Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.7% · 90,801 de 95,911 páginas identificadas · 90,162/90,522 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 3558 · de

Historia 3558 — capítulo 41

  1. Mantener la estrella unida por amor
  • Entonces la bola de cristal... – Hermione, al ver la cara de Merlín, rectificó el término – Perdón... el Palantir que hay arriba... ¿Está comunicado con Hogwarts?

  • Sí – Contestó Sunny con rotundidad, a la vez que desinterés

  • Eso significa que podemos saber qué ocurre en el colegio, podemos comunicarnos con ellos sin riesgos...

  • Eso no va a pasar – En esta ocasión se mostró tajante y fría

  • Pero ¿por qué? – Se quejó Hermione viendo quebrada su esperanza. Había encontrado una forma de ver a Ron, quizás incluso de poder hablar con él...

  • No vais a saber nada del colegio o de los muchachos hasta que esto se haya acabado. No pienso arriesgar esta misión, porque para eso os hubiese dejado en Hogwarts – Sunny se puso de pie, flotando, y se dirigió a la puerta del salón – Apenas lleváis un mes aquí y ya estáis lloriqueando por vuestros novios. Hay que demostrar mayor fuerza de espíritu

Y sin más salió del salón dejando a Hermione con la boca abierta y con lágrimas en los ojos. Ginny se sentía fatal. Era como tener un enorme chile picante en su estómago, repitiéndole que aquella situación era culpa suya. Con el alma arrugada, miraba a su amiga y veía su sufrimiento por aquel necesario aislamiento. Y, sin embargo, ella había podido estar con Harry, incluso amarlo, mientras que Hermione se consumía en un infierno de dudas, sin ver posibilidad alguna de calmarlas. Aquello agravaba más aún su pesar. No es que ellas fuesen unas inconscientes, ambas sabían que era de vital importancia su estancia allí y que no debían, por nada del mundo, estropearlo. No valían cartas, ni llamadas, ni comunicación alguna con ninguno de ellos, eso incluía los sueños que Harry era capaz de crear, esa otra realidad, tampoco eran válidos, por supuesto, talismanes capaces de mantener vínculos. Ellas estaban muertas para el mundo entero, muertas y enterradas, y según el comportamiento de Sunny, ya era hora que lo asumieran. El problema es que no era tan sencillo y Ginny lo sabía. Ellos cuatro formaban un solo equipo y no podía quebrarse con facilidad, ni con tiempo, ni con distancia. A su mente llegaron lejanas las palabras de Helga Hufflepuff “mantener la estrella unida por amor” pero ¿cómo?.

  • ¿Fuerza de espíritu? – Murmuró Hermione para luego alzar la voz expulsando toda la rabia que llevaba acumulada a cada instante allí - ¿Fuerza de espíritu? ¿Quién se cree ella para hablar de fuerza de espíritu?... si abandonó...

  • Shuuu – Merlín le tapó la boca suavemente con su mano – No dejes que tu ira destructiva salga a...

  • ¡¡¡Maldita sea!!! – Hermione estaba que echaba chispas – O sea, que nosotras tenemos que aguantar continuas discusiones absurdas, en las que ambos os lanzáis multitud de insultos, me da igual lo inteligentes y refinados que los hagáis, porque al fin y al cabo son insultos, y tú me hablas de que no deje salir mi ira destructiva ¡Esto es el colmo! ¡Ginny!

  • ¿Sí, Hermione? – Dijo suavemente

  • Sácame de aquí antes de que mis tripas exploten por náuseas

  • Ven, vamos – Ginny la cogió de la mano, poniendo mucho cuidado en crear energía positiva, que se canalizase a través de ella, para así poder tranquilizarla – Salgamos a dar un paseo

  • No vayáis más lejos de lo establecido – Recordó Merlín con cierto tono divertido, le encantaban que sus chicas tuviesen temperamento

  • Me cago en Los Vientos... – A Hermione se le salían los ojos de las cuencas

  • Vamos, vamos, no le hagas caso – Ginny guiñó un ojo a Merlín mientras arrastraba a Hermione de allí

Bajaron a la playa. Caminaban en silencio desde hacía un buen rato. Llovía a cántaros pero ellas no se mojaban, eso sí, sentían el fresco aire en su cara. Llevaban al menos tres vueltas a la playa cuando Hermione se paró frente al mar. Miraba las olas picadas morir contra la orilla. Frente a ellas se abría el océano y a lo lejos, muy lejos, las costas del sur de Inglaterra.

