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Historia 35576 — capítulo 1

Los cafés todavía estaban calientes cuando Apolline y Nigel llegaron al estudio de danza, la escuela triarte "Blanche Bonnet". La policía ya llevaba un rato allí, el cordón policial estaba colocado y los curiosos se agolpaban en la acera tratando de averiguar qué había pasado. Nigel sacó su placa al acercarse al cordón policial, para identificarse y así poder entrar.

-Detective Cadler, esta es Apolline Hanson, psicóloga forense, viene conmigo- le dijo al policía encargado de que ningún civil traspasara la línea.

-¿Que vengo contigo?- preguntó Apolline, ofendida, una vez dentro de la escuela. Ella también estaba trabajando, que Nigel no lo olvidara.

-Hasta que te den una identificación, sí.

Otro detective ataviado con un elegante traje azul, camisa y corbata de seda les guió hasta el salón donde habían hallado el cuerpo sin vida de una muchacha de diecisiete años. El forense y su ayudante, el fotógrafo del laboratorio y otro par de agentes estaban allí, uno de ellos tranquilizaba a una mujer joven, vestida con mallas blancas y tutú de tul rosa.

-Mujer, 17 años, la profesora la encontró aquí hace menos de una hora- informó el detective del traje azul.- No tiene ni idea de quien es. No lleva identificación.

-¿Hora de la muerte?- preguntó Nigel.

-Tamir está en ello- informó el hombre, señalando con la cabeza al forense, que hacía un examen preliminar del cadáver.- Todo tuyo, Cadler.- Y sin decir nada más, se marchó, dejando el caso en manos de Nigel y Polly.

-Ven, te presentaré a nuestro forense.- Apolline no conocía a ninguno de los miembros del equipo de Nigel ya que en el caso anterior todas las pruebas habían sido echas un año atrás, no había tenido la oportunidad de tratar con nadie que no fuera Cadler.- Tamir Sahary esta es Apolline Hanson, Apolline este es Tamir.

-Encantado- el forense se levantó y estrechó la mano de Apolline esbozando una amable e impecable sonrisa.

-Mucho gusto- respondió ella.

-¿Qué tienes?

-Mujer, de unos dieciséis o diecisiete años, caucásica. Causa de la muerte: traumatismo craneal severo, la golpearon varias veces la cabeza con un objeto contundente. La temperatura del hígado indica que murió entre las dos y media y las cuatro de la madrugada.- Era todo lo que Tamyr había podido averiguar en el poco tiempo que llevaba allí y sin tener información alguna de la víctima.- ¡Ah! Y otra cosa que es obvia es que no la mataron aquí.

-¿Estás seguro?- preguntó Nigel, echando un vistazo a la sala diáfana. Tan sólo espejos, un equipo de música, unas barras de equilibrio...

-Totalmente. La ropa está húmeda, el pelo enredado, el maquillaje corrido... Sabré más cuando le practique la autopsia.

-Que Harris- que era el ayudante de Tamir- tome muestras y se las envíe a Robin al laboratorio.

Mientras Nigel daba las órdenes precisas, Apolline se había escaqueado para poder hablar con la bailarina, la mujer que había encontrado en cuerpo de la chica. El policía que estaba con ella había logrado calmarla, pero aún se la veía conmocionada.

-Buenos días- saludó Apolline.- ¿Puede dejarnos?- le pidió al policía, que asintió y las dejó, yendo a ayudar a sus compañeros con el cuerpo.- Soy Apolline Hanson, de la fiscalía- ¿pero por cuánto tiempo?

-Rochelle Saroyan, soy... profesora de ballet- se presentó la mujer, nerviosa.

-Nos han dicho que usted encontró el cadáver de la chica ¿no sabe quién es?- porque aunque no llevara identificación, si era alumna del centro, era probable que una de las profesoras la conociera. Aún así, Rochelle negó con la cabeza.

-No, no sé quién es. No es una alumna de danza.

