abrazando la eternidad — capítulo 12
Dos días después, Jacob, instalado en la casa principal de los Cullen, seguía sin despertar. Nessie volvía a estar preocupada, aunque su abuelo Carlisle insistía en que era normal. Que Jacob había estado muy cerca de morir, y que Edward había tenido que succionar mucha sangre, tanta que una persona normal hubiera muerto desangrada. Que el cuerpo de Jacob se recuperaba pronto, pero que esta vez había mucho daño que reparar. Que ya estaba casi curado, y que no tardaría en despertar. Renesmee no podía dejar de preocuparse, por mucho que su abuelo intentara tranquilizarla, y no había criatura sobre la Tierra capaz de sacarla de la antigua habitación de Edward, que era donde habían instalado a Jacob.
Las dos manadas, la de Jacob y la de Sam, se habían adueñado de los alrededores. Excepto Paul, quien se permitía el aparecer y desaparecer por las noches debido al embarazo de Rachel, los lobos no se habían movido de ahí en esos dos días, esperando a que su hermano despertara. Sam había dado las gracias a Edward y a Bella en nombre de su manada por haber salvado a Jacob, y Leah, sorprendiendo a todos, hizo lo mismo con una expresión mucho más simpática de lo normal.
También Billy, Rachel, Sue y Charlie se encontraban todo el día en la casa, yéndose sólo por las noches. Le habían dado un buen susto a Billy cuando habían vuelto a la casa principal con el cuerpo de su hijo inconsciente sobre el lomo de Sam. Por no hablar de Rachel, a quien Paul tuvo que sujetar cuando sufrió un desvanecimiento provocado por el pánico. Fue Edward, quien tenía varias licenciaturas en Medicina, el que se ocupó de la joven quileute embarazada. Carlisle estaba demasiado ocupado asegurándose de que Jacob se recuperaba del todo.
Tras haber escuchado la historia y haberse asegurado de que Jacob se iba a poner bien, Billy procedió a agradecerle a Edward desde el fondo de su corazón que hubiera salvado la vida de su hijo. Edward insistió gentilmente en que la idea había sido de Bella, así que Billy procedió a agradecérselo a la joven vampira, quien le contestó, en medio de un emotivo abrazo, que ella estaba tan aliviada como él. Todas las reservas que al viejo quileute pudieran quedarle con respecto a los Cullen desaparecieron en ese mismo instante. Rachel, cuando se recuperó, también abrazó a Bella muy emocionada para acto seguido abrazar con fuerza a Nessie, las voces de ambas muchachas, las dos muchachas tocadas por el maravilloso don de la imprimación, ahogadas por el llanto.
La noche del segundo día de inconsciencia de Jacob, la mayoría de los Cullen se marcharon de caza, sin querer postergarlo más. Se quedaron Carlisle y Esme, el primero por no querer dejar a Jacob sin asistencia médica, y la segunda para ejercer de anfitriona con los lobos y los humanos acampados tanto en la casa como en los terrenos. Nessie también se quedó, por supuesto. Podía sustentarse con comida humana, aunque no le hiciera mucha gracia.
Billy había decidido quedarse esa noche a dormir, sabiendo que Jacob despertaría pronto. En esos últimos dos días, el color normal de la piel del muchacho se había recuperado, así como su ardiente temperatura corporal. La quietud que había caracterizado su inconsciencia en un principio también se había ido llenando de pequeños movimientos, y el muchacho incluso había comenzado a roncar suavemente.
No tardaría en despertar.
