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abrazando la eternidad — capítulo 13

Fue Jacob el primero en despertar por la mañana. Al parecer, su cuerpo ya había dormido lo suficiente, aunque sus músculos, como pudo comprobar al tratar de cambiar ligeramente su postura, seguían muy doloridos. El muchacho levantó el brazo para frotarse los ojos, y tuvo que volverlo a bajar con un gemido de dolor. Oh, sí, muy, muy, muy doloridos.

Nessie seguía durmiendo profundamente a su lado, así que Jacob se dedicó a pasear su vista por todos los rasgos de la muchacha. Sus rizos cobrizos, su piel nívea con tan sólo un poco de color rosado en las mejillas, las pocas pecas que adornaban su pequeña nariz, y esos labios rojos que, al fin, había saboreado. Jacob se deleitó un momento en ese recuerdo, sonriendo ampliamente. Y sólo faltaban los ojos, esos ojos marrones tan increíbles que escondían tanta dulzura, tanta pasión y tanta fuerza. Para verlos, tendría que esperar a que la muchacha despertara.

No tuvo que esperar demasiado, quizás media hora que el muchacho invirtió en aumentar su sentimiento de arrepentimiento por todo el dolor que había causado, hasta que la muchacha comenzó a estirarse suavemente. Jacob esperó, expectante, mientras los párpados de la muchacha se movían débilmente. Y al fin, esos orbes color chocolate derretido se abrieron lentamente, fijándose inmediatamente en los ojos negros y penetrantes que no apartaban la vista de ella.

  • ¡Jake! - exclamó Nessie, totalmente aliviada. En su prisa por incorporarse, se golpeó contra la cabecera de la cama, abollando prominentemente la madera. - ¡Au! - se quejó, sacudiendo la cabeza y lanzando una lluvia de astillas a su alrededor.

Jacob no pudo evitar estallar en carcajadas, lo cual no era una buena idea para sus músculos agarrotados. Pero la escena había sido tan graciosa que, pese a las punzadas de dolor, Jacob no conseguía parar de reír. Nessie frunció el ceño, pero sus labios se curvaron en un gesto divertido. Ver reír a Jacob de nuevo era el mayor regalo que la vida le podía haber hecho. Sin embargo, cuando vio que las carcajadas no se frenaban, la muchacha esbozó una sonrisa traviesa. Antes de que Jacob pudiera reaccionar, se inclinó y fijó sus labios contra los gruesos labios del muchacho, que, como había predicho, paró de reír inmediatamente para responder con dulzura al inesperado beso.

Renesmee no se dio cuenta de que estaba llorando hasta que Jacob se separó de ella para secar las lágrimas de sus mejillas con las yemas de sus dedos.

Eh, vamos, no llores… - murmuró el muchacho, su voz ronca arrancando mariposas en el estómago de la muchacha. - No hay por qué llorar.

Pero Nessie se apretó contra el pecho del joven quileute, sollozando como nunca lo había hecho. Con el corazón en un puño, Jacob comenzó a pasar la mano por la esbelta espalda de la muchacha, intentando calmarla. No le gustaba ver a Nessie llorar, y menos si sabía, como ahora, que era culpa suya.

  • He pasado tanto miedo… - susurró la muchacha cuando los sollozos remitieron. - No vuelvas a hacerme esto nunca.

Jacob esbozó una mueca horrorizada.

No tengo ninguna intención de hacerlo. - dijo, con vehemencia, recordando el agudo dolor que había sentido desde que los dientes de la chupasangre habían traspasado su piel hasta que se había quedado inconsciente minutos después. - Te lo aseguro.

La muchacha respiró hondo, relajándose, dejando que la calidez de Jacob derritiera todo el miedo, el horror, el dolor y la preocupación que había sentido en los últimos días.

  • ¿Nessie? - llamó Jacob, con voz seria.

La muchacha levantó la vista hacia él con ojos interrogantes.

Siento muchísimo todo lo que te he hecho estos días. - dijo entonces el muchacho, desviando la mirada. - La preocupación de no saber nada de mí, el no haber estado atento en el bosque para descubrir a la chupasangre antes, el no haber evitado que me mordiera, el dolor que te causé cuando me estaba… ya sabes… y la preocupación de estos dos días que he estado inconsciente. Me siento horrible por haberte provocado todo ese dolor. A ti, que eres lo más importante que tengo. No puedo creerme que te haya hecho todo esto. Perdóname.

