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Historia 35827 — capítulo 9
-¡Ah! -Grité aterrada. Pensé que sería un ladrón.
-¿Tanto miedo te doy? - Rió James a mis espaldas. Seguidamente se colocó a mi lado.
-¿Tú a mi? - Me mofé. - Siento decirte que no me das miedo en absoluto.
-No lo parece. - Dijo. - Me ha llamado Leo, Sarah le ha dicho que no ibas a quedar. ¿Qué ocurre? ¿No quieres verme?
-No es eso. - Mentí.
-¿Entonces? - Se sorprendió. Me sentí aliviada de que me hubiera creído.
-Tengo mucho que hacer. Además no he estado mucho con mi padre últimamente. Trabaja mucho y, quería pasar un día con él.
-Ah. - Noté como me miraba. Me sentí observada. - Tu padre…
Pareció aliviado de que fuera mi padre. Eso me desconcertó bastante, seguimos caminando en silencio y llegamos a mi calle.
-Yo vivo aquí. ¿Tienes algo que hacer por esta zona? - Pregunté.
-No. -Contestó tranquilamente. - Solo quería acompañarte.
-¿Por qué? - Me asombré.
-¿Tenemos que llevarnos bien no es cierto?
-Pero ahora no hay nadie delante. - Alegué. Era extraño, pero no me sentía molesta en su presencia para variar.
-No importa. - Sonrió. - Bueno… Que te lo pases bien con tu padre. - Remarcó las dos últimas palabras, aunque no entendí su intención.
-Gracias… Adiós.
-Hasta luego. - Dije, y recordé cuando Margaret me dijo: "Normalmente se hace el simpático cuando conoce a alguien aunque solo sea para luego darle el coñazo" y cuando Leo me contó que James cambiaba mucho de actitud.
Abrí la puerta de mi portal y subí hasta mi piso. Al entrar mis padres estaban sentados a la mesa, me miraban sonrientes. Pensé que llegaba tarde, pero comprobé que mi reloj iba adelantado 5 minutos. Entonces recordé… "¡Son las dos y cuarto!". No había prestado demasiada atención a esa frase cuando la señora Guennery la gritó en la callecita.