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Historia 35743 — capítulo 8

Capitulo ocho: Cafeinómano.

(Edward P.O.V) Pensaba seriamente en ayudar a Alice, sabía que Jasper era un chico respetuoso e introvertido; era el tipo de chico que Alice les podría presentar a mis padres sin problemas, pero esa tal Svetlana Petrova parecía ser una especie de gurú para las bailarinas y sus familias, y la mía no era la excepción. Mis padres no querían distracciones para nosotros, querían que ambos triunfáramos, que fuéramos a la universidad y obtuviéramos un titulo importante como ellos y si Alice se empezaba a mostrar rebelde en ese aspecto… tendría ganados los boletos a Nueva York.

Por otra parte estaba la advertencia que Alice me había hecho, "Ella tiene de ángel lo que tiene de demonio", ¿pero qué tan demoniaca podría llegar a ser esa dulce chica? No quería averiguarlo, le temía mucho al dolor y al sufrimiento, ya me había tocado estar solo por las noches en una ciudad extraña alejado de  mi familia y el calor de mi hogar, no quería estar sufriendo por ella en mi pueblo.

Dejé mis pensamientos de lado cuando llegué con Alice a nuestra casa, me excusé con mi madre para ir a dormir un momento, esas pocas horas de sueño que había tenido en compañía de ella habían sido sin duda las mejores de mi vida, pero aun así me sentía cansado y mi espalda dolía de vez en cuando.

No me molesté en ponerme mi pijama, simplemente seguí el ejemplo de aquella muchacha, me despojé de mi vestimenta y me metí entre las sabanas en ropa interior. Esperaba adormecerme con su aroma encantador pero para buena o mala suerte mi madre había cambiado la ropa de cama mientras yo estaba con Alice. Traté de verle el lado bueno al asunto, por lo menos ahora podría dormir tranquilo sin soñar que bailaba con ella.

Cuando desperté ya estaba oscuro, miré el reloj que había en mi mesita de noche y me regañé a mi mismo el haberme despertado, eran las cuatro de la mañana, había dormido casi todo el día y me quedaba mucho de la noche para seguir durmiendo, después de todo cuando el sol saliera sería lunes, y yo necesitaba estar bien despierto para aprovechar el día y hacer mis cometidos.

Pasé unas buenas horas dándome vueltas en la cama y decidí levantarme cuando el sol se estaba asomando; me di una ducha rápida y me apresuré en vestirme, bajé las escaleras hasta la cocina y desayuné junto a mis padres y mi hermana.

-Bueno familia, debo irme- dijo mi papá levantándose de su asiento y despidiéndose de mi mamá con un beso.

-Adiós papi, que te vaya bien- dijo Alice con la boca llena de fruta.

-Adiós Allie- dijo cariñosamente mi padre. -ojala tengas suerte hoy Edward- Agregó él.

-Gracias papá- dije feliz. Después de todo mi madre era un ángel, había logrado convencerlo, de no ser así me habría regañado y me habría mandado a Massachusetts a alguna universidad para cerebritos.

Tuve que ir a dejar a mi hermana a la escuela a pedido de mi madre, ya que ella saldría para California a decorar la casa de alguna de esas excéntricas estrellas de cine. Luego de estacionar mi coche en Port Ángeles comencé mi búsqueda de trabajo. Vi una pequeña librería, pensé en preguntar allí, a lo mejor necesitarían a alguien que les ayudara a ordenar los libros y a venderlos.

Entré con toda la fe de conseguir el trabajo pero apenas pregunté la dueña del local me dijo que no estaban buscando a nadie, hoy no era mi día.

Seguí caminando por las calles de Port Ángeles buscando ese trabajo que me permitiera pagarme las clases y poder comprarme un piano pero en todas partes parecían estar bien con el personal que tenían.

Vi al otro lado de la calle una pequeña cafetería, necesitaba un café, de preferencia bien cargado, sin azúcar y con un poco de crema.

