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abrazando la eternidad — capítulo 14

  • ¡Jake!

  • ¡Jake!

  • ¡Jacob!

  • ¡Jake!

Cuatro exclamaciones de alegría y alivio le llegaron desde la puerta de la habitación, haciendo que Jacob volviera la vista hacia el origen de la conmoción.

  • ¡Hey! - sonrió, incorporándose un poco y paseando su mirada por los cuatro miembros de su manada: Leah, Seth, Quil y Embry.
  • ¿Qué hay, chicos?

Los cuatro muchachos le devolvieron la sonrisa con un gesto de inmediato alivio ante lo bien que se le veía, pero no se movieron de la puerta. Jacob rodó los ojos.

  • No muerdo. - aseguró. - Y aunque lo hiciera, os curaríais rápido. Podéis pasar y esas cosas…

Antes de que acabara la frase, sus cuatro hermanos ya rodeaban su cama.

  • Te hemos echado de menos, hermano. - dijo Seth, chocando los cinco con Jacob.

  • Sí, Jake. - secundó Embry, haciendo lo mismo. - Hemos estado muy preocupados.

Nos diste un susto de muerte. - aseguró Quil, dando una palmadita en el hombro del muchacho, quien se encogió un poco haciendo un gesto de dolor. - Ups, lo siento. - se disculpó.

  • Nah, no te preocupes. - sonrió Jacob, quitándole importancia. - Son mis músculos, que están un poco doloridos.

Tras un breve silencio, fue Leah la que preguntó.

  • ¿Cómo estás? - dijo débilmente, parada en los pies de la cama de Jacob y retorciéndose las manos con nerviosismo.

  • Bien. - le aseguró Jacob ofreciéndole una sonrisa tranquilizadora. - Estaré como nuevo en varios días.

Me alegro. - murmuró la muchacha, bajando la cabeza de forma que varios mechones de su corto pelo cayeron sobre su frente ocultando sus ojos. Pero Jacob podía oler las lágrimas, y también podía ver la fuerza con la que la muchacha se mordía el labio inferior.

  • Leah… - dijo suavemente, sentándose con cuidado. - ¿Estás llorando?

La muchacha no contestó, aunque sacudió la cabeza con fuerza. Sin embargo, no pudo evitar que un pequeño sollozo saliera de su garganta. Quil, Embry y Seth la miraron con sorpresa. La dura y fría Leah llorando por Jacob… Eso era algo que nunca se hubieran imaginado, por muy bien que se llevaran ahora los dos muchachos.

  • Leah, tonta… - dijo entonces Jacob, en tono de reproche. - Anda, ven aquí.

Obstinada y odiando mostrar debilidad, Leah volvió a negar con la cabeza.

¿Vas a hacer que vaya yo? - preguntó Jacob, quitándose las sábanas de encima en un gesto lo bastante brusco como para ganarse una profunda punzada de dolor.

Ante la amenaza, y sin querer ser la culpable de un empeoramiento del muchacho, Leah se acercó rápidamente. Jacob la tomó del brazo, atrayéndola hacia su cuerpo en un cálido abrazo. Sin poder evitarlo, los sollozos de la muchacha se hicieron más fuertes, y Jacob apretó ligeramente su abrazo, ignorando de nuevo el dolor de sus músculos. Leah se agarró con las dos manos a la camisa del muchacho, sollozando ahora de forma violenta, para asombro de sus cuatro hermanos.

¡Cuánto siento lo que ha pasado! - murmuró Jacob tras unos segundos de sostener a la temblorosa Leah. Otra chica que sollozaba entre sus brazos. ¿Es que no se iba a acabar nunca? - Siento muchísimo que hayáis sufrido por mi causa. Lo siento de verdad.

  • No fue culpa tuya. - susurró Leah, en medio de un sollozo. - Yo… Debería haber sido más rápida. Podría haber llegado a tiempo…

  • No digas tonterías. - la reprendió Jacob. - Ibas todo lo rápido que podías. Esto que ha pasado no es tu responsabilidad.