Hacia las doce de la noche, Nessie se quedó dormida acurrucada contra el costado de Jacob. Billy, que se encontraba en su silla de ruedas a los pies de la cama, sonrió ante la tierna escena. En un principio, cuando Jacob le contó que se había imprimado de la hija de Edward y Bella, una niñita mitad vampira, mitad humana, Billy no pudo más que preocuparse. No era natural, no era normal que un lobo se imprimara con una persona que era en parte su enemigo más mortal. Sin embargo, su percepción de la situación cambió en cuanto conoció a la pequeña. Porque un ser tan inocente y tan adorable como esa pequeña, un ser que causaba tal halo de felicidad en el rostro de su hijo, no podía ser malo para él. La niñita no había tardado en ganarse su corazón tanto como se había ganado el de todos los demás. Y ahora, Billy se alegraba mucho por su hijo, quien, según había leído Edward en la mente de Renesmee, ya era completamente correspondido. El viejo quileute daba gracias por haber vivido lo suficiente para ver a su hijo completamente feliz, como sabía que lo iba a ver en cuanto despertara. Jacob no había tenido una juventud feliz desde que se transformó. Al menos hasta que Nessie nació. Pero su felicidad sería completa a partir de ahora, gracias de nuevo a la muchacha que dormía acurrucada contra su cuerpo. Billy estaba seguro de ello.
Y no se equivocaba lo más mínimo.
Hacia las doce y media de la noche, los párpados de Jacob se movieron. Billy contuvo la respiración, preguntándose si sería una falsa alarma. Pero no, los ojos de Jacob se abrieron lentamente, desconcertados, acostumbrándose paulatinamente a la suave intensidad de la luz a su alrededor, para fijarse después en la muchacha que dormía pacíficamente a su lado. La sonrisa que iluminó su rostro cuando la vio llenó el corazón de Billy de felicidad y de la más absoluta paz.
Sólo cuando el viejo quileute comenzó a mover su silla hacia la cama, Jacob retiró la mirada de los rizos cobrizos que tanto amaba.
-
Papá… - susurró sorprendido, intentando no despertar a Renesmee. Su voz sonó excesivamente ronca ante la falta de uso.
Jake, hijo. - susurró Billy a su vez, sin poder evitar las lágrimas que acudieron a sus ojos mientras extendía los brazos para tomar una de las grandes manos de Jacob entre las suyas. - Contigo no gano para sustos.
Jacob pareció recordar de pronto lo que había ocurrido dos días atrás. Su expresión de desconcierto e incredulidad sacó una sonrisa de los labios de Billy.
-
Estoy vivo. - susurró entonces Jacob, volviendo de nuevo su desconcertada mirada hacia Renesmee. - ¿Cómo…?
-
Edward y Bella te salvaron la vida. - susurró Billy en tono agradecido.
-
¿Pero cómo ha podido ser? - volvió a preguntar Jacob con incredulidad. - Me mordió… me estaba… me estaba muriendo, papá…
A Bella se le ocurrió que quizás se podría aspirar el veneno, como parece que hizo Edward con ella en algún momento de su vida humana. - explicó Billy, y Jacob, recordando bien ese suceso, levantó una mirada sorprendida desde los rizos cobrizos desparramados a su lado hacia el rostro de su padre. - Edward se puso manos a la obra y, gracias a Dios, funcionó. - continuó Billy. - Aunque has estado dos días inconsciente.
- ¿Edward aspiró el veneno? - susurró Jacob, con expresión incrédula. - ¿Edward?
Billy asintió.
-
Le debes la vida. - susurró el viejo quileute. - Igual que yo le debo la vida de mi hijo.
Le debo mucho más que mi vida. - susurró Jacob tras un breve silencio, volviéndose a mirar de nuevo a Renesmee con infinita adoración. Billy sonrió con ternura.
-
¿Necesitas algo, Jake? - preguntó entonces.
-
Estoy seguro de que el doctor Cullen nos está escuchando, y estará deseando entrar a verte. Mientras lo hace, puedo ir a buscar cualquier cosa que necesites.
-
Tengo un poco de hambre. - admitió Jacob. - Y sed. Pero tengo más sueño que otra cosa.
Billy sonrió de nuevo.
- En ese caso, mejor que el doctor Cullen acabe cuanto antes. - dijo. - Debes descansar y recuperarte del todo.
No necesitó decir nada más. En cuanto esas palabras salieron de su garganta, Carlisle ya estaba en la habitación. Billy se hizo a un lado, en silencio.
- Bienvenido de nuevo, Jacob. - sonrió el vampiro. El joven quileute le devolvió la sonrisa de buena gana. - ¿Cómo te encuentras?