  • Lo estoy perdiendo

  • Ya te he dicho, Hermione, que mi hermano...

  • El norte... estoy perdiendo el norte

  • Venga, no digas eso – Ginny le pasó un brazo por la cintura para demostrarle su cariño

  • Es cierto, mi siento perdida e insegura. Por fin se cayó la máscara. Ya no tengo ganas de demostrar a dónde puedo llegar. Estoy agotada. Con Ron y con Harry estaba acostumbrada a tirar de la cuerda, a buscar ideas brillantes, soluciones rápidas, a estudiar por los tres... a mantener esa fuerza de espíritu de la que ella habla. Pero ahora todo es diferente. Me puede más mi verdadero miedo que mi falsa fuerza. Esto es más de lo que puedo abarcar. Ya no me quedan energías, no le tengo a mi lado para que me las infunda... Si pierdo el amor de tu hermano, lo pierdo todo... No sé cómo he llegado a esto... No lo entiendo ¿De qué me sirven ahora las miles de horas de estudio?. Estoy perdiendo la razón, perdiendo el norte, el camino del entendimiento. No puedo hallar la solución en este problema, no sé la manera de destruirle, no puedo ayudar a Harry... Nos quedaremos aquí para siempre, lejos de todo, lejos de ellos. Muertas y enterradas...

  • ¿Muertas y enterradas? No, me niego a creer eso y me niego a que tú lo creas – Ginny puso sus manos en las mejillas heladas de Hermione, recordando cuando lo hacía Emy, cuando sólo con ese gesto, parecía que todo lo malo se desvaneciera. Le secó con cariño las lágrimas y le mandó a sus manos caldear el espíritu de su mejor amiga – ¿Sabes qué te digo? Que de algo ha tenido que valer estar rodeadas de quebrantadores de normas. Tú y yo vamos a tener una oportunidad para decirles lo mucho que les queremos, aunque sea única. No necesitamos piedras videntes, porque ya nos han dado un buen método. ¿Confías en mí?

  • ¿Cómo no hacerlo? – Hermione sonrió y se dejó caer en los hombros de su amiga – Contigo nadie puede llevar máscara, menos mal que estás a mi lado

  • Tranquila, todo saldrá bien – Ginny le acariciaba el pelo - Dame unos días para perfeccionar un plan infalible

  • ¿No vas a contármelo?

  • Has dicho que confías en mí

  • Está bien – Se rindió Hermione. Volvió a ponerse rígida y la miró a la cara. En sus ojos había una clara determinación, aunque también juraría que existía cierto temor. Sabía que con los Weasley era casi imposible competir en cabezonería, así que tendría que dejarse llevar, ahora mandaba el corazón

Merlín subió cabizbajo por las escaleras de la casa. Se dirigió con paso firme a la habitación del fondo y blandió con fuerza sus nudillos contra la puerta. Nadie contestó. Volvió a llamar con ímpetu. Nada.

  • Sunny, sé que estás ahí, déjame entrar

  • No tengo ganas de seguir discutiendo. Vete

  • Vengo a disculparme y a hablar, déjame entrar, por favor

El resbalón de la puerta dio un chasquido de aviso y se abrió levemente. Merlín entró en el cuarto. Todo parecía gris a la luz de aquella tarde nublada y lluviosa. El espectro de Sunny estaba de espaldas a él, mirando por la ventana sin poder ocultar las copiosas gotas de lluvia recorriendo el cristal.

  • Siento mucho lo que ha pasado. He dicho cosas que no sentía y he perdido los papeles. Las chicas tienen razón, no deberíamos comportarnos así. Discúlpame por empezar esta tarde una absurda discusión

  • ¡Vaya! Eso sí que no me lo espera, realmente debo darte lástima

  • No más de la que me doy a mí mismo, resulto penoso – Merlín llegó hasta la ventana y miró hacia donde Sunny lo estaba haciendo. A los lejos se intuía la presencia en la playa de las dos jóvenes, caminado lentamente con la cabeza baja y dándose la mano

  • ¿Por qué no se quejarán del trabajo impuesto o de nuestra forma de enseñarlas? Se tienen que quejar de lo único que no pueden hacer, comunicarse con ellos

