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Historia 35743 — capítulo 5

Capitulo cinco: Sin tiempo para el romance.

(Bella P.O.V)

¿Acaso no podía negarme a las peticiones de la duendecilla en miniatura?, no, definitivamente no. Además, su madre es una mujer encantadora y tenía muchas ganas de verla, ella tenía ese encanto natural que poseía también su hijo, el cabello broncíneo, la sonrisa radiante y los ojos verdes como esmeraldas. Alice por su lado sacó su energía inagotable y sus métodos de persuasión, aun recuerdo esa vez en la que no pude negarme ante su petición para quedarme a cenar.

Y aquí estaba nuevamente, en la mansión de los Cullen, en esa gran casa entre los árboles que estaba finamente decorada. No era la primera vez que me quedaba a pasar la noche, antes yo solía usar la habitación de Edward, su madre me dejaba ocuparla, nunca había visto una foto de él antes en su cuarto, por lo que no sabía que la recamara pertenecía a un chico como él, siempre pensaba que era el típico niño mimado "hijito de papi y mami". Una habitación dice mucho de su ocupante, y esta siempre estaba en perfecto orden, sus libros perfectamente alineados, sus cd's ordenados según el año en el que salieron, los colores de las paredes combinaban con el de las cortinas y la ropa de cama, en su closet la ropa que no se había llevado estaba ordenada por clase y por color. Por lo tanto, me formé una errónea idea de cómo sería el hermano mayor de Alice, pensé que sería un nerd con anteojos horribles y un rostro poco agraciado lleno de acné.

Una habitación dice mucho, y tanta perfección solo decía una palabra: Chico perfecto.

A pesar de ser una casa bastante grande, la mayoría de las habitaciones estaban designadas a otras funciones, solo tres de ellas se ocupaban como "dormitorios", el resto se ocupaba en cosas como la biblioteca del señor Cullen, el estudio de dibujo de Esme, la habitación de prácticas de Alice y "la sala" de Edward, la que contenía más libros, mas cd's, un gran sofá de cuero negro que se veía bastante cómodo.

-¡Bella cariño, que gusto verte por aquí!- exclamó Esme, la mamá de Edward y Alice. -El gusto es mío Esme- dije ruborizándome ante la efusiva bienvenida de aquella mujer tan encantadora.

-Bella se va a quedar hasta mañana mami- chilló Alice emocionada. -Podemos ver una película y comer palomitas de maíz, ¡podemos hacer una pijamada!- agregó Alice más entusiasta.

-Me parece una excelente idea hija- dijo Esme haciéndonos entrar a la casa.

Un delicioso olor a galletas recién hechas inundaba la casa, al parecer no fui la única que lo sintió.

-Voy a la cocina- dijo Edward mirando a Alice con complicidad.

-Mamá, ¡se las va a comer todas!, dile algo- expuso Alice haciendo un puchero.

-No te atrevas Edward, tenemos visitas- gritó Esme para que Edward la escuchara.

-Nuestra visita no es muy buena para comer- dijo Edward cuando volvió con un plato lleno de galletitas con arándanos.

Este chico ya me estaba sacando de mis casillas, hace menos de una hora me había llamado anoréxica, luego bulímica y ahora salía con sus comentarios fuera de lugar, pero daba gracias al cielo que Esme fuera comprensiva, seguro no se ofendería si no probaba sus deliciosas galletas.

-No te preocupes Bella, tienen pocas calorías, es una receta que Carlisle bajó de internet, son sanas y nutritivas. Dijo quitando el plato cariñosamente de las manos de Edward y ofreciéndome una galleta.

Probé una, un poco de hidratos de carbono no me haría mal, solo espera que esos arándanos no se me notaran más adelante, ya estaba aburrida de los regaños de mi maestra sobre mi físico inadecuado para una bailarina.

-Mamá, tendremos que arreglar el sofá cama de mi cuarto- dijo Alice con la boca llena de galletas haciendo que Esme la mirara con desaprobación.

-No se habla con la boca llena Allie- dijo su madre tiernamente.

-Si Allie, no seas tan cerda- dijo Edward a modo de broma. -Y hablando de habitaciones, déjenle mi cuarto, después de todo no será la primera vez que ella duerme allí o la primera vez que yo me quede dormido en mi sala- dijo Edward haciendo que un pequeño arándano se que quedara atorado en la garganta, ¿Por qué tenía que ser tan perfecto?, ¿y yo tan torpe?.

-Mami, ¡Bella se está ahogando!- exclamó asustada Alice.

No me di cuenta de lo que pasó después del chillido de Alice, en un abrir y cerrar de ojos Edward me tenia rodeada con sus brazos y sus dos manos se encontraban haciendo presión en el inicio de mis costillas.

