abrazando la eternidad — capítulo 5
La mañana llegó de forma suave, los rayos del sol colándose tímidamente por entre las cortinas, haciendo cosquillas a Jacob en los ojos. Todavía dormido, Jacob sonrió inconscientemente ante el suave peso de Renesmee contra su pecho. Unos minutos más tarde, cuando los rayos del sol se hicieron más fuertes, el sueño del muchacho se agitó, y sus ojos se entreabrieron parpadeando levemente... encontrándose con unos preciosos rizos cobrizos justo debajo de su nariz. El muchacho sonrió, esta vez conscientemente, y deslizó la mano que había pasado por encima de Nessie en un gesto protector sobre los suaves rizos, intentando no despertarla. Jamás se cansaría del tacto sedoso de los cabellos de la muchacha.
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¿Jake? - murmuró ella, estirándose un poco.
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¿Te he despertado? - preguntó Jacob. - Lo siento, no pretendía hacerlo.
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Estaba medio despierta. - suspiró ella, abriendo sus ojos marrones con pereza.
Cuando los ojos de la muchacha se fijaron en los penetrantes orbes de Jacob, ambos sonrieron con camaradería.
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Buenos días. - murmuró Jacob, volviendo a enterrar su mano en los rizos de la muchacha.
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Buenos días. - contestó ella, cerrando los ojos ante la placentera caricia.
-
¿Has dormido bien? - susurró entonces el muchacho.
Ahá. - sonrió Nessie, poniendo suavemente la palma sobre la mejilla de Jacob para mostrarle los dulces sueños que había tenido tras la horrible pesadilla. Jacob aparecía en ellos.
Sonriendo, el muchacho volvió a atraer el cuerpo de la muchacha hacia el suyo, disfrutando del sentimiento que le provocaba el tenerla abrazada así. Ambos muchachos guardaron silencio, disfrutando de la paz interior que sentían, escuchando la respiración acompasada de la otra persona.
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¿Jake? - llamó Renesmee.
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¿Mmm? - contestó él de forma gentil.
La muchacha levantó la cabeza para poder mirar a Jacob a los ojos, y apoyó de nuevo la palma de su mano en la mejilla del muchacho, mostrándole la imagen de sus padres y una muda interrogación.
Jacob se encogió de hombros con pereza.
- No sé donde están. - contestó. - De hecho, me sorprende que no haya aparecido tu padre para arrancarme el pellejo.
Nessie soltó una risita tintineante que puso una sonrisa en los labios de Jacob, y le mostró la imagen del día que Bella descubrió que la había imprimado.
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Ese día no lo comprendí del todo. - susurró.
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A Bella no le hizo mucha gracia. - comentó Jake, riendo entre dientes.
Me pregunto por qué. - murmuró Nessie. - Quiero decir, tú eres su mejor amigo, ¿no? ¿Por qué se enfadó tanto? Además, no es algo que tú pudieras controlar, si lo que me contó Emily es exacto.
Jacob guardó silencio un instante, meditándolo.
- Bueno… - comenzó. - Supongo que a Bella no le hizo gracia que yo tuviera, digamos, una especie de derecho para contigo antes incluso de que ella hubiera ejercido de madre y todo eso.
Nessie frunció el ceño.
En cierto modo lo entiendo. - continuó Jacob. - Quiero decir, normalmente las cosas no son así. Hasta que las hijas no son mayores, las madres no tienen que enfrentarse a la idea de… de… bueno…
-
¿De que sus hijas tengan pretendientes? - le ayudó Nessie con una sonrisa burlona.
Podríamos llamarlo así, pero sabes que no es eso lo que ocurre. - contestó Jacob. - No es, en un principio, un sentimiento romántico, ni mucho menos. Al fin y al cabo, no eras más que un bebé.
-
Lo sé. - aseguró Nessie, notando el azoramiento del muchacho.
Creo que Bella sintió que ya no eras del todo suya. - suspiró Jacob. - No entendió que yo no quería apartarte de ella, ni mucho menos. Que no eras mía, sino más bien al revés. Yo era tuyo. Soytuyo.
Nessie sonrió ante esas dos palabras. Le provocaban un sentimiento muy cálido en su interior.
Lo que Bella no entendió es que el hecho de que yo sea tuyo no me da ningún derecho sobre ti, para nada. Que tú eres perfectamente libre de hacer lo que quieras, y de elegir pasar tu tiempo, tu vida, con quien te plazca. - Jacob lanzó una mirada penetrante y seria hacia la muchacha. - Y lo digo muy en serio. El hecho de que yo me haya imprimado contigo no debe hacerte sentir obligada a nada, eso que te quede bien claro. El día que yo vea que te estás obligando a pasar tu tiempo conmigo me largaré tan lejos que no volverás a verme nunca.
Nessie sufrió un escalofrío.
- Eso nunca va a pasar. - dijo, completamente segura.
Jacob sonrió con cariño ante la determinación de la muchacha.
Espero que no. - dijo sinceramente, alborotando los rizos de Nessie con una de sus manos. - Y volviendo al tema de tu madre, en fin, que imagino que lo de Bella es una especie de sentimiento maternal que no puede evitar. - concluyó el muchacho.
-
Siempre voy a ser su hija. - susurró Nessie, poniendo los ojos en blanco y arreglando de nuevo sus rizos con gesto ausente. - Eso nunca va a cambiar.
-
Y ni yo ni nadie debe convencerte para que cambie. - afirmó Jacob con vehemencia, lanzando una mirada penetrante hacia la muchacha y preguntándose cómo decir lo que tenía en mente. Con un suspiro, el muchacho prosiguió. - Si… alguna vez… tú decidieras, pues…
¿Corresponderte? - volvió a ayudar la muchacha, con una sonrisa divertida ante las dificultades que Jacob estaba mostrando esa mañana para encontrar las palabras correctas.