  • Estoy seguro que eras consciente en que sería la peor parte de este plan – Dijo Merlín mientras seguía el paseo de las muchachas

  • Debiste dejar que acabara la frase... Ella tiene razón, no soy yo quien debe hablar de fuerza de espíritu – Sunny se giró y observó a Merlín. Su pelo canoso y sus surcos profundos en la cara contaban su pasado, tan conflictivo como el de ella. No podía evitar respetarle tanto que, incluso, le arañaba su propia devoción. Aquel viejo había sido, y aún era, uno de los magos más poderosos de todos los tiempos y, sin embargo, estaba allí, junto a ella, dispuesto a quedarse al margen frente a unos muchachos, delegando el futuro del mundo mágico en cuatro niños con demasiada responsabilidad y poca experiencia – Tenemos más en común de lo que me gustaría, viejo cascarrabias

  • Lo sé, quizás por eso sea tan divertido discutir contigo, añoraba que alguien me pusiese en mi lugar. Al pequeño Potter le duró poco su apatía y a tu nieto político no le quedaban ganas de discutir, solo suspiros para mantenerse en pie por su ahijado

  • ¡Je, je! Sí, he de reconocer que nuestras disputas llegan a poner a una en buen tono, no es fácil medirse con alguien tan obstinado como una misma

  • No me des armas que luego pueda utilizar, querida

  • No me llames querida, sabes que lo detesto

  • Esta bien, querida, no lo haré – Merlín sonrió y se agravaron aún más sus vestigios faciales – Ellas están siendo unas fantásticas alumnas, a pesar de que mantengan su corazón fuera de este lugar

  • Cuando llegó Emily a esta casa, cayeron los barrotes invisibles que la cercaban, incluso a pesar de que ella se sintiese atrapada, yo me sentí por primera vez en mi hogar. Ahora vuelve a ser una cárcel, la misma que encontré cuando llegué, la que yo portaba a donde fuese que me llevaran mis pies. En eso nos parecemos, viejo cascarrabias, ambos hemos estado presos demasiado tiempo... en realidad, no somos los únicos que hemos subsistido bajo una prisión

  • Volveremos todos a estarlo si no conseguimos que ellos den con la clave – Merlín se volvió hacia el fantasma – No seré yo quien les oculte información, Sunny, el tiempo es un privilegio del que no se puede desaprovechar ni un solo instante. Ya no importan los secretos, ni dar por válidas las leyendas que muchos creen inventadas, no es momento de ambigüedades, ni de medias tintas

  • Lo sé, incluso estoy de acuerdo – Ella clavó sus transparentes ojos en los del anciano – No obstante, deben construir ellas mismas el camino. No debemos dárselo todo hecho, su intuición se perdería y como Las Guardianas que son, es importante mantenerlas con sus cinco sentidos bien despiertos, e incluso instigarles a que su sexto sea infalible

  • ¿Crees que Emy eligió bien?

  • No pudo hacerlo mejor, el problema es que ella aceleró demasiado las cosas, no era el momento y todos han pagado las consecuencias – Sunny confesó el error de su nieta

  • Yo diría que fue Tom quien aceleró su vuelta

  • Tom...

  • Sunny – Merlín desvió la vista para fijarse de nuevo en Hermione y en Ginny – Yo creo que eres la mujer con mayor fuerza de espíritu con la que me he topado y jamás me arrepentiré de decirte que te admiro

Ella se quedó quieta, paralizada por las palabras de su compañero. Le estaba demostrando que a pesar de saber su historia completa, de saber que abandonó a su familia y que quizás por ello estaba pasando todo aquel horror, él la admiraba.