Ese molesto arándano bajó por mi esófago dejándome libre para respirar, voltee para agradecerle a Edward su maniobra de primeros auxilios, pero nuevamente el fue más rápido que yo.

-¿Qué esperabas?, soy el hijo de un medico- dijo con esa sonrisa torcida que ya me tenia más que deslumbrada.

-Gracias- musité tímidamente.

-Iré a dejar tus cosas a mi habitación- dijo tomando mi pequeño bolso y subiendo rápidamente las escaleras.

Después del incidente de la galleta todo transcurrió normalmente, ayudé a Esme a cocinar, aunque ella se negaba dándome la excusa de que era mi cumpleaños, me gustaba estar cerca de ella, extrañaba tanto a mi madre y ella era lo más parecido a Reneé que podía encontrar.

Luego  del almuerzo, la tarde pasó sin mayores problemas, Alice sacó su colección de juegos de mesa e insistió en hacer equipo con su madre, dejándome en el equipo del chico que parecía ser una especie de dios griego. Ellas siempre ganaban, y la verdad era por mi culpa, yo estaba demasiado ocupada controlando el acelerado palpitar de mi corazón y regañándome a mí misma, yo no podía mirarlo, no podía desearlo, no podía quererlo, no podía…

Yo necesitaba estar totalmente concentrada en mi técnica, en mi línea, en los elementos de mi baile. De esa beca dependía mi futuro, yo tenía un sueño y lo iba a cumplir, un chico, específicamente un novio no debería aparecer en mi vida, el amor seria solo un chicle pegado a mi zapato que me impediría avanzar.

También mi pobre corazón ya había sufrido bastante, primero al dejar Phoenix, luego al acostumbrarme a estar en un pueblo extraño sin mi madre, y este chico es tan perfecto, ¿acaso se fijaría en una simple estudiante de Ballet como yo?, no quería enamorarme para luego salir lastimada, y si era correspondida, yo igualmente me iría, me alejaría de él y eso sería tanto o más doloroso que la vez que me alejé de mi madre.

No tenía tiempo para un romance, no tenía tiempo para él, simplemente lo mejor era ignorarlo lo más que pudiera.

-Podríamos haberles ganado si dejaras de mostrarles tus fichas- dijo en mi oído sacándome de mis pensamientos.

Su aliento se sintió tan cálido, tan exquisito, no pude evitar sonrojarme y sentir como los cabellos de mi nuca se erizaban solos.

-Lo siento, nunca he sido buena jugando dominó, soy una torpe- dije en un susurro solo para que él lo escuchara.

-No entiendo cómo puedes ser tan perfecta y tan torpe a la vez- me dijo al oído consiguiendo la misma reacción por parte de mi cuerpo, solo que esta vez mis fichas cayeron al suelo y él amablemente se ofreció a recogerlas.

Afortunadamente para mí el tiempo había pasado rápido, esta vez Esme no me dejó ayudarla con la cena, sino que mandó a su entusiasta hija a entretenerme mientras ella y Edward trabajaban en la cocina. Alice me llevó a su habitación y me obligó a quedarme quieta para sufrir ante su caja de maquillajes, no hizo mucho, solo aplicó un brillo labial demasiado claro y un poco de rímel en mis pestañas argumentando que estaba experimentando un maquillaje para el día del certamen de invierno.

Cuando había terminado no me dejo quitarlo de mi cara, me jaló de un brazo escaleras abajo para cenar, toda la cena la pasé con el rostro rojo de la vergüenza, ella se había sentado frente a mí y junto a su madre para hacer comentarios sobre cómo debería llevar el cabello ese día o sobre que mejoras hacerle al maquillaje que Alice había experimentado.

Para mi fortuna el muchacho de los ojos verdes no hizo comentario alguno, solo se limitó a comer en silencio mientras su madre y su hermana me hacían sonrojar.

-Sabes algo mamá, creo que Edward y Bella se ven lindos juntos- Soltó Alice

Edward al escuchar esto no pudo evitar toser escupiendo un poco de jugo de naranja que acababa de echar a su boca, yo por mi parte solo me atreví a fulminar con la mirada a la endiablada chica de reducido tamaño y a tratar de que mi sonrojo pasara desapercibido.

-Que ideas más locas tienes Alice- Dijo Esme soltando una carcajada. -Aunque no lo niego, eres una muchacha encantadora Bella y me da mucho gusto que hayas venido a visitarme- dijo ella desviando la conversación hacia otro lado.

Solo pude sonreírle tontamente, iba a matar a esa pequeña... niña.

Edward se retiró a su improvisado cuarto dejándonos a las tres solas, Alice puso una de esas películas sin demasiado contenido, del tipo románticas que a veces sacan alguno que otro suspiro, luego de dos horas y media de ver en la televisión a chicas que sufren por el "niño bonito" que se va del país declaré estar muy cansada y me dirigí al que sería mi cuarto, la habitación de Edward.

