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Historia 35743 — capítulo 7

Capitulo siete: Realidad.

(Edward P.O.V.)

La dejé en mi habitación para que durmiera y me dolía dejarla, tenerla separada de mi por un estúpido muro. Josh, mi amigo del internado tenía razón, para fijarte en alguien se necesita un segundo; para que te guste, un minuto; para que la ames, una hora; y para olvidarla, toda una vida.

Tenía en mi nariz, en mi cuello y en mi playera su esencia impregnada, no quería imaginar cómo olería mi cama, una noche con ella me bastó para comprender lo que me estaba pasando; me había enamorado, y precisamente de alguien que me dejaría, me estaba enamorando de ella, la hermosa bailarina que se iría a Londres a fin de año.

Me recosté en mi sofá pero no pude dormir, me dediqué a mirar el techo tratando de recordar la calidez en mi pecho que provocaba su cuerpo junto al mío; aunque haya sido en la cocina, descalzo y apoyado en un mueble, el solo hecho de dormir con ella me había transportado a mi cielo personal, ni siquiera la vergonzosa escena que presenció mi padre me había sacado de mi mundo de ensoñaciones, había comprendido por fin lo que era sentirse así, sabia al fin que se sentía tener el corazón congelado y que una luz cálida y hermosa viniera a romper el hielo de mi alma.

Veía en el reloj de la pared como los minutos pasaban, necesitaba verla, necesitaba saber que ella no era un sueño. Salí de mi sala hacia el pasillo, desde la recamara de mis padres podía escuchar los leves ronquidos de mi papá, la habitación de Alice se hallaba silenciosa, podía ir a verla y si ella me sorprendía siempre podía fingir haber venido a buscar algo.

Entré silenciosamente para que ella no se despertara, me ubiqué en la silla que había junto a mi mesa de lectura, verla dormir era lo más maravilloso del mundo, ella se veía tan apacible, tan tranquila, tan hermosa…

-Perdóname por lo que haré, perdóname por favor- empezó a decir en sueños.

Me acerque a ella, su rostro se veía angustiado, estaba teniendo pesadillas y en su mente era el único lugar al que no podría entrar, no podía rescatarla del mal sueño que estaba teniendo. -No te odio, pero eres una molestia para mí-  Dijo revolviéndose en la cama.

Decidí alejarme un poco, no quería que siguiera soñando algo tan tormentoso, pero si quería seguir escuchando lo que tenia para decir.

-Veté y déjame en paz- dijo en un susurro para dejar de removerse en la cama y acomodarse como si nada hubiera pasado.

Sus palabras me dejaron helado, ¿Qué pasaba con ella?, prefería pensar en que estaba estresada con toda la presión que tenia por su certamen de invierno, no quería pensar en que quizás estaba soñando con algún ex novio psicópata y celoso que no la dejaba tranquila, o tal vez en un "novio" que ella tenía.

La verdad es que nunca la escuché hablar de algún novio ni de algún "ex" en su vida, preferí salirme sigilosamente de la habitación y regresarme a la mía, ya la había visto, mi necesidad de ella ya estaba satisfecha, el monstruo masoquista estaba tranquilo y yo esperaba poder dormir después de todo.

Definitivamente iba a ser uno de esos días en los que me quedaría dormido sobre mi desayuno, Alice entró en pijama chillando a mi sala para que me levantara; de mala gana me salí de mi sofá, ordené las cobijas que había usado y me dirigí a la habitación en donde ella estaría; por lo menos ahora si tenía una excusa convincente, después de todo necesitaba darme una ducha y cambiarme de ropa.

Me arrepentí al llegar, debí tocar la puerta y no entrar así como así, la vi con su cabello castaño mojado y su delgado cuerpo envuelto en una toalla, solo atiné a disculparme torpemente argumentando la verdad del asunto, la de la ducha y la ropa. Felicidades Edward, has quedado como un enfermo ante ella.