  • Jake… - susurró entonces Nessie, juntando su mejilla con la morena mejilla del muchacho. - Sólo con que estés aquí es suficiente. No sabes lo feliz que me siento de poder hablar contigo de nuevo, de poder olerte, sentir tu calor, escuchar tu voz. Con eso es suficiente.

  • Me gustaría poder compensarte de alguna manera… - insistió Jacob, sin poder mirar a los ojos a la muchacha. - Lo único que deseo en el mundo es hacerte feliz, y ni eso he conseguido estos días. No te merezco.

  • Jacob Black, deja de hablar así. - ordenó Nessie con voz severa. - Y bésame.

  • ¿Qué? - se sorprendió Jacob ante el súbito cambio de rumbo de la conversación, levantando la vista hacia ella.

¿Quieres hacerme feliz? - preguntó la muchacha, lanzándole una mirada intensa destinada a deshacer todas las reservas de Jacob. - Pues bésame. Ahora mismo. Ya estoy harta de tener que hacerlo yo.

Durante un segundo, Jacob la miró con la boca abierta. Después, sonrió de forma algo pícara, arrancando de antemano un escalofrío en el cuerpo de la muchacha. Lentamente, se incorporó, inclinándose después con cuidado sobre el cuerpo de la chica, ignorando las fuertes punzadas de dolor que sus terminaciones nerviosas enviaban a su cerebro. Apoyó el codo en la almohada para mantenerse en esa posición, y con su mano libre acarició tiernamente la mejilla de Renesmee, mirándola con tanta adoración que la muchacha no pudo más que sonrojarse. De nuevo lentamente, el muchacho se fue acercando más a ella, hasta que juntó su frente con la de la muchacha, sin dejar de mirarla a los ojos. Seguidamente, y con igual lentitud, acercó sus labios a los de ella.

Cuando al fin sus bocas se encontraron, el beso dulce que Jacob había comenzado los envió a un estado de éxtasis tal que pronto se tornó salvaje, apasionado, ardiente. Haciendo caso omiso de sus punzantes músculos, Jacob se dedicó a adorar a la muchacha con sus labios, sus manos, sus piernas. Con todo lo que tenía. Y ella no se quedó atrás. Nessie estaba en el último cielo. No había un músculo de su cuerpo, un trocito de piel, que no quisiera más de lo que Jacob le estaba dando. Quería sentirlo más, mejor, más cerca. Jamás podría cansarse del sentimiento que el muchacho le provocaba.

Tan inmiscuidos en sus caricias estaban ambos muchachos, que, pese a sus agudos sentidos, no se dieron cuenta de que la puerta de la habitación se había abierto hasta que la persona que acababa de entrar se aclaró la garganta. Sobresaltado, Jacob pegó tal salto que acabó dando con sus huesos y sus doloridos músculos en el duro suelo de la habitación. Una agudísima punzada de dolor convulsionó todo su cuerpo, haciéndolo aullar de dolor.

Mierda… - se quejó el muchacho con voz estrangulada, apretando los dientes y cerrando los ojos fuertemente para aguantar el dolor mientras sentía como su consciencia lo abandonaba ligeramente en aras de soportarlo.

Unos brazos fríos lo recogieron con cuidado y lo volvieron a subir a la cama, sin apenas esfuerzo a pesar del tamaño y el peso de Jacob. El muchacho, en su estado semiinconsciente provocado por el dolor, reconoció el aroma como el de Bella.

  • ¿Jake? - oyó la voz de Nessie como si viniera de muy lejos, cargada de preocupación, y sintió su cálida mano posándose en su frente, calmando ligeramente su dolor. - ¿Estás bien?

  • Un segundo. - balbuceó Jacob, tratando de controlar su tono de voz.

El dolor fue remitiendo, y al fin, el muchacho fue capaz de volver a abrir los ojos y relajar la mandíbula. Se encontró con un par de preocupados ojos marrones, y con otro par de ojos dorados igual de preocupados.

