Para el medio día Aro ya había salido de mi habitación dejándome de nuevo sola. Entre mis cavilaciones pensé en el claro, en los castigos de Jane, en mis heridas y en algo que había pasado días pensando en ello: mis padres.