Esperé sentado en el suelo fuera de mi habitación hasta que ella hubiera terminado de vestirse y arreglarse, mi espera no duró mucho, ella era una chica rápida, de esas que no pierden el tiempo contemplando su aspecto en un espejo, por lo menos no cuando se levantaba en las mañanas, ya que cuando bailaba se contemplaba a sí misma, para verificar cada uno de sus movimientos.

Cuando ella salió se formó de inmediato ese silencio incomodo, yo entré rápidamente a mi habitación; la cama estaba arreglada y las almohadas y cojines en su sitio, su pequeño bolso estaba en un rincón y para colmo mi habitación olía endiabladamente a ella.

Me tiré sobre la cama a aspirar el aroma que había quedado impregnado, me estaba obsesionando con ella, estaba anestesiando con ella las heridas que la soledad del hielo en mi corazón habían producido, solo un chillido de mi hermanita que escuché desde el pasillo logró sacarme de mis ensoñaciones; me dirigí hasta el cuarto de baño para darme una ducha y poder despejar mi mente un momento.

El agua caliente era realmente un buen remedio, no solo se llevaba su olor, sino que también arrasaba con mi dolor muscular producto de dormir con un ángel sobre tu pecho y la espalda apoyada en un mueble de cocina. No perdí el tiempo con mi cabello una vez que me vestí, sabía que aunque intentara peinarlo siempre se iba a desordenar.

Cuando bajé solo estaban ellas, mi madre, mi hermana y la razón de mi existencia. Las tres desayunaban tranquilamente, necesitaba tomar esa dolorosa distancia así que me senté junto a Alice. Mi madre puso delante de mí un cuenco de cereales con leche y un vaso con jugo de naranja.

-Y bien Edward- dijo mi madre una vez que me había servido el desayuno, -¿Me podrías decir que hacías molestando a Bella en la madrugada?- preguntó mi mamá. Bella tragó pesadamente su jugo, su rostro estaba rojo de la vergüenza, podía ver que si comía algo era seguro que se ahogaba como en el incidente de la galleta.

-¿Papá te lo dijo?- pregunté tanteando el terreno.

-Tu padre me lo dijo- expresó mi madre muy atenta a mi reacción.

-Solo entré por una almohada y la desperté sin querer- dije sin darle importancia al asunto.

Mi mamá parecía poco convencida ante mi explicación, si algo le molestaba en el mundo era que incomodáramos a sus visitas.

-Mamá- dije para llamar su atención.

-Ya sabes que decidí tomarme el año para estar con ustedes antes de irme a estudiar a alguna universidad- expuse tranquilamente. -La verdad es que me siento un poco inútil sin hacer nada aquí y quisiera tener alguna actividad para matar el tiempo- dije esperando a que ella dijera algo.

-¿Y qué quieres hacer?- dijo mi madre.

-Me gustaría conseguir un trabajo y tomar clases de piano donde los Hale- dije mientras comía mi desayuno.

-Ya hemos hablado sobre ese asunto de la música- expresó mi madre con ese tono reprobatorio en su voz.

-si lo sé, pero me aburro mucho aquí, además es algo bien visto en muchas universidades que sus alumnos tengan algún tipo de conocimiento extra- dije rogando para que se convenciera.

-Prometo pagarme yo mismo las clases, pero por favor, no me frenen, en serio quiero pasar tiempo con ustedes pero no quiero sentirme como un vago que no hace nada en su vida más que ver televisión e ir a recoger a su hermana a la academia en donde baila-  expresé tratando de sonar convincente.

-Lo hablaré con tu padre- dijo tajantemente mientras se levantaba de su asiento y dejaba los platos sucios en el fregadero.

-Sé lo que planeas- dijo Alice en voz baja para que solamente yo la escuchara.

-Cállate enana, yo también sé cosas tuyas que no te conviene que se sepan- dije asertivamente. Pasaron las horas y el momento que mas temí había llegado, Alice nuevamente me había pedido que fuera su chofer y llevara a su amiguita hasta su casa, esta vez la enana iba de copiloto y Bella iba en el asiento trasero. Traté de mostrarme frio en la despedida, Alice era muy perceptiva y podía jurar que sabía lo que estaba pasando.