Lo siento mucho, Jake, no sabía que ibas a reaccionar así. - se disculpó Bella. - Pero comprenderás que la imagen que me disteis al entrar no es la más adecuada para una madre...

  • No te preocupes. - dijo Jacob débilmente. - Estabas en tu derecho.

  • ¿Te sigue doliendo? - preguntó Renesmee, apartando el pelo del muchacho de sus ojos negros. - ¿Quieres que llame a mi abuelo?

  • Nah, no hace falta. - contestó Jacob, esbozando una pequeña sonrisa. - Ya se me está pasando.

  • ¿Seguro? - se aseguró Bella.

  • Que sí. - contestó Jacob, rodando los ojos. - Mis músculos están algo agarrotados, nada de qué preocuparse.

  • Bueno…. - claudicó Bella, no muy convencida.

Durante un minuto, Bella y Jacob se miraron en silencio. La joven vampira parecía indecisa sobre algo, y Jacob, conociéndola como la conocía, supo lo que era. Abrió los brazos con cuidado.

  • Ven aquí, tonta. - refunfuñó.

En menos de un segundo, el frío cuerpo de Bella se acurrucó contra el pecho del muchacho, quien acabó de nuevo con una chica sollozando entre sus brazos. Jacob palmeó la espalda de la joven vampira con gesto torpe, sin saber muy bien lo que hacer ante el despliegue de emoción de Bella. Al menos esta vez no había lágrimas…

  • Estoy bien. - susurró, preguntándose si todo el mundo iba a reaccionar así. - No hace falta que lloréis más. No me gusta veros llorar, ¿vale? Y menos por mi culpa.

  • Es que… - sollozó Bella, sin soltar su agarre. - Es que estoy tan aliviada… Yo no quería irme de caza y dejarte así, pero la sed comenzaba a ser insoportable, y al final me convencieron para que los acompañara, no querían que perdiera el control… Oh, Jake, ¡cuánto me alegro de que estés bien!

  • Ya, ya… - intentó calmarla Jacob, lanzando una mirada suplicante hacia Renesmee, quien miraba la tierna escena con una sonrisa dulce.

La muchacha se apiadó de Jacob, y se acercó a su madre, tomándola por los hombros.

Vamos, mamá. - dijo, con voz dulce, separándola de Jacob y sentándola en uno de los lados de la cama. Ella, por otra parte, volvió a acurrucarse, apoyando su costado en el de Jacob. - Todo está bien ahora, ¿ves? Deja de atormentar a Jacob, ya se siente lo suficientemente culpable.

  • Lo siento. - se disculpó Bella, intentando calmarse. Levantó la vista hacia Jacob, que la miraba muy serio. - Es sólo que… eres muy importante para mí, Jake. No quiero perderte.

Jacob sonrió, sintiendo una profunda oleada de afecto hacia su mejor amiga.

No te desembarazarás de mí tan fácilmente, Bells. - le aseguró. - Siempre tendré cerca a alguno de vosotros, o a mi manada, para salvarme el pellejo.

Nessie contuvo un escalofrío ante el pensamiento de que algo así pudiera suceder de nuevo, y Bella hubiera tenido otro si su cuerpo tuviera reacciones humanas.

  • Por si acaso, ten más cuidado la próxima vez. - murmuró Bella, tomando una de las grandes manos del muchacho entre las suyas.

Te aseguro que tuve todo el cuidado que pude. - aseguró Jacob, con el ceño fruncido y torciendo el gesto. - Pero esa chupasangre… había algo raro en ella. No era normal.

  • Tenía un don muy poderoso. - dijo una voz desde la puerta.

Jacob, Nessie y Bella se volvieron hacia Edward, quien estaba apoyado en la puerta con una pose despreocupada y sosteniendo una bandeja de comida.

  • ¿Un don? - repitió Jacob.

Edward se acercó hacia la cama y dejó la bandeja con el desayuno de Jacob en la mesa auxiliar, sobre la bandeja que el muchacho había vaciado la noche anterior.