Crucé la calle y entré en el lugar, estaba decorado un poco al estilo retro y sonaba una música algo similar al Indie-Rock, me senté en un alto taburete en la barra a esperar que tomaran mi orden y viniera mi tan ansiado café cargado. Una señora de edad la anotó en una de esas notitas adhesivas que dejó pegada a la pared mientras se iba a atender a otros clientes.

Mis ojos estaban puestos en la mesa de la barra mientras esperaba mi café, no sé porque razón se me antojó mirar la notita con mi orden que estaba pegada en la pared, ya no estaba ahí, la sostenía una muchacha que era la propietaria de los únicos ojos que yo había considerado hermosos en mi vida, la sostenía ella, Bella.

Al parecer estaba demasiado concentrada en su trabajo, porque puso una taza delante mío, luego la llenó con café y después me preguntó si quería crema y azúcar.

-Oh Edward, no te había visto- Dijo luego que yo le dije que no quería azúcar en mi café.

  • Si, suelo ser invisible a veces- dije con cierto tono de broma.

-¿y qué haces por aquí?- preguntó mientras ponía crema en mi café.

-Estaba buscando trabajo y no me fue muy bien, así que vine a tomar algo- expuse de manera casual.

-Deberías ir a preguntar donde los Newton, oí que la vacante que dejé libre aun no ha sido ocupada- dijo volteándose para dejar la jarra del café en una repisa junto a las tazas.

-Así que aquí trabajas- dije luego de darle un sorbo a mi bebida caliente, me maldije internamente, me había quemado la lengua.

-Si- dijo ella monótonamente con los codos apoyados en la barra.

-Bueno, iré donde los Newton entonces, ojala resulte- dije para beber con mas precaución mi café.

-Queda a unos pocos minutos de aquí, es una tienda de artículos deportivos- expuso Bella.

-Si lo consigo tendré que ir en la tarde a hablar con Jasper, para arreglar lo de las clases de piano- le confesé mientras revolvía mi café con la pequeña cucharita que ella me había dejado.

-Ojala pases el examen- Dijo ella separándose de mí para ir a atender una mesa en el fondo.

¿Había dicho examen?, sabía que Alice había tenido que bailar antes de inscribirse en la academia, pero eso era para ver en qué nivel la ubicaban, no tenía ni la mas mínima idea de que los pianistas debían pasar un examen de admisión.

Ella había llegado con una bandeja que contenía tazas y platos sucios, la dejó rápidamente en un mesón en donde un chico las recogió para lavarlas.

-Perdón que te lo pregunte pero ¿hay que pasar un examen?- pregunté curioso.

-Si, ya sabes, para ver en qué nivel te dejan; yo tuve suerte, en Phoenix donde yo vivía antes, mi madre me había inscrito en Ballet, pasé mucho tiempo haciendo de árbol en las presentaciones porque solía caerme, pero aquí me dejaron en un nivel avanzado- dijo sonrojándose.

-¿Un árbol avanzado?- pregunté bromeando.

-Con el tiempo aprendí a no cometer torpezas- dijo volteándose para leer otra de las notitas adhesivas que la señora de edad avanzada había pegado a la pared.

 Me fijé que había recogido aquellos cabellos que solían cubrir sus hermosos ojos, los había tomado con el broche que yo le regalé, se veía fantástica.

-Te queda bien- dije cuando ella volteó nuevamente a verme.

Llevó una mano a su cabello y luego se sonrojó con ese exquisito color rosa. -Gracias- murmuró tímida.

No quería irme, tomaba pequeños sorbos de café para que la conversación se hiciera más larga, la afluencia de gente no era mucha así que por consiguiente ella no tenía mucho trabajo, además, podría pedir otro café luego y después otro y luego otro. En momentos como estos, en los que ella está frente a mí con su rostro sonrojado, sus ojos brillando y su esencia mezclándose con el aroma del café, es cuando mando al diablo mi lado racional. Si conocía al ángel entonces estaría encantado de conocer al demonio. Tenía que admitirlo, era un masoquista, me encantaba sufrir, pero ¿acaso sufrir por amor no es la tortura más dulce? -¿Me puedes dar otro?- pregunté señalando la taza vacía.

-¿Adicto a la cafeína?- preguntó ella con una sonrisa burlona adornando su rostro.