Yo… - era Seth el que hablaba ahora, mordiéndose el labio inferior en un gesto idéntico al de su hermana. - Debería haberme quedado en la retaguardia, tal y como me sugeriste cuando vimos que nos estábamos alejando demasiado. - susurró, su voz repleta de arrepentimiento. - Si me hubiera quedado aquí, podría haber llegado a ayudarte, y podría haber avisado a los Cullen antes…

  • Seth, basta. - pidió Jacob con voz firme, todavía abrazando a Leah. - Ya basta, todos vosotros. ¿O voy a tener que ordenároslo?

Esa frase arrancó, pese a todo, sonrisas en los cuatro quileute, incluso en Leah, que no podía parar de llorar. Jacob no había ordenado jamás nada, a nadie de su manada. Jamás había usado su poder de Alfa con ellos. Siempre se metían con él cuando los amenazaba con hacerlo, pues sabían perfectamente que, proviniendo de Jacob, era una amenaza vacía.

  • Hablo en serio. - siguió Jacob, aunque sus ojos se endulzaron un poco al ver las pequeñas sonrisas de sus hermanos. - ¿Qué narices os pasa? Esto no es culpa de ninguno de vosotros, y no quiero seguir oyendo tonterías. No sois responsables de lo que me pase, ¿vale? ¿No podéis simplemente alegraros de que esté bien?

  • Sí nos alegramos. - susurró Quil, abandonando la sonrisa. - Lo que pasa es que…

  • ¿Qué? - inquirió Jacob, dando unas incómodas palmaditas a Leah en la espalda esperando a que parara de llorar.

Que deberíamos haber vuelto contigo. - concluyó Embry. - Somos tu manada. Sam y los demás podían apañárselas solos perfectamente, al fin y al cabo sólo quedaba una.

  • Creo que no hace falta que os diga que eso no hubiera estado bien. - dijo Jacob suavemente. - Sam necesitaba nuestra ayuda, y ya fue bastante malo que yo me marchara, dejándolo en la estacada, como para que encima os hubierais marchado los demás. Si no me hubiera separado, esa garrapata no hubiera seguido mi rastro. Así que ha sido culpa mía.

  • Yo te dije que te marcharas. - susurró Leah. - No debería haberlo hecho.

Pero lo hice, bajo mi responsabilidad. - dijo Jacob firmemente, tomando a Leah por los hombros y separándola de él para poder mirarla a los ojos. - Tú no me obligaste a marcharme. Fui yo. Y os pido perdón. - súbitamente, Jacob bajó la mirada. - No he sido un buen Alfa. Yo… ni siquiera merezco ser Alfa después de esto.

Un montón de exclamaciones de protesta salieron de las bocas de los cuatro miembros de la manada de Jacob. Pronto, se les unieron aullidos de protesta provenientes de los lobos que esperaban abajo: la manada de Sam.

Huí de mis responsabilidades. - cortó Jacob, con voz firme. - ¿Qué clase de Alfa soy? ¿Qué clase de Alfa antepone la nostalgia a sus responsabilidades como tal? - Jacob negó con la cabeza, torciendo el gesto. - No, sabéis que tengo razón. Ninguno de los demás lobos imprimados lo hizo. Sam no lo hizo.

  • El que te equivocas eres tú. - dijo entonces una voz suave desde la puerta.

Sam acababa de entrar a la habitación, y se apoyaba contra la pared, con la mano todavía en el picaporte y una expresión serena en el rostro. Cuando Jacob no contestó, Sam comenzó a caminar hacia la cama, sin olvidarse de cerrar la puerta tras de sí. Quil y Embry se hicieron a un lado rápidamente, dejando espacio para que Sam se sentara en la cama al lado de Jacob.