Mi frialdad la pudo sentir ella, pero me causó extrañeza ver en sus ojos una mezcla de felicidad y dolor al recibir mi despedida. Me adentré en mi coche, puse una melodía ruidosa esperando alejar mis pensamientos de sus hermosos ojos marrones.

-Ella está fuera de tu alcance y lo sabes bien- dijo Alice tras haber apagado la radio de mi coche. -No sé a lo que te refieres- dije simulando desconcierto.

-Ella se irá, ella debe irse, debe triunfar, no te cruces en su camino si no quieres salir herido- me dijo mirando por la ventana.

-¿Podrías hablar claro Alice?, tus acertijos me aburren- le dije con enfado.

-¿Quieres que hable claro?, muy bien, entonces lo haré. No te enamores de Bella, ella tiene de ángel lo que tiene de demonio, ha trabajado demasiado para lograr lo que quiere y no botará todo a la basura por un niño bonito- dijo Alice con palabras que me dolieron en el alma. -¿A qué te refieres?- pregunté.

-La vieja Svetlana siempre nos repite lo mismo, y su palabra es ley para Bella- dijo mi hermana. -No entiendo- dije tratando de descifrar las palabras de Alice.

-Los chicos son distracciones, una bailarina solo debe amar el baile, debemos alejarnos de todo lo que pueda representar un problema para nosotras- citó Alice.

Que gracioso, ¿No?, como todo cobra sentido, como las palabras que Bella decía dormida se iban convirtiendo piezas claves en mi puzle, como todo iba formando la historia; pero hasta que no lo escuchara de su boca, hasta que no lo leyera en sus ojos yo no lo creería, aun tenía esa esperanza de que ella pudiera amarme.

-Deberías hacerle caso a tu profesora entonces, los chicos son distracciones- dije repitiendo las mismas palabras que Alice dijo.

-No te entiendo Edward, deja de hablar estupideces- Expuso Alice bajándole la importancia a lo que yo ya sabía.

-Él es tres años mayor que tú- solté.

-Cállate Edward, no me importa si Jasper es mayor que yo- dijo Alice apresuradamente; cuando se dio cuenta de lo que dijo pude sentirla nerviosa, como buscando las palabras adecuadas para arreglar lo que había confesado.

  • No quiero que te ilusiones Alice, para él tú eres una amiga, nada mas-  dije bajando la velocidad para que nuestra charla se extendiera un poco más.

-¿y tu si puedes ilusionarte?- dijo al borde de las lagrimas.

Me vi en la obligación de frenar el coche, me bajé rápidamente y me apresuré a abrirle la puerta a mi hermana, cuando esta se bajó, me abrazó y se puso a llorar sobre mi pecho.

-Entonces esa siempre fue la razón por la que entraste a estudiar Ballet- dije acariciando la pequeña cabellera de mi hermana.

-Debí entrar a estudiar música, por lo menos tendría una clase con él- dijo secándose las lagrimas y haciendo intentos por volver a recuperar su humor.

-Yo te apoyo hermana, por lo menos uno de nosotros será feliz. Jasper es un buen tipo, es respetuoso, educado, en fin, buena elección- expresé esperando a que se sintiera mejor teniendo mi apoyo.

-Gracias Edward- musitó mi pequeña hermana.

-De nada Alice, pero cuidado con lo que deseas, puede hacerse realidad y esas realidades conllevan medidas desagradables- dije.

-¿Esas realidades se llaman colegio para nerds y Nueva York?-  preguntó la duendecilla. -Si- respondí de malas al recordar mí tiempo fuera de casa.

hola a todos!!!!, espero que les haya gustado este capitulo.

disculpen la tardanza XD, trataré de subir un cap a la semana, ya tengo escrito hasta el 10 (y me muero por publicarlo rápido XD...hay besito....)

luego de publicar ese capitulo no sé con que frecuencia pueda actualizar, ya que estaré ocupada con lo de la universidad (por fin a clases...wiiii)

saludos

gracias por leer y por comentar

bye!