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Historia 35743 — capítulo 6

Capitulo seis: La charla.

(Bella P.O.V.)

Él acababa de llamarme exhibicionista, bueno, él era un pervertido por mirar, ¡por mirarme a mí!, oh por dios me había mirado; Edward Cullen, el muchacho de los ojos verdes y la sonrisa cautivadora me estaba mirando. No pude evitar sonrojarme a mis niveles extremos, agradecía internamente a la oscuridad de la noche por ocultar mi cara roja como un tomate.

-Será mejor que me vaya, ya tuve suficiente- dijo enfadado dejando la almohada que había sacado del closet sobre la cama.

-Está bien, me vestiré- dije agarrando los jeans que estaban bajo la almohada. -Pequeño pervertido- murmure por lo bajo mientras me vestía.

-¿pervertido yo?- dijo él con cierto tono de diversión en su voz.

-si, pervertido tu por entrar en medio de la noche a la habitación en donde dormía una chica- dije enfadada.

-Nunca paras de sorprenderme Bella, ¿quieres un vaso de leche tibia?, no creo que te sea tan fácil volver a dormirte- señaló extendiendo su mano para que yo la tomara.

Dudé ante su ofrecimiento, pero ¿Qué tan malo podía ser beber un poco de leche tibia en su compañía? Tomé su mano y de inmediato las traicioneras mariposas en mi estomago comenzaron a revolotear y esa sensación electrizante se extendió por todo mi cuerpo.

Él me condujo a la cocina en medio de la oscuridad, no se molestó en encender las luces, dejó que la luz de luna que se colaba por la ventana iluminara el lugar, si el miraba, yo también tendría derecho a mirar; mientras Edward observaba los dos vasos de leche calentarse en el microondas yo me fijé en su vestimenta. Su pijama era sencillo, solo unos shorts verde musgo y una playera gris; su cabello estaba tan sensualmente despeinado, tenía unas locas ganas de hundir mis dedos en su cabellera broncínea pero sabía que si lo hacía quedaría como una gran pervertida frente a él.

Cuando el microondas paró, él retiró los vasos y puso uno frente a mí, luego abrió una pequeña alacena y sacó el plato con las galletas de arándanos de su mamá, él tomó una y la hundió hasta la mitad en el vaso de leche. Me quedé mirando como una boba la pequeña gota de leche que se deslizaba por sus labios, que ganas de ir y secarla con los míos.

-¿Tengo algo en la cara?- preguntó extrañado al darse cuenta que yo lo miraba.

Yo no le respondí, solo me limité a darle un sorbo a mi vaso y a probar una de las galletas.

-Ustedes las bailarinas, ¿Por qué son tan raras?-  preguntó mas para sí mismo mientras acababa con su leche de un gran sorbo.

-¿Raras en qué sentido?- pregunté sin quitarle la vista de encima.

-Perdón, estoy generalizando, la rara aquí eres tu- dijo levantándose de su silla para dejar el vaso vacio en el fregadero.

-Sigo sin entender- dije levantándome también y dirigiéndome hacia él.

-Es que tengo tantas preguntas y no sé por cual empezar- expresó nervioso sentándose en el suelo y apoyando su espalda en el mueble de cocina.

-Empieza por el principio- dije sentándome junto a él.

-Está bien- dijo dando un suspiro. -¿Por qué comes tan poco?, no probaste tu pastel y te aterraste ante la idea de comer una galleta, al almuerzo comiste solo verduras y en la cena te dedicaste a revolver tu comida en vez de comerla, ¿Por qué?- soltó de repente.

-Debo comer poco para que mis pies puedan soportar el peso de mi cuerpo- dije riendo.

 -¿pensabas que era una típica bailarina de Ballet anoréxica?- le pregunté bromeando.

Él negó con la cabeza, paso una mano por su cabello despeinado y respiró una gran cantidad de aire antes de volver a hablar.

-No me tomes por un pervertido pero ¿Por qué siempre andas con tan poca ropa?- dijo sin mirarme.

-Porque siempre estoy practicando y a ti se te ocurre aparecer solo cuando practico, en mi trabajo yo no visto así- dije logrando que el volviera a mirarme.

-Es muy cómodo bailar cuando visto así, la ropa no me molesta y puedo observar en el espejo la línea de mi cuerpo, después de todo el Ballet se trata de eso,  de perfección y elegancia y debo supervisar que cada parte de mi cuerpo haga bien su trabajo- dije con su vista sobre mí.