-¿Y de las otras especialidades?¿De canto o teatro?- el centro Blanche Bonnet impartía danza, teatro y canto, de ahí que fuera considerada una escuela triarte. Rochelle negó de nuevo.

-No, no me suena haberla visto.- Reiteró, mirando furtivamente el cuerpo inerte de la chica y estremeciéndose.- ¿Cuándo se la van a llevar?- preguntó, incómoda.

-Los agentes están haciendo su trabajo, en cuanto terminen retirarán el cuerpo.

-Es que... no me han dejado salir y no hemos podido avisar a las alumnas- lo que quería decir que...

-¿Cuándo comienza la próxima clase?

-Ahora, a las diez.- Era sábado y las chicas que generalmente daban clases de ballet por las tardes durante la semana, tenían una clase de apoyo extra cada sábado por la mañana de diez a una del mediodía.

-¿Y cuántas alumnas tiene?

-En la clase de hoy...- Rochelle se encogió de hombros mientras las contaba mentalmente- unas veinte.

-¡Nigel!- exclamó Apolline, captando la atención de todos los presentes.

-¿Qué ocurre?

-Una veintena de bailarinas está a punto a punto de llegar.

-Precintad la sala- ordenó el detective enseguida.- Harris, date prisa con esas muestras. Tamir, ve yendo, en cuanto terminemos te mandamos el cuerpo.

Pero por mucho que se apresuraron los policías a poner el cordón policial, a pretender cerrar la sala y a recoger las muestras y sacar las fotografías del escenario, no pudieron evitar que las chicas llegaran, y vieran desde el cristal del ventanal del aula que algo grave había pasado.

-¿Pero quién las ha dejado entrar en el edificio?- exclamó Nigel, enfadado. ¿Es que no había nadie abajo para retenerlas?

-Pagan 1.400 dólares al mes, no podemos prohibirles que entren a recibir sus clases- dijo uno de los agentes, el que había estado con la profesora y que se comunicaba con uno de sus compañeros, situados en la puerta del edificio, mediante sus walkie-talkies.

-Que las saquen de aquí ¡ahora! Este es el escenario del un crimen.

Los agentes se apresuraron a sacar a las chicas, pero no pudieron evitar una dramática escena al intentar echar a una muchacha en concreto. A través del cristal, pudo ver claramente el cadáver y se puso a gritar. Trataron de retenerla y en un principio lo tomaron como un ataque de nervios, pero no era sólo eso.

-¡Sacadla!- ordenó Nigel, cada vez más enfadado por las intromisiones.

-No, espera- pidió Apolline.- Que la dejen pasar.

-No podemos dejarla entrar, mira como está.

-Déjala pasar y agárrala en cuanto pase a tu lado...

-¿Cómo sabes qué...?

-Tú hazlo- dijo simplemente Apolline, convencida de que el acto reflejo de aquella muchacha esbelta, alta y morena sería correr hacia el cuerpo. Era obvio que ella sí la conocía.

Nigel le hizo una seña al policía que sujetaba a la chica para que la dejara pasar y, en cuanto la soltaron, entró en el salón y corrió hacia el cuerpo gritando. En cuanto pasó a su lado, y con cierta dificultad, Nigel la apresó. Ella se revolvió, nerviosa y llorando.

-¡No! ¡Suéltame!- pidió, tratando de zafarse de los brazos del detective.- ¡Rhonda!- Apolline se colocó delante de la chica y ayudó a Nigel a sujetarla, mirándola a los ojos.

-Tranquila, tranquila... no vas a poder acercarte.

-¡Pero...!

-¿Puedes ayudarnos a identificarla?- preguntó Nigel. La chica asintió.

-Se llama Rhonda James y... es mejor amiga.

Lo que en principio debía ser rápido, llevó casi dos horas y media más. Tranquilizar a todas aquellas niñas, tomar las muestras y fotos y trasladar el cuerpo se había convertido en toda una hazaña. Nigel y Apolline se dirigieron a la comisaría en cuanto salieron de allí, pero tuvieron que hacer un alto en el camino.