  • Un don. - asintió Edward, colocándose junto a su esposa. - Pude escuchar sus pensamientos durante un tiempo muy breve, pero me fue suficiente para descubrir lo que hacía. Era capaz de encontrar los puntos débiles de cada criatura que se pusiera en su camino. - explicó. - Puntos débiles en ataque que aprovechaba para conseguir escabullirse, puntos débiles en defensa que aprovechaba para lanzar sus ataques de una forma eficaz, puntos débiles en los sentidos de sus perseguidores que podía usar para escapar… y puntos débiles mortales de sus enemigos, como el de morder a los de tu especie.

  • Eso lo explica todo. - refunfuñó Jacob, dejándose caer suavemente contra las almohadas.

  • ¿A qué te refieres? - preguntó Bella, frunciendo levemente el ceño.

No me atacó como soléis atacar los vampiros. - explicó Jacob, frotándose los ojos en un gesto dolorido. - No intentó tumbarme, ni tanteó mis defensas, ni tan siquiera intentó evaluarme. Simplemente se agachó y se lanzó hacia mí con el vientre rozando el suelo, buscando clavarme los colmillos. Ese ataque tan extraño me pilló completamente por sorpresa, me dejó indefenso. Leah la atrapó cuando la tenía enganchada de la pata, y cuando Nessie llegó, entre las dos consiguieron acabar con ella. Para cuando Leah me la quitó de encima, apenas me podía mover, y me quedé tirado en el suelo. - dijo, encogiéndose al recordar la sensación de impotencia y el intensísimo dolor que había sentido cuando el veneno comenzó a expandirse.

Renesmee le acarició el brazo con suavidad para sacarle de encima ese recuerdo, y Jacob le sonrió con agradecimiento. Bella observó el intercambio con una sonrisa dulce, mientras que Edward hizo como que no lo había visto.

Además, por lo que tengo entendido, esa hembra consiguió escapar de la manada entera, y su instinto la guió hacia el único lobo que estaba solo. - comentó Edward suavemente. - Menos mal que Aro no la encontró antes que vosotros. Hubiera sido un gran arma en manos de los Volturi.

Por cierto, Edward. - dijo Jacob, enderezándose a pesar del fuego que se extendió por sus doloridos músculos. - Tengo que darte las gracias.

  • dijo, con voz seria. - Si no fuera por ti, ahora estaría criando malvas.

  • Agradéceselo a Bella. - contestó Edward, inclinando la cabeza. - Fue a ella a la que se le ocurrió.

Sí, pero tú fuiste el que lo llevó a cabo, y sé que nuestra sangre es asquerosa para vosotros. - dijo Jacob. - Lo que no quiere decir que no te lo agradezca a tí también, Bells. - añadió rápidamente, volviéndose hacia la joven vampira con una pequeña sonrisa. - Ya lo sabes.

  • Lo sé. - contestó Bella, inclinando la cabeza y devolviéndole la sonrisa.

  • Pero en fin… - siguió Jacob, mirando de nuevo a Edward. - Que te debo una.

Lo único que me debes es escuchar la charla paternal y sobreprotectora que te voy a dar en cuanto te encuentres del todo bien. - dijo Edward, mirando a Nessie significativamente con una ceja enarcada.

Jacob bufó, y Nessie rodó los ojos. Bella sólo sonrió, a sabiendas de que Edward estaba contento con la forma en que se habían desarrollado los acontecimientos. Al parecer, Jacob había pasado la prueba de los pensamientos impuros, al menos por ahora. Porque, conociendo a Jacob, en cuanto Nessie hiciera o dijera algo en un sentido más sexual, éstos se dispararían. Nessie llevaría la iniciativa en ese sentido, pero él estaría ahí para darle lo que ella quisiera en cada momento. Y, si ella era la que lo pedía, Edward no podría reprocharle nada a Jacob. Oh, las cosas se iban a poner muy interesantes cuando eso pasara. Bella tuvo que contener la risa al recordar la cara que ponía Edward en la época en la que ella era aún humana, cuando los pensamientos de Jacob se pasaban un poco de tono. Ahora, siendo su hija, la cosa iba a ser aún peor. Como había dicho Bella antes, no eran imágenes adecuadas para los padres. La joven vampira dio gracias por no ser ella la que las fuera a ver. Era Edward el que las iba a sufrir. Aunque no las sufriría todas… Bella podía proteger las mentes de Jacob y de Nessie cuando sus pensamientos se salieran de lo normal. Pero claro, primero se divertiría un poco con la cara de Edward al escucharlos y la de Jacob cuando Edward se los recriminara…

El susodicho vampiro miró súbitamente hacia la ventana, con gesto divertido.

