Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.7% · 90,801 de 95,911 páginas identificadas · 90,162/90,522 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 3558 · de

Historia 3558 — capítulo 42

  1. Yo a ti y tú a mí

Nada. Ningún bosque, ni riachuelo, ni poza. Sólo oscuridad. Consciente o inconscientemente, la pena fue invadiendo su sueño, una desesperación creciente en su interior. Ya no habría más encuentros en su lugar privado, en su mundo aparte. Ella no tenía el poder de crearlo, sólo él, y estaba claro que la pasarela al paraíso se había clausurado. Cuando despertó ya eran más de las cinco de la mañana. Hermione dormía con una sonrisa en los labios mientras que a ella las lágrimas le resbalaban por el rostro. El viento había cambiado. Se levantó y salió del cuarto. A pesar de sentirse destemplada y angustiada, fue directa hacia la lámpara, con el firme propósito de ponerse debajo de ella para viajar lejos de allí, para aparecer al lado del amor de su vida y acurrucarse en su pecho.

Desde lo alto de las escaleras la vio. Sunny estaba sentada en el escalón más bajo, esperándola. Sin darse la vuelta y con una voz dulce pero firme, la invitó a sentarse a su lado.

  • ¿Una mala noche?

  • No lo entiendes – Dijo entre sollozos Ginny – Tú no podrás entendernos nunca, porque nunca has conocido un amor como el que nosotras vivimos

  • Tienes razón y lo más triste es que es la verdad más dura que nadie me ha dicho – Sunny la miró con cariño – Él nunca me amó ¿sabes? y yo confundí atenciones con un sentimiento mucho más elevado. Ni siquiera puedo decir que me diese dos tesoros con los que poder resarcirme, pues jamas pude arrebatárselos, sólo disfrutar los pocos años que tuve a Margaret a mi cargo, hasta que llegó su hermano Tom. A partir de entonces, todo fue un infierno, una guerra por quedarse con ellos, que terminó con el exilio lejos de mis hijos y con una muerte rápida por parte de mi marido.

Ginny la miraba asombrada. Sunny nunca le había hablado con tal franqueza de su vida. Era realmente triste ver a aquella anciana, transparente, flotando sobre el suelo, algo encorvada y con los ojos perdidos en un pasado, que estaba claro ella no había elegido. Por un momento le pareció una simple estampa, triste, colgada del techo por un hilo fino de seda, esperando la mano certera que la descolgase de una vida cansada y llena de penas.

  • Supongo que su familia pensó que yo volvería a por ellos pero esa opción no me la concedieron. La amenaza era clara. Les separaron para advertirme que si iba a por Margaret, matarían a Tom y viceversa. A mi niña la encerraron entre altos muros de piedra, vigilándola siempre y a Tom... – Sunny ahogó un suspiro de desesperación - ... a él simplemente le enseñaron a odiar. Le internaron en un orfanato, dejándole como herencia una sucia mentira, con la que envenenó su cuerpo y su espíritu... Luego, al saber él la verdad, aún empeoraron más las cosas. Les mató a todos, incluyendo a su propia hermana, quizás no apuntase con la varita a su corazón pero le quitó la vida en el instante que mató a su marido. Y ha seguido haciéndolo con cada miembro de su familia. Creció como huérfano y como huérfano quiere quedar. A mí no pudo encontrarme y aunque sabe que ya no vivo, estoy convencida que detesta no haber sido él quien me arrebatase la vida. Si en realidad supiese que eso no es cierto, se sentiría mucho más orgulloso de sí mismo, por que he pagado con cada pérdida de aliento sus actos atroces y descabellados

  • Sunny... – Ginny sentía su corazón encogido

  • Así que el único amor que he conocido en mi vida, el único que he podido disfrutar, ha sido el de mi pequeña, mi niña, mi reina, Emily. Al final tuve suerte, ella fue mi recompensa. Claro que no olvido a mis mejores amigos, los Figg, ni del que debió de ser mi verdadero amor, Albus. Incluso agradezco la amistad contradictoria que existe entre Merlín y yo. En cuanto a vosotros cuatro, sois un regalo para los sentidos que me quedan. Mi biznieto, Ron, Hermione y tú, sois parte de este cariño tan reciente para mí, un cariño que me viene a deshora pero que aún así siento y agradezco. Es por esto que estoy aquí esta noche, esperando que despiertes de tu desilusión, mi querida niña, pues ya no es posible que Harry haga viajes astrales en sueños, y mucho menos que te involucre a ti en ellos. Es más peligroso de lo que puedes imaginar