-Creo que estoy empezando- dije observando como ella preparaba mi café.

-¿Lo quieres igual que el anterior?- preguntó con la jarra de café en sus manos.

Estaba un poco dubitativo, yo no estaba acostumbrado a beber café, la última vez que bebí más de una taza fue en la escuela y me había dado un ataque de risa tan grande que mi profesor me mandó a detención por el resto del día. Al no obtener respuestas ella tomó la decisión por mí, le puso un poco de vainilla, canela y otros ingredientes que no reconocí a mi café con crema para acercar la taza hacia mí.

Le dí una probada con mucho cuidado de no quemarme la lengua nuevamente, realmente sabia delicioso, tenía un sabor suave y cálido sin contar con el envolvente aroma que despedía, por un momento tuve la rara idea de comparar la sensación enigmática que me provocaba beber su café con lo que se debiera sentir besar sus labios. Seguramente no se sentiría como un beso convencional, debería ser tomo tocar las estrellas, como estar en otro mundo.

-¿Tan malo está?- preguntó ella malinterpretando el gesto de placer que hice con la cara al probar aquella variedad de café.

-No, no es eso, sabe realmente delicioso, es…como decirlo, único- dije al fin entre atropelladas palabras.

-Recuérdame venir aquí más a menudo- le dije tomando un sorbo de mi taza.

Ella solo sonrió, ¡diablos como iba a extrañarla cuando se fuera!

-Bella querida, te pago para que sirvas la comida, no para que coquetees con los clientes- dijo la señora que había tomado mi orden.

-Discúlpame, no quería meterte en problemas- le dije agarrando su mano y sintiendo nuevamente esta extraña corriente eléctrica que fluía entre nosotros al menor contacto.

-No te preocupes, debe estar celosa, nadie habla con ella- dijo sonriéndome y soltándose de mí agarre para ir a atender otra mesa.

Ante la mirada intimidante de aquella señora no tuve más opción que beber ese "elixir de los dioses" de un sorbo, pagar la cuenta y salir de ahí; después de todo, no quería causarle problemas y aparte de ser esa "distracción" convertirme además en un molestoso cliente acosador.

Me fui de ahí mas despierto que como entré, le pregunté a un transeúnte en donde quedaba ese local de artículos deportivos y después de seguir sus indicaciones dí finalmente con el lugar, luego de una rápida entrevista con los dueños del lugar, unas miradas de desagrado del hijo de ellos y las constantes exclamaciones de la Señora Newton dando gracias a que fuera un chico, me dieron el trabajo, empezaría la próxima semana ya que su hijo estaba castigado por el comportamiento inadecuado que había tenido con las tres últimas chicas que habían trabajado allí y debía hacerse cargo el solo de todo el que hacer del local; sabia que Bella era una de ellas, si averiguaba que es lo que hizo ese imbécil para que ella renunciara…le partiría la cara.

Entre ir a dejar a Alice a su escuela, Recorrer todo Port Ángeles en busca de un trabajo, beber los mejores cafés que había probado en mi vida y conseguir el empleo se me había hecho tarde. Debía ir a hablar con Jasper para arreglar lo de los horarios de mis clases y lo del "temido" examen de admisión.

Caminé hasta mi Volvo y apenas me subí encendí la radio, Alice había dejado un Cd puesto, comencé a escuchar la canción y no sé por qué extraña razón me sentí identificado con la letra.

Mantenme chico, Nueva York es una jungla que los amantes desearon. Enfrentándose al compañero de cuchillo Sequé el sudor de mi cara.

En verano, Yo temo querer perder el juicio.

Pero ella siempre está evitando enamorarse, Si, le debe la vida a un asunto privado. Ella siempre está evitando enamorarse, Si, le debe la vida a un asunto privado.***

Manejé un rato por las calles antes de ver su inconfundible silueta, conduje hasta ella lo más rápido que pude, bajé la ventanilla del coche cuando ya estuve cerca.

-¿Quieres que te lleve?- le pregunté; ella me sonrió y caminó hasta el asiento del copiloto.

Canción: Private Affair - The virgins.