Tu manada y la de Sam parecen estar impacientándose. - comentó. - Nos están oyendo hablar, y quieren subir a verte. ¿Te encuentras bien como para que vayan subiendo poco a poco?

Jacob asintió. Sabía que sus hermanos también habían sufrido mucho por su causa dos noches atrás. Sobretodo Quil, Leah, Seth y Embry, que eran los que, a través del enlace mental, vivieron la misma agonía que él. Y todos los lobos de la manada de Sam, que también seguían siendo sus hermanos. Los quería a rabiar, y sabía que ellos también lo querían a él de la misma forma. Debían de haber sufrido mucho.

  • Sí. - dijo, con voz suave y un deje de añoranza. - Tengo ganas de verlos a todos.

Edward sonrió suavemente, leyendo los pensamientos de Jacob. No dejaba de asombrarle la forma en que los lobos se sentían los unos a los otros. Más que familia. Más que hermanos. Eran unos lazos increíblemente fuertes. Y él sabía todo lo que habían sufrido los lobos dos noches atrás, cuando creían que Jacob no sobreviviría. Había leído la agonía de perder a uno de sus hermanos en sus mentes. Aunque no había sido nada comparado con lo que había leído en la mente de su hija.

  • De acuerdo. - asintió Edward con un suspiro. - Te dejaremos un poco de privacidad.

Bella se levantó de la silla y fue hacia Edward, no sin antes dar un apretón afectuoso a la mano de Jacob.

  • No te canses mucho, ¿eh? - le dijo suavemente. - Tienes que descansar.

  • Estoy bien. - le aseguró Jacob. - No te preocupes.

Dicho eso, Edward y Bella salieron de la habitación, la joven vampira lanzando una mirada significativa hacia su hija. Nessie captó el significado de esa mirada, así que besó a Jacob en la mejilla y se levantó de la cama, para sorpresa del muchacho.

  • No tienes por qué irte. - le dijo.

Lo sé. - contestó Nessie, sonriendo ante el tono de protesta que el muchacho había conferido a su comentario. - Pero me gustaría darme una ducha, y cazar algo y esas cosas, y mejor que lo haga ahora que sé que tú vas a estar bien con tus hermanos.

  • Vale. - aceptó Jacob, aunque sus ojos denotaron lo poco que quería separarse de la muchacha, por poco tiempo que fuera.

Renesmee se dio cuenta, así que se inclinó y tomó los labios de Jacob en un dulce beso, frotando su nariz contra la del muchacho al separarse de él. El tierno gesto arrancó una sonrisa en los labios de Jacob.

Volveré enseguida. - le aseguró. El muchacho asintió, sin poder retirar su maravillada mirada del bello rostro de la muchacha. Nessie se sonrojó un poco, pero sonrió mientras agarraba el picaporte.

¿Nessie? - la llamó Jacob de pronto, haciendo que la muchacha se volviera de nuevo hacia él. - Debí haberte dicho esto en cuanto te ví hace dos noches, pero… bueno, conseguiste distraerme. - la muchacha sonrió con un gesto pícaro, recordando la "distracción" a la que se refería el muchacho. - Feliz cumpleaños, cariño. - murmuró Jacob entonces. - Debería darte tu regalo. - dijo, haciendo una mueca. - Pero obviamente no lo llevo encima.

Nessie volvió a acercarse a la cama para atraer los cálidos labios del muchacho en un dulce y cálido beso.

  • Tú eres mi mayor regalo. - susurró la muchacha con voz suave y mirándolo fijamente a los ojos. - Gracias, Jake. Por todo.

Acto seguido, la muchacha se enderezó y le guiñó un ojo, arrancando una carcajada de la garganta de Jacob. Después se dio la vuelta y volvió a dirigirse hacia la puerta. Y, mientras salía y se alejaba de la habitación en la que estaba acomodado el muchacho, iba pensando en el futuro, y en toda la dicha y toda la felicidad que éste le traería.

Con Jacob.