  • Y si lo hago es porque luchaste hasta la extenuación, contra el mayor de los enemigos, por tus dos hijos

  • Eso no es cierto – Un especial brillo salió de los ojos de la pobre mujer – Debí seguir luchando a pesar de la distancia, debí sesgar el espanto que nacía en Tom desde el principio, su resentimiento y su ambición. Debí ayudar a Margaret a encontrar a su hermano antes de que este se pudriese. Debí volver por ellos cuando la sombra de mi marido dejó de ser una muerte segura para mí. Mi vida a cambio de la de tantos inocentes

  • ¿Cómo puede el sol decirle al fuego que no queme? – A Merlín le hubiese gustado, en aquel instante, que ella tuviese un cuerpo que abrazar, que apaciguar con el cariño de la amistad - Querida mía, tu mayor enemigo aún persiste en su empeño de ganar esta guerra. Nadie ha podido hasta ahora ganar al destino ni una sola batalla y fuiste tú quien dio a Emy la primera oportunidad. Ahora será ella quien se la dé a Harry y a Ron mientras tú y yo seguimos luchando para que Hermione y Ginny también venzan

  • Demasiado dolor, demasiadas pérdidas, demasiado esfuerzo

  • Tendrá su recompensa

  • Eso espero – Sunny veía a las dos muchachas abrazadas junto a la orilla – No es fácil delegar en unos inocentes lo que debimos hacer hace años y menos con semejantes exigencias

  • Las exigencias las pueden cumplir mientras nosotros demos todo de nuestra parte – Merlín también miraba a las chicas – Diles la verdad de porqué no pueden utilizar el Palantir, porque sino ellas podrían cometer el error de salirse con la suya y ponerle al descubierto

  • Vuelves a tener razón y vuelvo a tener que dártela... espero que esto no sirva de precedente – Ambos sonrieron – Ellas encontraran la manera de ponerse en contacto con los chicos. Este punto es uno más de su entrenamiento. Si no le cierro todas las puertas a Ginny, no terminará de acercarse a la ventana que esta preparada para ella

  • ¿Tardará en hacerlo?

  • No demasiado, tiene prisa, ha quedado dentro de dos sábados en verse de nuevo con él. Mantiene la esperanza pero en el fondo sabe que no ocurrirá y que debe encontrar otra forma de comunicación

  • Eso sí será digno de verse – Merlín seguía con la sonrisa en la cara

  • Menudos cuatro cabezones ha ido a encontrar mi nieta, quizás tanto o más que ella misma

  • La echo de menos, me gustaría ver la cara que pone cuando se entere

  • Pues si te digo la verdad, a mí no me gustaría estar cerca. Si la da por cabrearse, no va a dejar nada sin chamuscar – Sunny soltó una carcajada y seguidamente se oyó la de Merlín

  • ¡Je, je, je!

Los días pasan deprisa cuando se tiene una meta a alcanzar y no se da con la solución más adecuada. Seguramente es una mortificación del espacio – tiempo, justo los elementos a los que no quería enfrentarse. Ginny se había pasado casi dos semanas pensando en las posibles soluciones existentes para poder comunicarse con Harry y Ron sin que nadie más se enterara. Hermione estaba más tranquila, de seguro por haber puesto toda su confianza en el éxito de su plan. No notó ella que había sido un farol y que ahora no sabía cómo escapar de semejante promesa, sin pasar por aquella situación. Odiaba no tener elección, no hallar otro remedio, y quizás por eso, se encontraba aquella noche, cerca de las tres de la mañana, sentada en las escaleras de la casa, a oscuras, tiritando de frío, y por qué no decirlo, de temor. No podía evitar dejar de mover las piernas en un tembleque sin fin. Para entonces, ya no le quedaban uñas que morderse y cualquier sombra en movimiento, por el fuerte viento de fuera, le hacía sobresaltarse. Su mente iba desde absurdas paranoias hasta la canción que su madre le cantaba para dormirse cuando era niña pero una frase se oía más alta que cualquier otro pensamiento. Lo había repetido hasta la saciedad durante los últimos trece días, hasta convertirlo en un mantra potente pero poco efectivo. “Mantener la estrella unida por amor”.

¿Por qué ella?. No quería ese poder, no le necesitaba, ya tenía suficiente con ver en su mente imágenes del pasado, presente o futuro al antojo de la magia. Por más que se concentrara en querer visualizar a Harry o a Ron, no lo conseguía. No le estaba permitido, era una puerta cerraba y en el fondo sabía el motivo. Las pocas veces que había visto el futuro del niño que vivió, acababa envuelta en sudor y espanto. Siempre la misma imagen y siempre el mismo desazón. Ahora no necesitaba eso, lo único que pedía era una solución para enviar un mensaje que le llegara, corto y conciso: “Dile a Ron que ella le ama”. Ni siquiera era una frase en la que ella le dijese a él que le echaba tanto en falta, que apenas podía respirar con normalidad, que anhelaba el olor de su piel, el contacto de sus manos, el sabor de sus labios, la música de su voz, el calor de su amor... No. Sólo necesitaba decirle a él, o a su hermano, que Hermione amaba a Ron, que esperase su regreso o que tuviese fe en el amor que sentían. Estaba perdida, sola ante una única salida. La lámpara.

