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Historia 35415 — capítulo 4

Muchas preguntas surgieron de pronto, la primera de todas y talvez la mas dolorosa era la del porque me habían abandonado, entre muchas otras mas; pensé que talvez no me querían, ¿Por qué me habían condenado a una vida llena de sufrimientos?, ¿Qué era lo que les había hecho?, ¿Dónde se encontraban ahora?, quizá disfrutando su vida en algún lugar soleado y sin siquiera pensar en mi y en mi sufrimiento.

Esa tarde Aro me llevo un poco de merienda y un botiquín para curarme la herida del brazo, se lo agradecí mucho porque estaba comenzando a molestarme.

-déjame ver tu brazo- me dijo él

-que harás?- le pregunte

-te lo curare, déjame verlo- repitió

Le acerque el brazo y me levante el sucio y deshilado suéter que llevaba, el contacto de los dedos de Aro sobre mi piel me causo escalofríos:

-estas muy frío!-le reproche

Aro ni siquiera me contesto, acerco todo los aditamentos para curarme sin mirarme. Cuando intentaba ponerme la venda, jalo bruscamente el brazo y la herida se abrió de nuevo, emití un chillido leve de dolor y la sangre empezó a salir repentinamente, Aro miro mi sangre y un brillo cruzo sus ojos amenazadoramente, se pusieron negros de pronto, abandonando ese dorado paternal que yo conocía. Comenzó a respirar agitadamente y con dificultad, así que soltó bruscamente mi brazo y se giro hacia la puerta aun respirando fuertemente.

-que sucede Aro?, te encuentras bien?-le pregunte consternada y asustada a la vez.

-estoy bien no te preocupes-me contesto con dificultad

Había visto esos mismos ojos en Jane cada vez que me provocaba heridas, esos mismos ojos cuando veía mi sangre salir, me asuste por esa reacción así que me aventure a preguntarle:

-porque tu mirada…. tus ojos… cambiaron de color?-

-mmm...?, que?-me dijo él aun respirando agitadamente

-porque tus ojos cambiaron de color tan repentinamente?-

-no se de que hablas- me contesto cortante pero yo insistí, quería saber el porque de su reacción.

-Aro… mírame… mírame…- le exigí, y temí encontrar los mismos ojos amenazantes de Jane, Aro volteo y me sentí aliviada de ver que su mirada había vuelto a ser la que conocía, tierna y paternal, su mirada ámbar.

-sabes que? Jane me mira igual cuando me saca muestras de sangre, porque les pasa eso?-

-por favor, no me preguntes nada, de acuerdo?-su mirada se volvió rígida de nuevo, pero el color de sus ojos siguió siendo el mismo dorado.

-quiero saberlo, dime Aro…-

-no puedo… decirte nada, no te conviene saber…. no preguntes mas… por favor… olvídalo- me dijo enfadado

-olvidarlo? pero….- insistí pero era obvio que él no quería hablar de eso.

-te dejo la cena, come un poco y procura no mover demasiado el brazo o la herida se abrirá de nuevo- salio a toda prisa de la habitación dejándome mas confundida de lo que estaba, pero ahora también estaba ansiosa y curiosa, muy curiosa.

Acerque el botiquín que Aro había llevado y tome la venda que yacía en el suelo y tuve que curarme yo misma.