-¿Por qué paramos aquí?¿A caso tienes hambre?- era casi la una y estaba parados en un McAuto, el servicio de McDonalds con ventanilla para pedir, pagar y llevar.

-La verdad es que sí ¿tú no?- ni le dio tiempo para contestar, pero por la cara de Apolline, la respuesta debía de ser un no.- Además, Robin necesita combustible.

-¿Robin?

-Nuestro técnico de laboratorio.-Se escuchó la voz de la empleada del McDonalds tomando pedido y Nigel examinó el menú colocado en las grandes pancartas a la entrada del McAuto.

-Sí, quiero una hamburguesa completa sin queso y un refresco pequeño y también una doble de carne con extra de cebolla, patatas grandes y bebida gigante y... un segundo- pidió a la empleada- ¿seguro que no quieres nada?

-Seguro.

-Vale y una ración de brownies.

-Ahora mismo, señor, recoja su pedido en ventanilla- Nigel avanzó con el coche hasta colocarse al lado de la ventanilla, ahora sólo quedaba esperar.

-¿Te vas a comer todo eso?

-Sólo la hamburguesa sin queso y el refresco, lo demás es para Robin.

Pues sí que tenía apetito ese tal Robin...

Tras pagar el cargamento de comida, que Nigel se zampó conduciendo de camino a la comisaría, Apollie recibió una llamada que le adelantaba algo que su compañero ya parecía saber o, al menos, intuir.

Lo primero que hicieron fue ir a ver al inspector jefe, el superior de Nigel, para hablar del caso y del trabajo de Apolline. El comisario parecía un hombre severo, muy serio y desagradable. Esperaba sentado en su despacho, rodeado de papeles que debía revisar y firmar.

-Señor- saludó Nigel, entrando en la oficina, seguido de Apolline, con las bolsas de papel de McDonalds entre las manos.

-Cadler, señorita Hanson, tomad asiento- pidió amable pero serio. Apolline cerró la puerta y se sentó.- ¿Tienes algún sospechoso?

-Dos- respondió Nigel.

-¿En serio?- preguntó de repente Apolline.-¿Desde cuándo?- porque ella no se había dado cuenta.

-La profesora y la chica que la reconoció... y bueno, luego está la veintena de alumnas, habrá que interrogarlas a todas- lo que era una tarea muy pesada.

-Está bien, tratemos de zanjar esto con rapidez y discreción.

-Claro jefe- ellos tratarían de hacerlo, pero de ahí a conseguirlo había un trecho.

-Señorita Hanson, espero que el fiscal del distrito ya se ha puesto en contacto con usted- Polly asintió, le había llamado mientras estaba en el coche.- En cuanto supe los del cuerpo en la escuela de danza pensé en Nigel, y tras los resultados en el caso Porter nos gustaría contar con su colaboración como asesora.- Pero por muy bien que sonara, aquello no era precisamente un paso al frente en la carrera profesional de la psicóloga, si no casi todo lo contrario.- De momento acepte este caso y después... ya se verá.- Apolline dirigió al inspector una mirada severa y asintió. El fiscal, su superior directo, le había ordenado aceptar el caso y debía trabajar en él, pero tras resolverlo se vería obligada a elegir entre seguir en su puesto, más alto y mejor reconocido, o seguir como asesora del FBI, sonaba fastidioso y, por alguna razón que no concebía aún, el fiscal creía que no podría hacer ambas cosas.

-Claro, haremos todo lo que podamos.

-Perfecto. Nos os entretendré más. Sus credenciales estarán listas en menos de una hora- Nigel y Apolline se pusieron en pie, dispuestos a salir del despacho.- Cadler, una cosa más...

-Dígame, jefe.

-¿A mi no me ha traído nada?- Nigel rió y el inspector esbozó una leve sonrisa.

Al salir del despacho, Nigel notó que Apolline no parecía muy contenta con la situación. No pretendía meterse donde no le llamaban, pero ya que iban a seguir trabajando juntos al menos durante un caso más, debía cerciorarse de que ambos estaban cómodos.