  • Cuando conocí a Emily… - comenzó a explicar Sam con voz tranquila. - Yo era el único lobo de la manada. No tenía nadie más, nadie con quien compartir mis obligaciones, nadie que me ayudara a hacer guardias. Nada. - se interrumpió un momento, entrecerrando los ojos en un gesto de dolor. - Tú lo has visto, Jacob. - siguió hablando, su voz tomando un matiz ronco de arrepentimiento. - Lo has visto dentro de mi mente, igual que todos los demás. Habéis visto cómo me llevé a Emily a las guardias, anteponiendo mi bienestar personal a mis deberes como protector de la tribu. Anteponiendo mi bienestar personal incluso a la propia protección de Emily, de la persona más importante de mi vida. Ella accedía a venir conmigo, aun despreciándome, como lo hacía en aquella época por lo que le había hecho a su prima. Venía conmigo porque sabía que yo no podría concentrarme en mi trabajo si no la sentía cerca. Ella es así de altruista.

Llegado a este punto, el dolor, la rabia y el arrepentimiento en la voz de Sam eran tangibles. Jacob sabía de lo que estaba hablando Sam, pero no conseguía reunir el valor para cortar la explicación del muchacho. Leah, conteniendo un escalofrío ante la mención de su persona en la historia de Sam, desvió la vista.

  • Un momento de despiste. - siguió Sam, sin apartar sus ojos de Jacob, mostrándole todo el dolor que acumulaba en su mirada. - Un momento en el que el control sobre mí mismo se me escapó de entre los dedos. La herí. - la voz de Sam se tornó susurrante, su mirada fiera ante el recuerdo de lo que había hecho. - Cometí un error, y ese error me costó muy caro. Emily no me lo tomó en cuenta. No sólo eso, sino que empezó a corresponderme… - susurró, sacudiendo la cabeza con incredulidad. - Pero yo no puedo perdonarme a mí mismo, y no lo voy a hacer jamás.

  • Sam… - susurró Jacob.

  • Dime, Jacob Black, ¿recuerdas las primeras guardias largas de Quil, de Jared y de Paul? - cortó Sam. - ¿Recuerdas lo que tuve que hacer para que me obedecieran y cumplieran con su obligación?

  • Ordenárselo. - contestó Jacob suavemente. - Tuviste que ordenarles que cumplieran con sus guardias, que dejaran a sus chicas atrás.

  • Me guardaron mucho resentimiento durante unos meses. - comentó Sam tras un pequeño asentimiento. - Estuviste en sus mentes por esa época, y sabes lo mal que lo pasaron. Pero no podían volver, porque yo se lo había ordenado.

  • Sam posó entonces sus dos manos sobre los hombros de Jacob y lo miró directamente a los ojos. - Todos pecamos en nuestro día de lo mismo, Jake. Era la primera vez en siete años que te separabas de Nessie más de unas horas. Digamos que era algo así como tu primera guardia larga.

  • sonrió Sam. - Tu reacción no fue distinta de la nuestra. Pero eres un Alfa, Jacob, como yo. Y tanto tú como yo somos también humanos. Cometemos errores. Y no tenemos a nadie por encima de nosotros que nos prevenga de cometerlos. Esa es la diferencia entre los demás y nosotros, los jefes de la manada. Y en cuanto a ti y a mí… ya has visto que no hay diferencia. Yo también cometí mis propios errores.

Jacob asintió lentamente. Sabía que Sam tenía razón. Sabía que su reacción a la distancia y al tiempo de separación para con Nessie había sido la misma que la de los demás. Aunque eso no evitaba que se sintiera culpable.

  • Tuviste suerte de que en tu caso no hubo consecuencias irreversibles. - continuó Sam, suspirando profundamente.
  • Has podido aprender de tu error sin tener que lamentar daños irreparables. Considérate afortunado.

Jacob volvió a asentir solemnemente. Sabía que era afortunado. Era afortunado de estar vivo, de que su manada estuviera intacta, de que nadie hubiera sufrido daños físicos permanentes, de que Nessie estuviera perfectamente. De no tener que lamentar otro caso como el de Emily.