Jacob se lo pensó un momento.
- Como si me hubiera pasado un camión por encima. - contestó, esbozando una mueca de dolor. - pero bastante bien. - continuó. - Mejor que la última vez que estuve despierto, eso seguro.
Carlisle rió ligeramente, y procedió a hacerle un reconocimiento rápido. No le llevó demasiado tiempo.
Bueno, todo está en orden. - dijo cuando terminó. - Unos cuantos días de descanso y estarás como nuevo. No dejo de asombrarme ante la rapidez con la que os recuperáis. Aunque quizás sería bueno que comieras algo antes de volver a dormirte, tu cuerpo necesita su sustento, debes de estar sin reservas. Y te voy a dejar un par de calmantes para el dolor para después de que comas.
Antes de que terminara de hablar, Esme ya estaba adentro con una bandeja de comida entre las manos. Padre e hijo no pudieron más que asombrarse ante lo coordinados que estaban ambos vampiros. Jacob se incorporó levemente con ayuda de Carlisle, intentando no mover el vendaje de su hombro y no despertar a Nessie en el intento, emitiendo un leve quejido de dolor cuando sus músculos protestaron por el esfuerzo. Esme dejó la bandeja en una mesa auxiliar al lado de la cama, e hizo ademán de coger a su nieta en brazos para llevarla a su habitación. Jacob la detuvo con un gesto.
-
No… - susurró. - ¿Podrías dejarla aquí, por favor? No me molesta para nada.
Como prefieras. - sonrió Esme, enderezándose de nuevo y lanzando una maternal sonrisa hacia el muchacho. - Me alegro mucho de que estés de vuelta, Jacob.
- Gracias. - dijo Jacob, devolviéndole la sonrisa. - No hubiera podido hacerlo sin vosotros.
Esme hizo entonces algo que nunca había hecho con ningún lobo, ni siquiera con el bueno de Seth. Se acercó al muchacho y lo envolvió en un abrazo maternal y cariñoso. Un abrazo en el que, de nuevo, el joven lobo recordó a su desaparecida madre. Jacob se sorprendió ante lo cálido y reconfortante que resultaba ese abrazo a pesar de provenir de un vampiro. Vacilante, el muchacho la abrazó a su vez, sorprendiéndose de nuevo por lo fácil que se le hacía. La única vampira a la que había abrazado era Bella, y eso era porque… bueno, porque era Bella. Al muchacho jamás se le había ocurrido que pudiera ser igual de fácil abrazar a los demás. Quizás era sólo Esme, con su instinto maternal. O quizás Jacob se estaba reblandeciendo por pasar tanto tiempo con ellos.
"Seguro que no me resultaría fácil abrazar a la rubia" se consoló Jacob, aturdido. "Nah, nada fácil".
Me alegro de veras de que estés bien. - susurró Esme en su oído, interrumpiendo sus confusos pensamientos. - Hemos estado muy preocupados. A Bella y a Nessie sólo les faltaba subirse por las paredes.
-
Siento mucho haberos preocupado a todos.
Tampoco ha sido culpa tuya. - rió Esme suavemente, apartándose de él, sin percatarse del gesto arrepentido que esa frase había arrancado en el rostro de Jacob. Un gesto que el muchacho escondió de inmediato. - Come algo, y luego descansa. Si necesitas algo más, sólo tienes que llamar. Estaremos pendientes.
-
Gracias. - volvió a decir Jacob. - ¿Dónde está Bella, por cierto? ¿Y mis hermanos?
Bella se fue de caza con los demás. - contestó Carlisle. - Llevaban demasiado tiempo sin hacerlo, la sed estaba comenzando a ser insoportable. Le he dejado un mensaje en el móvil en cuanto te he oído hablar con tu padre, supongo que estará aquí por la mañana. También he avisado a tus hermanos, están todos dando vueltas por ahí. Querían subir, pero les he dicho que era mejor que esperaran a mañana. Espero que no te importe.