  • ¿Lo sabías? – Preguntó Ginny ruborizada

  • Sí

  • Agradezco tu confianza y sinceridad, y espero que entiendas la mía. Me siento vigilada y no me gusta – Dijo con enfado – Se supone que una puede guardar su intimidad

  • No me he metido en ella, Ginny, lo único que yo sabía es que esperabas tener contacto con él esta noche – Sunny sonrió a la muchacha – No te enfades, mi niña, no ha sido mi intención inmiscuirme en asuntos personales

  • Está bien

  • Además estoy aquí por otra cosa – Sunny miró hacia la lámpara y la señaló con la cabeza – Me alegro que ya hayas pasado el mal trago del primer viaje y que vinieses dispuesta a volver a utilizarla

  • ¿Te lo ha dicho Anjana? – Preguntó Ginny desconcertada

  • No, yo noté ayer tu marcha y tu regreso. Una se acostumbra a sentir su fuerza cuando está en funcionamiento, sobre todo cuando se ha viajado por ella

  • ¿Tú eres una de mis predecesoras que terminó por desterrarla?

  • Sí, aunque yo la mantuve en casa – Sunny levantó los hombros – Supongo que siempre creí que Emy la utilizaría

  • ¿Ella también puede viajar por el tiempo y el espacio?

  • Ella puede viajar por mucho más que eso, la diferencia es que no lo hace, al menos no ahora. En cuanto al tiempo y al espacio... ella utiliza otro método

  • El acantilado – Dedujo Ginny

  • Sí, de esa forma sólo lo visiona, no se involucra, nunca ha querido ir al pasado o al futuro, sólo viaja al presente, sólo lo utiliza como simple traslador. Al fin y al cabo, a ella no se le permite involucrase demasiado... ya sabes

  • Es duro para ella, sobre todo sabiendo que es Harry, y lo él significa para Emy, la persona que debe de enfrentarse a su peor enemigo – Ginny se puso en el lugar de La Unión y negó con la cabeza, no le gustaría estar en su situación. Una pregunta le vino a la mente - ¿Por qué desterrarte los viajes?

  • Buena pregunta – Sunny seguía con la vista fija en los apagados cristales en forma de lágrima – No pude cambiar el destino, por más que lo intenté, no pude escapar con mis hijos de él. El nuestro era un destino marcado, ya escrito y profetizado, no es fácil zafarse de él. Esa es la razón. Jamás volví a utilizarlo. Lo único que he hecho durante años es quitarle el polvo y esperar a quien pueda utilizarla junto al libro... esperarte a ti

  • ¿Por qué yo? – Apenas sonaron las palabras en su boca pero eran tan latentes que podrían estar tatuadas sobre su piel

  • Me encantaría contestar a esa pregunta con otra igual de sencilla: ¿por qué no?, pero no es esa la respuesta – Sunny centró su atención en el rostro ensombrecido de la muchacha - De seguro te has cuestionado tu feminidad ante tanto descendencia masculina por parte de tu familia