-¿Alguna otra pregunta señor pervertido mirón?- dije haciéndolo reír.

-¿Por qué tus pies están tan lastimados?- preguntó.- los de Alice no son así-

-Porque practico más que ella- respondí sin darle mucha importancia.

-¿Dónde trabajas?- preguntó curioso.

-¿acaso importa?- le dije extrañada ante su pregunta.

-No me respondas con otra pregunta, se supone que yo pregunto y tú respondes- dijo algo impaciente.

-¿Y cuando preguntaré yo?- dije.

-cuando hayas respondido todas mis preguntas, ahora dime, ¿Dónde trabajas?- volvió a preguntar.

-En una cafetería, antes trabajaba en un local de artículos deportivos pero el hijo de la dueña es un acosador de toda persona que haya usado falda alguna vez en su vida, así que renuncié- dije despreocupadamente.

Edward miraba fijamente el suelo, pasó nuevamente una mano por sus cabellos antes de mirarme.

-Ok, puedes preguntar tú ahora- dijo con un poco de temor ante las preguntas que pudiera hacerle.

-¿Por qué estudiabas en Nueva York?- le pregunté atenta a su reacción.

-Porque siendo el hijo mayor, mis padres querían un mejor futuro para mi, y eso era alejarme de Forks, de la academia de los Hale, de la música y dedicarme a estudiar alguna aburrida carrera con futuro- dijo con resignación.

-¿Pero por que solo tú y no Alice también? - pregunté extrañada.

-Ellos sabían que mi interés en la música era en serio, además Alice es una chica, no podría sola con la tensión que se siente al vivir lejos de casa- dijo echando hacia atrás su cabeza y dejándola apoyada en el mueble de cocina.

Hubo un silencio incomodo, aun me quedaban más preguntas que hacerle pero él parecía demasiado afectado por mi pregunta.

-Igual no se salieron del todo con la suya, en el internado podíamos elegir entre finanzas, biología avanzada, robótica, pintura y música como materias optativas; yo elegí música y ahí aprendí a tocar piano, intercambiaba mi libreta de notas con la de un compañero, les mandaba a mis padres las calificaciones de biología de mi amigo y él les mandaba a los suyos las mías en piano- dijo con una sonrisa formándose en su rostro.

-Que astuto- murmuré.

-Pienso decirle a mamá que me inscribiré en la academia solo para matar el tiempo mientras esté aquí y que el próximo año me inscribiré en Harvard o en Dartmouth para estudiar la carrera tradicional,  aburrida y con futuro- expresó con felicidad.

-¿Alguna otra pregunta señorita?- dijo con la sonrisa torcida que me tenía embobada. -Aun no me has contado "la larga historia" del broche para el cabello que me regalaste- dije tratando de sonar casual.

-Y no te la contaré- dijo Edward algo nervioso.

-¿Pero por qué?, prometiste contármela… oh no Edward, ¡lo robaste!- dije asustada ante su negativa de contarme.

-Dije que algún día te lo contaría, no que te lo diría cuando a ti se te antojara, y no lo robé, lo compré en una tienda de antigüedades un día que tuve libre en el internado- dijo atropelladamente enredándose entre sus palabras producto del nerviosismo.

-¿Y por qué lo compraste?- pregunte con la esperanza de que me respondiera.

-Muchos de mis amigos entraron a esa tienda, yo no tenía nada que hacer así que entré, y cuando lo vi, simplemente lo compré- dijo sin darle importancia.

Lo estuve mirando largo rato, divirtiéndome al verlo masajear el puente de su nariz, tratando de no reírme ante su evidente nerviosismo.

-Está bien, te contaré, pero no pienses mal de mí- dijo resignado ante mi inquisitiva mirada. Yo sonreí triunfal, no podía evitar pensar en lo hermoso que se veía cuando estaba nervioso.

-Mis amigos compraron broches similares para sus chicas- dijo mientras masajeaba el puente de su nariz.

-¿Así que compraste uno para tu novia?, ¿Qué paso con ella?, ¿no funcionó?- pregunte ansiosa y con cierta pisca de celos dentro de mí.

