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Historia 35799 — capítulo 1

El escritorio ostentaba al menos veinte frascos medio vacíos de tranquilizantes, cada uno con sus etiquetas blancas y escritas a máquina que indicaban lo que contenían; también había varias recetas sin escribir y un frasco de tinta casi vacío. Había una placa de madera que rezaba con letras doradas Dr. N. Nicolás Orozco**Psicólogo.

El doctor N. Nicolás Orozco tenía una barbita en parte canosa que le daba un aspecto de Freud y una melenita castaña alborotada muy al estilo Einstein, yacía recargado sobre ambos brazos en su escritorio de madera y un hilillo de baba le bajaba desde la barbilla hasta las mangas de la túnica verde caqui que tenía parches de cuero café en los codos; en su mano izquierda sostenía una varita de treinta y cuatro centímetros y dos tercios de centímetro (núcleo de pluma de quetzal y madera de ocote lo cual le daba un color rojizo pardo), misma que había conseguido hacer el mismo en uno de sus viajes al nuevo continente. Una bocina mágica (o sea sin cables) anunció con la voz nasal de su secretaria que el último paciente del día había llegado. Orozco dio un respingo y saltó de su asiento a punto de atacar antes de darse cuenta que se había quedado dormido.

-Haz que pase Amelie -indicó con voz adormilada y luego añadió para sí- Debo haber confundido los somníferos con los antidepresivos de nuevo

Una figura alta y ataviada con una túnica elegante de color negro se dirigió al sillón rojo con la elegancia propia de uno de los vampiros de Stephenie Meyer.

-Bu.. buen día -saludó el doctor en medio de un bostezo

El hombre no respondió y le clavó los ojos fríos en el rostro.

-Un mal día entonces -se encogió de hombros el tipo- Pero para eso estamos nosotros, a ver, cuénteme que lo ha hecho venir

Al no obtener respuesta, el doctor se sentó en un sillón de agua que se amoldó a la forma de su cuerpo mientas los pececitos anaranjados dentro del mueble se esparcían asustados.

-Tengo entendido que usted es Tom Sorvolo Ryddle -leyó en unas hojas de pergamino sujetas a una tablilla de madera

Por toda respuesta el paciente sacó una varita de debajo de su túnica y golpeó con ella la tablilla del doctor, de tal manera que las letras correspondientes al nombre se arrastraron hasta quedar en diferente orden.

-¡Está tratando de decirme que usted es Dorl Tvemolodr! -leyó el mago- ¿Y ése quién es?

-Disculpe, me equivoqué -se sonrojó el paciente y volvió a cambiar el orden de las letras

-¿Dice que es usted el- que-no DEBÍA-ser-nombrado? -rió el doctor- Pero que locuras se inventan ahora, los locos ya no se conforman con ser Napoleón o Cristóbal Colón ¡Lord Voldemort! Vaya burrada

-¡Le digo que soy Lord Voldemort!

-Sí hombre sí, a ver dígame señor Voldemort, ¿A qué ha venido?

-Mi esposa me mandó

-Vaya mandilón…

-¡Oígame! ¡Le voy a echar un Crucio! -dijo Voldy sacando su varita

-Sí hombre sí… Entonces, cuénteme que le sucede señor Ryddle

-Bueno, mi mujer dice que tengo mucha ira reprimida, y que canalizo mi enojo de la forma equivocada

-Ajá, y, suponiendo que eso sea cierto ¿Cuáles serían las causas?

-Bueno… -dijo Voldy con su voz silbante- Fui huérfano, mi padre abandonó a mi madre antes de que naciera y mi madre murió al darme a luz

-Ajá -tomó notas el dr.- ¿Y cómo sacó ése trauma de sí?

-Primero, torturé a varios niños muggles, porque yo estaba en un orfanato muggle, luego apareció el tal Dumbledore y me dijo que era yo un mago y el muy desgraciado vejete me incendió mi armario y me hizo devolverle su yoyo a Carl Stevens

-Ajá, otro trauma supongo, tal vez el orfanato pueda significar cierto abandono por parte de sus padres ¿cierto?

-¡NO! El orfanato era real

-Sí hombre sí, mejor sígale

-Luego, en Hogwarts me puse a formar mi ejército, porque yo sabía que llegaría a algo importante

-Ajá -más notas- ¿Y cómo terminó el asunto con su padre, el que lo abandonó?

-Lo busqué

-¿Y lo encontró?

-Por supuesto

-¿Qué hizo entonces? Me imagino que su relación progresó mucho

-No hubo tiempo, lo maté junto con mis abuelos y luego le eché la culpa a mi tío, mi único familiar vivo… el desgraciado se fue a Azkaban y otra vez el vejete este se entrometió en mis planes

-Una discusión, ya veo, entonces tenía otro familiar y no lo conocía… y Azkaban puede significar una profunda tristeza

-¡Que todo lo que digo es real! ¡No son simbolismos de loco!

-Sí hombre sí…