  • Sí, en contadas ocasiones

  • Helga y Salazar tuvieron muchos hijos. El primero fue un varón y cuando su padre le vio por primera vez en su vida, supo que había heredado el carisma y la belleza de su madre. Heredó mucho más que eso de Helga, excepto una cosa, la comprensión ante el carácter y la forma de ser de Salazar. Como primogénito, su padre quería lo máximo para él, la mejor educación, a la que por supuesto estuvo sometido bajo la tutela de los cuatro Fundadores, la mejor fuerza física y el más elevado espíritu. Fue tal el sometimiento y la expectativa que su padre depositó en él, que lo único que logró fue ahogarlo bajo su yugo, encontrando el muchacho un aliado en su tío Godric Gryffindor. Por ese motivo se crearon las primeras envidias por parte de Salazar y las culpas ante la rebeldía de su heredero. La situación llegó a ser insostenible y siendo aún un muchacho, le anunció a su madre su próxima partida. La pobre Helga se sintió desolada ante la marcha de su hijo y cuando se estaban despidiendo, Salazar les encontró. La rabia puedo con él y le maldijo con una vida sin riquezas, ni éxito e incluso con una descendencia masculina que le hiciese darse cuenta de su error. Pero Helga añadió dos bendiciones a aquel juramento, que siempre, tanto él como su descendencia, fuesen felices en la unión familiar, y que las niñas que consiguiesen llegar a la familia, llevasen su poder. No ha habido muchas ¿lo sabes, verdad?. Lo que quizás no sepas, es que todas ellas fueron grandes brujas e hicieron un gran bien a la comunidad mágica

  • Sí, mi padre me lo ha dicho siempre – Ginny sonrió – Que hemos sido pocas pero muy grandes y que yo estaba destinada a ser como ellas

  • O incluso la más grande de todas – Corroboró Sunny – El apellido Weasley proviene de la región en la que se escondió tu antepasado, en las costas del sur, cerca, muy cerca de donde su madre le cantó a Los Vientos. Lo adoptó como muestra final de su rebeldía, repudiando así el nombre de su padre. No cabe duda que habéis sido una de las familias mágicas más estables de nuestro mundo y que a ninguno de tus antepasados le ha importado lo más mínimo otras riquezas que no viniesen de los tesoros que ofrece una familia feliz

  • Así que también desciendo de Helga Hufflepuff

  • ¡Oh, sí! y si no provienes de sus herederas, ya que son sus hijas quienes ostenta ese cargo, tu sangre viene del mismísimo primogénito

  • ¡Si Ron supiera esto!

  • Tu hermano... que sea un descendiente y Guardián de Slytherin, no implica que haya heredado sus peores defectos, en cambio sí sus mejores virtudes

  • ¿Hay ahora una heredera de Hufflepuff?

  • No como tal – Contestó Sunny – Yo lo fui, lo fue Margaret, mi hija, Petunia no, su primogénita no heredó más que aversión a la magia, con lo que pasó a Lilian... Pobre Lily. Así que queda Emily pero ella tiene Las Cuatro Sangres, aunque creo que le gustaría más considerarse su heredera que no La Unión

  • ¿Estás insinuando que se está perdiendo la herencia?

  • No, algo mucho mejor pero esa respuesta la tenéis que encontrar vosotras. Te puedo asegurar que vale la pena esperar por ella – En los transparentes ojos de Sunny se pudo ver ilusión – Y volviendo a la lámpara. Ahora que ya has perdido el miedo, el siguiente paso es el libro. Organízate como quieras pero debes leerle debajo de la lámpara y sin que ninguno de nosotros lo presencie, es un rito sólo apto para las privilegiadas... déjame que eso lo ponga en duda... ya me entiendes

  • ¿Qué te hace pensar que yo no desertaré de utilizarla? – Preguntó Ginny con temor

  • Voldemort, eso me lo hace pensar – Sunny sonrió ante la estupefacción de la muchacha

  • Entiendo

  • No temas, no vale la pena preocuparse en este instante, aún no ha llegado la hora, aunque sé que está cercana

  • ¿Puedo hacer una pregunta más?

  • Ya la has hecho – Contestó con picardía la anciana – Pero te concedo otra

  • ¿Anjana también es hija de Helga y Salazar?