-Yo no tuve una novia- dijo a punto de enfadarse. -simplemente lo compré por si "esa chica especial" se dignaba a aparecer en mi vida, siempre lo tuve conmigo por si algún día ella aparecía y de pronto entré en esa sala y vi tu practica y…- él se detuvo, se puso de pie y caminó nerviosamente por la cocina.

-¿y qué?- pregunté yo ansiosa para que él continuara con su relato.

Edward volvió a sentarse junto a mí, con la espalda apoyada en el mueble de cocina y abrazando sus rodillas.

-Y te vi bailando, no pude evitar ver cuánto talento tienes, no pude evitar sentirme deslumbrado por la extraña combinación entre delicadeza y pasión que ponías en cada uno de tus movimientos, no pude evitar envidiarte, tú haces algo que te llena por completo y sin embargo yo estoy vacio- dijo ocultando su rostro entre sus rodillas.

No sé porque me atreví a hacer lo que hice, simplemente lo abracé, disfruté de aquella sensación que me provocaba el contacto con su piel, se sentía como un fuego ardiente que sin embargo no me hería, era una quemazón agradable, me sorprendí cuando él correspondió a mi abrazo, automáticamente enterré mis dedos en sus cabellos y comencé a acariciarlo; era una sensación indescriptible, realmente sublime, el estar tan cerca de Edward, poder respirar su aroma, sentir las cosquillas que me hacía en el cuello su pequeña barba.

Él se separó de mi por unos instantes, se acomodó en el suelo y me rodeó con sus brazos, no pude evitar apoyar mi cabeza en su fuerte pecho y dejar que él acariciara mis cabellos, pero se sentía tan bien que por un momento olvidé que él solo significaba una distracción en mi vida, una piedra en mi zapato, yo no podría tener nada que ver con él.

Respirando su embriagante esencia me quede dormida con la cabeza sobre su pecho y sentada en el frio suelo de la cocina, creí sentir un beso sobre mi cabello pero no le di importancia, de seguro era producto de mi imaginación.

Sentí como alguien se aclaraba la garganta, deseaba con todas mis fuerzas que esa persona fuera Alice y no alguno de sus padres. Edward se separó bruscamente de mí, haciendo que mi torso chocara con el piso de la cocina.

-Papá, pensé que llegarías más tarde- dijo con un aparente nerviosismo.

-Yo también lo pensé hijo pero la cirugía fue más sencilla de lo que imaginé- dijo Carlisle, el padre de Edward.

Edward extendió su mano para que yo la tomara y me pusiera de pie, no le costó mucho levantarme, me incorporé junto a él con el rostro rojo de la vergüenza.

-Buenos días Bella- dijo el doctor Cullen.

-Buenos días… señor- dije extremadamente avergonzada. ¿Qué tan a menudo un padre encuentra a su hijo durmiendo en el piso de la cocina con la amiga de su hija menor? No muy seguido que digamos, sentía mis mejillas arder y no tenía idea sobre qué explicación darle a esta situación.

-¿Me podrías explicar Edward que hacían durmiendo aquí abajo?- preguntó el padre de Edward. -Pasé a mi habitación a buscar una almohada y Bella estaba despierta, entonces le ofrecí un vaso de leche y debimos dormirnos aquí mientras charlábamos- dijo Edward con más tranquilidad.

-Será mejor que vayan a dormir a un lugar mas cómodo, aun son las seis de la mañana- dijo el señor Cullen mirando las galletas que reposaban en el plato sobre la mesa de la cocina.

Salí rápidamente de allí muerta de la vergüenza, estaba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta cuando habíamos llegado a las escaleras y tropecé. Edward me tomó por la cintura para levantarme y me llevo rodeada por sus brazos todo el trayecto hasta el segundo piso.

-Gracias- me dijo cuando habíamos llegado a la puerta de su habitación, en la que se suponía que yo debía dormir.

-¿Por qué?- pregunté con curiosidad.

-Por escucharme, creo que me saqué un gran peso de encima- dijo caminando hacia su otra habitación dejándome sola.

¿Por qué tenía que ser tan encantador?, maldita suerte la mía que me ponía al chico de mi vida cuando yo no podía aceptarlo.

ahhhhhhh si tu no quieres aceptarlo Bella...yo si XD

espero que les guste mi capitulo recuerden que entre mas reviews dejen mas rápido actualizo XD

que esten bn y gracias por leer y por comentar

bye!