  • Eres un gran Alfa, Jacob Black. - afirmó Sam con una mirada de orgullo paternal que sorprendió a Jacob. - Digno descendiente y heredero de Ephraim Black. Y no sabes lo orgulloso que estoy de tener la oportunidad de dirigir a esta panda de diablos junto a ti.

Durante un minuto, la emoción impidió a Jacob articular palabra. Significaba mucho para él lo que Sam acababa de decirle. El respeto que guardaba hacia Sam, la admiración por su forma impecable de dirigir a la manada, hacía que las palabras del otro Alfa pesaran el doble que las de cualquier otro a ojos de Jacob. Antes de que el joven quileute se fuera por su cuenta había estado muy orgulloso de ser el Beta de Sam. No tenía aspiraciones a ser el Alfa, a pesar de que le correspondiera por derecho, porque sabía que Sam era el más adecuado para ese puesto. Había estado muy preocupado cuando Seth, y luego Leah, lo siguieron, pues no se consideraba preparado para dirigir a nadie. Después, cuando se unieron Quil y Embry, se resignó y se dedicó a intentar cumplir con su obligación lo mejor posible. Pero no podía evitar preocuparse. Por eso, que Sam, a quien Jacob tenía tanto respeto, le asegurara que lo estaba haciendo bien, que honraba a su antepasado, que él también lo respetaba como Alfa…

Significaba mucho para Jacob.

  • Gracias. - pudo decir simplemente, la voz ronca por la emoción. - Gracias, Sam.

El aludido sólo sonrió y palmeó la mejilla de Jacob.

Me alegro muchísimo de que estés bien, Jake. - dijo entonces Sam, poniendo su mano en el hombro de Jacob. - No sabes cuanto me alegro. Sé que tú y yo hemos estado algo raros el uno con el otro desde que te convertiste en Alfa, pero… - súbitamente, Sam engulló a Jacob en un tremendo abrazo de oso que el joven quileute le devolvió como pudo. - Te quiero, hermano.

  • Yo también, Sam... - susurró Jacob, intentando contener las lágrimas. - Sabes que sí, y que por mucho que nos hayamos alejado, sigues siendo mi hermano, igual que el resto de la manada. - en un gesto rápido, Jacob se limpió las lágrimas por encima del hombro de Sam. - Aunque intentes hacerme llorar como un bebé para que quede como un idiota sensiblero. - añadió.

Esa última frase rompió la tensión. Los cuatro miembros de la manada de Jacob y Sam rompieron a reír. Sam se separó de Jacob, sacudiendo la cabeza mientras su torso se sacudía en carcajadas. Jacob simplemente sonrió, rodando los ojos. Tenía la virtud de hacer que todos se rieran de él. ¡Qué le iba a hacer!

  • Bueno, creo que es tiempo de dejar que el resto de tus hermanos te vea. - dijo Sam cuando pudo parar de reír. - Tienen muchas ganas de molestarte un rato.

  • Oooh, ¡qué bien! - masculló Jacob sarcásticamente. - Dile a Paul que se deje sus comentarios estúpidos allá abajo, ¿quieres? Si no, cuando venga Rachel a verme voy a decirle que por su culpa estoy peor.

Un aullido corto de protesta proveniente de la ventana hizo que de nuevo Quil, Embry, Leah, Seth y Sam rompieran a reír. Ésta vez, Jacob rió con ellos.

Era bueno ver que las cosas, no sólo volvían a la normalidad, sino que mejoraban de forma increíble. Los quileute y los vampiros estaban más hermanados que nunca; las dos manadas se encontraban tan unidas como cuando formaban una sola; Sam y Jacob habían dejado atrás de forma definitiva todo lo que había pasado entre ellos; y luego estaba Nessie… Por fin, por primera vez desde que Nessie había sido concebida, el círculo se había cerrado. Y así seguiría para siempre, algo de lo que Jacob no podía estar más feliz.

Jamás había sentido tantas ganas de abrazar la eternidad.