  • Así es – Afirmó Sunny – Ella es la segunda. Adoraba a su hermano y siguió sus pasos, obteniendo de su padre igual tratamiento, con una salvedad, a ella la maldijo para que jamás tuviese descendencia, para que su nombre se perdiese en el tiempo. Pero su madre, al ver que su primera heredera quedaba desterrada y maldita, le dio un legado mucho mayor que al resto de sus hijas. La hizo depositaria de su verdad, guardiana del secreto de la lámpara y la otorgó la misión de crear un lugar sagrado, oculto ante las tinieblas de la ambición, en el que recopilar las historias y la información que sirven para mantener el equilibrio en el mundo mágico. Ella no quiso aceptarlo, pues se perdería al igual que ella el tiempo pero al parecer Helga sabía muy bien que su mandato quedaría en buenas manos. Y así ha sido durante muchos, muchos años. Anjana sigue viva para el resto de la eternidad, como guardiana de la verdad, a la espera de las brujas herederas del poder del tiempo y el espacio. Fue ella quién escribió el libro, ocultando bajo él claves, los más altos dones de la lámpara, su porqué y su finalidad en el mundo mágico. Ella y cada una de nosotras somos conscientes que ambos son los elementos más importantes para el lado oscuro, que su captura significaría el fin. Cada una de nosotras ha pagado un precio muy alto por guardar tal secreto. Años de maldición recae sobre nosotras pero las cosas están cambiando, maldición que nos hizo casarnos con hombres que no nos amaban, que sólo buscaban este tesoro. Gracias a Los Vientos, ya ha llegado el día en que la maldición se ve disminuida. Mi hija se casó por amor con un hombre bueno. Petunia también se libró. Lily encontró a todo un caballero, un ser noble e incluso heredero de Gryffindor. Y Emy...

  • ¿Sí? – Quiso saber Ginny ante el silencio de Sunny

  • Dijiste que sólo una pregunta – Sonrió ante la indignación de la pelirroja. Poco a poco se fue hundiendo escaleras abajo, desapareciendo para dejarla en el punto álgido de su curiosidad - Esta noche ya te he dicho suficiente

Hermione se levantó de un salto. ¡Había llegado el día!. Se extrañó al ver la cama de Ginny vacía y su mejor camisón tirado. Eso implicaba que ya estaba despierta, raro no siendo más de las ocho y media de la mañana, lo cual le alegraba, así no tendría que esperarla. Se puso una bata por encima y bajó corriendo las escaleras. Desde arriba se saboreaba el olor a tortitas, aquella mañana se había levantado con un hambre voraz. De un manotazo apartó la puerta batiente de la cocina y se encontró con su mejor amiga acurrucada en una silla y con una gran taza de café caliente entre las manos. Se la veía un tanto abatida pero aún así sonrió como habitualmente lo hacía.

  • Buenos días

  • Buenos días

  • ¿Ya lo tienes? – Preguntó Ginny

  • Sí, escrito, repasado, corregido y enrollado

  • Veo que vuelves a ser la misma – Dijo entre risas - ¿Lo has bajado?

  • ¿Ya?

  • Sí, mejor ahora que no luego

  • Voy a por ello

  • ¡Mione! – Gritó Ginny desde su sitio al ver que la otra se había ido pitando hacia el cuarto – Bájame el jersey azul y ponte algo

  • Vale – Contestó en la lejanía

Ni rastro de nubes en el cielo, la mañana estaba totalmente despejada y el viento arreciaba proveniente del sur. Si algo caracterizaba a ese lugar, eran los cambios climáticos. Las chicas siempre decían que te hacía vivir el presente, porque casi nunca se podía planear una salida o un entrenamiento que implicase buen tiempo. Se aprovecha el momento, como sabiamente solía decir Merlín: “Carpe Diem, señoritas”. Ambas vestidas con ropa deportiva, salieron rumbo al acantilado. Hermione se dejaba guiar, aunque por su cabeza pasaban ideas un tanto perturbadoras sobre si se tenía que tirar desde lo más alto o hacer alguna clase de conjuro extraño. Ginny, sin embargo, iba caminando tranquila. Cuando llegaron hasta el punto exacto desde donde solía saltar Emy, se sentaron con las piernas al vacío. “Hay que esperar”. Esa era la única indicación de Ginny. Por mucho que Hermione le pidió que le contase su plan, nada dijo su amiga sobre lo que iba a ocurrir, sólo que aquel día era el mejor momento y que aquel era el mejor lugar. Ambas miraban el pergamino enrollado, una con curiosidad, la otra con la esperanza de enviarlo. Sonrieron. Después de pensarlo, Hermione se lo tendió a Ginny dando a entender que dejaba que lo leyese. Cuando terminó se lo devolvió entre lágrimas.