Cuando entré vi que mi bolso estaba sobre la cama, la habitación no estaba tan ordenada como cuando yo entré por última vez, ahora los libros no estaban tan perfectamente alineados, sino que algunos se encontraban abiertos y otros esparcidos en la pequeña mesita que había en una esquina. Su ropa tampoco estaba en su orden original, había una camisa gris en el respaldo de la silla adyacente a la mesita, una maleta y una mochila pequeña se encontraban apoyadas en una de las paredes, tampoco los cd's estaban tan ordenados, ahora presentaban un orden aleatorio.

No tenía muchas ganas de ponerme el pijama para dormir; saqué mi cepillo de dientes y me dirigí al cuarto de baño que había en la misma habitación, luego de terminar mi rutina de higiene nocturno me quité el sweater que traía junto con los jeans y las zapatillas quedándome con mi blusa de tirantes como pijama; dejé la ropa bien ordenada a los pies de la cama y las zapatillas debajo de esta, me acomodé entre las frazadas; su cama olía demasiado a él, ¿Cómo se suponía que iba a dormir si lo sentía tan cerca de mi?, ¿Cómo se suponía que iba a sacarlo de mi mente si se iba a meter en mis sueños?, mi lado masoquista me obligó a oler su almohada, tenía un aroma dulce y varonil a la vez, realmente era como tenerlo durmiendo a mi lado, si cerraba mis ojos mi imaginación poderosa lo colocaba justo a mi lado, tan cerca que podía abrazarlo, tan cerca que podía dormir sobre su pecho si quisiera.

Mi imaginación hizo que me durmiera pensando en que se sentirá besarlo, estar entre sus brazos un día entero, era una necesidad de él demasiado grande, tanto que dolía. Mi peor pesadilla se había realizado. Estaba enamorada y el amor era el peor enemigo en el mundo de una bailarina joven e inexperta llena de ambiciones.

-Edward, tu no, no tu, no debe ser así- musité medio dormida.

Sentí una mano cálida posarse en mi frente y esa corriente eléctrica tan poderosa llenar mi cuerpo, me desperté con rapidez y me incorporé bruscamente en la cama para encontrarme en la oscuridad con el brillo de esos ojos cautivadores.

-Disculpa si te desperté, solo vine por otra almohada- dijo Edward abriendo su closet y sacando lo que había venido a buscar.

Yo rogaba internamente que no hubiera escuchado nada de lo que dije estando dormida, porque me acordaba perfectamente de lo que había dicho.

-¿Hablas dormida muy a menudo?- preguntó mientras rebuscaba en su closet.

  • A veces- respondí con timidez.

-¡Que demonios!, pero ya ni modo, esta maldita almohada parece estar hecha de piedras, mejor cojo un libro y te dejo para que duermas- dijo devolviendo la almohada al closet.

-Discúlpame, esto es mi culpa, yo debería estar durmiendo en el sofá- dije atropelladamente saliéndome de la cama.

Edward evitaba mirarme, luego supe el porqué. ¿Qué tan a menudo había una chica con poca ropa en su habitación?

Tomé mi sweater y me lo puse rápidamente esperando que eso me cubriera lo suficiente como para hacer de la situación menos incomoda.

-Ustedes las bailarinas- murmuró en voz baja mientras intentaba leer el titulo de un libro en la oscuridad

-¿Qué hay de malo con las bailarinas?- pregunté un poco enfadada ante el tono de voz que usó.

-Son todas unas…- dijo deteniéndose para escoger mejor sus palabras.

-¿Unas que?- pregunté molesta.

-Unas exhibicionistas- dijo esquivando mi mirada. Pude notar un poco de rubor en su rostro gracias a la luz de la luna.

antes que nada, mil perdones por tardarme en actualizar espero que les guste el capitulo y como dejaron muchos reviews yo les dejaré un adelanto del capitulo seis

"No sé porque me atreví a hacer lo que hice, simplemente lo abracé, disfruté de aquella sensación que me provocaba el contacto con su piel, se sentía como un fuego ardiente que sin embargo no me hería, era una quemazón agradable, me sorprendí cuando él correspondió a mi abrazo, automáticamente enterré mis dedos en sus cabellos y comencé a acariciarlo; era una sensación indescriptible, realmente sublime, el estar tan cerca de Edward, poder respirar su aroma, sentir las cosquillas que me hacía en el cuello su pequeña barba.

Él se separó de mi por unos instantes, se acomodó en el suelo y me rodeó con sus brazos, no pude evitar apoyar mi cabeza en su fuerte pecho y dejar que él acariciara mis cabellos, pero se sentía tan bien que por un momento olvidé que él solo significaba una distracción en mi vida, una piedra en mi zapato, yo no podría tener nada que ver con él.

"

gracias por leer y por comentar

bye!