Jacob se sonrojó ligéramente, pero no objetó nada a la elección de palabras de la muchacha.
Nunca te exigiría que fueras del todo mía. - terminó el muchacho en un entrecortado susurro. - Bella es tu madre, y eso no va a cambiar nunca. Te lo prometo.
Nessie volvió a apretar la palma de su mano contra la mejilla de Jacob, mostrándole la imagen de Billy, Bella y su manada.
Ellos también me tienen, siempre. - contestó Jacob, sabiendo exactamente lo que la chica quería saber. - Sólo que en un nivel completamente distinto. Tú eres el centro de mi universo. Ellos son soles que giran en ese universo. Importantes para mí, pero en un sentido distinto. Tú eres mi vida.
- Exactamente. - murmuró Nessie, con otra sonrisa azorada ante la última frase del muchacho. - Es una cuestión de niveles. Mi madre y tú también estáis a distinto nivel.
Ambos muchachos guardaron silencio, la mano de Jacob enredada de nuevo entre los rizos cobrizos de la muchacha, escuchando sus respectivas respiraciones y el sonido de los latidos de sus respectivos corazones.
Nessie se removió un momento, dudando si preguntar lo que tenía en mente o no hacerlo.
¿Jake? - susurró entonces la muchacha, decidiendo que, ya que estaban en una buena racha de confidencias, no pasaba nada por forzar otra más.
- ¿Mmm? - contestó el muchacho, mirándola a los ojos y alzando una ceja expectante.
Nessie volvió a dudar, extendiendo su mano hacia la mejilla del muchacho. Al fin, la apoyó suavemente contra la morena piel de Jacob, mostrándole un trozo de la conversación que habían tenido antes con un tono de ligero desconcierto. "No es, en un principio, un sentimiento romántico, ni mucho menos. Al fin y al cabo, no eras más que un bebé".
- ¿Qué es lo que quieres saber exactamente, Nessie? - preguntó el muchacho, arrugando ligeramente la nariz. - ¿Cuáles son mis sentimientos ahora?
La muchacha bajó la mirada, súbitamente sonrojada, y se mordió suavemente el labio inferior antes de asentir levemente. Para sorpresa de la chica, Jacob comenzó a reír. Renesmee levantó la vista y lo miró desafiante, pero tuvo que luchar por contener la risa, como le ocurría siempre que llegaba a sus oídos las contagiosas carcajadas del muchacho.
- Nessie, cariño… - comenzó Jacob cuando se calmó. - ¿De verdad todavía tienes que hacerme esa pregunta?
Nessie volvió a asentir, sonrojada de nuevo. Jacob la tomó por la barbilla y conectó su penetrante mirada color azabache con los dulces orbes color chocolate derretido de la muchacha.
- Tú eres la razón de mi existencia, la razón por la que estoy vivo. - dijo, seria pero amablemente. - Y daría mi vida por ti.
Nessie sonrió suavemente a la vez que sus ojos resplandecían de alegría, y los labios de Jacob se curvaron también en una sonrisa dulce.
Con la cabeza enterrada en el pecho del muchacho, olfateando suavemente el característico olor que emanaba su piel, Nessie dio rienda suelta a sus pensamientos. Era mucho lo que se le había revelado esa noche. Contestaba todas las preguntas que la muchacha había almacenado durante toda su vida. En un principio, ella no se cuestionó los motivos de Jacob para estar cerca de ella todo el tiempo. Jake era, junto con sus padres, la persona a la que más quería en el mundo. Siempre había estado ahí para ella, cuidándola, dándoselo todo, haciéndola reír, jugando con ella, calmando sus miedos… Renesmee no se equivocaba al pensar que Jacob la conocía más incluso que sus propios padres. Más incluso que su padre, que podía leerle el pensamiento. Ella también conocía a Jacob en profundidad, y lo quería con la misma intensidad. Siempre había sido suyo. Su Jacob. En su mente, siempre lo había considerado suyo.
Pero la muchacha nunca se había planteado mirar a Jacob de forma distinta, de forma más… íntima. Hasta su gran realización esa noche, durante su pesadilla. Cuando se había dado cuenta de hasta que punto tenía a Jacob metido dentro de ella. ¿Cuándo había pasado a ser completamente indispensable para ella? Bueno, siempre había sido indispensable, pero… ¿hasta el punto de que nada tuviera sentido sin él? ¿De que no fuera capaz de imaginar su vida sin él? ¿De que ocupara su mente a cada momento? Pensándolo un poco, Nessie se dio cuenta de que había sido así siempre. ¿Tan ciega había estado todo ese tiempo?
Sin embargo, Renesmee estaba un poco asustada ante la fuerza de sus recientemente descubiertos sentimientos… y de los sentimientos del muchacho. Necesitaba tiempo para digerirlo todo, poner en orden sus sentimientos, pensar las cosas bien. Nessie sabía que, dentro de un tiempo, ella y Jacob darían el paso en su relación, pues lo cierto es que no podía imaginarse pasar el resto de su existencia con otra persona. Pero no ahora. No todavía. No estaba preparada para un cambio tan brusco.
Cuando la muchacha desenterró la cabeza del pecho del muchacho para mirarle de nuevo a los ojos, él sonrió, una sonrisa destinada a calmar a la muchacha, a hacerle ver que jamás la presionaría.
Porque Jacob, conociendo a la muchacha como la conocía, intuía por donde habían ido los derroteros de sus pensamientos.
Ella no estaba preparada todavía.
Y Jacob lo sabía, y, por supuesto, lo respetaría.
Siempre.