  • Es preciosa, Mione, está hecha con gran sentimiento. ¿Hermione? ¿Qué pasa? – Preguntó Ginny al ver la cara de extrañeza que ponía su amiga

  • Juraría que he visto salir algo del mar – Y sin casi darle tiempo a decir más, señaló una luz cristalina que brillaba bajo el sol de la mañana - ¿Pero qué...?

  • Buenos días, Guardianas – Con un movimiento elegante de cabeza Lymei saludo a ambas - ¿Todo bien?

  • Perfecto – Confirmó Ginny – Hermione, recuerdas que te hablé del Hada que me tocó...

  • ¡Oh! – Exclamó Hermione nerviosa - ¡Es usted! Es un enorme placer conocerla, excelencia

  • Pequeña, no hace falta reverencias ni tratos de magnificencia

  • Pero usted es una de los cinco... usted era la mejor amiga de Helga Hufflepuff – Dijo Hermione aun asombrada por ver viva a una de los protagonistas de la historia de Merlín

  • Y aún lo soy, al menos por ahora – Al confirmarlo, Ginny se quedó anonadada, no lo había asociado y no sabía por qué, era evidente. Entonces ella era la dueña legítima de la lámpara ¿por qué no la tenía en su poder? – No he venido aquí para eso

  • ¿Eh? – Exclamó Hermione al no entender a qué venía pero al ver caer la cara de Ginny, supo que tenía que ver con ella

  • No te preocupes, princesa, todo a su tiempo – Volvió de nuevo a Hermione sonriéndole – Creo que te puedo ayudar en algo

  • No sé cómo agradecérselo

  • Pues es sencillo, cuidaos ambas, mantener el ánimo bien alto y esforzaos al máximo

  • Lo haré, lo haré – Prometió efusiva Hermione

  • Marcho ahora pero volveré en breves para confirmar la entrega

  • ¡Oh! – Exclamó de nuevo con lágrimas en los ojos

Sin más se lanzó contra el mar, llevando consigo el pergamino enrollado. Siguieron su luz hasta que se perdió en la profundidad. Ambas permanecieron calladas y pensantes durante un buen rato.

Ron se sentó en el banco. Llevaba corriendo hora y media al mayor ritmo hasta entonces. Sentía rabia e impotencia y lo había pagado con los caminos del Jardín de Los Guardianes. Una primavera permanente recorría aquel lugar, con los árboles vigorosos y las flores en su mejor apogeo, aún así no incidía en mejorar su humor. Respiraba con fuerza hinchándose y deshinchándose como un toro bravo. No sólo se había visto frustrada su idea de darle a Sirius un mensaje metido en una botella para que lo lanzara al mar en alguna de sus misiones. No. Ni siquiera se lo había dicho, porque Emy averiguó en una prueba sorpresa la noche anterior que Harry tenía pensado comunicarse con Ginny a través de sus sueños. Todo había salido mal, el plan de Harry se había ido por los suelos. Él le iba a decir a su hermana que le mandaría ese mensaje, que estuvieran atentas a la orilla pero ya todo era inútil.

Sacó el pergamino enrollado del bolsillo del pantalón y lo leyó de nuevo. Casi se lo sabía de memoria. Sus palabras quedaban aprisionadas en sus manos, sin poder llegar hasta la destinataria. No pudo evitar que una lágrima cayera por su mejilla, una lágrima que se convirtió en un pequeño trocito de cristal, rompiéndose al llegar al suelo, a la tierra rojiza que inundaba los caminos. La fuente que tenía enfrente dejó de rutilar y se silenció. Posar su atención en ese hecho no le dejó ver aproximarse una graciosa luz que iba directa hacia él. Con el suave aleteo que le caracterizaba pero con la chispeante personalidad de siempre, Vesta se posó en sus manos, sonriéndole hasta que vio la tristeza de su amigo.