Jacob negó con la cabeza, esbozando una sonrisa de agradecimiento. La verdad es que ahora mismo estaba demasiado exhausto como para querer tener una jauría de hombres lobo hiperactivos a su alrededor.
-
Creo que te debo una disculpa, Jacob. - murmuró entonces Carlisle. Jacob lo miró perplejo, sin poder imaginarse nada que Carlisle hubiera hecho mal como para deberle a él una disculpa. - Lo que se le ocurrió a Bella… debería haber pensado en eso. Soy médico, no es la primera vez que he sugerido algo así. Debería habérseme ocurrido antes…
-
¡Qué va! - le cortó Jacob, quitándole hierro al asunto con un gesto de despreocupación. - Nah, no pienses más en eso, doc. Lo importante es que estoy bien, ¿no? ¿Qué importa a quién se le ocurriera, o si se le ocurrió antes o después?
Carlisle negó con la cabeza, esbozando un gesto disgustado.
Podría haberte ahorrado sufrimiento si se me hubiera ocurrido antes. - murmuró. - Se me ocurrió cuando Bella era humana, así que no logro entender por qué no se me ocurrió contigo. Es horrible por mi parte, y más cuando ya llevo bastante tiempo considerándote uno más de la familia.
Jacob sacudió la cabeza, y sonrió. Que Carlisle lo considerara parte de su familia le había tocado la fibra sensible. El doctor Cullen siempre conseguía tocarle todas las fibras sensibles. Y su maternal esposa también.
- No te preocupes. - insistió Jacob, encogiéndose de hombros. - Estoy bien, y ya está. Lo que pasó ya no tiene remedio, así que, ¿por qué darle más vueltas?
Carlisle rió ante la actitud despreocupada del muchacho, pero su gesto seguía siendo profundamente arrepentido.
- Está bien, como quieras. - accedió, sin embargo. - Debería dejarte descansar. Llama si necesitas algo, por favor.
Jacob asintió, y Esme acercó la mesita auxiliar a la cama hasta dejarla al alcance del muchacho. Acto seguido se acercó a Billy.
- ¿Quiere que le lleve a su habitación? - preguntó respetuosamente.
Billy asintió, sonriendo agradecido.
- Estoy demasiado viejo como para trasnochar. - admitió.
Desde la cama, Jacob bufó.
-
Tú nunca serás del todo viejo, papá. - afirmó.
A todos nos llega el momento. - sonrió Billy. - O debería decir a casi todos. - rió, sabiéndose rodeado de gente que no envejecía. - Buenas noches, hijo.
- Buenas noches. - farfulló Jacob, ya con la boca llena.
Esme cogió entonces la silla y la empujó con cuidado. Carlisle los siguió, cerrando la puerta tras de sí.
Con la mirada fija en Nessie, Jacob terminó toda la comida (tenía más hambre de la que pensaba), más los dos calmantes que Carlisle le había dejado junto a un vaso de agua. Acto seguido se tumbó con cuidado, intentando relajar sus músculos doloridos. Su mente se puso a divagar, y el sentimiento de culpabilidad y de arrepentimiento que había aparecido con la frase de Esme se clavó en su corazón. Todo lo que había pasado había sido culpa suya. No debería haber abandonado la manada y sus obligaciones como Alfa, pues la vampira había seguido su rastro sabiendo que estaba solo. No debería haber tenido a Nessie tanto tiempo a la intemperie sabiendo que había una hembra chupasangre cerca. Había puesto en peligro su propia vida, pero también la vida de la persona más importante para él. Era él el que tenía que disculparse con todo el mundo, empezando por Nessie y siguiendo por las manadas.
Sin abandonar esos pensamientos, Jacob suspiró. Se acercó a Renesmee con cuidado para no despertarla, y apoyó su nariz en los cabellos de la muchacha, aspirando su maravilloso aroma. Ante la cercanía de Nessie, Jacob sintió como su mente se relajaba, y su culpabilidad y arrepentimiento se acallaban. Ella era todo lo que necesitaba. El muchacho no tardó mucho en volver a dormirse, con un brazo protector alrededor de la joven que dormía profundamente a su lado.