-No pareces muy convencida...

-No lo estoy...

-¿Tan mal te caigo?- preguntó a modo de mofa.

-No- dijo Apolline enseguida, sonriendo levemente.- Pero el fiscal me pone entre la espada y la pared. No es una situación muy cómoda.

-No te preocupes por eso ahora, lo mejor será que nos concentremos en el caso.

-Tienes razón ¿a dónde vamos ahora?

-Los del equipo ya deben de haber llegado con el cuerpo de Rhonda James, pasaremos a por las primeras muestras y bajaremos al laboratorio a ver a Robin.

Callada y obediente, la psicóloga siguió al detective. A partir de ahora las denominaciones quedarían de lado y pasarían a ser compañeros, aunque de momento ella sólo fuera una especie de asesora temporal.

Los técnicos trasladaron los restos de Rhonda James a la sala de autopsias, embolsaron su ropa y dejaron allí a Tamir hacer su trabajo. Apolline tomó las bolsas con la ropa y Nigel, el maletín con las muestras y se dirigieron al laboratorio. La música se escuchaba desde el final del pasillos, pero nadie parecía tener queja, es más, a Apolline le parecía que a todos les resultaba algo normal. Al entrar, la primera sorpresa.

-Buenos días- una chica de un metro sesenta, morena y de aspecto despreocupado y joven saludó risueña. Nigel le devolvió la sonrisa.

-Buenos días, Robin.

¿Y eseera Robin? Todo el tiempo pesando que se toparía con un cuarentón con sobrepeso y resulta que Robin era una chica que no llegaba a los treinta ni siendo crueles.

-Robin, esta es Apolline Hanson.- Polly hizo un gesto con la mano para saludar que Robin le devolvió sin perder la sonrisa.

-¿Qué me traes?

-Doble con extra de cebolla, patatas un Coca Cola gigante y muestras, muchas muestras.- Robin le arrebató la bolsa de McDonalds para curiosear mientras dejaban las bolsas y el maletín sobre una de las mesas, fría y metalizada, que estaba vacía.- Rhonda James, diecisiete años, la encontraron en...

-¡Eh! Un momento... ¿y mis brownies?

-Se los está comiendo el jefe.- Efectivamente, el postre también era para la menuda técnico de laboratorio, pero el jefe se le había adelantado y la había dejado sin dulce.

-Estoy muy decepcionada, detective Cadler.- Robin sacó las patatas fritas y dejó el resto de la comida sobre otra de las mesas, picoteando.- ¿Qué me decías del cuerpo?

-Rhonda James, diecisiete años, la encontraron en un estudio de ballet, aunque no era alumna. Tamir dice que la mataron posiblemente cerca de un río o una piscina y que luego trasladaron el cuerpo- informó Nigel.

-Vaya, qué tétrico... ¿y la habían vestido de bailarina o algo así?- preguntó la chica con mucho interés sin dejar de comer patatas.

-No- dijo él riendo y negando con la cabeza.

-¿Sabe Tamir la causa de la muerte?

-Traumatismo craneal severo, la golpearon repetidas veces hasta matarla con un objeto contundente.

-Pobre chica...- en ese momento sonó el teléfono móvil de Polly, quien salió del laboratorio para atender la llamada.- Dime ¿por qué necesitamos a una psicóloga forense si ya tenemos a un forense?

-No es lo mismo, Robin, ya lo sabes. Es una gran profesional, ya sabes la lata que nos dio el caso Porter.

-Sí...

-¿Cuándo tendrás los análisis?

-Depende del volumen de muestras. Empezaré por la ropa y con lo que me has traído en el maletín...

-En cuanto Harris te baje las huellas y las posibles muestras de ADN te pones con ello, es primordial- pidió, o más bien ordenó. Robin se tensó, sacó pecho e hizo un saludo militar.

-Señor, sí señor.-Nigel sonrió y después suspiró, pensativo.-¿A interrogar?- asintió.

-A interrogar.