  • No llores por lo que se puede cumplir

  • ¡Vesta!

  • La misma – Dijo con su alegría - ¿No tendrás por hay uno de esos bollos que tanto te gustan, uno de chocolate?

  • No, lo siento, aunque creo que en este bolsillo me quedan unas pocas grageas de todos los sabores, claro que te advierto que son las que he desechado por peligrosas

  • ¿Peligrosas?

  • Una tenía pinta de ser de cemento

  • ¿Cemento? ¿Y qué tal sabe el cemento?

  • Pues por eso no la he comido, porque no debe saber muy bien

  • Bueno, no lo sabremos hasta que no la hayamos probado

  • Te gusta el riesgo ¿eh pequeña?

  • Mitad y mitad – sonrió ella señalando el pequeño caramelo – Tú dale un mordisco y no me digas a lo que sabe

  • Esta bien – Ron cogió la grajea y le dio un mordisco, luego le pasó el resto a Vesta. Se sorprendió mucho al ver que aquel sabor era de ostras, o al menos él creía que sabía a eso, a ostras con limón - ¿Qué te parece?

  • No está mal el sabor a cemento

  • No, si no... No, no está mal – Terminó riéndose Ron

  • Así estás mucho más guapo, no me gusta verte triste

  • Ni a mí, Vesta

  • Vengo a recoger el mensaje

  • ¿El mensaje? – El pelirrojo miró el pergamino que ahora estaba enrollado sobre su mano derecha - ¿Este?

  • Sí, Marina lo entregará a su destinataria – Vesta se elevó por encima de la cabeza de Ron y le echó unos polvos brillantes

  • ¿Lo dices en serio? – Preguntó estupefacto el pelirrojo

  • Totalmente

  • ¿Pero cómo...? – No entendía cómo hacía un instante todo estaba perdido y ahora se basaba en la solución más simple

  • La princesa del bosque tiene sus contactos – Vesta se posó en la nariz de Ron, haciendo que éste se pusiese bizco y que ella soltase una carcajada – ¿No crees que deberías echarle un vistazo? Sonríe más a menudo, chico guapo

Y sin más desapareció como una bala. Ron la llamó para que se llevase el pergamino pero ya se había esfumado. ¿Echarle el último vistazo?. Lo desenrolló con algo de inquietud y tuvo que ahogar un grito. Aquella letra no era la suya, no eran sus palabras pero conocía a la perfección quién era su dueña. HERMIONE.


Ya no sé lo que soy, ni quién soy, no sé lo que voy a hacer y apenas puedo responder de lo que hago. Cierro los ojos y estás tú, siempre tú. Mi mente recrea a cada instante nuestra vida juntos y no encuentro razones para que deje de hacerlo. Nada es tan poderoso para mí más que tú, más que mi amor por ti.

Y a solas contigo, en mi oscuridad, deseo que me lleven los vientos hasta el instante en que debí ser tuya, porque ahora me persigue el miedo de no ser la primera, de que tus manos toquen otro cuerpo, de que tus palabras lleguen como cálido susurro a otros oídos. Me muero sólo de pensar que otros labios beberán de mi fuente, beberán de tu boca. Es cierto que deseo tu felicidad antes que cualquier otra cosa pero si soy sincera conmigo y sobre todo contigo, tengo que decirte que me muero por mis palabras, por incitarte a encontrar otro pecho en el que descansar, otras charlas intimas que compartir, otro amor que sentir.

Maldigo la hora en que te dije “basta”, porque ha sido lo más irracional que he pronunciado. Ahora no paro de decirte “soy tuya” pero tú ya no estás, ya no me puedes oír. Y me pierdo, porque me faltas, porque este sentimiento se me antoja eterno, porque sigo sin encontrar razones para que no lo sea. Esta lejanía me agota día a día, me consume y me aplasta hasta hacerme tan pequeña, que ya ni encuentro mi reflejo, ni palabras, ni otros sentimientos, simplemente ya no entiendo nada. ¿Y qué se puede entender de esta realidad esperpéntica que se mofa de mí?. En pesadillas oigo voces que me gritan: “tú le echaste a otros brazos... idiota... loca”. Loca. Loca. Loca. Si los cuerdos supiesen lo que sufrimos los locos. Ni siquiera yo lo alcanzo a comprender. He caído en la peor de todas las demencias, pues lo mío es locura de amor.