Sintió un escalofrío y su presencia si hizo latente. Como una brisa llegada del mar, que porta la esencia de las más aromáticas flores, bajo una luz dorada, Ginny vio por primera vez a Anjana. Se asombró al contemplar lo parecidas que eran, su pelo, su piel, sus ojos e incluso, su sonrisa.

  • Venimos de la misma raiz, mi niña, quién sino Helga nos ha podido dar este aspecto

  • No... no...

  • De seguro que Merlín estará encantado de explicártelo, hasta me atrevería a decir que mi amada Sunny te lo contará de buen grado, siempre y cuando pierdas tu temor bajo las lágrimas de las hadas

  • No puedo – Dijo Ginny en apenas un lamento, moviendo negativamente la cabeza

  • Pero mi niña ¿qué temor esconde tu corazón?. ¿Acaso no confías en sus cuidados? Sé de buena tinta que conoces bien a estos seres

  • ¿Cómo voy a escapar del deseo de no darle a Harry una vida feliz con sus padres? – Las lágrimas corrían silenciosas por el rostro pecoso de la pelirroja

  • Sí que es puro tu corazón si tu mayor temor es no poder proporcionar felicidad. Eres digna candidata, al igual que tus predecesoras y parece que has intuido a la perfección el motivo de sus destierros ante la lámpara y el libro

  • ¿Destierros?

  • Sí. Ellas, al igual que tú, solo quisieron utilizar este gran poder para proteger a sus seres queridos – Anjana miró la lámpara en el mismo instante en el que un tintineo en ella daba paso a una tenue luz – Yo misma desistí en el empeño. Sólo hice un viaje, en el que fracasé, y jamás volví a utilizarla, de hecho, la alejé de mí durante muchos años, dándosela a las otras herederas de mi madre pero ya ves, al final ha vuelto hasta mí y me ha convertido en una más de sus protectoras

  • ¿Fracasaste?

  • Así es. La utilicé para volver con mis padres, para hacerle entender a mi padre su error... Solo encontré odio y rencor por su parte, así que me marché de nuevo, justo después de entregarla. Pero eso es otra historia que quizás algún día te cuente. Ahora estoy aquí para darte ánimos y apoyarte

  • Gracias

  • Mi niña – Anjana alargó la mano de luz dorada sobre la mejilla de Ginny, haciéndola sentir una cálida sensación de bienestar – Os ha tocado enfrentaros con la vida a tan temprana edad. Ya lo lamento. Una nunca quiere que su gente sufra lo que una tuvo que sufrir. Nos robaron el más preciado tesoro, la juventud, la inocencia. Al menos me alegro de que hayas conocido el amor. Una gran pesa para equilibrar la balanza ¿no te parece?

  • Sí – Contestó Ginny con una sincera sonrisa

  • Y es por amor por lo que te encuentras esta noche aquí, el mejor de los motivos. No sufras, querida mía, sé dónde te llevará la lámpara esta noche. Te dará la solución y servirá para que tu primer contacto sea un viaje placentero. Ve sin miedo, princesa, ve, por que bajo ella, está la única solución que puede darse

Ginny se levantó con la sensación de que su cuerpo pesaba, al menos, la mitad. Bajó en silencio las pocas escaleras que le quedaban y a medida que se acercaba, el tintineo y la luz iban aumentando. No entendía cómo aquel miedo se había desvanecido para dejar sólo una agradable sonrisa en su boca. Creía en Anjana, confiaba en ella y, ante todo, deseaba, con todo su ser, encontrar la solución para poder darle a Hermione la oportunidad de decirle a Ron todo aquello que quisiera sacar de su corazón, librándose así, de una vez por todas, de sus temores y lamentaciones. A cada paso, menos le costaba andar y más ligera se sentía. Era como cuando desapareció en la enfermería, como cuando inició su viaje. Aún podía oler la suave brisa marina, cargada de esencia de flores, cuando se detuvo justo debajo de la lámpara y la luz le invadió cada centímetro de su ser. Era cálida y refrescante, suave e intensa, como luz sumergiéndose en la oscuridad. Era volar con el viento, quemarse en el fuego, flotar en el agua y por fin, posarse en la tierra.