Si te llegan estas palabras, no sufras, pues después de escribirlas sé que estaré mucho mejor. Confío tanto en que las leas, que ya veo tras ellas un resurgir en mi ánimo. Ahora te sonrío y sólo de imaginar tus bromas, tu alegría, tus salidas descabelladas se me llena el espíritu de ganas. No dudes que en el fondo es esperanza por verte pronto de nuevo. Esta maldición tiene que acabar, no sé vivir extrañándote. ¿Cuándo comenzaste a ser parte de mí?. A veces duele tanto, que creo que en verdad eres un órgano vital, sin duda el corazón, porque pongo la mano en el pecho y me siento vacía. Tú eres mi latido. Realmente me he asombrado de todo lo que te necesito. Se me cayó la máscara, cariño, ya no existe determinación ni fuerza en mis actos. Me he convertido en una pelele que marcha al ritmo que le imponen otros.

Me exigen pensar, encontrar la clave, entrenar mi cuerpo y mi espíritu pero no lo consigo. Obró desesperada para hacerte llegar un mensaje, el mayor atisbo de egoísmo que he tenido y que seguramente tendré en mi vida: “espérame, amor mío, espérame porque te necesito”. Yo quiero gritárselo al viento, quiero que mi voz se esparza por el mundo entero pero nadie puede oírla, porque estoy muerta, muerta en vida. Así que serán palabras escritas sin voz pero con el alma esculpidas. No las olvides, no me olvides, no dejes que lo nuestro se termine.

Me despido ya, hincada de rodillas, sintiendo la tierra en mi piel porque sé que es hay donde reside tu fuerza, la que necesito para subsistir sin ti hasta que llegue ese día en que me devuelvas la vida.


En el mismo instante en que un dulce presentimiento invadió el corazón de Ginny, una sonrisa apareció en el rostro de Hermione. Algo le decía que lo había recibido, que él ya tenía sus palabras. Al momento, una luz salió de nuevo del mar subiendo como un rayo hasta donde esperaban las dos muchachas. Cuando Hermione vio el pergamino que agarraba con las dos manos el hada, sintió el temor del fracaso pero al mirar la sonrisa de Lymei, se esfumó.

  • Al parecer ambos teníais la misma necesidad de comunicación – Dijo con cariño entregándole el pergamino enrollado

Hermione se levantó casi de un salto, importándole poco la altura, cogió el pergamino y salió corriendo tierra dentro, necesitaba estar sola. Fue al sendero que bajaba a la playa y se sentó en una piedra, en medio del camino. Desenroscó el papel y lo vio. Allí estaba, con su peculiar caligrafía en la que notaba un evidente esmero. Estaba claro que había sido escrita como única carta, no como una contestación pensada. Era inconfundible. Aquellas palabras eran de RON.


No sé el tiempo que llevo delante de este pergamino pero es tanto, que comienzo a comprender el vacío que éste supone. En blanco, así estoy sin ti. Me doy cuenta de mi torpeza con las palabras... si sólo fuese con ellas. Torpe, así estoy sin ti. Y sin embargo necesito decirte tantas cosas, confesar que esta ausencia dolorosa y blanca está acabando conmigo. Ausente, así estoy sin ti.

Cuando llega el sueño debo quedarme vacío, sin sentir, sin pensar, sin soñar... así debe de ser, ya me he acostumbrado. Lo verdaderamente duro es cuando llega el día y me doy cuenta que soy incapaz de llenarme con algo que no seas tú, conque vago por los pasillos alimentándome del aire que traen los recuerdos. Se me quedaron pequeñas las dudas y paranoias de los últimos días, ahora las cubre el pavor de no volver a encontrarte. En cambio, se me han hecho grandes nuestros días juntos, días y días que cubren una vida, mi vida entera, porque apenas hubo nada antes de ti y porque me ahogo al saber que tampoco lo habrá después de ti.

No hacía falta que te quitaran de mi lado para saber lo que te necesito, lo que te amo, más allá de este dolor, más allá de las pruebas, de la gente o de cualquier situación. Y es que no puedo evitarlo ¡No soporto estar sin ti!... No quiero estar sin ti... sin ti... sin ti... odio decir “sin ti”. ¿Cómo he llegado a no tenerte entre mis brazos?. ¿Quién aspiró tu perfume de mi aire?. ¿Quién apagó el fuego que me calentaba?. Todo está frío, ya nada huele a nada, ya mis manos no sienten, ni entienden, ni palpan. Todo parece carecer de importancia. Las horas sólo traen momentos vacíos. Es como si el presente ya no existiera, como si el futuro fuese una invención... Es como si mi vida sólo pudiese darse en un pasado, en los tiempos en los que estabas tú. ¿Qué haré cuando ya no pueda recordar?. Cuando olvide el color de tus ojos ¿Me quedaré ciego?. Cuando no encuentre con mis manos tu cuerpo ¿Estaré inmóvil?. ¿Qué haré cuando el olor de tu pelo se lo lleve el viento?. ¿Qué haré cuando mis labios se sequen por no beber de tus labios?. ¿Estaré muerto?.

Y es que no puedo estar sin ti...

Sin ti... no sé qué hacer... ni cómo seguir...

Necesito agarrarme a algo... una esperanza, la de saber que algún día este castigo acabará, que recobraré los sentidos a tu lado, que tú me traerás el presente y las ganas de vivir un futuro junto a ti... siempre junto a ti. No puedo cumplir lo que me pediste, lo siento. En verdad ni siquiera lo he intentado, porque me parece antinatural querer a otra. Al igual que si pidieses que el sol brillase de noche o el agua ardiese en el lago, yo nunca podré dejar de amarte, nunca he podido, ni nunca podré. Estaré esperando a que caiga mi estrella, la misma que caerá para ti.

Alguien nos ató a este amor y ni tú, ni yo, somos quienes para escapar de él. Nos unieron en un instante para permanecer por siempre jamás. A veces creo que fue ella, mi propia sangre, la de cabellos rojos y mirada inocente, a la que dejamos hacer sin prever el peligro. La echo de menos ¿se lo dirás?. Él también lo hace pero calla, no es que se haga el valiente, es que no estás tú para sonsacarle, con lo que habla más de ti. Te extraña... es normal. Me mira y le entiendo, intenta hacer todo lo posible para sacarme de este mal sueño. Quizás él consiga que llegue esto, creo que se siente en deuda. Yo no sé qué decirle, eras tú quien se ocupaba de estos problemas.

Mi falta de lucidez hace que hable en pasado... se me quedó grabado tu adiós... se me fue la cordura en lágrimas... lo viril en sollozos... lo único que me queda es esta agonía, que me grita de vez en cuando: “se libró de ti, no te ama”. ¿Podrías decirle al viento que no es así?. ¿Podrías sacarme de esta locura?. Sólo necesito que te lleguen mis palabras, sólo que sepas lo que siento, sólo sentir nuestro amor para que este pergamino y mi alma dejen de estar en blanco, vacíos, ausentes, torpes... Sólo necesito decirte que te amo.


Después de leerla hasta diez veces seguidas, miró hacia donde seguían Ginny y Lymei. Hablaban a la vez que le estaban mirando. Ambas le habían devuelto la vida y estaría eternamente agradecida con ellas.

Ron se quedó sentado en el banco hasta bien pasado el mediodía. No había sido capaz de levantarse de allí e ir a desayunar, ni siquiera estaba seguro que podría decir algo o saludar a alguien. Lo único de lo que era consciente se encontraba entre sus manos. Por fin sentía entrar al aire en sus pulmones, ya no existía ese vacío, ahora sólo la torpeza, aunque esta era distinta, pues era física, ya nada tenía que ver con su sentimiento de impotencia. A partir de ese instante iba a luchar con todas sus fuerzas.