  • Ya pensé que no vendrías

Ginny sintió literalmente el suelo. No se había dado cuenta que estaba descalza, como a ella le gustaba estar en casa, y ahora podía sentir hojas secas de los árboles bajo la planta de sus pies, incluso la humedad del terreno y el frío temprano de la noche otoñal. Estaba descolocada, no sabía dónde se encontraba, aunque un rápido recorrido para analizar los alrededores, le informó que se hallaba en el bosque y que la voz, dulce y pausada que escuchó, provenía de la copa de un árbol. Vio una luz pequeña aproximarse y se dio cuenta. Un hada venía hacia ella y no un hada cualquiera, era su hada, la que le había tocado el año pasado en Cuidado de Criaturas Mágicas. Hagrid le hizo saber de su suerte, pues la reina de las hadas había elegido a la princesa del bosque. En principio pensó que era un piropo de su profesor y amigo pero luego supo que era cierto. Le había tocado la reina de las hadas del bosque de Hogwarts. Durante aquel mes, ella había sido un gran apoyo en muchos sentidos. Le contó a Hermione que le había costado despedirse de su hada reina y más habiendo ganado el premio con ella. Un premio que se convirtió en un deseo, el que más anhelaba por aquel entonces, que Harry volviese pronto. El deseo se vio cumplido aquella misma noche, en la que se despertó temprano y vio que ya no estaba lo que le guardaba a Harry en su baúl con tanto esmero, la espada. Mientras que Harry sí que estaba, en la sala común, dormido en su butaca, esperándola y recibiéndola con la mejor de las noticias, él la amaba.

  • Lymei ¡Qué alegría! – Ginny sonreía como una niña con vestido nuevo

  • Hola princesa, veo que ya le has perdido el miedo a nuestras lágrimas

  • Al menos esta noche

  • Tu destino está ligado a esos cristales, no lo olvides – Dijo con cariño el hada – Creo que necesitas ayuda

  • Sí – Confirmó Ginny esperanzada

  • Dime ¿qué puedo hacer por ti?

  • Necesito...

La fuerza de voluntad que hizo falta para que Ginny no saliese corriendo en dirección al castillo, fue tal, que ni ella misma se lo pudo creer. Por encima del amor y el deseo que sentía por Harry, tenía que anteponer la responsabilidad de no quebrar un futuro para todos. Así que con una lágrima, que se convirtió en cristal, Ginny desapareció de nuevo del bosque, sin que nadie le viese, nadie que no fuese Lymei. Pero que no la viesen, no significó que no la sintiesen. En una habitación de una de las torres más altas del castillo, un muchacho de ojos verdes, se incorporó en la cama y pronunció un nombre: Ginny. Cuando ella llegó de nuevo al vestíbulo, se encontró con él vacío, eso sí, al final traía la solución, aunque ésta implicara tener cómplices, eran unos cómplices muy fieles.

Durmió de un tirón las pocas horas que quedaban para comenzar un nuevo sábado, el sábado que llevaba esperando días y días que parecían no tener fin. No le importó ni las horas de estudio, ni el arduo entrenamiento de aquella tarde. Cuando acabaron y llegó la cena, tenía muy claro que se acostaría pronto, principalmente por dos motivos, uno, el dulce sueño que la esperaba aquella noche, y dos, al día siguiente podría enviar un mensaje.

Al primer momento que tuvo a solas con Hermione, le avisó para que preparase un mensaje sin nombres ni referencias para Ron, ya que al día siguiente llevarían a cabo su plan. Por supuesto, su amiga se puso como loca de contenta y a pesar del cansancio, se quedó en el salón preparando las palabras que quería trasmitir. Ginny fue directa a su cama. Sin saber muy bien porqué, aquella noche, antes de dormir, se duchó, se acicaló el pelo, hidrató su cara y su cuerpo y se echó unas gotas de perfume. Se sentía nerviosa, excitada, ansiosa y deseosa de caer, no sólo en los brazos de Morfeo, sino también en los de Harry. Eligió con picardía el mejor de sus camisones y se metió entre las sábanas.